Por Rubén García / Especial para 8000 (*)

Mi papá no lloraba.

No lloraba mucho.

Bueno: eso creo.

Una vez llegué de jugar a la pelota en el patio del colegio Don Bosco y él estaba sentado a la mesa con mi mamá. En la mesa siempre había una frutera, y esta vez también había un papel: era un telegrama de despido.

Papá e hijo en el Parque de Mayo. Fotos: gentileza Rubén García.

Hacía un montón de años que mi papá trabajaba en Canale como representante comercial. Viajante, bah: recorría el sur a bordo de un Renault 12, con temperaturas bajo cero y caminos intransitables, visitando lugares casi de ficción como Comandante Luis Piedrabuena o Gobernador Gregores.

La empresa sospechó algo y mandó al mejor amigo de mi papá a verificar si en sus viajes llevaba otros rubros. Y el mejor amigo detectó que sí, que llevaba. Y lo informó a la empresa. Y a mi papá lo echaron.

Hasta el día de la muerte de mi papá, ese siguió siendo su mejor amigo. Y fue de fierro. Siempre entendí que no tuvo opción. Creo que mi papá supo lo mismo.

Mi papá se llamaba Adolfo, pero todo el mundo lo conocía como “Fito”.

“Fito” fue capitán de Olimpo durante 14 años: un defensor central aguerrido, poco dúctil con la pelota y casi nula llegada al gol.

El primero desde la izquierda, arriba: el capitán “Fito”.

Y “Fito” fue protagonista estelar de una de las historias más insólitas de nuestro fútbol y sus alrededores: el día que Olimpo se quedó sin nada por una moneda.

Sucedió en 1969.

El aurinegro quería subir al Nacional y disputaba un mano a mano contra Sportivo Desamparados de San Juan. El 10 de agosto empataron 0-0 allá y una semana después, hace hoy 52 años, terminaron 2-2 acá.

No había suplementario, entonces fueron derecho a los penales. En esos años un mismo jugador pateaba 3 tiros por equipo. Ángel Vega convirtió todos para los sanjuaninos y “Tato” Zapata para Olimpo. ¿Y entonces?

“Fito” me había contado que en los torneos locales hubo un tiempo en el que si todo estaba igualado, daban ganador al que tenía más córners a favor. Y decía que un pícaro “Bicho” Mosconi, habilidoso 10, se llevaba la pelota a las esquinas cuando veía venir el empate: así fabricaba algún córner, por las dudas.

Pero en este caso contra Desamparados no había córner que valga. Y se jugaba el ascenso al Nacional, tantas veces negado.

Si había empate, había 3 penales. Y si había empate en los penales, había moneda.

Sí, se definía tirando una moneda al aire. Ni un bolillero, ni bolas frías y calientes: ¡UNA MONEDA!

La decisión de cara o ceca recaía sobre el capitán. Ya dije quién era el capitán de Olimpo, ¿no?

“La tristeza…”

Por supuesto, cuando mirábamos los recortes y fotos en ese hermoso álbum que Sonia, mi mamá, le fue armando durante su carrera, yo le preguntaba:

—¿Por qué elegiste cara?

“Fito” siempre me evadía la respuesta o simplemente decía que no había elegido cara, que no recordaba, que habían merecido mejor suerte en los 90 minutos o que Vega estuvo cerca de pifiar el primer penal.

La leyenda cuenta que cuando la moneda estaba cayendo los jugadores de Desamparados empezaron a festejar. Que hubo algo de confusión y los sanjuaninos subieron al Nacional.

“Fito” no recordaba eso. “Fito” decidió borrar. “Fito” aparecía en un recorte del diario apesadumbrado, con la rodilla sangrando. “Fito” negaba estar llorando.

Sonia dice que sí. Aunque Sonia no estaba ahí. Sonia es así.

Mi papá llorando en un recorte de diario. Mi papá llorando frente a un telegrama de despido.

Bueno: eso creo.

“Fito” y “Tecito”, en Bariloche.

(*) Rubén García, también conocido como “Tecito”, es el actual director municipal de Arte Emergente y Actividades Culturales en Espacios Públicos (sic), cargo para el cual largó el periodismo por un rato.


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