🎲♟️ Sandra Vissani, experta en recreación: jugársela en serio

Publicado el 18/10/2026.

Producción y texto: Belén Uriarte | Editora de 8000

Fotos: Francisco Appignanesi

Videos y edición audiovisual: Eugenio V.


Ingeniero White estaba pasado por agua. Había familias evacuadas, y tristeza. Eran las 4 de la mañana. Sandra Vissani tenía 19 años, formaba parte de la Juventud de la Cruz Roja y fue a dar una mano a la Escuela Técnica N°1, en Sargento Cabral y Tarija. Sus ojos se fijaron en los chiquitos. Necesitaban distraerse: un alivio. Entonces ella y sus compañeros se pusieron a improvisar juegos con unas botellas y materiales descartables. Y así la espera hasta el desayuno se hizo más llevadera.

Podría haber sido sólo una actividad. Para Sandra fue un descubrimiento.

—Me di cuenta de que podía hacerlo, pero necesitaba estudiar, tener fundamentos para todo lo que ya me resultaba fácil crear. Ese fue el clic —le cuenta a 8000, a los 54 años y con más de 3 décadas de trayectoria.

Nació en Bahía y a los 5 años empezó a mudarse porque su papá, Carlos Vissani, se dedicaba a asfaltar rutas nacionales. Volvió acá a los 13 y ya se quedó.

Aquel recorrido le dejó algo que, con el tiempo, se convertiría en una herramienta de trabajo: la curiosidad.

Su mamá, Celia Oviedo (ama de casa, “muy buena cocinera y costurera”), acompañó a Carlos a todos lados. Y así, desde chica, Sandra recorrió varios puntos del país.

—Yo iba pasando por diferentes lugares y aprendía juegos, costumbres y comidas —nos relata—. Todos hablábamos castellano, pero no todos usábamos las mismas palabras. Siempre estaba atenta a eso: podía decir “en tal lado jugaba a tal cosa” y, cuando llegaba a un lugar nuevo, contaba lo que había aprendido en el anterior.

El juego también era un espacio familiar: su papá trabajaba mucho, pero algunos sábados llegaba a casa y se iban a remontar barriletes.

—No lo tenía todos los días, pero sí en un momento al que le daba valor.

De su mamá también destaca la presencia constante, porque nunca faltó a un acto escolar ni dejó de acompañarla cuando la necesitaba:

—Ojalá yo sea tan buena mamá como ella lo fue conmigo.

  • 👨‍👩‍👧‍👦 Su familia núcleo se completa con su hermano Carlos César, 9 años mayor, quien tiene una discapacidad que le impidió acceder a empleos formales y actualmente está jubilado.

    • Fue mecanógrafo y enfermero, y siempre trabajó con algún familiar. “La diferencia de edad hizo que no coincidiéramos en varias cosas, pero sí compartimos el gusto por la música y el cine”.

Al terminar la secundaria, Sandra no encontró una carrera que respondiera a lo que quería hacer. Le recomendaban Educación Física, pero ella insistía con otra idea: estudiar juego, aprender a crear propuestas y desarrollar actividades lúdicas.

La oportunidad llegó a través de Gisela Cerquetelli, su mejor amiga y socia en la fundación de la Asociación Civil Piedra Libre, que el año que viene cumplirá 25 años. Gisela encontró en internet el Estudio Inés Moreno, en Buenos Aires, donde Sandra pudo cursar la Tecnicatura en Recreación.

La modalidad era muy distinta de la virtualidad actual: recibía cuadernillos por correo, los completaba e iba 2 veces al mes para clases presenciales.

—Era mucho dinero entre los viajes y todo lo demás, pero lo pude hacer porque tenía la pasión de recibirme y trabajar de lo que me gustaba.

—¿De qué se trata la carrera?

—Brinda herramientas para trabajar con las actividades lúdicas y la recreación propiamente dicha, de 0 a 100 años y en todos los ámbitos. Eso era lo mejor: trabajar con niños, adolescentes, adultos o adultos mayores, tanto adentro como afuera, en instituciones o en espacios privados. También permite valorizar una herramienta tan importante como el juego y la recreación, que se pueden aplicar con un contenido específico o simplemente para jugar por jugar.

  • 🙋‍♀️ Hoy tiene 5 formaciones en juego: sumó la Tecnicatura Ludotecaria con especialización en juegos y juguetes, un máster en Gamificación y Narrativa Transmedia, un diplomado universitario en Creación de Juegos de Mesa y una formación como coach ontológica para mejorar la comunicación, el liderazgo y los vínculos en los equipos de trabajo de las empresas.

Una experiencia que recuerda de sus primeros años es el trabajo de prevención con la Cruz Roja durante la expansión del VIH y el sida, cuando había poca información disponible.

—Qué difícil era trabajar esos contenidos… Nos capacitaban con juegos y después íbamos a distintos sectores de la ciudad, sobre todo a los más carenciados, para explicar.

También daba clases de vóley y artes marciales en el colegio Claret. De ese grupo de alumnos surgió otra iniciativa que marcó su recorrido.

Las madres planteaban qué hacer con sus hijos durante el verano; había pocas colonias de vacaciones y Sandra comenzó a llevarlos al Parque de Mayo. Así nació Verano Feliz, ámbito recreativo que sostuvo 30 años, hasta el nacimiento de su hija Josefina.

—Las otras colonias eran deportivas. En la mía, si llovía, jugábamos con barro; si teníamos ganas, trepábamos un árbol o jugábamos con pelotas desinfladas. Hacíamos cosas distintas. Es una de las mejores cosas que hice y la recuerdo con mucho cariño.

Además de la asociación Piedra Libre (donde, entre otras cosas, desarrolla programas de educación ambiental y divulgación de la flora y la fauna del puerto), hace más de 10 años creó Homo Ludens, que nació de otro gusto: los juegos de mesa.

—Empecé poniendo una casa para que la gente viniera a jugar como hobby. Esto explotó y hoy somos un montón.

El proyecto creció, incluso con la apertura de sucursales. Además, Sandra y su equipo montaron una de las primeras salas de escape del país: se trata de habitaciones temáticas con desafíos de ingenio y enigmas que los participantes deben resolver en cierto tiempo.

—Mucha gente me dice: “¡Qué bueno, está súper de moda!”. Sí, pero no lo estaba en 2015.

Homo Ludens funciona en avenida Cerri 715 y en el Bahía Blanca Plaza Shopping, y su público va desde los chicos hasta los mayores de 80 años.

—¿Qué tan importante es el juego en el desarrollo de una persona?

—Todo el mundo tiene juego, hasta quienes dicen que no les gusta jugar. Lo que pasa es que algunos lo tienen dormido y hay que despertarlo. Eso sería lo bueno. Porque también en el proceso educativo hay muchas acciones que hacen que vayas dejando de jugar. En el jardín maternal y en el jardín de infantes jugás un montón, y está bien. Cuando pasás a la primaria, hay como un choque entre todo lo que jugabas y lo que te enseñaban jugando, y una forma de enseñar mucho más dura. En la secundaria directamente no se juega; en la universidad sos un número y después como adulto tenés que ser “una persona seria”. Bueno, esto no es así: podés ser una persona superdivertida, pasar por una plaza y hamacarte, y no pasa nada.

Sandra celebra un cambio que detectó después de la pandemia:

—Cuando se levantaron las restricciones, los primeros que salieron fueron los chicos. Después las edades se fueron ampliando y las familias empezaron a darle más valor al juego. Hoy ves a una familia reunida en una mesa o haciendo una actividad recreativa en un parque. Eso es fantástico.

La gente, dice, busca encontrarse con otros, mirarse a los ojos, reírse y pasarla bien. Entre sus iniciativas también está M&S, un proyecto que creó junto a su amiga y compañera de Piedra Libre, Mariela Mazzei, para llevar kermeses con juegos tradicionales a distintos eventos.

Sandra cree que una de las cosas más lindas de su profesión es entrar al local o ir a una plaza a generar un juego, o participar de un Día de las Infancias y ver cómo juegan las familias.

Lo más difícil es que si alguien necesita ajustar sus gastos, el entretenimiento es uno de los rubros en los que puede recortar, a diferencia de la salud o la comida.

—Por eso estamos todo el tiempo creando cosas, haciendo acciones para que pueda venir toda la familia, armando combos y propuestas. También hay muchas iniciativas que se generan desde el Estado y desde el ámbito privado con actividades gratuitas, y eso es muy, pero muy positivo.

El juego puede generar múltiples sensaciones y emociones.

—Alguien puede reírse o enojarse, y está bien —sostiene Sandra—. Cada uno tiene que manejar su frustración. Podés perder o pasarla mal en el proceso de pasarla bien, pero después se te pasa.

También distingue entre entretener y desarrollar una propuesta recreativa. En el primer caso, puede tratarse de una actividad puntual que cumple un objetivo y termina. La recreación, en cambio, requiere un contenido, un tiempo y un espacio que permitan construir otras experiencias.

—Mucha gente dice que cualquiera puede organizar un cumpleaños o poner casitas de fiestas, pero es difícil hacer juegos durante 3 horas con chicos o adultos que no se conocen, que vienen de distintos grupos y con quienes tenés que lograr un clima para que se sientan bien y puedan jugar.

No se trata simplemente de tener una idea divertida: también hace falta contar con conocimientos para organizarla y acompañar a los participantes.

Esa mirada incluye respetar a quienes prefieren observar:

—Obligar a jugar es algo negativo. Si un chico tiene ganas de sentarse a mirar, la invitación tiene que quedar abierta: “Cuando te parezca, podés sumarte”. Te puedo asegurar que se suman todos.

—¿Tenés algún juego preferido?

—De mesa, el que más me gusta es uno que se llama iLÔS, en el que vas armando un tablero y tenés que navegar hasta llegar a tierras y conseguir recursos. Y como juego recreativo, me gusta mucho toda la línea de deportes alternativos. En mi colonia teníamos un día de “juegos estrellas”; había que usar 5 componentes y todos tenían que ser raros: corchos, tapitas, piedras… Me gusta mucho jugar con cosas distintas.

—En todo este recorrido, ¿cuál es el mayor aprendizaje que obtuviste?

—¡Ay, qué linda pregunta! El mayor aprendizaje es que nunca paro de aprender, porque todo el tiempo me tengo que estar acomodando: las familias van cambiando y las niñeces también. Hoy vienen a jugar personas de más de 80 años. La expectativa de vida se ha extendido y, en todo ese proceso, voy aprendiendo a preguntarme qué más puedo hacer.

Para Sandra, el juego puede ayudar a que una persona se sienta mejor. Sin embargo, considera necesario distinguirlo de las apuestas, cuando dejan de ser una actividad recreativa y derivan en una adicción.

—Si alguien va al bingo, se divierte, juega unos cartones y después se levanta y se va, es una cosa. El problema aparece cuando no puede irse o vuelve al otro día buscando un salvataje económico.

  • 📲 Si conocés a alguien que tiene problemas con el juego, podés contactarte al 0800-444-4000: esta línea del Programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas, los 365 días del año.

Sandra también fue pionera en incorporar actividades lúdicas a los grupos de trabajo, mucho antes de que se volviera habitual en las empresas el llamado teambuilding (la consolidación de equipos a través de experiencias compartidas).

Convencida del potencial del juego como herramienta de aprendizaje, Sandra sostiene que sus beneficios se reflejan tanto en el bienestar de los empleados como en los resultados de las compañías.

—Los participantes se relajan, se oxigenan, cambian la cabeza y pueden salir a hacer más cosas. El efecto del juego se puede medir.

Otro de sus desafíos es que el juego tenga más presencia en la educación formal. Desde Homo Ludens impulsaron el Congreso Nacional de Aprendizaje Basado en Juego, con talleres y participantes de distintos puntos del país y ponentes internacionales.

La idea es que jugar no quede reservado para los días de lluvia, cuando falta una docente o durante las últimas jornadas del año escolar, sino que se incorpore como una herramienta concreta para enseñar.

En 2018, Sandra cursó un máster en Barcelona relacionado con el aprendizaje basado en juego. Actualmente estudia turismo social, una disciplina que considera estrechamente vinculada con el juego. Y cuando su hija Josefina, de 4 años, sea un poco más grande, le gustaría hacer un doctorado en ocio.

Vive con Josefina y su pareja, Natalia, que es de Cataluña. Ambas siempre supieron que querían ser mamás y formar una familia. Habían planeado la inseminación para marzo de 2020, pero la pandemia obligó a postergar. Retomaron apenas se pudo, y en 2022 llegó la nena.

La maternidad también llevó a Sandra a reencontrarse con dibujos animados, historias y formas de jugar que había dejado atrás.

—Es lo más difícil y lo más lindo de mi vida. Volver a ver dibujitos y escuchar cómo ella me propone juegos, cómo trae algo y dice: “Bueno, ahora lo hacemos de esta manera”. Me enseña a jugar, a pesar de que soy profesional del juego. Me anima a seguir creciendo. Me hace reír y hacer cosas locas, como disfrazarme o pararme en medio de la calle a jugar a la ronda o caminar por la vereda siguiendo una línea de mosaicos… Obviamente, no me da vergüenza. Es muy creativa y compañera. Nos gusta caminar de la mano e ir cantando.

Su rutina combina el jardín de Josefina, reuniones, capacitaciones, creación de proyectos… Después de cenar, cuando su hija se duerme, suele comenzar otro tramo de trabajo frente a la computadora: responde correos, escribe iniciativas, planifica ideas…

También intenta reservar momentos para hacer tenis, visitar amigas o salir a tomar algo. Pero, por la actividad de sus locales, el fin de semana suele estar más ocupada que de lunes a viernes.

Aun así, busca que no todos los días sean iguales:

—Aunque sea media hora o 1 hora por semana, es importante que los adultos también tengan un rato para hacer algo que les guste.

En esa misma línea, creó un club para mayores de 50 años. Le gusta ver cómo sus integrantes ya no necesitan que alguien organice todo: se escriben entre ellos, se ponen de acuerdo para jugar o se reúnen para visitar otros lugares.

—Eso es muy bueno. No lo debería perder nadie, por más ocupado que esté.

Entre los espacios que hoy impulsa hay uno que tiene un significado especial para Sandra: una versión gigante del juego de la oca, en Belgrano 297.

La idea surgió después de ver una propuesta similar en España.

En el salón, el tablero ocupa el espacio y las personas se convierten en fichas que avanzan según el resultado de los dados. Cada casillero propone una consigna.

—Lo hice casi para seguir jugando. Como lo dirijo, cada vez que el grupo tira el dado pasa algo y me divierto muchísimo.

  • 🤩 Homo Ludens de Cerri 715 abre de miércoles a domingo, de 16 a 22, y hasta la 1 de la madrugada los fines de semana. La entrada cuesta $ 8.000.

    • En el shopping, el horario es de 16 a 22, de lunes a jueves, y de 13 a 0 o 1, los viernes, sábados y domingos. El ticket tiene un valor de $ 10.000 e incluye merienda de Cipriano.

    • Las salas de escape y Splashl (un espacio de pintura que propone una experiencia de expresión libre y sensorial) cuestan $ 20.000 por persona.

    • También organizan noches temáticas y ofrecen juegos de mesa para la venta y el alquiler.

  • ☎️ Oca Ludens funciona con reserva previa para grupos. La entrada cuesta $ 20.000 por persona, el juego dura 1 hora y media y se requiere un mínimo de 6 participantes.

    • Podés contactarte por WhatsApp al 2915045772.

—¿Cuánto influye la era de las pantallas? ¿Es más difícil que los chicos se concentren en un juego de mesa, por ejemplo?

—Somos seres de luz: a todas las personas nos atrae la luz, y eso tiene que ver con el celular, los videojuegos, la televisión y las pantallas en general. Creo que lo importante es encontrar un equilibrio. Hay muy buenos videojuegos educativos. El tema es la cantidad y la calidad de lo que se consume.

—¿Qué tan importante es el tiempo libre?

—El tiempo libre y el tiempo que dedicamos a las cosas que nos gustan son algo que no todo el mundo explora, y es muy importante hacerlo. Sobre todo los adultos, porque los chicos ya suelen tenerlo. Pero ojo con esas familias que los sobrecargan de actividades: ahora vienen acá, después van allá y después a otro lugar. En algún momento hay que jugar y en otro hay que aburrirse. También hay que saber qué tenés ganas de hacer para, a partir de ese aburrimiento, poder crear.

A Sandra le gustaría ver a Bahía más lúdica, con propuestas que lleguen a más personas. Algunas iniciativas dependen de la voluntad privada y otras requieren decisiones del Estado, con tiempos y trámites que pueden volverlas más difíciles.

También imagina que, en algún momento, podría trabajar en turismo o desarrollar proyectos sociales. Lo que no imagina es quedarse quieta.

—Me gustan los desafíos de que juegue mucha gente junta. Intento viajar para ver qué hacen en otros lugares y seguir pensando ideas. Creo que voy a estar en un club, cuando sea adulta mayor, generando acciones de juego.

Sandra insiste en que hay que estudiar, capacitarse y entender lo que se hace.

—Las habilidades blandas, el juego, estar con el otro, mirarse a los ojos y generar adrenalina jugando son cosas que todavía no se han inventado para reemplazar. Así que adelante con estas carreras y capacitaciones. No hay que quedarse con “a mí me sale bien”.

—Después de todo este recorrido, ¿qué le dirías a esa joven que, en medio de una inundación, descubrió este camino?

—Que no se equivocó. Hubo momentos difíciles, porque posicionar el juego a nivel profesional costó mucho, pero hoy tengo una trayectoria de más de 30 años y ya no tengo que explicar lo que hago. Alguna vez fui “la chica de los jueguitos”, y hoy soy “Sandra, la que juega”. Y eso me gusta mucho.


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