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La sociedad bahiense: evolución poblacional, movimientos inmigratorios y formas de sociabilidad (parte I)

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Por Mabel N. Cernadas | UNS-CONICET


En este artículo se caracteriza el universo poblacional de Bahía Blanca, desde su transición de enclave fronterizo a urbe modernizada entre fines del siglo XIX y principios del XX, hasta la consolidación de su perfil como ciudad mediana y de intermediación en la primera década del siglo XXI. 

En el desarrollo se da cuenta de las transformaciones operadas en la estructura y dinámica social, dos facetas aisladas con fines analíticos, pero que se presentan como interrelacionadas. Para su mejor comprensión se han establecido tres etapas.

La primera, entre 1828 y 1879, se inicia con la fundación de la Fortaleza Protectora Argentina junto al puerto natural sobre la ría denominado Puerto Esperanza, por el coronel Ramón Estomba, militar de la guerra de la independencia, hasta la expedición militar llevada a cabo por el Ministro de Guerra Julio A. Roca al Río Negro entre 1878 y 1879.

La segunda, entre 1880-1970, analiza la gradual incorporación de Argentina y Bahía Blanca y su región al modelo agroexportador como proveedora de materias primas, potenciando las posibilidades de su puerto de aguas profundas. Se aborda aquí la sociabilidad de esa población heterogénea y cosmopolita, hasta mediados de la década del setenta, cuando la crisis del modelo se produjo en el marco del régimen de facto que se inició en 1976 que promovió el terrorismo de Estado y la violación de las libertades públicas e individuales para eliminar la conflictividad social y remodelar “desde arriba” la sociedad y el Estado.

La tercera etapa que queremos caracterizar abarca desde los primeros años de la década del setenta hasta 2010, fecha del último Censo Nacional de Población y Vivienda. La última dictadura cívico-militar puso en marcha un conjunto de reformas de carácter neoliberal entre las cuales se incluyeron la reforma del Estado, la desregulación económica, la apertura comercial y la flexibilización laboral que sería concretada en los años noventa. Este proceso de hondas transformaciones estructurales agudizó la conflictividad social instalando en el espacio público nuevas demandas. 


Etapa I | La vida en la Fortaleza Protectora Argentina: entre la miseria, la   soledad y la incertidumbre (1828-1879)

La fundación de Bahía Blanca fue el resultado de un movimiento de avance de la frontera interior dispuesta en 1827 por el gobierno de la provincia de Buenos Aires. El establecimiento de una guarnición militar, en un espacio casi deshabitado, respondía a circunstancias políticas y estratégicas más que a necesidades económicas o demográficas y el encargado de realizar este avance fue el coronel Ramón Estomba, militar de la guerra de la independencia.

El fundador denominó al nuevo fortín como Fortaleza Protectora Argentina y al puerto natural sobre la ría como Puerto Esperanza.  

La existencia del precario villorrio, condicionada esencialmente por la agresiva vecindad de las tribus indígenas, hizo que prevaleciera la vida castrense y recién en 1832 aparecen indicios de una vida aldeana estable, aunque de características rudimentarias dadas las restricciones propias de un enclave de frontera.

 El aspecto del incipiente poblado era escasamente atractivo. En agosto de 1833 arriba allí el naturalista Carlos Darwin, quien escribe en su diario:

Bahía Blanca, apenas merece el nombre de aldea, pues sólo tiene unas cuantas casas y las barracas para la tropa dentro de una muralla que tiene al pie un foso profundo.

Y más adelante explica sobre su origen:

El gobierno de Buenos Aires lo ocupó injustamente por la fuerza… De aquí la necesidad de las fortificaciones, las pocas casas y la escasa tierra cultivada dentro del recinto de la muralla; ni siquiera el ganado mayor está seguro de los ataques de los indios más allá de los límites del llano en que se levanta el fuerte. (Darwin, Charles. R, Diario del Viaje de un naturalista alrededor del mundo en el navío de S. M.Beagle, 1921).

Poco antes, Roberto Fitz Roy, comandante del navío Beagle, donde viajaba Darwin, visitó el lugar y tras describir el recinto de paredes de barro que correspondía a la fortaleza, agregaba: 

Dentro y fuera del fuerte se veían ranchos y una que otra casucha, y no se requería más para los pobladores que, incluso la guarnición, solo sumaban cuatrocientas almas. El Fuerte Argentino ha adelantado muy poco desde su establecimiento, aun cuando es núcleo de lo que puede llegar a ser un lugar de importancia. (Parker King, Phillip y Fitz Roy Robert, Narración de los viajes de levantamiento de los buques de S. M. Adventure y Beagle en los años 1826 a 1836, 1933).

Esta situación se mantenía veinte años después. El censo realizado por el gobierno del Estado de Buenos Aires en 1854 indica que en el lugar estaban radicados 941 habitantes, todos ellos en el perímetro urbano. En este período, y paralela a la lenta expansión de las propiedades ganaderas, algunos fuertes y unos pocos poblados, la dirigencia arbitró distintas medidas para evitar el despoblamiento de la campaña y restablecer la seguridad de la frontera: la organización de las municipalidades, la formación de colonias agrícola-militares y el avance gradual en una línea fortificada para proteger a las poblaciones. Esta última estrategia de ocupación gradual correspondió a la traza de la denominada Zanja de Alsina.

Un acontecimiento de trascendencia ocurre en 1856, que habría de transformar la vida del pueblo.  Ese año arriba a Bahía Blanca más de un centenar de pobladores constituido por los   legionarios italianos y sus familias, que integraban la Legión Agrícola Militar, al fracasar la colonización de Nueva Roma.

Estos colonos, soldados italianos imbuidos de ideales liberales, se integraron con rapidez en la pequeña aldea, que al reiniciarse la guerra con los indígenas solo contaba con 776 habitantes, desempeñándose en actividades comerciales, artesanales, en los servicios de transporte terrestre –galeras y carretas- marítimos y en la producción agropecuaria. Algunos de ellos, con cierta preparación, como los integrantes de la familia Caronti comenzaron a dar una fisonomía distinta al poblado y poco tiempo después pasarían a formar parte de la élite de la ciudad. No obstante, también en ese año se produciría otro acontecimiento traumático cuando una epidemia de cólera diezmó a la población: alrededor de 500 fallecimientos, más de la mitad de la población radicada en el lugar.

Los pueblos indígenas y los blancos negociaban y convivían, vinculándose entre sí de las maneras más diversas. Comerciaban o hacían truque de diferentes productos, realizaban de forma conjunta tareas comunitarias, participaban de la defensa o en los conflictos políticos internos, compartían creencias y supersticiones y hasta mezclaban su sangre por matrimonios y uniones de hecho. En sentido estricto la guerra no era blancos contra indios, porque tanto unos como otros luchaban en el bando contrario contra sus hermanos de raza. No obstante, puede decirse que estas dos décadas constituyeron una de las épocas más violentas de la historia de la frontera bonaerense.

La población del fuerte y de los toldos tenía en la época un común denominador: el sufrimiento, la miseria y el permanente estado de tensión. Los abastecimientos eran escasos y los sueldos y las raciones para los indígenas llegaban con bastante atraso. Sin duda, la vida en la guarnición era dura, porque a las tareas estrictamente militares se sumaban trabajos como la construcción y reparación de las defensas, la fabricación de adobes, la preparación de terrenos para sementeras, el cultivo de chacras, la apertura de caminos y mucho más. La tropa era sufrida, brava, ignorante y, a veces, difícil de conducir, pero que respetaba en sus superiores el carácter y el valor. El aislamiento, la soledad y las privaciones hacían indispensable el mantenimiento de una disciplina estricta, que a veces llegaba a ser excesiva y hasta arbitraria que por lo general limitaba las deserciones. 

Debe aclararse, sin embargo, que las necesidades del soldado criollo eran realmente modestas. La carne era el alimento básico y la ración se completaba con algunos víveres secos —arroz, galleta o sal— y rara vez los “vicios” yerba, azúcar, tabaco, papel y jabón. Estaba terminantemente prohibida la venta de alcohol, lo que no significaba que se acatase la veda dado que algunos comerciantes en sus pulperías se beneficiaban con la venta de bebidas espirituosas.

No estuvieron ausentes en la frontera las mujeres, ya que su presencia fue fundamental para arraigar las tropas al lugar, reducir las deserciones y las fugas de los soldados. En su gran mayoría las fortineras provenían del mundo rural, eran pobres, analfabetas, mestizas, mulatas e indígenas, llevadas por lo general de manera forzada para acompañar a los soldados y eran también víctimas de disciplinamiento social. Además del trabajo doméstico: cocina, lavado de ropa, cuidado de los animales y cultivos, crianza de niños, atención de los enfermos y heridos con el conocimiento que tenían sobre hierbas curativas o a través de la “cura de palabra”; constituían el apoyo físico y moral de sus hombres e incluso, algunas revistaban formalmente en el ejército y recibían racionamiento. 

 El primitivismo de la población militar también se observaba en el ámbito civil, porque a la indefensión e inseguridad, el desconocimiento de las pautas de la vida civilizada y el desamparo se sumaban las precarias condiciones de higiene y sanidad de la vida cotidiana, los malos hábitos y la escasa alimentación, la promiscuidad y la falta de recursos y conocimientos para evitar las enfermedades. Estas se convertían en verdaderas epidemias que hacían estragos entre los habitantes del fuerte, del poblado y de los toldos.

No era mejor la situación de los habitantes de Bahía desde el punto de vista espiritual o educativo. No obstante, en los primeros años de la década siguiente se inauguraba el primer edificio escolar construido para esa finalidad, lográndose una mayor regularidad en el desarrollo de las actividades escolares. Si las dificultades fueron grandes para el funcionamiento de la escuela de varones, mayores habrían de ser las que surgirían al tratar de instalar un establecimiento educativo para niñas por la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires. Los inconvenientes se subsanaron una década más tarde, hacia 1866, con el nombramiento de dos oriundas de la población: Gregoria Palao y Ciriaca Palao de Laspiur

Para asegurar las fronteras internas debía incorporarse efectivamente a la soberanía del estado áreas cuyas características geográficas, climáticas y ecológicas eran desconocidas. La ocupación y el poblamiento de estos territorios sólo sería posible después que se hubieran realizado las exploraciones y estudios respectivos. Para cumplir estos propósitos llegó a Bahía Blanca a principios de 1859 la Comisión Exploradora del Sur, presidida por el ingeniero Carlos Pellegrini. La primera impresión que recibió del pueblo el científico era poco halagüeña. Así escribía:

El aspecto de Bahía Blanca “nada tiene de agradable, el color ceniciento de las casas es la principal causa”. No obstante, el mismo señalaba que habían comenzado a realizarse algunas construcciones particulares con paredes de ladrillo cocido, revocadas y blanqueadas, que rompían la monotonía entre los modestos ranchos de paredes de adobe y techos de paja que predominaban en el poblado. Su crítica también se extendía al estado ruinoso en que se hallaban la iglesia, el molino harinero y hasta el mismo fuerte. Por ello, recomendaba desmantelar la “caricatura de fuerte” edificando en su lugar la casa municipal, un par de escuelas, una iglesia decente, un tribunal y una prisión.

Las características de la población bahiense fueron también motivo de las observaciones y comentarios del ingeniero italiano. Como toda población de frontera, su principal peculiaridad era la heterogeneidad. Esta se daba, tanto en el ámbito militar como en el civil. 

El soldado para el servicio de frontera era reclutado entre los sectores más pobres de la población, lo que explicaba la heterogeneidad racial de los cuerpos militares. La tropa estaba formada por voluntarios, enganchados y destinados. Estos últimos, individuos que habían sido incorporados forzosamente o que la justicia enviaba a los fuertes y fortines para cumplir determinada condena. Un informe del coronel Ramón Burgeois de 1852 indicaba que, de las 46 plazas, más de la mitad eran de raza negra, prisioneros brasileños que al término de la guerra se engancharon en el ejército argentino.

La visión de Pellegrini de la población civil no era mejor ya que entendía que esta no podía convivir con presidiarios e indios, aunque estos fueran amigos. Señalaba al respecto: 

…no debe esperarse una marcha sobresaliente hacia el progreso de parte de una población en cuyo seno derramamos bárbaros y criminales, una sociedad colocada entre el desierto y el presidio. (Pellegrini, Carlos, Comisión exploradora de Bahía Blanca, 1860/1861). 

A pesar de contar con más de tres décadas, no se habían producido grandes cambios en la pequeña aldea de frontera. Su vecindad con el territorio dominado por los pueblos originarios aún la mantenía sumida en el peligro, el atraso y la pobreza. No obstante, comenzaban a vislumbrarse algunas modificaciones que perfilaban las posibilidades futuras de la región. En el informe citado de Pellegrini su autor concluía:

Ese pueblo infeliz, azotado por la arena…antes de cien años será una ciudad floreciente…una ciudad que regarán fuentes naturales, que rodearan pintorescas villas a lo largo del romántico Napostá, un puerto de condiciones inmejorables, el primero de la República Argentina. (Pellegrini, Carlos, Comisión exploradora de Bahía Blanca, 1860/1861). 

Un prolongado cese de las hostilidades con los pueblos indígenas en la década del sesenta permitió que se fueran radicando fuera de los límites del pueblo algunas explotaciones rurales con viviendas permanentes. Zonas alejadas sobre los arroyos Napostá y Sauce Chico y sobre los ríos Sauce Grande y Colorado se convirtieron en estancias dedicadas a la cría de ovejas, y en menor medida, al cultivo de cereales. 

El primer censo nacional realizado en 1869 bajo la presidencia de Domingo F. Sarmiento constataba que el partido totalizaba 1.472 habitantes, de los cuales el 72 % eran urbanos —70,2 % argentinos, 12,9 % indígenas y 16,9 % extranjeros— y 28 % rurales.

Aunque la producción de la región comenzaba a interesar en los círculos económicos de Buenos Aires, no se produjeron grandes cambios en la sociedad local hasta la expedición llevada a cabo por el Ministro de Guerra Julio A. Roca al Río Negro entre 1878 y 1879. A partir de esa fecha se abriría un nuevo capítulo para el poblado fronterizo que vamos a reseñar en la próxima nota.


Sobre esta primera etapa (1828-1879) puede consultarse: Carlos Pellegrini, Comisión exploradora de Bahía Blanca en Revista del Plata, Buenos Aires, 1860/1861; Charles. R, Darwin, Diario del Viaje de un naturalista alrededor del mundo en el navío de S. M.Beagle, 1921; Phillip Parker King y Robert Fitz Roy, Narración de los viajes de levantamiento de los buques de S. M. Adventure y Beagle en los años 1826 a 1836, 1933; Félix Weinberg y colaboradores, Manual de Historia de Bahía Blanca. UNS, Bahía Blanca, 1978; Mabel N. Cernadas y Norma Buffa, Aspectos de la vida en la frontera, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1980; Mabel N. Cernadas, La vida en la frontera a través de algunos observadores extranjeros. Convivencia y enfrentamientos, Instituto de Investigaciones Históricas del Museo Roca, Buenos Aires, 1984; Mabel N. Cernadas, La organización de los partidos de la frontera entre 1852 y 1859: Bahía Blanca y Patagones, Sociedad Argentina de Historiadores, Pinamar, 1987; Félix Weinberg (Dir) Historia del sudoeste bonaerense, Plus Ultra, Buenos Aires, 1988; Mabel N. Cernadas, Valentín Alsina y la política inmigratoria entre 1852-1862 en Cuadernos del Sur , Nº 21, UNS , Bahía Blanca, 1988-1989; Mabel N. Cernadas, Valentín Alsina y la organización bonaerense. El régimen municipal y las prefecturas de campaña, en Revista Histórica, Instituto Histórico de la Organización Nacional, Buenos Aires, 1991; Mabel N. Cernadas, La expansión de la frontera en el sudoeste bonaerense entre 1852 y 1859 en Historia de los pueblos al sur del Salado, Olavarría, 1992; Mabel N. Cernadas, La vida en la frontera: Bahía Blanca en el año 1859, en Res Gesta, Nº 31, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. U.C.A., Rosario, enero-diciembre 1992; Mabel N. Cernadas, Inmigración en Bahía Blanca: la ciudad y campaña en 1869 ; Mabel N. Cernadas , Norma Buffa  y Adriana Susana Eberle, Estudios sobre inmigración, Bahía Blanca, UNS, 1992, pp. 5 a 44; Mabel N. Cernadas, (Comp.) Bahía Blanca de ayer a hoy, Primer Seminario de Historia y realidad bahiense, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur-Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires, Delegación Bahía Blanca, 1993; Mabel N. Cernadas,  Valentín Alsina.  Periodista, Jurista   y Hombre de Gobierno, Utopía Ediciones, Bahía Blanca,1996.  

Agradecemos a los integrantes del Archivo de la Memoria de la Universidad Nacional del Sur (AMUNS), Dr. José Marcilese y Mg. Celeste Napal por haber contribuido con el material fotográfico con que cuenta la institución. 


MABEL NÉLIDA CERNADAS

Es profesora, licenciada, magíster y doctora en Historia. Se desempeña como docente de posgrado en los Departamento de Humanidades y de Economía de la Universidad Nacional del Sur e investigadora principal del CONICET. Es asimismo directora de la carrera de doctorado en Historia e integra el Comité Académico de la maestría en Sociología.

En la formación de recursos humanos se destaca su trayectoria en la dirección de proyectos acreditados, investigadores, tesistas, becarios y pasantes. Autora y coautora de varios libros y capítulos de libros, ha publicado numerosos artículos y reseñas en revistas nacionales e internacionales, como también en actas de congresos sobre temas vinculados a la historia política y social argentina.

Creó el Archivo de la Memoria de la UNS y dirige el Centro de Estudios Regionales «Profesor Félix Weinberg» del Departamento de Humanidades de la UNS. En 2017 fue distinguida con el título de Profesora Extraordinaria Consulta de la UNS. En 2018 fue reconocida como mujer destacada de la ciudad de Bahía Blanca en Ciencia e Investigación, por la UNS y el Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca por su aporte al conocimiento de la historia local. 


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Voces

👩‍👧 El camino de la adopción: deseo, preparación, llamado y construcción

Otra edición de “Voces”, el espacio de 8000 para que se hagan sentir distintos referentes y especialistas de nuestra Bahía.

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Por Carolina Recalde / Presidenta del Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (MAMA)


A fines de 2007 llegué al Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (MAMA) por sugerencia del entonces Tribunal de Menores de Bahía Blanca, y comencé a asistir a sus reuniones de manera entusiasta, permanente y comprometida, interiorizándome y preparándome en la temática de la adopción y acompañando a la diversidad de familias en sus diferentes procesos adoptivos.

Después de un tiempo, llegué a desempeñarme como secretaria y hoy soy presidente de dicho grupo autogestivo.

Foto: La Nueva.

¿Cómo aparece el deseo de adoptar?

No fue un proceso fácil. Desde que éramos novios, con mi marido, sabíamos que tener un hijo biológico era casi imposible. Nunca hicimos tratamientos de fertilización asistida. Pensamos y masticamos la idea de la adopción desde siempre. El 10 de noviembre de 2007 nos presentamos ante el Tribunal de Menores para llevar todos los papeles y realizar las evaluaciones correspondientes.

¿La disponibilidad adoptiva fue cambiando con el paso del tiempo?

Claro que sí.

A medida que fueron pasando los meses y al conocer otras experiencias y vivencias, fuimos cambiando hasta llegar a aceptar niños/as hasta 8 o 9 años de edad.

¿Cómo fue el día del “llamado”?

Es un día que jamás olvidaré.

Me acuerdo de que estaba de licencia por ART, en el comedor, y me llamó mi marido dándome la noticia de que nos habían convocado desde el juzgado. ¡No lo podía creer! Era el 7 de agosto de 2012.

Y después del llamado, ¿cómo siguió el proceso?

El 8 de agosto fuimos. Nos contaron acerca de la que iba a ser nuestra hija. Nos hicieron preguntas y preguntamos algunas cuestiones. Teníamos que volver al día siguiente.

Y al día siguiente, sucedió algo que no esperábamos: conocer a nuestra pequeña. Linda, pícara, desenvuelta y charlatana. Con el permiso del juzgado, salimos a almorzar y quise sacar una foto. ¡Sorpresa! Mi máquina no tenía pilas. Así que compramos unas en el kiosco y seguimos paseando.

Yo no podía de la emoción, iba caminando de la mano de una niña que sería a futuro mi hija. Mandé mensajes a mi familia y a mis amigas. Todos desbordaban de emoción.

¿Qué ocurrió después? ¿Al otro día?

Nuestra hija estaba viviendo una situación muy particular, por eso se nos otorgó un permiso de pernocte para que estuviera en casa a partir del 10 de agosto. El 14 de agosto ya teníamos la guarda y todos comenzábamos un camino nuevo, una construcción familiar de nuevos vínculos.

¿Cómo describiría a esa construcción del vínculo familiar?

El primer día que nos vimos, mi hija me dijo “mamucha” y gracias a la formación, a la información y a la preparación continua, entendí que aunque me nominara de esa manera todavía no era su madre en lo vincular. Había que construir, de a poco, un vínculo fuerte, sostenido, paciente: un vínculo de madre e hija.

¿El vínculo se construye fácilmente?

Para nada, en absoluto.

Lleva tiempo, paciencia, templanza, amor, resignificación de conductas: herramientas necesarias que debemos entrenar mientras hacemos una espera activa.

¿Con el amor alcanza?

Mucha gente cree que solamente teniendo mucho amor se construyen los vínculos, se solucionan los problemas, se adopta. El amor es muy importante, pero tenemos que tener en cuenta otros condimentos que influyen en las relaciones personales.

¿Es lo mismo ser familia por vínculo adoptivo que por vínculo biológico?

Por supuesto que no. Los hijos adoptivos llegan desde afuera con una historia de negligencia, maltrato, abandono o abuso.

Una historia muy dura en la que nosotros, los padres adoptivos, no estuvimos, no participamos.

Una historia donde nuestros hijos son sobrevivientes de una o varias vulneraciones de derechos.

Es imprescindible entrenarnos y fortalecernos para poder acompañar y sostener a nuestros hijos.

¿Qué le diría a alguien que está pensando en adoptar?

Que la adopción trae desafíos constantes. Que la espera tiene que ser productiva, positiva, formativa e informativa. Que se acerque a los grupos autogestivos para escuchar las voces de otros que viven o están en la misma situación. Que cuando se sientan desesperados, desorientados o extenuados, busquen ayuda.


De qué se trata

Según Eva Giberti, la adopción es “la historia de un encuentro” entre una pareja o monoparental que desea ejercer la paternidad y de un niño que necesita de alguien que ocupe el lugar de los padres, que de hecho o virtualmente perdió.

Este encuentro encierra todo lo positivo, lo vital, lo afectivo que tiene la adopción, que reconoce como padre-madre-hijo al que se siente y ocupa el lugar de tal.

Porque hablar de adopción es hablar de un nuevo modo de dar a luz, es hablar de una unión entre un anhelo de amar y un anhelo de ser amado, de proteger y de ser protegido, de crecer y de ser conducido, de cuidar y de ser cuidado, de ser padres y de tener padres.

Los comienzos de MAMA

El Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes es la ONG sobre adopción más antigua del país: nació en 1985 en Bahía Blanca y el jueves pasado cumplió 37 años.

Al principio, se reunían solamente mujeres y de a poco, se fueron acercando los hombres.

Surgió a partir de las necesidades e inquietudes de un grupo que estaba en la etapa previa a la adopción y otro que ya había adoptado. Los que esperaban iban con la intención de nutrirse de la experiencia de los otros y quienes ya tenían niños, para compartir sus dudas y sus vivencias.

Objetivos generales

👉 Fomentar la adopción de niños/as y adolescentes.

👉 Facilitar información.

👉 Intercambiar experiencias, dudas, temores y alegrías entre los aspirantes a adoptar y los que ya son familia por adopción.

👉 Acompañar en la espera, en la vinculación y en la adopción propiamente dicha.

👉 Realizar seminarios, talleres, encuentros y jornadas abiertas a la comunidad para insertar la temática.

👉 Promover la lectura de material bibliográfico referido a este modo de ser familia.

👉 Impulsar el conocimiento de películas, documentales y páginas web abocados a esta forma familiar.

👉 Auxiliar por medio del servicio SOS (disponible las 24 horas, los 365 días del año) a quienes deseen compartir lo que les preocupa, entristece o alegra.

Nuestras reuniones

Las hacemos los segundos y cuartos sábados de cada mes, de abril a noviembre, en el salón de prensa “Eduardo Cenci” de la Municipalidad (Alsina 65), de 15:30 a 17:30. En algunas oportunidades, realizamos actividades en la UNS.

Durante 2020 y 2021, debido a la pandemia, tuvimos talleres en forma virtual. Este año trabajaremos en forma virtual hasta el receso invernal y luego, en forma presencial.

Contacto

☎️ Teléfonos: 2914261125 y 2916422422.

🔗 Facebook: Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes Bahía Blanca.


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📢 Enfermedades raras en Bahía Blanca: el trabajo de convivir con síntomas (y no ser invisible)

Vicky es bahiense, tiene 4 años y enfrenta una situación muy poco frecuente. Su mamá nos relata cómo es el camino.

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¡Feliz Día del Trabajador! Esta es una edición especial de “Voces”, el espacio de 8000 para que se hagan sentir distintos referentes y especialistas de nuestra Bahía.


Por Silvina Molina

Aunque parezca mentira, a veces es más difícil encontrar alguien que ponga manos a la obra que la posible solución a una enfermedad rara. Y más aún cuando es muy rara.

Victoria, mi pequeña sonriente de 4 años y medio, le diagnosticaron la de Niemann-Pick tipo C (NPC) a los 24 meses de vida, después de 1 año de estudios.

Todo empezó cuando vimos unos bultos en su cabeza y en su garganta.

Nos contactaron con el actual director del Hospital Penna, Gabriel Peluffo, y él y la doctora Jimena Gil se interiorizaron y supieron cuál era el problema. Pero al no haber casos recientes, no hay un protocolo de acción ni se sabe qué tratamiento seguir.

Buscamos por Google y vimos un video grabado por Diego Montes de Oca y Marina Szlago, donde figuraba un número de teléfono. Decidí llamar.

Me contacté con el doctor Diego, pero estaba de vacaciones. Me dijo que él se iba a comunicar.

Pensé que era mentira. Pero no: cuando volvió, me llamó y me avisó que me iban a dar un turno con una de las mejores especialistas en enfermedades raras.

Así, el 12 de febrero de 2020 viajé a Buenos Aires en busca del tratamiento para Victoria. Ni bien llegué, la doctora Marina Szlago, ¡una genia, por cierto!, vio todos los estudios previos, me dio otros para hacer y me contactó con una de las doctoras que trabaja en Neonatología en el Penna: Marina Bolleta.

Desde entonces, ella sigue el caso de Victoria, acompañada por 2 neurólogos, 1 neumonólogo y 1 oftalmólogo. La verdad, estoy muy cómoda con este grupo de médicos porque la tratan súper bien, son muy atentos con ella.

Bueno, ahora sí, cuento un poco de qué se trata.

La enfermedad de Niemann-Pick es hereditaria y poco frecuente. Afecta la capacidad del cuerpo para metabolizar las grasas dentro de las células. Esas células no funcionan bien y, a la larga, mueren. Esto puede afectar al cerebro, los nervios, el hígado, el bazo, la médula ósea y en casos graves, los pulmones. A Vicky le afectó el bazo.

Las personas que tienen esta enfermedad presentan síntomas relacionados con la pérdida progresiva del funcionamiento de los nervios, el cerebro y otros órganos, que Vicky aún no tuvo.

Si bien la de Niemann-Pick puede aparecer a cualquier edad, afecta principalmente a los niños. Por ahora no se conoce la cura y a veces es mortal. El tratamiento se centra en ayudar a las personas a vivir con los síntomas.

En su momento, los síntomas más frecuentes de Vicky fueron torpeza y dificultad para caminar y alteraciones del sueño.

En 2020 empezó con la medicación. Es un tratamiento de por vida, que no puede cortar por nada. Y es muy costoso. Por suerte lo cubre la obra social: ella toma 2 dosis de Miglustat por día y la caja, que dura 45 días, cuesta unos $ 900.000.

A su vez, la medicación tiene que ir acompañada de una dieta estricta sin azúcares ni lactosa. Y son de mucha ayuda las terapias ocupacionales, de fonoaudiología y psicología.

Es importante el reconocimiento y la difusión de estas enfermedades para que el diagnóstico sea precoz, para que los pacientes no tengan que someterse a tantos estudios con la angustia que eso genera y para que cada familia reciba la información y la contención necesarias.

Miles de familias en cada rincón del mundo esperan dejar de ser invisibles. La investigación es nuestra única esperanza. Por eso, hay que sacarlas a la luz.

  • 👉 En casos como este, la contención es clave. Silvina pone a disposición su contacto para quienes viven situaciones similares: 2914491961.


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La sociedad bahiense: evolución poblacional, movimientos inmigratorios y formas de sociabilidad (parte III)

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Por Mabel N. Cernadas | UNS-CONICET


En este artículo se caracteriza el universo poblacional de Bahía Blanca, desde su transición de enclave fronterizo a urbe modernizada entre fines del siglo XIX y principios del XX, hasta la consolidación de su perfil como ciudad mediana y de intermediación en la primera década del siglo XXI. 

En el desarrollo se da cuenta de las transformaciones operadas en la estructura y dinámica social, dos facetas aisladas con fines analíticos, pero que se presentan como interrelacionadas. Para su mejor comprensión se han establecido tres etapas.

La primera, entre 1828 y 1879, se inicia con la fundación de la Fortaleza Protectora Argentina junto al puerto natural sobre la ría denominado Puerto Esperanza, por el coronel Ramón Estomba, militar de la guerra de la independencia, hasta la expedición militar llevada a cabo por el Ministro de Guerra Julio A. Roca al Río Negro entre 1878 y 1879.

La segunda, entre 1880-1970, analiza la gradual incorporación de Argentina y Bahía Blanca y su región al modelo agroexportador como proveedora de materias primas, potenciando las posibilidades de su puerto de aguas profundas. Se aborda aquí la sociabilidad de esa población heterogénea y cosmopolita, hasta mediados de la década del setenta, cuando la crisis del modelo se produjo en el marco del régimen de facto que se inició en 1976 que promovió el terrorismo de Estado y la violación de las libertades públicas e individuales para eliminar la conflictividad social y remodelar “desde arriba” la sociedad y el Estado.

La tercera etapa que queremos caracterizar abarca desde los primeros años de la década del setenta hasta 2010, fecha del último Censo Nacional de Población y Vivienda. La última dictadura cívico-militar puso en marcha un conjunto de reformas de carácter neoliberal entre las cuales se incluyeron la reforma del Estado, la desregulación económica, la apertura comercial y la flexibilización laboral que sería concretada en los años noventa. Este proceso de hondas transformaciones estructurales agudizó la conflictividad social instalando en el espacio público nuevas demandas. 

Bahía Blanca y la región bajo el signo del neoliberalismo: reestructuración económica, precarización laboral y aumento de la conflictividad social (1970-2010)

Daniel  James ha escrito que el período que transcurre en Argentina entre 1966, fecha en que se inició un nuevo régimen de facto presidido por el general Juan Carlos Onganía,  hasta el golpe militar que puso fin al tercer gobierno peronista en marzo de 1976 se caracterizó por el aumento de la conflictividad social y diversos problemas que tiñen esos años de violencia, proscripción y autoritarismo pero también constituye una época de sueños e ideales, ya que los actores sociales y políticos, aún inmersos en conflictos y tensiones, estaban intentando construir un país moderno y desarrollado (Daniel James, 2003).

A partir del proceso abierto del 24 de marzo de 1976, que instaló una de las dictaduras cívico-militares más crueles y violentas de la historia argentina promoviendo el terrorismo de Estado y la violación de las libertades públicas e individuales, se produjeron profundas transformaciones en el campo político, la economía y la sociedad. Desde ese momento se fueron abandonando las políticas que privilegiaban la protección de la industria sustitutiva, la demanda del mercado interno como factor de crecimiento y el papel del Estado como garante del bienestar de las personas mediante diferentes prestaciones sociales. La inclusión y la integración social que había caracterizado las décadas anteriores, dio paso a la pobreza, la desocupación, el achicamiento de la movilidad ascendente y el ensanchamiento de la brecha entre los que más y menos tienen

Bahía Blanca no fue ajena a este proceso. Si bien hasta mediados de la década del setenta pareció que la crisis era solo política, se hizo evidente que la globalización supuso una nueva división del trabajo internacional que conllevaría la profundización de la transnacionalización de la economía y la subordinación de la política a la economía, vinculada fuertemente a la reforma del aparato estatal. Al mismo tiempo que comenzaba a esbozarse un nuevo modelo de desarrollo de signo neoliberal se producía el aumento creciente de la conflictividad social. 

Durante esta etapa se habían incrementado los niveles de violencia tanto por el accionar de las organizaciones armadas como por la represión que a partir de 1975 inician las Fuerzas Armadas, con acuerdo del gobierno constitucional. Simultáneamente, bandas paramilitares de la Triple A, creada por José López Rega, secuestraban y asesinaban opositores, en su mayoría obreros, profesores o estudiantes universitarios vinculados al marxismo, que incluía tanto a militantes de las organizaciones del ERP como Montoneros. Una serie de atentados preanunciaron la escalada de violencia donde se multiplicaron los allanamientos de los domicilios y las detenciones de estudiantes.

Bahía Blanca presenció por aquellos años los primeros actos del terrorismo de Estado, como los asesinatos de Jesús “el Negrito” y del estudiante de ingeniería David “Watu” Cilleruelo, ultimado el 3 de abril de 1975 en los pasillos de la Universidad Nacional del Sur.  Esos sucesos en las calles afectaron profundamente la vida diaria de los bahienses, que se anoticiaban sobre esos hechos sangrientos a través de los medios de comunicación. Además de impactar en el espacio público, la violencia influía en los lugares de trabajo y obturaba espacios gremiales de acción.

En los años posteriores, la sociabilidad se vio condicionada por los diversos mecanismos de control y disciplinamiento en el marco de la estructura represiva militar implementada por el gobierno dictatorial entre 1976 y 1983. La propuesta militar buscaba eliminar la conflictividad y remodelar “desde arriba” el Estado y la sociedad.

El aparato estatal se desdobló, y mientras una parte actuaba de acuerdo con el orden jurídico que ellos mismos habían creado, la otra operaba en la clandestinidad y al margen de toda regulación posible, ejerciendo una violencia y represión feroz, sin más control que el de sus propios ejecutores. Así se inició un ciclo en el que imperaba el miedo, y en el cual el secuestro, la detención, la tortura, el asesinato, la desaparición de personas adultas y menores de edad, las violaciones a los derechos humanos fueron parte del sistema que desarrolló su accionar en la ilegalidad, bajo el amparo del poder del Estado. Esta experiencia no fue vivida por todos los habitantes de igual forma, ya que la represión tuvo un carácter selectivo que llevó a que ciertos sectores de la sociedad, señalados como “subversivos”, sufrieran con mayor intensidad sus efectos. 

En el orden económico, los miembros de las tres Fuerzas Armadas, con la complicidad de grupos civiles, en su mayoría vinculados a los sectores más concentrados de la economía, emprendieron acciones represivas y de disciplinamiento sobre las organizaciones sindicales y sus militantes, con el fin de evitar su reacción ante la implementación de un modelo económico de orientación neoliberal, que afectaba la esfera productiva industrial y favorecía al sector financiero y los grupos más concentrados de la economía. 

Y si bien en la Iglesia Católica hubo laicos, sacerdotes, religiosos y algunos obispos que se comprometieron en los organismos de derechos humanos; para un sector de la misma, la dictadura era bienvenida en virtud de su presunta defensa de la “civilización occidental y cristiana” (Virginia L. Dominella , 2013). Por lo tanto, como bien indica Juan Suriano, hubo un amplio espectro social que prestó de una u otra forma su cooperación al régimen militar y le otorgó un consenso sin el cual no hubiera podido existir ni sobrevivir (Juan Suriano, 2005).

En la medida que el régimen militar comenzó a dar muestras de debilidad por el fracaso del plan económico, el cuestionamiento de los organismos defensores de los derechos humanos —como las Madres de Plaza de Mayo—, las presiones de la prensa y de algunos gobiernos extranjeros, se inició la reorganización de los partidos políticos.

La agitación opositora se intensificó en vísperas de la Guerra de Malvinas, para atenuarse durante los meses que duró el conflicto y profundizarse con posterioridad frente a un gobierno totalmente deslegitimado por la derrota militar. La salida electoral, la movilización social en favor de la democracia y el triunfo del radicalismo sobre el peronismo en 1983 constituyó un punto de inflexión en la agitada vida política argentina. 

El presidente Raúl Alfonsín clausuraba así uno de los períodos más dramáticos y sangrientos de la historia nacional, restituyendo la legitimidad a los partidos en su papel de organizadores del electorado y mediadores en el juego político entre la sociedad y el Estado. En los primeros años de la posdictadura, la sociedad en su conjunto vivió en los diferentes ámbitos un inédito clima de libertad y de participación, confiando en que una política cultural y educativa modernizadora podría desterrar los rasgos autoritarios presentes en instituciones, prácticas y conciencias, favoreciendo la integración.

 Sin embargo, el cambio en el modelo de desarrollo económico de los años noventa de neto corte neoliberal produciría fracturas y reacomodamientos de las distintas clases y grupos sociales, configurándose una sociedad compleja y heterogénea con fuerte tendencia a las desigualdades, a la generación de nuevas formas de pobreza y exclusión, que se expresaba a través de una intensa conflictividad social. 

Ante el incremento de la deuda externa, la alta inflación y la pauperización creciente, Carlos Menem, su sucesor, puso en marcha un plan de reformas estructurales que terminó produciendo profundos cambios en la economía y la reconversión de la sociedad. La reforma del Estado, la apertura comercial, la desregulación económica y la flexibilización laboral impactaron intensamente en la sociedad bahiense.

El Estado, que hasta el momento había sido el garante del bienestar de la población pasó a tener un rol subsidiario del mercado. La reestructuración del capitalismo a nivel global, que produjo la “modernización excluyente” desembocó en una dinámica de desindustrialización que fue acompañada por la concentración creciente de la actividad económica en manos de grupos privados y empresas multinacionales (Maristella Svampa, 2005).

A nivel local, la llegada de inversiones públicas y privadas en la industria generó transformaciones espaciales, vinculadas con la industria petroquímica y la presencia del complejo ferroportuario. En este marco, se produjo la instalación de dos emprendimientos fundamentales para la organización del espacio industrial en este nuevo orden neoliberal: el Polo Petroquímico y el Parque Industrial

En 1973 se conformó Petroquímica Bahía Blanca (PPBB) con el 51 % de empresas estatales (Fabricaciones Militares, YPF y Gas del Estado) y el resto en manos privadas. En 1995, se completó la privatización del PPBB y el complejo industrial comenzó a atravesar un proceso de importantes mutaciones de la mano de las grandes empresas transnacionales que tomaron su control. Al tiempo que Dow Chemical adquirió PBB Polisur y el Grupo Solvay hizo lo propio con Indupa, en los siguientes cinco años tuvo lugar el incremento de la capacidad productiva de las empresas existentes, la concreción del Proyecto Mega y la instalación de la fábrica de fertilizantes Profertil

En lo que respecta al Parque Industrial de Bahía Blanca (PIBB), se ubica sobre la ruta de acceso sudoeste al puerto de Ingeniero White, a 5 km del centro de la ciudad. Su creación comenzó a concretarse en 1975, impulsada por un programa del gobierno de la provincia de Buenos Aires que preveía la dotación de infraestructura y equipamiento para promover el desarrollo de industrias de base y la exportación de productos de las pequeñas y medianas empresas. Si bien las acciones fueron desarrollándose de manera progresiva y continua, fue a partir de la década de 1990 cuando el parque comenzó a funcionar como tal, al instalarse las primeras empresas.

Al mismo tiempo, como parte del proceso de descentralización del sistema portuario, en 1993, se constituyó el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca (CGPBB), ocupando un lugar destacado una vez realizada las obras de dragado que llevó el canal a 45 pies. A partir de la reforma de la regulación portuaria, se radicaron  grandes empresas transnacionales, que adquirieron la concesión de las terminales portuarias existentes y/o realizaron inversiones en nuevas infraestructuras, entre ellas, Bunge Limited, Cargill, Oleaginosa Moreno, empresa de origen bahiense que operaba una terminal especializada en granos y subproductos en Puerto Galván, y pasó a tener participación mayoritaria de Glencore de Suiza; y la Unión Transitoria de Empresas conformada por Glencore y Toepfer, con origen en Alemania, que adaptó el muelle de la Central Termoeléctrica Luis Piedra Buena para la carga de cereales. 

Desde entonces, se fortaleció la especialización de Ingeniero White como puerto agroexportador pampeano, incluyendo también cargas de combustibles y una integración marginal de productos petroquímicos.  En efecto, el hinterland del puerto se estableció sobre el sur de la provincia de Córdoba y norte y centro de Buenos Aires, desde donde se recibían los granos, y las provincias de Neuquén y Río Negro, de donde llegaban los hidrocarburos.

Por otro lado, una ciudad que se había destacado por su preponderancia sobre el mercado regional tuvo una paulatina pérdida de influencia con la desaparición de un número importante de comercios mayoristas y minoristas como consecuencia de la crisis.

Los pequeños y medianos comerciantes barriales se vieron perjudicados también por la construcción de grandes superficies de ventas como los hipermercados, supermercados y shoppings ( Walmart, Disco, Carrefour y Cooperativa Obrera, entre otros). 

Al igual que en el resto del país, en el nuevo modelo económico todas las clases sociales sufrieron transformaciones. Así la sociedad argentina, que se había caracterizado en las décadas precedentes como un ejemplo de integración se constituyó, según Maristella Svampa, en una sociedad excluyente, estructurada sobre la base de la cristalización de las desigualdades tanto económicas como sociales y culturales (Maristella Svampa, 2005).

Este proceso de polarización social, fragmentación inestable y aumento de las desigualdades socio económicas manifestado durante la dictadura militar se acentuó en Bahía Blanca en la década del noventa, cuando se observó un crecimiento sin precedentes del desempleo abierto y de la precariedad laboral.

Las clases medias superiores mostraron un proceso de autosegregación a través de la expansión de un nuevo estilo residencial: las urbanizaciones cerradas, countries y barrios parque, como los de Pago Chico, Bosque Alto, Solares Norte y La Reserva, al que se sumaron la privatización de la seguridad, la salud y la educación

Pero fue en las clases medias empobrecidas y en los sectores populares donde se hizo más evidente la vulnerabilidad y la transformación de la movilidad social ascendente y descendente.  La reestructuración del Estado y las privatizaciones impactaron sobre los empleados, técnicos y profesionales del sector público. En tanto las dependencias estatales ocupaban en Bahía Blanca una proporción significativa de la población, su privatización explicó, en buena medida, el aumento de la tasa de desocupación que pasó del 10 al 20 % entre 1991 y 1995, colocándose tres puntos por encima de la tasa nacional.

Los despidos, retiros voluntarios o jubilaciones afectaron al personal del trasporte ferroviario y aéreo, teléfonos, correos, gas, agua, energía, entre otros, lo que supuso la fragmentación y expulsión de los trabajadores asalariados integrados al mercado formal al incierto mundo de las actividades informales y la subocupación. El empobrecimiento, la precarización laboral y la inestabilidad también afectó a numerosos trabajadores de firmas privadas que debieron cerrar sus puertas debido a las nuevas reglas económicas. 

La crisis de diciembre del 2001 llevó a las clases afectadas a reformular nuevas estrategias tales como las redes comunitarias para la recomposición de los lazos sociales o el desarrollo de redes de sobrevivencia de las clases populares, que configuró un nuevo tejido social caracterizado por la expansión de organizaciones de carácter territorial. Fueron las mujeres de estas clases, especialmente, quienes debieron asumir la responsabilidad de buscar recursos para asegurar la subsistencia de su familia mediante el trabajo doméstico o tareas comunitarias, comedores, roperos de iglesias evangélicas o de Cáritas, ante el desempleo de los hombres jóvenes procedentes de sectores medios y populares y con escasa preparación educativa. 

Las formas organizativas de estas nuevas estructuras y la extracción social de sus integrantes, atravesadas todas ellas por la asignación de las cargas sociales de trabajo de cuidado en función de su género, fueron heterogéneas. A consecuencia de la crisis, surgió la “Liga de Mujeres por Bahía”, que luego pasó a denominarse “Mujeres por la Dignidad”, en el barrio periférico Villa Delfina, sector que recibió desde la década del sesenta inmigración patagónica, chilena y boliviana. Las preocupaciones de este núcleo se centraron en la búsqueda de estrategias para afrontar la pobreza, pero se extendieron también a cuestiones como la criminalización de niños y jóvenes, la trata de personas y la prostitución de niñas y adolescentes. Desde los noventa se había intensificado la explotación sexual en la forma de prostitución en el ámbito público, así como también en whiskerías, pubs y cabarets que funcionaban en muchos casos como prostíbulos.

Algunas de estas organizaciones, cuyas prácticas delineaban un activismo desde la subalternidad, interactuaron de distintas maneras con políticas gubernamentales destinadas a paliar “la feminización de la pobreza” y otras situaciones de vulnerabilidad que afectaban a las mujeres. A nivel municipal se puso en marcha el Programa Mamás Cuidadoras, a través del cual, mujeres-madres de distintos barrios se encargaban del cuidado de pequeños cuyas progenitoras debían ausentarse de su hogar para trabajar. Paralelamente, a nivel provincial, se estaba implementando el Plan Vida, que consistía en el reparto de medio litro de leche diario y de una ración semanal de huevos y cereales a niños y embarazadas.

En los inicios del siglo XXI, el Plan Jefes y Jefas de Hogar, implementado por decreto del PEN en 2002, y la iniciativa Volver a Casa que desarticuló algunos comedores comunitarios tuvieron como agentes a las “manzaneras”, quienes eran referentes en sus respectivas cuadras. A su vez, por estar vinculadas a los gobiernos provincial y local, las manzaneras posibilitaban la articulación de sus políticas con las comunidades barriales. De estas y otras maneras se pretendió paliar el retroceso del Estado y proveer de ayudas sociales a sectores particularmente afectados. 

Otra expresión de la aguda conflictividad social suscitada por las transformaciones estructurales a nivel económico y social fue a través del movimiento de desocupados.  Las primeras organizaciones surgieron en 1995 y estuvieron integradas principalmente por obreros que habían estado ligados a las empresas públicas. A través del trabajo asambleario, la participación democrática de las bases y los métodos de acción directa, dicho movimiento fue cobrando visibilidad en la ciudad y conformando una organización social más amplia junto a sindicatos, estudiantes, estatales, jubilados y pensionados. 

En agosto de 2001, el descontento social también se tradujo en Bahía Blanca en dos manifestaciones masivas denominadas “Escuelazos”. Centradas en la defensa de la educación pública fueron convocadas inicialmente por los gremios docentes y tuvieron el apoyo de padres, madres, estudiantes y auxiliares de la educación, a los que se adhirieron trabajadores de distintos gremios, desocupados, y diferentes organizaciones políticas, reuniendo aproximadamente 15.000 personas.  

Entre fines del siglo XX y la primera década del siglo XXI la fisonomía de la ciudad sufrió una progresiva fragmentación territorial, derivada de las desigualdades de la distribución de los ingresos y el deterioro de las condiciones de vida de su población, especialmente en lo atinente a la vivienda. Según datos recabados por la municipalidad, en el primer semestre de 2005 el porcentaje de personas pobres era de 35,3 % de la población total, y el de indigentes del 18,1 %.

La polarización de la estructura social fue productora de la segregación urbana. En la periferia, particularmente en el sector sur, sudoeste y oeste de la ciudad se produjo la ocupación informal de tierras, tanto públicas como privadas, por una población de bajos recursos y la multiplicación de asentamientos precarios y villas de emergencia. 

El Estado, por su parte, multiplicará las políticas asistencialistas a las clases populares, pero ya no se procurará la ampliación de los derechos o los beneficios que colectivamente pudieran pretender los ciudadanos, sino que se buscará identificar los posibles focos de conflicto y así otorgar alguna ayuda específica que los mantenga bajo control.

A inicios de la nueva centuria, si bien continuó la movilización social y la acción colectiva de la clase trabajadora por diferente tipo de reclamaciones, se hicieron presentes diversos colectivos que instalaron en el espacio público otro tipo de problemáticas tales como las de los vecinos en los barrios, las iniciativas asociadas a luchar por el reconocimiento de la diversidad étnica, aquellas vinculadas con los derechos de las mujeres y la diversidad sexual, las preocupaciones relacionadas con los derechos humanos o la degradación ambiental

El repliegue sobre los barrios de las actividades políticas, sociales, económicas y culturales que sufrieron los sectores populares, se liga directamente a las políticas sociales desplegadas por el Estado frente a la crisis que produjeron las políticas económicas neoliberales. Salir a la calle, cortar calles y rutas o hacer piquetes para expresar demandas y reivindicaciones es un recurso legítimo para una proporción muy importante de los ciudadanos y, en líneas generales, las protestas están ligadas a la vulneración de derechos fundamentales como también a la falta de acceso al empleo, a la vivienda, a la educación y a la alimentación, entre otras.

Por otro lado, si bien existía una incipiente “Agrupación Mapuche” en la década anterior, fue desde el reinicio de la democracia y especialmente en los noventa que se conformaron agrupaciones que, militando desde el lugar de mapuche y de mapuche/tehuelche, se reivindicaban como pertenecientes a los “pueblos originarios”. Algunos de estos núcleos estaban alineados con las luchas de organizaciones rurales de la zona patagónica, centradas en reclamos por la tierra, derechos culturales, educación intercultural/ bilingüe y preservación del medioambiente. En ocasiones, fueron mujeres las principales voceras de estos grupos comunitarios. Desde el punto de vista sociocultural, es destacable la tarea de la Casa Cultural Mapuche (Ruka Kimun Mapuche) iniciada a fines de la década de los ochenta, cuando creó en el año 2000 un espacio que estaría destinado, entre otras cosas, a albergar estudiantes universitarios indígenas e implementó proyectos vinculados a la educación bilingüe, la difusión radial y la investigación histórica, entre otras actividades.

La participación femenina en la esfera pública bahiense se venía acrecentado desde la recuperación democrática con la realización de encuentros regionales de mujeres y la actividad de grupos de diversos perfiles como la Liga de Amas de Casa, Identidad, la Asociación de Mujeres Universitarias y el nucleamiento de Mujeres Médicas de Bahía Blanca, entre otros.   En el inicio del nuevo siglo, distintos colectivos instalaron en la agenda política una serie de demandas vinculadas con los derechos de las mujeres y el respeto por la diversidad sexual con perspectiva de género. La agrupación femenina Mujeres por la Dignidad, por ejemplo, articuló algunas iniciativas y compartió preocupaciones por cuestiones de derechos de las mujeres y género con otro colectivo, de carácter feminista, denominado Autoconvocatoria Mujeres. Este último grupo se formó en 2003 y estaba conformado mayoritariamente por profesionales y docentes. 

El año 2007 fue clave en la visibilización de las luchas por la diversidad sexual. En esa ocasión, Autoconvocatoria Mujeres colaboró con MODIS (Movimiento por la diversidad sexual, conformado por gays) y Entramadas (entidad que nucleaba a lesbianas), para dar lugar a la semana y al mes de la diversidad, que enlazó facetas étnico-culturales y sexuales (Graciela Hernández, 2010).

Así, en el año 2010 se realizó por primera vez en la ciudad la marcha del Orgullo LGTB con la participación de más de 100 personas. La movilización fue convocada por organizaciones de mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, travestis y trans para exigir que se votara la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo. Desde Pan y Rosas, en la Secretaría de la Mujer del CEHum (Centro de Estudiantes de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur), jóvenes universitarias participaron en esa oportunidad y llamaron a continuar con las movilizaciones para lograr el reconocimiento de ese y otros derechos sociales como el del aborto legal, seguro y gratuito.

Si bien las reclamaciones de los vecinos en los barrios han sido variadas y de diferente intensidad, no podemos dejar de citar el incidente ambiental y sanitario que afectó a la población de Ingeniero White y de los barrios cercanos al Polo Petroquímico de Bahía Blanca. Durante agosto del año 2000, y con ocho días de diferencia, tuvieron lugar dos grandes escapes, de cloro primero y amoníaco después, en las plantas de Solvay Indupa y Profertil, respectivamente.

Dichos escapes constituyeron un acontecimiento trascendente en tanto que la población de Ingeniero White reacciona frente a las intensas transformaciones que experimentaban sus condiciones de trabajo y de vida a partir de la privatización, extranjerización y expansión del polo ferroportuario e industrial bajo la aplicación de las políticas neoliberales. Estos hechos pusieron en alerta a la población de que había un peligro real muy cercano a sus hogares y que ponía en riesgo su salud e integridad física. Como consecuencia de la fuga tóxica, en el Hospital Menor de Ingeniero White, fueron asistidas ochenta personas. Además, los niños del Jardín de Infantes N° 905 y de la Escuela N° 15 fueron evacuados.

Durante aquellos días, las fuerzas sociales de Ingeniero White irrumpieron con una multiplicidad de acciones colectivas, entre las que se destacaron las asambleas populares, las movilizaciones callejeras, los piquetes en los accesos de las plantas industriales, el pedido de puestos de trabajo, las innumerables reuniones, los diversos petitorios presentados ante las autoridades políticas, la solicitud de un mayor control sobre las industrias petroquímicas, la conformación de organizaciones ambientales, la demanda de indemnizaciones para los vecinos que deseaban abandonar la localidad, la oposición al asentamiento de una nueva planta en el área industrial, el inicio de juicios contra las empresas, el requerimiento de las instituciones educativas de ser reconocidas como escuelas de riesgo ambiental y el reclamo para la realización de un censo de salud (Emilce Heredia Chaz, 2022).

El 18 de mayo del 2022 se realizará el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas en todo el país, en un contexto en el que las consecuencias de la pandemia mundial se anudan en Bahía Blanca con un índice significativo de pobreza multidimensional (María Emma Santos, 2018, 2020).

Corresponderá a los Cientistas Sociales, —quienes estudian el comportamiento individual y colectivo de la sociedad, buscando comprender y explicar las características y permanencias que se exteriorizan en el conjunto de las instituciones humanas—, comprender los procesos originados al demolerse una configuración social integradora en la cual el Estado era un actor clave en la organización de varias dimensiones de la actividad social. 

Las políticas neoliberales implementadas en Argentina durante las últimas décadas han tenido un impacto de una magnitud y una profundidad tan significativas sobre la estructura social y productiva, la cultura y la sociedad en su conjunto, que deben ser motivo de amplias investigaciones de las ciencias sociales y humanas para poder responder a situaciones problemáticas derivadas de la acentuación de las desigualdades y el empobrecimiento de franjas importantes de la población. Para todos nosotros, constituye una responsabilidad ineludible pensar juntos el presente, pasado y futuro, cooperando con los sujetos de la historia en la construcción de mundos posibles que garanticen a los hombres y mujeres una vida libre, pacífica, plena y creativa


Sobre la etapa 1975-2022 puede consultarse: Becher, Pablo (2017). El movimiento de trabajadores desocupados en Bahía Blanca: organización y conflictividad (1995-2003) (Tesis de maestría). UNS, Bahía Blanca; Becher, Pablo y Klappenbach, Germán. (2014). Mascarillas y piquetes en Ingeniero White. La conflictividad social asociada a la problemática medioambiental de las empresas petroquímicas durante el año 2000. NuestraAmérica,Recuperado de http://revistanuestramerica.cl/ojs/index.php/nuestramerica/article/view/87; Bracamonte, Lucía y Mabel N. Cernadas, (coord.) (2019)  “La sociedad bahiense: evolución poblacional, movimientos inmigratorios y formas de sociabilidad” Bahía Blanca siglo XX: historia política, económica y sociocultural, Bahía Blanca, Ediuns,  Bustos Cara, Roberto y Tonelloto, Sandra (1997). Identidad e imaginario en torno a un proceso de reestructuración portuaria: Bahía Blanca. Caravelle; Costantini, Florencia y Heredia Chaz, Emilce. (2018). El progreso en cuestión: sectores productivos, política económica y conflictividad social. En Mabel N. Cernadas y José Marcilese (Comps.), Bahía Blanca Siglo XX. Historia política, económica y sociocultural. Bahía Blanca: EdiUNS; Dominella, Virginia Lorena (2013). “Chicos comunes, militantes, mártires. La rememoración de víctimas católicas bahienses del terrorismo de Estado en los homenajes de 2011”. Aletheia, vol. 4, núm. 7; Feliú, Marcelo. (2001). Zona Franca Bahía Blanca – Coronel Rosales. Su inserción en el Mercosur. Algunas reflexiones. En M. Cernadas (Comp.), Historia, Política y Sociedad en el Sudoeste Bonaerense. Bahía Blanca: EdiUNS;Gorenstein, Silvia. (1991). Rol del complejo petroquímico bahiense en el desarrollo urbano-regional. Bahía Blanca: Departamento de Economía UNS; Gorenstein, Silvia. (1998). Las nuevas formas de declive urbano-regional en la Argentina de los años noventa. El caso de Bahía Blanca en el Sudoeste Bonaerense. En C. De Mattos, D. Hiernaux y D. Restrepo (Comps.), Globalización y Territorio. Impactos y Perspectivas. Santiago de Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile – Fondo de Cultura Económica; Gorenstein, S., Cerioli, Liliana. y Scudelati, Mariela (1999). Repercusiones laborales de los procesos de privatización en Bahía Blanca. Estudios del Trabajo, 17, pp. 49-76. Recuperado de https://www.aset.org.ar/revista.php?rid=20; Hernández Graciela (2010). “Diversidad, desigualdad y políticas culturales”, Temas de Mujeres, Año 6, núm. 6, pp. 65-84; Hernández Graciela (2010). “Diversidad, desigualdad y políticas culturales”, Temas de Mujeres, Año 6, núm. 6, pp. 65-84; Hernández, Graciela, Juan P. Canoni y Laura Orsi. (2015) “Las migraciones desde Chile y Bolivia a Bahía Blanca. Delimitar un campo e identificar las prácticas en la historia oral (2007-2013)”. Barelli, Ana Inés y Patricia Dreidemie, dirs. Migraciones en la Patagonia. Subjetividades, Diversidad y Territorialización. San Carlos de Bariloche: Editorial UNRN; Heredia Chaz, Emilce. (2014). De la Responsabilidad a la Contaminación Social   Empresaria: la ingeniería social del Polo Petroquímico de Bahía Blanca (Tesina de licenciatura). UNS, Bahía Blanca; Heredia Chaz, Emilce. (2022) Procesos extractivos, territorios urbanos y conflictos territoriales: Hacia una ecología y economía política del desarrollo petroquímico de Bahía Blanca. (Tesina de Doctorado). UNS, Bahía Blanca; James, Daniel. (2003). Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976). Buenos Aires. Sudamericana; Santos, Maria Emma (2018).  Informe: Pobreza en Bahía Blanca 2004-2018. Documento de Trabajo Nº 8. Bahía Blanca, IIESS.  Recuperado de https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/92003; Santos, María Emma (2020). Pobreza Multidimensional en Argentina y Bahía Blanca en tiempos del COVID-19. Documento de Trabajo Nº 14, Bahía Blanca: IIESS. Recuperado de https://iiess.conicet.gov.ar/images/DDT/doc-trabajo-Nro14.pdf;  Suriano, Juan. (2005) Dictadura y democracia (1976-2001). Buenos Aires. Sudamericana; Svampa, Maristella. (2005) La sociedad excluyente. La Argentina bajo el signo del neoliberalismo. Buenos Aires. Aguilar; Viego, V. (2004). El desarrollo industrial de los territorios periféricos. El caso de Bahía Blanca. Bahía Blanca: EdiUNS;Zapata, B. (2014) Andamios de experiencias: Conflictividad obrera, vigilancia y represión en Argentina. Bahía Blanca, 1966-1976 (Tesis doctoral). UNLP, La Plata. 

Agradecemos a los integrantes del Archivo de la Memoria de la Universidad Nacional del Sur (AMUNS), Dr.José Marcilese y Mg. Celeste Napal haber contribuido con el material fotográfico con que cuenta la institución. 

MABEL NÉLIDA CERNADAS

Es profesora, licenciada, magíster y doctora en Historia. Se desempeña como docente de posgrado en los Departamento de Humanidades y de Economía de la Universidad Nacional del Sur e investigadora principal del CONICET. Es asimismo directora de la carrera de doctorado en Historia e integra el Comité Académico de la maestría en Sociología. En la formación de recursos humanos se destaca su trayectoria en la dirección de proyectos acreditados, investigadores, tesistas, becarios y pasantes. Autora y coautora de varios libros y capítulos de libros, ha publicado numerosos artículos y reseñas en revistas nacionales e internacionales, como también en actas de congresos sobre temas vinculados a la historia política y social argentina. Creó el Archivo de la Memoria de la UNS y dirige el Centro de Estudios Regionales «Profesor Félix Weinberg» del Departamento de Humanidades de la UNS. En 2017 fue distinguida con el título de Profesora Extraordinaria Consulta de la UNS. En 2018 fue reconocida como mujer destacada de la ciudad de Bahía Blanca en Ciencia e Investigación, por la UNS y el Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca por su aporte al conocimiento de la historia local. 


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