Producción y texto: Belén Uriarte | Editora de 8000
Fotos: Francisco Appignanesi
Videos y edición audiovisual: Eugenio V.
Cuando era chica le gustaba participar de los actos escolares, subir a los escenarios y hablar frente a otras personas. No era por ego, sino por esa adrenalina de estar ahí, contando algo.
Hoy Mariana García ya es Mary, y es locutora nacional de radio y TV, comunicadora, emprendedora y psicóloga social: hace 20 años que la radio forma parte de su vida y así, ella resuena por todos lados. Es una gran voz de la ciudad.
—Me defino como una persona desestructurada, espontánea, feliz de la vida, con mucho por hacer, remando todos los días para dar mi mejor versión —le dice a 8000: acá Mary nos narra los audios del #OrgulloBahiense.
Su camino en la locución comenzó casi de casualidad. La llamaron para hacer una prueba en una radio, y quedó en la primera.
Pero dijo que no. Tenía un tema familiar que resolver y decidió darle prioridad.
Pensó que, después de rechazar una oportunidad así, no la llamarían nunca más.
Al año siguiente volvió a pasar:
—Ahí no desaproveché la oportunidad y dije: “Esta es la mía”.
Esa radio es FM Ciudad, del Grupo Elías que también tiene La Nueva. y otros negocios. Mary entró cuando la emisora estaba en el 105.7 del dial y atravesaba la transición hacia el 94.7.
—Siempre quise laburar en este medio —dice—. Lo tenía como un pendiente.
Hoy, su mundo sigue ahí y es la encargada de la FM: llega temprano, está al aire hasta las 13 y después sigue en la oficina, donde prepara proyectos, edita, graba, carga publicidades y resuelve otras tareas.
—Esto es un combo completo, chicos.
Igual, su rutina laboral no es 100% radial.
—También trabajo con algunos equipos en psicología, 3 veces por semana. Y después, con los eventos en los que me llaman para conducir.
Para Mary, la radio tiene algo difícil de explicar:
—He encontrado muchos personajes que son una Mariana dentro de la misma. Te encontrás con un oyente que ama lo que hacés, otro que quizás no le gusta tanto y tenés que enamorarlo, otro que te conoce y te sigue desde siempre, otro que no te conoce y tenés que encantarlo también.
-
🎙 En la radio está de lunes a viernes. Y los fines de semana hace eventos. “El domingo, si puedo, estoy en mi casa. Así como me ven, que por ahí no me descifran del todo, también amo estar en mi casa”.
Hacer radio, dice, es una magia que “lamentablemente se está empezando a develar”. Por eso sigue guardando algunos datos:
—Para mantener esa magia.
Las redes sociales, y particularmente el streaming, cambiaron parte del juego. Hoy los comunicadores también se muestran, se ven y quedan expuestos de otra manera.
Mary cree que no hay que cuidarse tanto, sino ser lo más transparente posible… aunque hay cosas que prefiere conservar, como la edad y ciertos aspectos de su intimidad.
—Por ejemplo, lo voy a decir: detrás de escena, cuando llegan los chicos de 8000, digo: “De la vida privada no hablo”. Los que me siguen saben que no hablo, pero no porque no lo quiera contar, sino porque forma parte de la magia tenerlo guardado, escondido, para que cada uno, si bien me escucha y sabe que lo que escucha es lo que ve o lo que soy, siga con la magia de colocarme en el lugar en el que me necesita para que lo acompañe.
Y en ese juego, la voz es crucial. Por eso la cuida desde que estudió Locución. Allí tuvo una materia clave: foniatría, donde aprendió distintos ejercicios.
—La cuerda vocal es un músculo. Claramente está dormido, al igual que el resto de tu cuerpo, entonces hacés un precalentamiento.
Se ocupa todas las mañanas, mientras va en auto a la radio. Y la gente la mira, porque gesticula un montón.
—Soy muy cuidadosa. Voy a un recital y trato de no gritar. No estoy fumando; fumaba en su momento y lo dejé, para cuidar este instrumento para laburar. Trato de no tomar café. Soy bastante hincha.
—¿Hay un cambio de chip entre la voz de locución y la que usás fuera de la radio?
—Es casi la misma, te diría. Una cosa es engolar (dar a la voz una resonancia gutural), que no lo hago, y otra es impostar, que es hablar con la voz colocada. Sí modulo y por ahí hablo distinto, pero en mi casa no estoy así. Sería un embole.
La experiencia también le enseñó lo que significa quedarse en silencio durante un programa. Una vez llegó a trabajar con laringitis. Lo avisó al aire y decidió seguir adelante: era sábado a la tarde y estaba haciendo el Ranking de la Ciudad, que incluye 40 temas musicales. La voz se le fue apagando y en el puesto 5 dijo basta.
—“Chicos, hasta acá llegué”, les dije. Me quedaba un hilo de voz. Los oyentes me decían: “Andate a tu casa”. Y yo me quedé con ellos hasta quedarme sin voz y me fui. No me quedó plan B. Les pedía que me hablaran, que mandaran mensajes largos, que dijeran algo, porque ese día el programa lo hacían ellos. “Vine porque los quiero”, les decía. Esa vinculación con la gente, que te hace la segunda siempre.
Ahora recuerda esa experiencia de otra manera:
—Te puede pasar. Hoy ya, si me pasa, lo tomo diferente. Porque si ya te pasó una vez en radio, aprendés a manejarlo.
No siempre fue todo tan natural.
Recuerda especialmente su primer día. Terminó una tanda comercial, se cortó la música y no sabía cómo volver al aire.
—Queda en silencio la radio y el jefe me había dicho: “Te voy a estar escuchando”. Y yo dije: “No sé qué tengo que tocar, si alguien me puede venir a ayudar…”.
Fueron 2 minutos de silencio en vivo.
Con los años, llegaron otros contratiempos: micrófonos abiertos, olvidos y hasta alguna frase que jamás debería haber salido al aire.
—Estaba hablando de una tercera persona con mi hermana Leticia, y dije: “¡Qué ganas de hinchar las pelotas que tiene esta mujer, estoy haciendo un programa de radio!”. Esa tercera persona estaba escuchando la radio y sabía que yo estaba chateando con mi hermana. Después, obviamente, me llegó un mensaje diciendo: “¿Estabas hablando de mí?”. Y yo: “¡No, desde ningún punto de vista!”.
También acredita sus furcios en presentaciones de artistas. Una vez anunció a Los Caballeros de la Cama en lugar de la Quema, justo después de que habían hablado sobre un tema sexual al aire…
Se aprende a convivir con los errores:
—Soy pura espontaneidad. Me equivoco y digo: “Ay, chicos, no, paren… dije cualquier cosa. Voy de nuevo, olvídense de lo que dije”. Y si el error es importante, pido disculpas.
La espontaneidad, justamente, es una de las cualidades que considera indispensables para su trabajo.
—Un micrófono no tiene que condicionar: tiene que ser una herramienta para vincularte con el otro.
Y también reivindica la formación profesional, claro.
—Para estar frente a un micrófono, hay que tener una responsabilidad y una capacidad que se adquieren con el estudio. Lo importante es no perder la esencia.
Ahí está la diferencia entre hablar y comunicar:
—Tenés al locutor que te puede hablar, que te cuenta algo; tenés al locutor que te lee una noticia, y tenés al que, si tiene magia y es transparente, te puede traspasar un micrófono. Creo que ahí está la clave: conservar con herramientas tu esencia.
Mary nació acá y se define como una mujer completamente bahiense.
—Amo a Bahía con toda mi alma.
Estudió la carrera de Locución en el Instituto Juan XXIII, con una formación de 3 años. Luego, quienes buscaban desarrollarse profesionalmente debían atravesar un filtro del Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), que consistía en rendir un examen basado en 4 parámetros fundamentales: buena lectura, improvisación, capacidad de cambio y presencia en cámara.
-
🎤 Uno de los ejercicios de capacidad de cambio consistía en recibir una publicidad y leerla de distintas maneras según el público: para chicos de jardín de infantes, para una noche hot o para un programa deportivo.
Con el tiempo, esa carrera dejó de dictarse. Y también cambió el mundo de los medios.
—Se abre el juego por las redes sociales, Instagram, los vivos. Ya la figura del locutor en sí mismo, locutor nacional en radio y televisión, un poco se está perdiendo.
Las marcas, que antes sólo podían ser mencionadas por determinados profesionales, ahora aparecen nombradas por voces de todo tipo.
—Hoy te lo dice cualquiera y te quita laburo, quieras o no. Entonces, sí o sí tenés que hacer un diferencial con tu manera de hacer aire.
Valora las oportunidades que ofrece Bahía, aunque reconoce que no siempre alcanzan:
—No todos tienen la posibilidad de hacer lo que aman.
Por eso, alienta a buscar alternativas, ya sea a través de canales de YouTube, emprendimientos o nuevos formatos de comunicación. Y entiende que la radio debe acompañar esos cambios:
—No va a morir, siempre y cuando se acomode a las nuevas tecnologías, a lo nuevo. El streaming es clave.
Ella todavía no hace streaming, pero es algo que aparece en su horizonte. También anda por ahí una propuesta más cercana a un magazine.
—Tengo ganas de hacer este estudio más grande, y con una mesa grande y más polémica. Pienso que el oyente de Ciudad está preparado para recibir eso, que sería nuevo.
Lo va a concretar, avisa.
El humor también ocupa un lugar central en sus formas:
—Es absolutamente todo. Una de las claves del éxito.
Pero no cualquier humor.
—No tiene que ser ni grotesco ni muy bizarro; no tiene que ser un humor negro y tenés que tratar de no ofender a nadie.
Cree que, en determinados momentos, puede convertirse en una herramienta para acompañar.
—Hoy te puedo asegurar que con el humor hemos hecho reír o sonreír a una persona que estaba en problemas grandes, incluso de salud. Hoy te salva: el humor te salva.
La otra herramienta que considera fundamental es la escucha. Y ahí vuelve a aparecer otro de sus costados.
Estudió la carrera en la Escuela de Psicología Social del Sur de Buenos Aires: viajaba todos los fines de semana y, en algunas ocasiones, también los viernes para rendir. Las 2 últimas materias y la tesis las cumplió de manera virtual por la pandemia.
Mary cree que es una actividad no tan alejada:
—Hacer radio tiene que ver con una parte psicológica de entender al otro, entender su tono de voz, entender qué te quiere decir en su contexto, entender qué le está pasando, y jugar con eso y acompañarlo desde el lugar que vive.
Esa mirada también atraviesa su concepción sobre el rol del comunicador.
Dice que hoy la responsabilidad es incluso mayor, porque muchas personas toman como verdad aquello que escuchan de alguien a quien siguen.
—Hay que ser muy cuidadoso con lo que decimos, cómo lo decimos y siempre corroborar.
A lo largo de los años también descubrió que la radio puede convertirse en una especie de familia.
Los momentos más emotivos de su profesión no necesariamente estuvieron relacionados con grandes eventos, sino con los oyentes que se animaron a contarle algo de sus vidas: padres que hablan de situaciones que atraviesan sus hijos, personas que cuentan una enfermedad, alguien que necesita ser escuchado…
—Cuando te cuentan sus historias y te dejan meterte en su casa, técnicamente, aunque estés en una radio, es emocionante.
Esa cercanía es uno de los grandes valores del medio, dice:
—Ciudad es como una familia que se generó, como una burbuja de microclima que está muy piola.
—¿Cuál es el mayor aprendizaje que has obtenido a lo largo de todos estos años de profesión?
—Que, más allá de que seas una persona conocida, tenés que animarte a decir lo que pensás. Insisto con esto de ser quien sos, siempre desde el respeto. No eso de “soy así, bánquenme, digo las cosas así”. En un clima de respeto aprendí que hay maneras de decir las cosas, que lo que importa es cómo lo decís y no tanto qué estás diciendo.
—¿Tenés algún miedo en particular?
—¿Miedo? Me dejaste pensando… Creo que no. En algún momento le tuve miedo a la muerte. Después, vi la vida desde otro lugar y le empecé a tener miedo a no tener a la gente que amo. Y después, entendí que hay que disfrutarla, porque nos puede pasar a todos. Así que hoy convivo con mis miedos, aprendí a convivir con ellos.
Para Mary, hubo un momento que puso a prueba todo lo construido: en 2017, la radio cambió de dueños, la compró el Grupo Elías y apareció gente nueva que no tenía por qué conocerla ni confiar en ella.
—Fue un gran desafío. No te digo que era arrancar de cero, pero le daba en el palo.
Su respuesta fue trabajar y demostrar quién era. Y funcionó.
Hoy se siente cómoda y agradecida:
—Es como que te dan la llave de la casa y te dicen: “Bueno, decorala como quieras”. Me dieron esa chance, que la agradezco un montón.
No busca especialmente el reconocimiento, pero lo valora cuando llega.
—Lo siento cuando me llaman para conducir eventos o cuando me dicen: “Sos Mary”, o “Gracias por esto”, o “Cuánto me acompañaste cuando me pasó lo otro”, o “Lo que dijiste, qué bien me cayó”. Me siento reconocida y lo agradezco un montón.
Pero cuando piensa en el éxito, no repara precisamente en eso:
—Ser feliz con lo que hago —asegura.
Después de 20 años frente a un micrófono, siente lo mismo que al principio.
—El día que me aburra, dejo. No espero a cumplir un ciclo: me tiene que gustar lo que hago.
En la radio, además, hay una dificultad cotidiana: FM Ciudad tiene una programación con mucha música que se repite. Y eso obliga a encontrar nuevas formas de presentar canciones, mensajes y publicidades.
—Es como si tuvieras 5 fichas, siempre las mismas 5 fichas y tenés que ponerlas en posiciones diferentes todo el tiempo para que no suene igual. Hoy lo estamos logrando, la gente acompaña, sigue las locuras que tiro al aire y eso me hace muy feliz. Ver al otro contento y que le dejás algo de lo que hacés, para mí es felicidad.
—¿Tenés algún recuerdo de chica jugando con algún micrófono?
—Sí: jugaba a que hacía notas con mi hermana Leticia. Paveábamos un poco con eso. Consumía radio, pero no sé si jugaba tanto a la locutora. Me gustaba indagar, por eso digo: lo de la psicología o lo de la radio tiene que ver con eso.
Lo que más recuerda de aquella época es su participación en los actos escolares en María Auxiliadora. Y, al pensar en aquella alumna que se animaba a ponerse frente a los demás, aparece una palabra que pudo haber sido un obstáculo en su camino pero no lo fue: el pudor.
Le sirvió mucho un ejercicio que le dieron cuando estudiaba Locución, en una materia llamada Oratoria. Consistía en imaginarse desnudas a todas las personas que tenía enfrente. La idea era colocar a quienes observaban en la misma condición frágil en la que podía encontrarse quien se sentía observado.
—Y ahí perdés la vergüenza.
Con los años, Mary llevó ese aprendizaje a escenarios cada vez más grandes. Le tocó conducir eventos con 30.000 personas y fiestas nacionales, frente a públicos que, lejos de estar allí para juzgarla, estaban esperando que sucediera algo.
—No te están observando. Quieren, como el padre que va a sacar la foto al chico en el acto: “Dale, que actúe mi nene”. Van a eso.
Después de todo ese camino recorrido, la pregunta vuelve a aquella alumna que participaba de los actos y que, sin saberlo, empezaba a acercarse a la profesión que elegiría años después.
—No piensen tanto en lo que van a ganar, sino que, si aman algo, síganlo, porque siempre hay una manera de encontrarle la vuelta y llegar al objetivo.
Y su consejo va más allá de la locución.
—Siempre hay algo para hacer si realmente estás convencido de a dónde querés llegar. No tengan vergüenza, sean quienes quieren ser.
🤗 En 8000 ofrecemos un periodismo bahiense, independiente y relevante.
Y vos sos clave para que podamos brindar este servicio gratuito a todos.
Con algún cafecito nos ayudás un montón. También podés hacer un aporte mensual, vía PayPal o por Mercado Pago:
¡Gracias por bancarnos!
👉 En esta página te suscribís gratuitamente.
💁 Quiénes somos, qué hacemos y por qué.
👀 #SeresBahienses es una propuesta de 8000 para contar a nuestra gente a través de una serie de retratos e historias en formatos especiales.
La estrenamos para nuestro segundo aniversario. Estos son los episodios anteriores:
-
👷♀ María Rosa Fernández, trabajadora de Defensa Civil: el poder de ayudar
-
👱♀️ Alicia D’Arretta, auxiliar de educación: la vida por sus chicos
-
🏉 Stephania Fernández Terenzi, ingeniera y rugbier: actitud ante todo
-
👨🚒 Vicente Cosimay, bombero voluntario: 24 horas al servicio
-
💁🏼♂️ Adrián Macre, colectivero y dirigente: manejarse colaborando
-
👩🌾 Delia Lissarrague, productora rural: aquel amor a la tierra
-
👩🍳 Margarita Marzocca, cocinera y jubilada: un gran gusto portuario
-
🧐 Walter Tuckart, tecnólogo y docente de la UNS: aplicar con clase
-
🚛 Evelyn Sánchez, recolectora y chofer: al volante del reciclado
-
🏀 Maia Richotti, docente y basquetbolera de ley: una clase de pasión local
-
🧠 Fernando Luciani, psicólogo, músico y docente: al son de los deseos
-
⚽ Sebastián Candia, estudiante, cadete y líder barrial: pertenecer al club de la contención
-
🚢 Andrés Castagnola, práctico de nuestra ría: guía a buen puerto
-
✊ Paola Quiroga, activista trans: ser quien sos es una lucha
-
🤗 Maximiliano Mazza, operario, exvendedor, cocinero: la inclusión se trabaja
-
🥁 Sebastián Lamoth, baterista, sonidista y papá: tocar con todo
-
🐝 Luciano Morales Pontet, apicultor y cooperativista: el enjambre productivo
-
👩🏫 Myriam Cony, maestra rural: sembrar futuro para cambiar el mundo
-
👩👧👦 Paola Vergara, voluntaria de la vida: hacer algo por muchos
-
🏋️♀️ Marina Danei, entrenadora y deportista fitness: hambre de luchar y superarse
-
📚 Laura Faineraij, bibliotecaria: un montón de páginas inolvidables
-
🥊 Johana Giuroukis, emprendedora y boxeadora amateur: va como piña
-
🏅 Gerardo Mancisidor, veterano de Malvinas: volver a ser visible
-
🚴♂️ Kevin Jerassi, encargado de la escuela de BMX: ahí va, pedaleándola
-
🎊 Guillermo “Beto” Carranza, organizador de eventos: hay que animarse
-
👩🏼🎓 María Emma Santos, economista, investigadora y docente: riqueza académica
-
🧙🏼♀️ María Teresa Caporicci, alma de Ayuda-Le: el hada de los peladitos
-
🩰 Manuel Martínez, bailarín clásico: mucha libertad de expresión
-
🏃♀️ Natalia Fechino, profesora de Educación Física y runner: alegría kilométrica
-
👨🦯 Sergio Hernández, profesor y músico ciego: lo esencial está ahí
-
🎨Rocco Angelicchio, ilustrador y diseñador gráfico: la dibuja y se divierte
-
🌩️ María Cintia Piccolo, meteoróloga y oceanógrafa: estrella de mar climático
-
👗 Inés Estrada, vestuarista y modista: mucha tela por contar
-
🎸Marcelo Bray, lutier, músico y emprendedor: la curiosidad sonora
-
🎭 Paola Fernández, actriz, profesora y directora de teatro: escenarios vitales
-
⚱️ Juan Manuel Hidalgo, alfarero y ceramista: barros comunicantes
-
🧯Ezequiel Inostroza, brigadista forestal: la ayuda nunca se apaga
-
💟 Paula Bobbiesi, directora de un hogar para chicos: techo para grandes dolores
-
👶 Ezequiel Trombetta, pediatra y neonatólogo: salud, chiquititos
-
🤲 Jorge Mux, filósofo, escritor e inventor: de mente y de manos
-
⚽ Sol Menéndez Perrone, futbolista y profesora de Educación Física: abrir la cancha
Idea y edición general: Abel Escudero Zadrayec







