Producción y texto: Belén Uriarte | Editora de 8000
Fotos: Fran Appignanesi
Videos y edición audiovisual: Eugenio V.
Con apenas 16 años, empezó a trabajar como cadete de un fotógrafo que al poco tiempo le prestó una cámara para un viaje. Fue un clic:
—Cuando volví, revelamos las fotos y me dijo: “Che, qué bien. Sacaste rebién, ¿no querés aprender el oficio? —le cuenta Pablo Presti a 8000.
A los 54, hoy Pablo es un vecino de Bella Vista que se define esencialmente como reportero gráfico: lleva casi 4 décadas cazando imágenes.
Su gran maestro fue Juan Carlos Casado, ese que le cedió la máquina.
- 🎞️ Lo conoció por Irma Estrada, una amiga de su familia que hacía limpieza en el local de fotos y le avisó que andaban buscando un cadete.
—En aquel momento Juan Carlos tendría 40 años, y era muy abierto para la época —recuerda Pablo—. Compraba revistas, siempre estaba buscando qué había de nuevo. Y yo era muy pibe y muy curioso, así que leía, miraba…
Así se introdujo en el laboratorio en blanco y negro. Pero ya traía cierto gusto por esta actividad: en su casa había una cámara “muy chiquita, muy simple, con un agujerito para mirar y un botón para apretar”. A su mamá Felisa González Pérez (una gallega, de Galicia) le gustaba la fotografía. También a sus abuelos paternos Mariano y Dora, que recorrieron la Argentina en auto y tomaron un montón de imágenes.

Al principio, Pablo hizo eventos sociales y algunos revelados para el Conicet. Su primer acercamiento al fotoperiodismo se dio a comienzos de los 90, con la revista mensual Imagen Pública, de Daniel Muñoz y Lidia Suárez.
—Era de interés general. Yo hacía las fotos, transcribía notas, participaba de la edición… ¡Estaba bueno! Después, surgió una vacante en el diario La Nueva Provincia. Vi el anuncio y mandé un CV, y Néstor Gorosito, que fue chofer ahí mucho tiempo y me conocía, me dijo: “Si querés, dame otro currículum y te lo llevo”. Y bueno, estuve a prueba un tiempo, después me dijeron que cualquier cosa me llamaban… y al final me llamaron.
- 🙋♂️ Pablo también se recibió de técnico químico en la escuela técnica N°1 “Crucero ARA General Belgrano” de Ingeniero White, y entre 1995 y 1997 trabajó en la Cámara Arbitral de Cereales.

En 1997 empezó su vínculo con La Nueva Provincia, donde trabajó como reportero gráfico hasta el año pasado.
Hizo cientos de coberturas y le cuesta destacar una: se siente muy cómodo con casi todo lo que ha hecho. Igual, acepta nuestro desafío y elige algunas que le resultan significativas, como estas:
- 🥺 La masacre de Patagones (2004):

- 🔥 El incendio en la pinturería de Zelarrayán y 19 de Mayo (2014):

- 👩❤️👨 El casamiento de “Pocho” (César Armando Décima) y la referente social Paola Vergara (2017):

Pablo supo poner el foco por todos lados: estadios llenos, el alzamiento en Monte Hermoso por el caso de Katherine Moscoso, un show de Soda Stereo, presidentes…
Una vez entró a caballo en Falucho (un pueblo cerca de General Villegas, aislado por una inundación) junto a la periodista Cecilia Corradetti.

Y un día descubrió a Pablo Novak, el último habitante de Epecuén:
—Fue durante un paseo con Franco Pignol, compañero del diario. Habíamos ido a cubrir un Epecuén Rock y cuando lo llevé a conocer las ruinas, había una persona leyendo La Nueva Provincia en el medio de ese páramo… ¡parecía un fantasma! Es una de las notas que más quiero, porque me quedó una amistad con Pablo.

Otra profesión quizá no le hubiera permitido conocer tantas realidades en tantos lugares y en tantas condiciones distintas. Se siente un afortunado:
—Como fotógrafo, el trabajo de reportero gráfico es lo mejor que te puede pasar. Y en lo personal también, porque desde un punto de vista periodístico capaz que quienes están en otra función no acceden exactamente a los lugares a los que accedemos como fotógrafos o camarógrafos. Hay que estar ahí para tener el registro de la imagen, y eso te coloca en un lugar de espectador y de partícipe muy importante. Y si tenés el espíritu permeable y las antenas paradas, aprendés un montón.
—¿Qué diferencia hay entre fotógrafo y reportero gráfico?
—El rol de la actividad. Un fotógrafo en sí mismo puede involucrar muchas áreas, casi siempre en forma individual. Hay fotógrafos que son de naturaleza, de deportes, hay quienes hacen eventos sociales. Y el reportero gráfico es un fotógrafo que tiene que adaptarse a todas las situaciones al mismo tiempo. Entonces hay una diferencia; no sé si es mejor o peor. Probablemente, si buscamos en lo específico, haya muchos mejores fotógrafos en cada especialidad. Pero un reportero gráfico tiene la versatilidad para adaptarse y resolver con cierta destreza en casi todos los rubros.
Pablo se siente esencialmente reportero gráfico, pero también fotógrafo:
—También desarrollé esa parte. Fue mi comienzo y hoy me vuelvo a encontrar ahí. Cuando se me da la oportunidad y vuelvo a ponerme la cámara y el chaleco de reportero gráfico, es un disfrute. Me gusta ese entrenamiento del ojo de poder estar afilado para captar situaciones. Creo que esa es también la diferencia entre un reportero gráfico y un fotógrafo. El fotógrafo muchas veces puede prever u organizar las fotos y el reportero gráfico es más un cazador de imágenes.
- 📷 Entre sus referentes está Enrique Cartier-Bresson, padre del fotorreportaje: “Él hablaba del momento decisivo: creía que las situaciones se iban dando, pero que había un instante previo en el que todas las cosas coincidían, y esa era la foto. Por eso me gusta la idea de andar buscando hasta captar esa imagen”.

—¿Cuál fue el mejor personaje que fotografiaste?
—Siento muy atadas las situaciones a las fotos, y no sé si hay alguien más o menos importante en eso… He disfrutado de todas. En una época, hacíamos notas con David Roldán e íbamos a pueblos que tenían menos de 100 habitantes: en algunos lugares quedaban 2 o 3 personas nada más, y para mí era tan importante, de verdad lo digo, como el mayor artista.
Otro momento que recuerda con gran cariño se remonta al 14 de noviembre de 1999, cuando aún se usaban rollos y había que revelar. A Pablo lo designaron junto a 4 compañeros para cubrir el clásico entre Olimpo y Villa Mitre por la B Nacional.
—Teníamos cada uno 1 rollo de 36 fotos. Y gana Olimpo 1-0 con gol de Roberto Galarza, y yo estaba justo cubriendo en ese arco y claro, saco la foto… pero andá a saber qué pasaba en esa foto. Había que esperar a volver, y como yo era de los últimos que había entrado, fui el último en revelar. Y tengo un gran recuerdo de esa imagen: el arquero estirándose, la pelota entrando, ya se ve pasando el poste… o sea, estaba dentro del arco, ¡ya era el gol!

—Con el tiempo, tenés más fotos que son goles —añade—, pero en ese momento fue muy importante porque era muy dificultoso sacar con esas cámaras con rollo.
La adrenalina de estar en la escena funciona como droga para los fotoperiodistas:
—A veces, uno se ve sesgado porque las dificultades de lograr una imagen le ponen un valor quizá excesivo. A veces, la foto no tiene tanto valor, pero como costó tanto hacerla… y sí, para vos es importante.
—¿Y qué es lo que hace que una foto sea buena?
—Me considero un tanto técnico, me gusta la composición. Entonces, cuando una foto logra una buena composición y tiene cierto logro por el impacto, me atrae. Con composición me refiero a los recursos estéticos con los que ordenás los elementos de una imagen: según cómo te ubicás, o cómo abrís o cerrás el plano, dejás cosas afuera o adentro. Lo mismo ocurre cuando variás el punto de vista. Todo eso determina cómo se leen los elementos que la componen. Y también me gustan las series de fotos, donde uno encuentra quizá algún hilo o alguna línea. Me gusta buscar eso, me hace detenerme. Disfruto mirando las fotos. Eso también es muy de fotoperiodista: concentrar en una imagen mucha información.

—¿Qué tan relevante es el proceso de la edición?
—Muy importante. Cuando hablo de edición, me refiero a la selección más que a la edición técnica. Seleccionar cuáles sí y cuáles no, que es un trabajo redifícil; está buena la edición compartida, porque la mirada de otro sirve un montonazo. Y después, la edición como reportero creo que tiene que ser lo más neutra posible: un reencuadre, un poco de brillo, saturación, contraste… lo básico. No se puede retocar nada raro. Me gusta ese estilo: no me gustan los colores estridentes. En todo caso, blanco y negro, que también podemos decir que es una edición, porque es algo que no existe. Pero me gusta: si la foto es buena, en blanco y negro cobra mayor valor porque involucra al espectador, cada uno le pone su propio color.
—¿Qué pensás de la inteligencia artificial? ¿Es un problema que hoy se puedan crear imágenes muy realistas que confunden? ¿Atenta contra tu profesión?
—No, creo que la IA puede ayudar en muchos casos. Y seguro sirve como una herramienta creativa. No la utilizo demasiado; sí me ayuda en el proceso de postproducción. En cuanto a la profesión, creo que el tiempo dirá hasta qué punto afecta. Siento que en el futuro va a ser una visión más relacionada con la fantasía, y que los registros directos van a ser revalorizados. Si bien la fotografía no es una “verdad absoluta” (por suerte, ya no carga con esa sentencia), no deja de ser una porción de la realidad con la subjetividad de quien la utiliza.

Parado en el centro de su estudio fotográfico, montado en el corazón de Bella Vista, exhibe parte de su colección de cámaras: algunas propias, otras de su familia y la mayoría, regalos de personas que conocen bien su pasión.

Su primera cámara fue una Kodak: la describe como muy familiar, chiquitita, con un formato de fotos cuadradas. Y la primera profesional fue una Canon réflex modelo AE-1 (con 1 lente) que le prestó Juan Carlos.
—Mi preferencia, por idea, filosofía y vanguardia, son las cámaras Olympus (hoy se llaman OM System). De todas maneras, desde hace muchos años mis equipos son Nikon.
—¿Siempre tenés la cámara en la mano?
—Cuando estaba en el diario, todo el tiempo iba con la cámara. Ahora, como desarrollo una actividad particular, no es todo el santo tiempo. Tengo una para trabajar y otra que es más de hobby, más portátil y la tengo más encima. Pero sí: trato casi siempre de estar con una cámara en la mano.

—¿Creés que el ojo se puede entrenar, o hay algo que ya se trae?
—Creo en las 2 cosas. Hay gente que lo trae innato, es decir, que tiene una mirada o una forma de fotografiar que ya viene, pero sin lugar a dudas se puede trabajar, como en cualquier otra actividad. Uno podría descubrir que hay gente que tiene capacidades para algunas cosas y si las potenciás, obviamente es mejor. Y si no, queda solamente en eso, capaz es un hobby o una distracción porque no encontró un modo de vida en ello, pero está. Y se puede aprender: o sea, no creo que sea algo que si no lo traés, no te sale.
Por eso también enseña: dio talleres en su estudio, con grupos reducidos, y el próximo año quiere volver.
—Lo disfruto, me encanta. Es muy nutritivo ese ida y vuelta entre la gente que quiere aprender, porque como en toda cuestión artística siempre hay una posibilidad de ver otra mirada, otra interpretación, otro punto de vista. Una de las cosas que se daban en los talleres, cuando hacíamos salidas, y me gusta resaltar, es que éramos 10 o 15 personas yendo a sacar fotos a un mismo lugar y cuando volvíamos todos teníamos fotos totalmente diferentes. ¿Cómo puede ser que fuimos todos al mismo lado y teníamos imágenes tan distintas? Eso es muy nutritivo.

Un aspecto importante para enseñar es la continuidad, porque si bien la fotografía es “bastante simple”, si no practicás seguido en poco tiempo te olvidás.
Y, por supuesto, saber transmitir amor por este arte…
—Siempre digo que el que se acerca porque quiere aprender es porque algo le atrae y que si vos se lo podés traducir bien se va a reenganchar y va a poder disfrutar, sobre todo hoy, que es mucho más simple acceder. Hoy disfrutar de la fotografía es tan simple como sacar un teléfono del bolsillo; cuando yo empecé, era algo difícil de lograr. Hoy estamos rodeados de cámaras. Es decir: disfrutar de la fotografía es tan sencillo como tener ganas. Y por otro lado, corriéndome un poco del lugar tecnicista, siempre digo que en la fotografía y otras áreas visuales tenés 2 situaciones: la cuestión de herramientas (o sea, la cámara te ayuda a hacer mejor o distintas fotos con mayor o menor dificultad) y hay un 50% que depende exclusivamente de vos, de lo que vos ves, de qué manera lo ves, desde qué punto de vista lo encarás y qué recursos conceptuales aplicás. Entonces, entro por ese lado.
- 👨💻 Parte de su labor está en la página Imagen Bahía que comparte con su colega Sebastián Cortés, con quien trabajó muchos años en el diario: “Tenemos un popurrí de cositas. No está muy actualizada, pero tiene trabajos que hicimos”.
- 📲 También podés contactarlo al 2916464627 o por Instagram.

Pablo celebra que hoy prácticamente todo el mundo tenga una cámara, aunque sea en un celular, porque eso hace al registro:
—Poder documentar distintas situaciones familiares, cotidianas, es un golazo.
No tiene dudas de que el avance de la tecnología ha sido sumamente positivo, aunque hay un punto que le parece interesante discutir, debatir: la hiperproducción.
—Creo que es contraproducente, porque hay tanta cantidad de imágenes que al final quizá no le damos el valor que tienen. Y puntualmente me refiero a los documentos emotivos, familiares, donde concentramos en un celular miles y miles de imágenes que la mayoría de las veces se pierden porque cambiaste el aparato, se rompió, no sabés cómo bajarlas… Y resulta que un montón de momentos que estaban ahí concentrados de repente no están más. Antes sabías que tenías equis cantidad de fotos en un álbum y ese álbum hoy sigue existiendo, y cada una de esas fotos te refiere a un momento. Hoy hay miles y miles de fotos, que es imposible verlas y se pierden en ese mar. No estoy tan seguro de que sea malo, pero me deja un sabor raro.

—¿Qué es lo más lindo de la fotografía?
—Registrar y guardar momentos, con todo lo sesgado que eso es. Que una imagen pueda representar un instante y poder conservarlo o atarlo a la memoria me parece que es lo más lindo.
—¿Y lo más complejo?
—Determinar cuál es el momento que refleja eso. Me gustaría que, como a otras áreas, se le pueda otorgar el valor de un tipo de lenguaje, que muchas veces he sentido que está como desmerecido, que da lo mismo, entonces cualquiera juzga, cualquiera aporta… Creo que hay una responsabilidad que no fue asumida: está buenísimo que cualquiera pueda aportar y construir una imagen, a veces simplemente porque tiene un gran valor documental o testimonial, y es fantástico, porque no se puede estar en todos lados, pero me gustaría que se construya desde un lenguaje que sea más sólido, que tenga un por qué, para no bajar el nivel: al contrario, para que tratemos entre todos de subirlo.

En la muestra fotográfica de #SeresBahienses, que exhibimos en el festejo por nuestro quinto aniversario el martes 4 de noviembre en Orión Eventos, lució (entre tantos) el retrato de Pablo como un adelanto de esta nota. Y él estuvo presente. Pudo verse.

—¿Qué sentiste? ¿Cómo te llevás con tu imagen?
—Siempre digo que no es fácil estar frente a una cámara, y más cuando en general estás del lado de atrás de la lente. Pero pasada esa incomodidad… ja, ja, ja, me siento muy bien. En particular en esa imagen me siento representado, me veo a mí mismo. Le doy mucho valor a las imágenes, son documentos que viajan en el tiempo y guardo esa sensación tan linda de revivir momentos viendo fotografías.
En su entorno no es el único cazador de instantes.
Su pareja Daniela Medina, docente, también se dedica a la fotografía y juntos hacen trabajos de eventos sociales. Y este arte también lo acercó a su amigo Mauricio Yesari, que además es su cuñado: se casó con Roxana, su única hermana.
Bahiense como su papá Jorge (que falleció en 2016), Pablo se considera un gran defensor de su tierra. Y le encanta promoverla.
—Me parece que tiene unas dimensiones justas: no es ni una ciudad muy grande ni muy chica. Tiene enormes valores desde lo educativo, la salud, hay atractivos turísticos muy cerca, tenemos el mar y la sierra a 100 kilómetros. Lo único que le critico es el clima, pero después me parece que es una relinda ciudad para vivir.

Su trayectoria en el diario culminó el año pasado, principalmente por motivos económicos, aunque también lo seducía la idea de manejar sus propios horarios. No fue una decisión fácil y lamenta haber tenido que tomarla: el fotoperiodismo es una actividad que ama profundamente.
Hoy trabaja con clientes de distintas empresas y como freelance para agencias de publicidad locales, medios y agencias de noticias nacionales e internacionales, que de vez en cuando lo llaman para alguna cobertura, como ocurrió en la tragedia que nos aguó tanto del 7 de marzo:

—¿Cómo es la vida trabajando sin relación de dependencia?
—Todo un desafío, un mundo lleno de inquietudes porque si bien siempre tuve una actividad paralela (con la fotografía y todo lo relacionado a lo audiovisual), la seguridad o esa red de contención que te ofrece estar en relación de dependencia es cómoda. Pero también creo que lo que sucede conviene de alguna forma. Hoy por hoy puedo decir que desde lo económico lo voy resolviendo bien, mejor de lo que esperaba. Se fueron sucediendo diferentes trabajos, y también el hecho de saber que tenía más disponibilidad, hizo que la gente se acercara. Tengo posibilidades de hacer eventos sociales, que fue con lo que empecé, y agregué algunas áreas más: hago alguna cosa en video, hago algo de dron, tengo el estudio armado… diferentes espacios donde desarrollar la actividad.
—¿Extrañás algo?
—Lo cotidiano: estuve la mitad de mi vida dentro del diario y el periodismo es una actividad muy fuerte, se siente vocacional y es parte inseparable de la vida de uno. Pero también sé que lo pude desarrollar durante muchísimo tiempo, que lo disfruté, entonces intento mantenerme activo. Cada tanto, igual, surgen coberturas que me llevan a lo periodístico también, que es mi centro. Mi fuerte está por ahí.
—¿Hoy trabajás más, menos o igual que antes?
—Es distinto. Lo disfruto más, porque me permite destinar más tiempo a situaciones de vida privada. No es que me sobre nada, pero lo que hago me alcanza y puedo darme el lujo de decir: “Esta semana voy a dejar de planear trabajos para irme a algún lado con mi pareja, o hacer algo con mis nietas. Tengo por parte de Dani 2 nietas hermosas y por ahí las acompañamos al jardín. Antes eso era más difícil: tuve 2 hijas con un matrimonio anterior, Lucía y Paulina (de 27 y 23 años, respectivamente), y con ellas no pude hacer muchísimas cosas porque estaba trabajando.
- 👩👦👦 Su pareja Daniela también tiene 2 hijos: el menor es Eduardo, que está terminando el secundario, y el mayor se llama Emiliano: está en pareja con Guadalupe y sus hijas son Martina y Josefina, de 5 y 3 años.

Más allá de la fotografía, Pablo también disfruta mucho de las amistades y de la gastronomía: cocina un montón, por placer, y dice que le sale bastante bien. Más de una vez lo han animado para que le busque una veta comercial.
—Siempre dije que me daba miedo: “¿Sabés qué me va a pasar? Se va a convertir en un trabajo y me va a joder”. Y una vez mi amigo César Fierro (nos conocimos en la Cámara de Cereales) me dijo: “Bueno, pero en la fotografía te pasa igual. Y sin embargo, trabajás en la fotografía”. Es un buen punto. Así que nunca descarto que en algún momento haya algo relacionado a la cocina. Es como un cable a tierra: hago conservas, licores, cocino… me encanta.

La crítica no le pesa: la entiende desde el debate o la opinión.
—Obviamente, no la malintencionada. Pero si es un aporte, en buena hora, tenemos miradas distintas. Tu trabajo es personal y puede no gustarle al otro. Si a mí me gusta, defiendo esa posición, y disfruto mucho de los debates. Me gusta porque por ahí aporta y hasta puedo decir: “Che, tenías razón, está bueno este cambio. Lo que decís no lo había visto de ese lugar”.

Se sigue proyectando con la fotografía, pero probablemente desde un lado más analógico:
—Lo veo como un futuro potable y posible, cuando ya esté más grande y no tenga ganas de darle tanto ritmo. Mantenerme vinculado a esto con otros tiempos. Pero me veo siempre con una cámara, no creo que me pueda despegar. Creo que cuando me entierren me van a enterrar con una camarita, ja, ja, ja.
—¿Por qué querés volver a lo analógico?
—Un poco porque amo esos procesos, la parte artesanal y esa posibilidad de fallo que lo digital casi evita. También por la materialidad de la imagen, fijada en un papel con una durabilidad enorme en relación a los archivos digitales (siempre teniendo en cuenta los cuidados, por supuesto). Estoy en proceso de construir y hacer funcionar una “cámara minutera” como las que utilizaban los fotógrafos de plaza: un sistema que une cámara con laboratorio, muy empírico y mágico, que se mantiene vigente aún en tiempos digitales.

Pablo no sabe bien qué es el éxito, pero sí aquello que le permite sentirse exitoso: tratar de ser mejor en lo que hace y ver que va mejorando, tanto personal como profesionalmente:
—Siempre digo: “Ojalá me recuerden como una buena persona que sabía sacar fotos”. Después hay 1.000 interpretaciones, económicas, de logros y demás, pero yo me siento una persona afortunada y quizá exitoso en lo que he intentado hacer. Capaz que no lo logré o capaz que sigo buscándolo, creo que sí, pero para mí el éxito va por ahí.
—¿Te sentís reconocido en tu ciudad?
—Sí, me siento tranquilo en eso. Creo que quienes me conocen o me reconocen no separan fotógrafo de persona y eso me hace sentir bien. Me gusta caminar y ver que mucha gente me saluda y me recuerda diciendo: “¡Uy, vos me sacaste una foto!”. Y en tantos años eso se hace cotidiano… Hace poco le sacamos una foto a una chica que estaba esperando su primer hijo y yo le había sacado fotos en el jardín. Me atraviesa toda su vida. “Uy, vos me sacaste la foto en el jardín, y ahora quiero que le saques a mi hijo”: es un reconocimiento lindo.
—¿Qué le dirías hoy al Pablo de 16 años que se metió en el mundo fotográfico?
—Que está bien, que es por ahí. Volvería a transitar mi vida como fue. Estoy muy contento, creo que se dio como se tenía que dar. Entré en el diario el año que mataron al fotógrafo José Luis Cabezas y fue un momento de duda, porque pesaba mucho la situación. Estaba trabajando, me había casado y era: “¿Te vas a ir de fotógrafo de prensa justo con esto que acaba de pasar?”. Pero estaba fascinado por la posibilidad, La Nueva Provincia en aquel momento era un medio muy importante y apetecible, y bueno, por suerte me tiré de cabeza. Creo que me hubiera arrepentido si no hubiese aceptado. Andá a saber, ¿no? Porque nadie sabe qué hubiese pasado, pero creo que fue la decisión correcta que me trajo hasta acá.
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💁 Quiénes somos, qué hacemos y por qué.
👀 #SeresBahienses es una propuesta de 8000 para contar a nuestra gente a través de una serie de retratos e historias en formatos especiales.
La estrenamos para nuestro segundo aniversario. Estos son los episodios anteriores:
- 😝 Lautaro Cisneros, youtuber: la risa en el centro de todo
- 👷♀ María Rosa Fernández, trabajadora de Defensa Civil: el poder de ayudar
- 💄 Damián Segovia, maquillador: hacer bien lo que te pinta
- 🤝 Matías Torres, el Ciudadano Bahiense: 100 % solidaridad
- 👱♀️ Alicia D’Arretta, auxiliar de educación: la vida por sus chicos
- 🏉 Stephania Fernández Terenzi, ingeniera y rugbier: actitud ante todo
- 👨🚒 Vicente Cosimay, bombero voluntario: 24 horas al servicio
- 💁🏼♂️ Adrián Macre, colectivero y dirigente: manejarse colaborando
- 👩🌾 Delia Lissarrague, productora rural: aquel amor a la tierra
- ✍️ Marcelo Díaz, escritor: la palabra de vida
- 👩🍳 Margarita Marzocca, cocinera y jubilada: un gran gusto portuario
- 🧐 Walter Tuckart, tecnólogo y docente de la UNS: aplicar con clase
- 🖨 Hugo Kaiser, imprentero: el tipo de los tipos
- ⛪ Javier Di Benedetto, sacerdote: el divino amor crítico
- 🚛 Evelyn Sánchez, recolectora y chofer: al volante del reciclado
- 🏀 Maia Richotti, docente y basquetbolera de ley: una clase de pasión local
- 🧠 Fernando Luciani, psicólogo, músico y docente: al son de los deseos
- ⚽ Sebastián Candia, estudiante, cadete y líder barrial: pertenecer al club de la contención
- 🚢 Andrés Castagnola, práctico de nuestra ría: guía a buen puerto
- 👶 Mariel Pérez, partera: la magia de recibir vidas
- ✊ Paola Quiroga, activista trans: ser quien sos es una lucha
- 🤗 Maximiliano Mazza, operario, exvendedor, cocinero: la inclusión se trabaja
- 🥁 Sebastián Lamoth, baterista, sonidista y papá: tocar con todo
- 📝 Mercedes Azpeitia, referente del fútbol femenino e inspectora de tránsito: dar una mano sin infracción
- 🐝 Luciano Morales Pontet, apicultor y cooperativista: el enjambre productivo
- 🎼 Pedro Garabán, director coral: voces, tiempos, silencios
- 👩🏫 Myriam Cony, maestra rural: sembrar futuro para cambiar el mundo
- 👩👧👦 Paola Vergara, voluntaria de la vida: hacer algo por muchos
- 🏋️♀️ Marina Danei, entrenadora y deportista fitness: hambre de luchar y superarse
- 🦐 Claudio Onorato, pescador artesanal: mar de corazón
- 📚 Laura Faineraij, bibliotecaria: un montón de páginas inolvidables
- 🥊 Johana Giuroukis, emprendedora y boxeadora amateur: va como piña
- 🏅 Gerardo Mancisidor, veterano de Malvinas: volver a ser visible
- 🚴♂️ Kevin Jerassi, encargado de la escuela de BMX: ahí va, pedaleándola
- 🎊 Guillermo “Beto” Carranza, organizador de eventos: hay que animarse
- 👩🏼🎓 María Emma Santos, economista, investigadora y docente: riqueza académica
- 🧙🏼♀️ María Teresa Caporicci, alma de Ayuda-Le: el hada de los peladitos
- 🩰 Manuel Martínez, bailarín clásico: mucha libertad de expresión
- 🤳 “Frany” Pérez, influencer: una muestra de otro mundo
- 🌳 Miguel Ángel Schvalie, jardinero: tanto verde cariño
- 🏃♀️ Natalia Fechino, profesora de Educación Física y runner: alegría kilométrica
- 👨🦯 Sergio Hernández, profesor y músico ciego: lo esencial está ahí
- ⚖️ Carolina Benavente, trabajadora social: derecho al otro
- 🪑 Fernando Ojunian, carpintero: se hace de buena madera
- 🎨Rocco Angelicchio, ilustrador y diseñador gráfico: la dibuja y se divierte
- 🥗 Marina Martínez, nutricionista: comer con la cabeza
- 🌩️ María Cintia Piccolo, meteoróloga y oceanógrafa: estrella de mar climático
- 👗 Inés Estrada, vestuarista y modista: mucha tela por contar
- 🎸Marcelo Bray, lutier, músico y emprendedor: la curiosidad sonora
- 🎭 Paola Fernández, actriz, profesora y directora de teatro: escenarios vitales
Idea y edición general: Abel Escudero Zadrayec










