Producción y texto: Belén Uriarte | Editora de 8000
Fotos: Candela Schwam
Videos y edición audiovisual: Eugenio V.
Muchos cumpleaños de sus compañeros de la escuela se hacían en canchitas de fútbol, y antes de empezar siempre había un pedido especial:
—¡Que venga Sol, por favoooor!
Los chicos la querían ahí: jugar con ella era parte de la fiesta.
Hoy, a los 33 años, Sol Menéndez Perrone recuerda aquellos momentos con una sonrisa. La pelota siempre fue parte de su vida, aunque no puede precisar cuándo nació esa pasión.
—Debo haber aprendido a patear antes que a caminar —le dice a 8000.
Sol enseña Educación Física, juega de enganche en Villa Mitre y entrena a las categorías formativas de San Francisco: es una referente del fútbol femenino bahiense.
Pero mucho antes de los campeonatos y el reconocimiento, estuvo aquella nena que jugaba con pollera en el patio del colegio María Auxiliadora:
—Era un extraterrestre.
En su casa, el fútbol se respiraba todos los días. Su abuelo materno, Oscar Perrone, jugó en la Reserva de Racing y estuvo a punto de debutar en Primera, pero lo desvincularon tras protestar por salarios adeudados.
Y Fabián Gustavo Menéndez, papá de Sol, pasó por Arsenal y Nueva Chicago, por ejemplo. Pero su familia no le dio apoyo, todo se complicó y terminó pateándola afuera.
—El fútbol estuvo siempre: en mi familia era normal que a las mujeres también nos gustara y jugáramos.

En la escuela se sintió acompañada; maestras y compañeros la integraban naturalmente. Pero cuando intentó jugar con varones, en Liniers, la experiencia fue distinta:
—No aguanté mucho porque me decían cualquier cosa y no la pasaba bien. Si bien nunca me importó mucho lo que decían, en este caso lo hacían con mucha saña y eso me marcó bastante.
Y así encontró su lugar en el fútbol para mujeres. Jugó en Liniers y Dublin hasta que, por falta de apoyo institucional, la Liga del Sur femenina dejó de existir.
Y después, el vacío.
—Jugaba con mis amigos varones fuera del colegio y practicaba otros deportes, pero no era lo mismo. Lo que me pasa dentro de una cancha no tiene explicación.
Hace una pausa y agrega:
—Siempre digo, cuando termina un partido, que es la mejor sensación que hay. Gane, pierda o empate. No existe otro deporte mejor que este.

En 2011 comenzó a estudiar Educación Física y le sirvió para seguir vinculada al fútbol. 8 años después tuvo un breve paso por la Liga Universitaria, donde se consagró campeona. Y tras la pandemia, en 2021, el fútbol femenino volvió a la Liga del Sur después de 15 años. Con ese regreso, también reaparecieron algunas heridas.
—Me enojaba mucho. Pensaba en todo el tiempo que había perdido y que quizás me hubiesen permitido jugar en otro nivel…
Con el tiempo aprendió a convivir con esa frustración:
—Entendimos con mis compañeras que era el momento que nos había tocado vivir y que ahora había que disfrutarlo y transmitirles a las más chicas todo lo que habíamos pasado.

Desde hace 5 años está en Villa Mitre, donde encontró mucho más:
—Este grupo me salvó.
Lo dice con una convicción que trasciende lo deportivo.
—Fuimos tetracampeonas y parece algo fácil, pero no lo es. Igual, mi mayor logro fue mantenerme en el tiempo y formar el grupo humano que tenemos. Cambié mucho desde que llegué: me hicieron crecer como persona y como jugadora. Me enseñaron que nadie se salva sola, que para ganar hay que tener disciplina, entrenar, confiar en una misma y en la que tenés al lado. Que todas son importantes para el grupo. Y que todo lo que hacemos es por y para nosotras; esa es nuestra frase de cabecera.
- ✊ Sol es la goleadora del tricolor. Y le faltan 3 para llegar a los 200 gritos.
En el fútbol femenino, explica, nada es sencillo.
Viajes. Rifas. Venta de sorrentinos. Cenas. Sponsors. Familias que acompañan. Todo sirve para sostener una actividad que muchas veces depende más del amor que del dinero.
—A veces nos preguntan si perder una final es un fracaso. Y yo digo que no. Porque no nos pagan por hacer esto; nosotras pagamos por hacerlo.
- 💰 Tienen que poner alrededor de $ 66.000, que incluye la actividad y la cuota social. Si bien tienen cuerpo técnico, preparador físico, nutricionista y un espacio para entrenar, los gastos de competencias como la Copa Federal suelen afrontarlos ellas mismas, recaudando como pueden.
- 🙌 Una forma de apoyarlas es asistir a los partidos. Las entradas tienen un valor máximo de $ 7.000. El precio depende de dónde se juegue: en un predio o en el estadio principal del club.

Cuando Sol habla del presente deportivo, se entusiasma con los avances pero a la vez se muestra cautelosa.
—Siento que la liga puede desaparecer, porque ya lo viví. Si no se ponen las pilas con las instalaciones, con la infraestructura y con la gente capacitada, puede pasar. Y no estoy hablando de jugar en la cancha de Primera; estoy hablando de tener luces, una cancha y las mismas condiciones para entrenar que tienen los varones. Insisto: puede desaparecer, por eso siempre que puedo lo disfruto y trato de transmitirlo, no solamente a mis compañeras de Primera, sino también a las de Reserva y ahora a las nenas de las formativas de San Francisco. Para ellas, es normal entrenar 3 veces por semana, ir al gimnasio o jugar un Federal. Pero para nosotras eso era un sueño. Era un sueño entrenar todos los días. Era un sueño jugar un Federal. Son cosas que no se viven todos los días y por las que hay que trabajar mucho para que no desaparezcan.
—¿Qué es lo que falta?
—Muchas veces, el fútbol femenino está porque es una obligación o porque queda bien mostrarlo, pero a mucha gente no le interesa realmente. De todas formas, mientras haya personas comprometidas con la causa y que entiendan la lucha, se puede sostener. Y las que estamos cerca de dejar de jugar también tenemos que involucrarnos y seguir aportando desde otro lugar. Ahí creo que esto puede continuar. Pero mientras haya gente a la que no le interese, va a ser complicado.

—¿Has visto algún cambio notable desde tus comienzos hasta ahora?
—Muchísimos. Hace 2 o 3 años se vio un cambio muy grande, sobre todo con el torneo de la universidad. Más allá de que tengo mis opiniones, creo que está bueno porque le da más visibilidad y permite que muchas chicas disfruten del deporte, ya sea como un hobby (que para mí es un poco lo que representa la Liga Universitaria) o de una forma más competitiva, como intentamos en la Liga del Sur. Cuando era chica, era la única nena que jugaba al fútbol en el María Auxiliadora. Hoy comparto plantel con chicas que fueron al mismo colegio y que también jugaban cuando eran chicas. Ya no era una sola: eran 4 o 5. Se nota el cambio y es hermoso verlo, no sólo en las escuelas sino también en los clubes, que siguen creciendo.
—¿Cómo te gustaría que fuese el fútbol femenino de acá a 10 años?
—Me gustaría que todos los clubes tuvieran todas las categorías. Eso es lo principal. También que haya gente capacitada para estar al frente de un plantel femenino, porque no es lo mismo que uno masculino. Y sería espectacular que muchas de las que hoy estamos jugando seamos las profes y las directoras técnicas. También me gustaría que tengamos las condiciones básicas para entrenar.
—Si pudieses elegir una cosa para que el fútbol femenino se potencie, ¿qué sería?
—Para mí lo primero es la responsabilidad de la jugadora, de la persona que elige hacer este deporte. Eso es fundamental. Las más grandes del plantel hace tiempo que tratamos de transmitir la importancia de la constancia, la disciplina y el respeto hacia las compañeras y hacia la gente del club. Primero hay que ser realmente una jugadora de fútbol. No sirve jugar un partido y después no entrenar o comprometerse a medias. Después hay un montón de otras cosas que hacen falta, pero creo que si cambia esa mentalidad también puede cambiar la mirada de la gente que está por encima nuestro.
- 🙋♀️ En #SeresBahienses también te presentamos a Mercedes Azpeitia, otra referente del fútbol femenino local: formó parte del futsal del Sindicato de Trabajadores Municipales, coordinó la selección bahiense y fue vicepresidenta del Departamento de Fútbol Femenino de la Liga del Sur, entre otras tareas.

Sol nació en Avellaneda, pero se siente bahiense: llegó a la ciudad con apenas 4 años.
—Fue lindo venir porque hay muchas cosas que allá ya no se pueden vivir como se viven acá. Allá se vive más a lo loco, no hay tiempo para nada, las distancias son largas y la gente ni te registra; acá, por lo menos, queda un poco más de tranquilidad. También tenemos la posibilidad de hacer escapaditas a Sierra, Monte u otros pueblitos cercanos. Por el lado futbolístico, quizás me hubiese convenido quedarme. Hubo oportunidades de volver, pero todo es muy complicado para el femenino, así que optamos por quedarnos.
Hoy vive en el barrio Universitario junto a su pareja, Lourdes, y sus gatos, “Shuri” y “Kiara”. Reparte sus días entre las escuelas Marina Coppa y Victoria Ocampo, los entrenamientos y un nuevo desafío que asumió este año en San Francisco. Allí trabaja con la categoría sub 13 y la escuelita de nenas, además de dirigir a los varones de la categoría 2017.
—Voy para todos lados. En bici, caminando, en colectivo, como la mayoría de los profes.
La docencia es otra de sus pasiones. Y también una fuente de preocupación.
—La ansiedad que manejan los chicos es tremenda. Este año tuve que dedicar varias clases a trabajar acuerdos de convivencia, aprender a esperar un turno, escuchar al otro, preguntarle cómo está.
Gran parte de ese problema, considera, nace en el mundo adulto.
—Los chicos reflejan mucho lo que ven.
Tampoco desaparecieron algunos prejuicios que ella conoce desde hace años.
—Todavía escuchás comentarios de que las nenas tienen menos fuerza o no saben jugar. Y lo que más me duele es cuando eso viene de una mujer.

Hincha de Boca, tiene un referente indiscutido: Juan Román Riquelme.
—Lo que jugaba ese muchacho era increíble. El mejor de todos los que vi.
—¿Cuál es tu principal virtud como futbolista?
—La gambeta. Y también la creatividad para resolver situaciones. Mi posición natural es enganche, de 10, libre.
También juega para el seleccionado bahiense, donde marcó 17 goles y consiguió 1 título. Sin embargo, los reconocimientos que más la emocionan llegan por otro lado:
—Cuando una nena me dice “te vi en la selección”, o una jugadora de otro club viene y me abraza, eso para mí vale muchísimo.
Aunque también implica una responsabilidad.
—Con el tiempo aprendí a mejorar adentro y afuera de la cancha, porque hay muchas nenas observando.

—¿Conviven con la crítica o la reprobación? ¿Cómo lo vivís hoy como adulta?
—Hay canchas y canchas. Todavía se escuchan cosas, esas de “andá a lavar los platos” y comentarios de ese tipo. Pero la verdad es que creo que no sólo mi equipo, sino los demás también, ya no les damos mucha importancia y seguimos jugando. Es algo que nos costó muchísimo conseguir y sabemos que para mantenerlo tenemos que estar todas unidas.
—¿Sienten el apoyo los días de partido?
—Sí, nuestra hinchada es fiel y también es medio “enfermita” como nosotras… La familia siempre está y son los que más ayudan, sobre todo cuando tenemos que viajar.
Este año, con el recambio generacional del plantel, eso se nota todavía más.
—Ahora hay muchas más nenas que de las viejas, digamos. Son chicas de 17, 18 o 20 años y se ve mucha familia acompañándolas. La verdad, es espectacular porque no pasa con todas las nenas. Así que estamos súper agradecidas por eso.
Y agrega, emocionada:
—Ni hablar de mi familia. Siempre está.
- 👩🦰 Su mamá, Zulema Mónica Perrone, tuvo 2 trabajos: ama de casa y, en sus últimos años laborales, vendedora de boletos en El Rápido. Falleció en 2024 y a Sol le cuesta mantenerse entera cuando la recuerda: “Todavía es muy reciente”.

- 👨👧👧 Su papá Fabián trabajó en el Polo Petroquímico y su hermana Rocío, 5 años mayor, comparte el amor por la actividad física pero es profesora de Historia e instructora de yoga, y practica danza africana.
—¿Qué creés que es lo más lindo y lo más difícil de ser futbolista?
—Lo más lindo es jugar, entrenar y compartir con el equipo. Y lo más difícil… no sé si hay algo peor, pero sí todo lo que por ahí tenemos que aguantar. Lamentablemente, eso hizo que muchas se cansaran y dejaran. Creo que eso es lo malo. Que a veces te lleva a replantearte si realmente esto es lo que amás y te apasiona.
Cuando alguna compañera piensa en abandonar o reniega con el cuerpo técnico o con alguna situación, suele repetir el mismo consejo:
—Les digo: “No dejes que alguien venga y te diga que no podés o que esto no es para vos. Si vos lo sentís y tenés ganas de hacerlo, es porque es para vos”.

En pleno Mundial, dice que ya no mira tanto fútbol como antes: siente que se volvió “un negocio”.
—No tengo tiempo para ver todos los partidos, pero sí estoy muy pendiente de lo que hace Argentina. Tenemos un equipazo y, más que eso, un gran grupo humano que juega muy bien al fútbol. Todos saben cuál es su rol dentro y fuera de la cancha, y ahí está la clave. Estoy segura de que vamos a llegar lejos.
- ✍️ En el ciclo #LaBahíaDeSonia, la escritora y periodista Sonia Budassi se metió con la pelota: Tu Mundial, tu ciudad, tu selección, tu decisión.

Sol nunca imaginó jugar torneos federales, salir por televisión ni convertirse en una referencia para otras futbolistas. Ahora tampoco se imagina lejos de una cancha.
—Aunque reniegue y diga que estoy harta, es mentira. No le puedo mentir a lo que siento acá adentro —asegura, parada al borde de la cancha del predio tricolor en México y Thompson.
Cuando cuelgue los botines, se ve del otro lado de la línea de cal: dirigiendo. Ya tiene ayudante de campo y preparadora física (sus amigas Sofía Gómez Alonso y Camila Kroneberger); sólo le falta hacer el curso de DT.
—Ser jugadora ya es un sueño hecho realidad. Ojalá también pueda lograrlo como entrenadora y llegar un poco más lejos. Para mí sería algo tremendo. Sé que es difícil, pero los sueños se cumplen: hay que luchar y no darse por vencida.
—¿Qué le dirías hoy a esa nena que jugaba con pollera en el patio del María Auxiliadora?
—Qué pregunta…
Hace silencio. Intenta responder, pero no puede. Se quiebra. Respira hondo. Después de unos segundos, encuentra las palabras:
—Le diría que nunca deje de luchar. Y que luche no sólo por ella, sino también por las chicas que vienen. Jugar a la pelota y sentirlo así no tiene precio.
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La estrenamos para nuestro segundo aniversario. Estos son los episodios anteriores:
- 😝 Lautaro Cisneros, youtuber: la risa en el centro de todo
- 👷♀ María Rosa Fernández, trabajadora de Defensa Civil: el poder de ayudar
- 💄 Damián Segovia, maquillador: hacer bien lo que te pinta
- 🤝 Matías Torres, el Ciudadano Bahiense: 100 % solidaridad
- 👱♀️ Alicia D’Arretta, auxiliar de educación: la vida por sus chicos
- 🏉 Stephania Fernández Terenzi, ingeniera y rugbier: actitud ante todo
- 👨🚒 Vicente Cosimay, bombero voluntario: 24 horas al servicio
- 💁🏼♂️ Adrián Macre, colectivero y dirigente: manejarse colaborando
- 👩🌾 Delia Lissarrague, productora rural: aquel amor a la tierra
- ✍️ Marcelo Díaz, escritor: la palabra de vida
- 👩🍳 Margarita Marzocca, cocinera y jubilada: un gran gusto portuario
- 🧐 Walter Tuckart, tecnólogo y docente de la UNS: aplicar con clase
- 🖨 Hugo Kaiser, imprentero: el tipo de los tipos
- ⛪ Javier Di Benedetto, sacerdote: el divino amor crítico
- 🚛 Evelyn Sánchez, recolectora y chofer: al volante del reciclado
- 🏀 Maia Richotti, docente y basquetbolera de ley: una clase de pasión local
- 🧠 Fernando Luciani, psicólogo, músico y docente: al son de los deseos
- ⚽ Sebastián Candia, estudiante, cadete y líder barrial: pertenecer al club de la contención
- 🚢 Andrés Castagnola, práctico de nuestra ría: guía a buen puerto
- 👶 Mariel Pérez, partera: la magia de recibir vidas
- ✊ Paola Quiroga, activista trans: ser quien sos es una lucha
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- 🥁 Sebastián Lamoth, baterista, sonidista y papá: tocar con todo
- 📝 Mercedes Azpeitia, referente del fútbol femenino e inspectora de tránsito: dar una mano sin infracción
- 🐝 Luciano Morales Pontet, apicultor y cooperativista: el enjambre productivo
- 🎼 Pedro Garabán, director coral: voces, tiempos, silencios
- 👩🏫 Myriam Cony, maestra rural: sembrar futuro para cambiar el mundo
- 👩👧👦 Paola Vergara, voluntaria de la vida: hacer algo por muchos
- 🏋️♀️ Marina Danei, entrenadora y deportista fitness: hambre de luchar y superarse
- 🦐 Claudio Onorato, pescador artesanal: mar de corazón
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- 🥊 Johana Giuroukis, emprendedora y boxeadora amateur: va como piña
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- 🚴♂️ Kevin Jerassi, encargado de la escuela de BMX: ahí va, pedaleándola
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- 🎸Marcelo Bray, lutier, músico y emprendedor: la curiosidad sonora
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Idea y edición general: Abel Escudero Zadrayec








