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Aquellos días en el desierto con Natty Petrosino, la capataza de una obra divina

Publicado

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Por Abel Escudero Zadrayec

Yo pregunté por un baño. Necesitaba un inodoro. Lo deseaba poderosamente. Como Homero al borde del colapso en Nueva York, pero peor.

Yo pregunté por un baño y el tipo sonrió y me señaló con un dedito el desierto cruel e infinito:

—Ahí lo tenés.

ANTES MUERTO.

Pensé.

Hago de tripas corazón y aguante.

Pensé.

Pero dije:

—Prefiero la constipación, hermano… cómo me mandás a cagar así, a un cactus. No tenés corazón.

Eso ocurrió hace 15 años. El diario me había enviado al punto menos turístico posible de Mendoza para pasar unos días con Natty Petrosino, que empujaba su labor solidaria ahí donde no había nada parecido a la civilización.

No voy a romantizar la miseria ni puedo negar que me fui de ahí con muchas ganas (sobre todo de ir al baño), pero recuerdo muy contundentemente que me alucinó lo que vi y experimenté.

Espero que se refleje en la crónica que escribí para La Nueva Provincia el 18 de diciembre de 2005. Y espero que sirva como homenaje a Natty, que se nos fue ayer a los 83 años. Acá va.


La capataza de una obra divina

Después de una década con los indios wichis en Formosa, llevó su tarea humanitaria a los descendientes de huarpes. A los 67 años, hace casas de material con 50 grados en verano y 15 bajo cero en invierno. “No podemos dejar que se los coman las vinchucas y sufran el calor y el frío. Jesús usa mis manos para construir”, dice.

Natty Petrosino se sienta en un banquito de madera temblorosa. Moja el pincel de cerdas gastadas en una lata de pintura color caoba, lo escurre un poco y le da otra pasada a la puerta.

Está quedando hermosa.

Foto: La Nueva.

Natty se seca el sudor que hace brillar sus pecas, espanta un poco las moscas y toma un trago de Sprite. Después rocía con fijador Roby su cabello ladrillo y rastrilla con las yemas hasta el cuello.

—Hay que arreglarse para el novio.

Dice.

El novio es Jesús. Y Natty dice que Jesús usa sus manos para hacer obras como esta: una casa de material en el medio del asperísimo desierto mendocino para que viva una parejita de ascendencia huarpe, Aurora y Oscar. Ellos se quieren y acaban de debutar como padres.

—No es un esfuerzo. Es un premio de Dios —dice Natty, y sus mejillas retroceden porque le estalla una sonrisa que achina los ojazos azules—. Lo que para la gente es trabajo, para mí es recreo. Un privilegio.

Casi todo el mundo creería que privilegios-privilegios son aquellos a los que renunció Natty Petrosino hace 37 años.

Ya saben: Natty, la modelo que vivía una vida acomodada en el barrio Palihue,

y un día una enfermedad la tumbó y ella dijo que se había muerto y que Jesús le concedió volver para encargarse de una obra humanitaria,

y entonces empezó a meter vagabundos en su casa, les dio hasta los pijamas de su esposo Vicente,

y después hizo de la nada un hogar para todos y alimentó de a 7.000 necesitados por vez,

y de pronto dijo que Jesús le había pedido que dejara Bahía Blanca y continuara su tarea en Formosa con los indios wichis,

y dio cariño y techo y atención en la selva impenetrable una década, hasta que de nuevo dijo que apareció Jesús para destinarla al desierto mendocino,

y ahora está con 50 grados y 67 años, sentada en un banquito de madera temblorosa, frente a la puerta de la casa que está quedando hermosa, con la sonrisa que le estalla, espantando las moscas y diciendo:

—Acá se hace lo que dijo Jesús hace 2000 años: dejar todo y recibir todo, sin tener nada más que amor.

Nada menos: son 10.000 kilómetros cuadrados de desierto, a unas 3 horas de la ciudad de Mendoza, en el extremo nordeste de la provincia y cerca de la vecina San Juan.

El departamento al que pertenece se llama Lavalle y es como una “U” al revés, casi toda desierto. El último censo dice que hay tres habitantes por kilómetro cuadrado, casi nada en el desierto.

Un desierto desierto.

Salvo por los 600 puestos, como les dicen acá a los ranchos de adobe donde viven descendientes acriollados de indios huarpes.

Y salvo por los algarrobitos raquíticos y los chivos de mirada estoica y 4 trillones de moscas imbancables y las chicharras lloronas y alguna víbora y alguna vinchuca y hormigas del tamaño de un pibe de 4 años.

Y Natty y su grupo, claro.

Natty bautizó a su grupo Los del Camino, porque Jesús es el camino de la verdad y de la vida, y quienes integran el grupo son de Jesús.

Al plantel estable lo componen el perro “Dodi”, un Yorkshire como el de Susana Giménez que “cuando encarne tendrá que devolver tantos mimos”, y Juan Francisco y “Pochito”, los hijos del alma de Natty.

Ella dice que son más hijos que los de la panza. Porque parió a Fabián y a Jorge, pero tuvo muchos más. Como Yashodara, una chica Down que cumplió 19 y vive en el cottolengo de mujeres en Bahía.

O como “Pochito”, un hombre-nene que superó los 50 años pero su cabecita se plantó en los 3: se pone las zapatillas al revés, trabaja como el que más con su gorra de pescado y no puede dormirse sin la bendición de Natty.

O como Juan Francisco, que nació con labio leporino y lo abandonaron, y Natty lo rescató y crió y operó y ayudó a que sea el adolescente de 17 que ahora dice:

—Yo estoy acá en el desierto sólo por mi vieja.

En realidad, todos los que vienen al desierto donde está Natty lo hacen por Natty. Porque creen en ella, en la obra, y quieren ayudar.

Por ejemplo, su hermana: cuando puede dejar unos días el negocio en Bahía, Blanca se toma el colectivo y se trae su infinita calidez.

También Zulema, otra pionera que contagia calma con sus susurros de miel y cuyo espíritu está siempre listo para cualquier tarea. Y así le salió su hija Silvina, aunque más eléctrica.

Tiene 38 años y lleva una década como discípula de Natty: dice que vio milagros tras milagros y que nunca podrá borrarse la imagen de chicos que comían caca porque el estómago les lloraba.

Ahora que trabaja en una fiscalía, Silvina no puede pasarse meses fuera de Bahía. Pero sí es capaz de viajar casi 40 horas un fin de semana para colaborar un rato, por algo, por mucho:

—Estudié Derecho porque quería justicia —cuenta—. Y Natty hace justicia todos los días. No hay huecos en lo que ella propone. Yo a esta mina le creo.

La historia de Mónica es parecida. Comerciante, bahiense, anda por los 45 años y lleva 18 con Natty:

—Hago esto por amor. Fui una vez a llevar cosas al Hogar del Peregrino, me invitaron a entrar y ya no pude irme.

Entre Los del Camino hay 2 porteños que se prenden seguido: Angélica, una instrumentadora quirúrgica del Hospital de Niños encantada con la recompensa espiritual, y Marcos, un fotógrafo y camarógrafo que se enteró por un amigo que había visto a Natty en la televisión.

Y se trata de una cruzada internacional, porque se suman Tom y Susan, una pareja de suizos con plata y tiempo suficientes para viajar una vez al año y quedarse a trabajar un puñado de días en un sitio perdido y olvidado de Sudamérica, donde hace un calor inapelable y la electricidad huye si mirás fijo los cables; donde no hay agua, ni baño, ni internet, ni muchas esperanzas.

—Es como un spa—dice Tom, mientras se afeita sentado en un tronco seco y relojeando la aridez de nunca acabar.

Cuenta Juan Francisco, el hijo de Natty, que los lugareños no le dicen desierto al desierto. Para ellos es el campo. “Está lindo hoy el campo”, dicen. Y mirás alrededor y no ves ni una lagartija que se le anime a la tarde en ebullición.

Una vez, los chicos que van a la escuela-albergue de esta zona visitaron las Cataratas del Iguazú. Y uno le dijo a la maestra:

—Uf, seño, me pudre tanto verde…

Acá, en el verano hace 45 grados y sentís 60. En el invierno tenés 15 bajo cero, tranquilo. Y desde fines de junio hasta septiembre el viento Zonda te arruina: viene del noroeste y nace húmedo en el Pacífico, pero la humedad se atasca en los Andes y baja como un latigazo, por ahí a 90 kilómetros por hora, y no te deja respirar, te cambia la presión arterial, te parte la cabeza.

—Por año hay entre 5 y 10 fenómenos —dice Gerardo Vaquer, 35 años, director de Ambiente del Departamento de Lavalle—. Pero cómo serán, que los paisanos dicen: “Pasando agosto, un año más de vida”.

Para alguien nacido y criado en la ciudad, nadie en su sano juicio podría mudarse voluntariamente a este desierto. Pero el nacido y criado en el desierto dice:

—En la ciudá no somos nada. Estamos acorraláos sin corral. Pa’qué vamos dir. Acá somos dueños de la luz y del aire y del silencio.

Los últimos indios huarpes desaparecieron en silencio, a mediados del siglo XVIII, cuando esto no era tan desierto como es ahora. Porque acá una vez hubo agua. Marcos, el fotógrafo, supone que TODO era agua: el desierto como el fondo de un mar evaporado.

Lo cierto es que este pedazo de Mendoza formó la parte sur del imperio incaico. Hay un lugar que se llama Laguna del Rosario, pero primero se llamó Guanacache o Huanacache: “Gente que admira el agua que baja”, para los incas.

La actividad principal de los huarpes era la pesca. Se metían en la laguna con una calabaza en la cabeza y se acercaban a los patos sigilosamente, hasta que agarraban uno del cogote y lo ahogaban.

Pero la laguna ya no existe. No hay nada de agua que baje para admirar. Ni patos ni calabazas.

Hasta el río Mendoza se secó. Y el puente sobre la ruta 142 (Natty dice que lo construyó el exgobernador José Octavio Bordón porque ella lo pidió) cruza tremendas olas de arena irreverente.

Encima, si excavás sale agua de mala calidad por la salinidad de los suelos…

Igual, el Departamento General de Irrigación de Mendoza acaba de informar que los principales ríos ya duplicaron el promedio histórico de caudal y llevan más agua de la que necesita toda la provincia.

Eso no significa que el agua llegue al pobre desierto. Significa que este año los ricos viñedos no esperan turno de riego. Y significa que a veces los promedios disfrazan barbaridades.

También significa que si la Municipalidad no trajera de vez en cuando un camión con agua, no habría ni para lavarse los dientes (en el caso de que uno los tuviera). Porque con la lluvia no alcanza. Y menos si cae piedra sin llover.

El gobierno de Mendoza gastará esta temporada unos 8 millones de pesos para evitar que el granizo afecte las uvitas.

Por supuesto: la provincia es la quinta zona productora de vino en el mundo. Tiene 682 vinerías y 143.765 hectáreas de viñedos (casi el 70% de lo cultivado en el país). Y concentra el 90% de las exportaciones argentinas de vino: en 2005 anda en los 1.000 millones de dólares.

Por esas cosas, hace poco se convirtió en la octava Gran Capital Mundial del Vino, una glamorosa lista que integran Melbourne (Australia), Porto (Portugal), Bilbao y Rioja (España), Florencia (Italia), San Francisco y Napa Valley (Estados Unidos), Bordeaux (Francia) y Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Entonces ocurre que en pleno noviembre estás una mañana en el desierto y ves pasar unos aviones y al rato graniza y Natty Petrosino te dice:

—El negocio de emborrachar gente mueve fortunas.

Y te enterás de que el gobierno mendocino compró 4 aviones Piper y contrató 20 pilotos que volarán 600 horas y lanzarán 800 kilos de yoduro de plata a las nubes para que se vayan con sus piedras a otra parte.

 Y las piedras vienen al desierto.

—La lucha antigranizo es un emblema provincial por los intereses que hay detrás —cuenta Gerardo Vaquer, el funcionario de Ambiente—. Si 600 puesteros del desierto se quejan, no pasa nada.

Natty truena: dice que esto no puede ser y que si es necesario, ella hablará con la Organización de Estados Americanos y con las Naciones Unidas para que el gobierno busque una alternativa. Porque esto no es normal, no.

—¡¿Tormentas eléctricas en el desierto en esta época?! ¡Qué va a ser normal! —dice Gerardo—. Las estadísticas del Servicio Meteorológico Provincial muestran que esta es una zona extremadamente seca: caen entre 100 y 120 milímetros por año. Una lluvia en noviembre es algo muy raro… Sin embargo, ya llovió 2 días seguidos y fijate las nubes que traen los aviones: dan miedo.

Irene no teme. Las piedras de ayer le mataron uno de sus pocos pollos, pero ella está tan acostumbrada a las fatalidades que ahora observa despreocupada, fijamente esas dunas goteadas por la lluvia y barnizadas por el sol. Como si quisiera chupar el paisaje.

Irene es la mayor de los 11 hijos que sobrevivieron en los múltiples partos de Julia Mayorga. Con ellas 2, Natty inauguró las primeras construcciones de material en el desierto mendocino.

La tarea ocupó todo el invierno de 2002, con 15 grados bajo cero que te hacían despertar con un cubito en la nariz. Y sobre un terreno separado de la ruta por 4.000 metros de médanos imposibles.

Irene casi se pierde el acontecimiento histórico: en junio la picó una araña viuda negra, pero entonces sucedió, dice Natty, uno de los tantos milagros del Señor. Y de la tecnología.

Mientras Marcos pisaba el acelerador para devorarse cuanto antes los 80 kilómetros hasta el hospital de Lavalle, Natty llamaba para que prepararan el suero desde esa maravilla de la modernidad denominada teléfono satelital.

Irene se salvó y ahora también hunde la mirada en esa ternura morena de trenzas larguísimas, Alejandra, su primera hija, que nació con la casa nueva y se enchastra la cara comiendo las galletitas surtidas que le trajo Natty.

Natty dice que ya levantó más de 1.000 casas en todo el país, siempre para los sin techo (o los que tienen el techo atado con alambre). Y siempre con recursos divinos: Dios provee.

Pero no acepta cualquier donación. Hace unos meses, un empresario petrolero ofreció depositarle 500.000 pesos por mes a cambio de una factura o algo que permitiera justificar el gasto. Para eso, Natty debería constituir una fundación con personería jurídica. Y no quiere saber nada: la caridad tiene valor agregado, aunque no descarga impuestos.

Como sea, los obreros que participan en las construcciones se llevan su plata. Entre 200 y 550 pesos semanales, según la responsabilidad y el tiempo.

—Que aprendan a trabajar y a ganarse el pan —dice Natty—. Esto no es limosna.

Sí es un esfuerzo demoledor, del alba al ocaso, sin francos. Y en 15 o 20 días te hacen una casa, tipo chalé, enfocada al sol matinal, antisísmica, de 20 metros cuadrados, con techos acanalados y en declive para que juntes alguito de agua cuando al cielo se le ocurre lagrimear.

—No podemos dejar que a esta gente se la coman las vinchucas y sufran el calor y el frío —dice Natty—. Podemos darle un poco de comodidad.

A Isidoro Villegas le dicen “Lingo”, tiene 4 varones y acusa 56 años pero, como la mayoría por acá, parece bastante más: o tardaron 2 lustros en anotarlo o el desierto también erosiona las caras.

“Lingo” funciona como jefe de obra, con tal entusiasmo que la UOCRA haría muy bien en contratarlo para filmar un institucional de promoción.

—Este es un sueño muy mucho grande —dice, mientras se quita el gorro y ahuyenta moscas y polvillo—. Gracias a Natty tengo mi casita. Es como en la ciudá, mire.

Y mirás y el desierto te sopapea.

“Lingo” lo quiere mucho. Probó en varios lugares, pero volvió: esta es su tierra, es todo, es la Pacha.

—No pienso salirme más a ningún lado. Si estoy viviendo un sueño, mire… Para qué salir.

A Natty se le sale el malhumor. Se agarra la cabeza:

—¿Por qué hacen eso? —dice.

Eso a lo que se refiere es el movimiento que lucha por la cesión de estas tierras a sus pobladores. Existe una ley provincial, la 6.920, que impulsa la cuestión.

—¿Para qué necesitan un título de propiedad si están desde hace 500 años? —Vuelve a agarrarse la cabeza—. ¿Quién querría vivir acá, por el amor de Dios?

Más o menos 4.000 personas viven en este desierto. Muy pocas conocen otra cosa. La mayoría asume ascendencia huarpe: hay etnia, pero no pureza.

O sea que ya nadie ruega ni teme a Hunuc Huar, la divinidad mayor para los antiguos. Los de ahora se saben el Padrenuestro como el Padrenuestro.

Tampoco abundan quienes hagan aloja, una bebida alcohólica a base de las chauchas de algarrobo. En cambio, las mujeres suelen preparar el pan llamado patay con las semillas de esa misma especie.

Acá también llegaron los 150 pesos de los planes Jefas y Jefes de Hogar. Pero el ingreso común proviene de la cría de chivos y de la venta de su bosta (el guano) como abono. Casi siempre se encargan las mujeres, que cada día caminan muchos kilómetros para que los animales encuentren un poco de pastura.

Natty ha pensado por qué no se trata de insertar a los habitantes del desierto en otros sitios:

—¿Cómo los vas a sacar de acá? —dice—. En las ciudades terminan en una villa miseria, ellas como prostitutas y ellos, desempleados.

Y acá en el desierto juegan al fútbol a la luz de la luna más grande del mundo.

El campamento de Natty incluye una cocina de 3 por 3 hecha de troncos y redes, 3 carpas para 2 personas y 2 pequeñas casas rodantes bastante destartaladas.

También hay una camioneta 4×4 Nissan modelo 2005, donada por varios benefactores europeos. De eso se encargan Tom y Susan, difusores de la obra y recolectores de fondos. Ya retirados, viven holgadamente entre Zúrich y las montañas suizas.

Susan andaba buscando algo que hacer con su vida cuando supo sobre Natty por una vecina de la que no conocía ni el nombre. Desde entonces vino 10 veces al país y allá funciona como vocera: dice que le fluyen las palabras como si alguien le dictara.

Tom la siguió. Experto en el manejo de dinero, juega bastante bien al golf (acredita 13 de hándicap) y comentó en su club la misión de Natty. Enseguida juntó como 100 kilos de ropa entre gorras, pulóveres, chombas y remeras.

Ahora, arregladita-para-el-Señor, Susan le pasa la brocha a una ventana. Y Tom clava cajones de manzanas que se transformarán en placares.

La abuelita Benita saca de los placares nuevos un pan dulce y lo abre despacio, prolija, cariñosamente, con esas manos robustas de arrugas y venas.

—¡Esta es la verdadera comunión! —grita Natty.

La abuelita Benita también destapa una Coca: quiere festejar la inauguración de su casa.

—Nadie la merecía más que ella —dice Natty.

—Pura zalamera —responde una voz casi inaudible.

La abuelita Benita tiene 75 años y siempre vivió en un rancho de olor musculoso, apenas iluminado por los espadazos de luz solar que quebraban las paredes de barro. Nunca sola: la acompañaban lauchas, víboras, hormigas, moscas, vinchucas. Y el perro “Ñoño”, hasta que lo asesinó una culebra.

Y un tiempo la acompañó un hombre, que era su hombre, el padre de los 3 hijos que se le murieron. Pero cuando la abuelita Benita dijo basta, se acabó, no más sufrimiento, no más hijos porque se me mueren, no más sexo, el hombre le empezó a pegar. Y le pegó hasta que un día se cansó y se fue para siempre.

—Pura zalamera, nomás. Linda es la casa. Voy a dejar de sufrir muy mucho los fríos —susurra la abuelita Benita. Y para rezar con su boca ayuna de dientes se saca el pañuelo agujereado de la cabeza y quedan a la vista los pocos hilos plateados que le quedan. Con suerte llega al metro y medio. Y a los 40 kilos. Usa un pantalón de gimnasia jubilado y zapatillas remendadas. Y sus ojos, se ve, han visto demasiado sufrimiento.

—Es como un ángel —dice Susan.

Blanca y Zulema le ayudan en la mudanza del rancho a la casa. Ya acomodaron los roperos de cajones que pintó Tom, 2 baúles de cuando nos invadieron los ingleses, una cama de hierro carcomido, 2 sillas diminutas y la mesa con las migas del pan dulce que ahora la abuelita Benita junta y come para ordenar todo muy mucho.

Natty se echa un toque del perfume Christian Dior que le regaló Juan Francisco para su cumpleaños y encabeza a Los del Camino en la peregrinación por el desierto.

Pidiendo permiso, en un arbusto tímido aparece una flor amarilla del tamaño de una uña.

—Santa Clara nos llena de flores el camino —dice Natty. Y Zulema llora: sintió que la tocó el espíritu de Dios. Entonces el grupo reza y canta Aleluya.

Después, cuando enfilan hacia el sol de la tarde pegajosa, todos entonan un bolero de Armando Manzanero con la letra adaptada: el amado es Jesús.

Natty elige la sombra casi nula de un algarrobo, se acomoda el delantal marrón, se libera de los zapatos manchados de pintura y se sienta sobre la tierra. Los demás la rodean: saben que vendrán algunas enseñanzas.

Cuando habla (lo cual sucede permanentemente), Natty hipnotiza:

—Está todo manejado milimétricamente desde arriba. Nunca soy yo la que habla. Él me dice qué decir. Lo mío no tiene que ver con nada de este mundo.

Natty dice que los milagros son de Jesús, mientras dibuja en la tierra con una rama.

—Si evolucionás en el buen camino, después no tenés deuda. Eso sí: los hombres buscan El Camino, pero hay muchos caminos y no muchos eligen el correcto. Todo queda registrado en la compiuter de Dios. No se le escapa una.

¡Dios! Por qué por qué por qué por qué por qué por qué. ¿Te dormiste? Pobre “Mingo”, Dios, pobrecito.

La mujer le dio a “Mingo” 2 hijos y no dio más, se murió en el segundo parto como de pena. Primero fue María Victoria, la “Piqui”, y después Abelito. Los 2 nacieron deformes: la cabeza descomunal y los ojos vacíos. Dos monstruitos ciegos.

Natty recuerda que “Mingo” crió solo a los monstruitos, con un cariño que no cabía en este planeta. Y no quiso prestárselos a 2 médicos norteamericanos que querían estudiar sus casos tan terribles.

—Yo me los llevo así los cuidan. ¿Querés, “Mingo”? —le dijo Natty.

—En algún momento.

Cuando Abelito se murió a los 6 años por mal de Chagas, “Mingo” se quebró:

—Llevesé a la “Piqui”, hermana.

La policía tuvo que ir al desierto para certificar la cesión. El patrullero se quedó en la ruta, mientras “Mingo” recorría los 4 kilómetros de médanos con la “Piqui” en brazos.

—¿Alguna indicación, “Mingo”?

—No, hermanita. Usté sabe.

“Mingo” no quiso ver cómo se le iba la “Piqui”. Firmó los papeles, dio media vuelta y se metió en el desierto para que se lo tragara; erguido, firme por fuera pero por dentro destartalado, el corazón estropeado.

La “Piqui” falleció 5 años después en Bahía. Hicieron lo que pudieron. Natty le preguntó a “Mingo” si quería que le llevaran el cuerpo.

—No, hermanita. Gracias. Gracias nomás.

 Natty, que ya lo vio todo, dice:

—Nunca lloré tanto en mi vida. Me lloraba el alma.

“Chela” sacó del coma el alma de “Mingo”: se fue al rancho con él y le parió 4 chicos para que tenga. Los 4 están recién peinaditos porque los papás vieron a lo lejos que venían visitas.

La familia sabe que ahora le toca el turno a su casa. En una especie de galería hecha con troncos y un entretejido de ramas, Natty dice que el techo será de chapa y no de cartón, para aprovechar el agua de lluvia.

Las moscas recorren el bigote mexicano de “Mingo” cuando contesta:

—El asunto es que sea durable. Usté verá cómo queda mejor.

Susan reparte algo de la ropa que Tom recolectó en el club de golf y “Mingo” se calza una gorra azul del banco Credit Suisse.

Es un anticipo: la familia celebrará la próxima Navidad en un hogar nuevo. Gracias a Natty y a su obra que en el desierto despertó, a Dios, gracias.

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Especiales

🏘️💰 Patrimonios políticos: cuánto juran tener el intendente y sus principales funcionarios

Un análisis de las declaraciones obligatorias que presentan cada año.

Publicado

el

Por Tato Vallejos | Editor general de 8000

El 11 de diciembre de 2015 Héctor Gay juró como intendente de Bahía Blanca y con él llegaron sus funcionarios políticos. Todos deben presentar una declaración jurada patrimonial cada año; la fecha límite es el último día de febrero. 

De los 10 secretarios que tiene hoy, sólo 2 lo acompañan con ese rango desde el primer día: Tomás Marisco (comenzó como secretario privado y ahora está en Gestión Urbana) y Juan Ignacio Esandi (siempre en Economía).

Los otros fueron subiendo o apareciendo desde afuera: 

  • 🙋‍♂️ Pablo Romera comenzó como subsecretario de Prensa en 2015, subió a secretario privado en 2019 y desde 2021 es secretario general.
  • 🙋‍♂️ Alejandro Meneses fue subsecretario de Infraestructura desde 2015 hasta que se fue su jefe Guillermo Manrique en 2017, y entonces quedó a cargo. 
  • 🙋‍♂️ César Tommasi asumió como jefe de Gabinete en 2017 y desde el año pasado es secretario de Producción.
  • 🙋‍♀️ Vanina González se incorporó como directora de Empleo en 2018 y al año siguiente se transformó en secretaria de Políticas Sociales.
  • 🙋‍♂️ Pablo Acrogliano se hizo cargo de la Secretaría de Salud en 2019.
  • 🙋‍♂️ Ricardo De Weerth pasó de director de Tecnologías en 2020 a secretario de Innovación en 2021.
  • 🙋‍♂️ José González Casali asumió como secretario de Cultura en 2020. 
  • 🙋‍♂️ Marcos Streitenberger era concejal y en 2021 llegó a la Secretaría de Gobierno.
Fotos: Prensa Municipio y cuentas personales de Twitter

Con todos ellos, armamos en 8000 este primer capítulo: el patrimonio del intendente y sus secretarios actuales.

Antes de chusmear, hay un contexto relevante: 

  • El patrimonio incluye las valuaciones fiscales de inmuebles y vehículos, el dinero en efectivo, las cuentas bancarias, deudas y créditos. No contempla los ahorros en dólares, que los veremos aparte.
  • Los valores se calculan en base a lo que cada funcionario jura: si tiene el 50 % de un bien con una valuación fiscal de $ 500.000, entonces le corresponden $ 250.000.
  • La valuación fiscal no representa el valor real: suele ser bastante menos. Lamentablemente, las declaraciones juradas municipales no exigen que cada funcionario ponga lo que su propiedad vale en el mercado, un monto que sería muchísimo más alto (y pocos deciden agregar).

🤑 ¿Quién tiene más? ¿Y quién menos?

Quien cuenta con el mayor patrimonio es el intendente Héctor Gay, aunque debemos hacer una salvedad clave: él sí puso el valor real de la casa que se hizo levantar en estos últimos años. El terreno le costó $ 1.053.864 y la inversión en la construcción fue de $ 14.100.000.

Tras asumir, en 2016 sumó a su patrimonio el 50 % de un departamento en Buenos Aires. Al año siguiente dejó de tenerlo, según su propia declaración.

En 2021 compró un auto por $ 3.758.700. Otra buena para Gay: en sus vehículos también declaró valores de mercado. Y juró que aquel mismo auto este año ya vale $ 5.300.000.

Junto a otro vehículo, un campo en Saavedra donado por sus padres en 1993 (recordemos: Gay nació en Pigüé) y un departamento con cochera en Bahía que compró 2 días después de ganar las PASO en 2015, su patrimonio asciende a $ 28.277.023. Y además, declaró 5.000 dólares en efectivo y 240 euros en una cuenta bancaria.

El segundo

Al intendente le sigue su secretario de Economía, Juan Ignacio Esandi, con $ 13.431.467,58 más 6.024 dólares. 

Esandi mantuvo prácticamente sus 11 inmuebles a lo largo de los años como funcionario. Sólo en 2 declaró un “lote inversión” menos, aunque después volvió a la cantidad anterior: probablemente, un error de tipeo. Adquirió todas las propiedades el siglo pasado:

  • 50 % de un departamento en CABA, 
  • 50 % de una casa en Bahía, 
  • 8,33 % de 8 “lotes inversión” en Bahía,
  • 33,3 % de un “depósito inversión” en Comodoro Rivadavia (el monto que le corresponde según la valuación fiscal es $ 8.404.969,33).

El tercero

Bastante más lejos, completa el podio el secretario de Producción César Tommasi con $ 5.401.594 más 4.973 dólares. Tiene:

  • 50 % de una casa en Bahía,
  • 50 % de un terreno en Colón (Entre Ríos),
  • 50 % de 2 departamentos en Bahía,
  • 50 % de 2 cocheras en Bahía,
  • 50 % de un departamento en CABA.

Los demás

  • Marcos Streitenberger: $ 3.375.322,37
  • Alejandro Meneses: $ 2.539.287,37
  • Tomás Marisco: $ 2.128.571,15
  • Ricardo De Weerth: $2.032.503,83
  • Pablo Romera: $ 1.873.902,60
  • José González Casali: $ 1.360.781,50
  • Pablo Acrogliano: $ 1.124.058
  • Vanina González: $ 91.134

👉Acá podés interactuar y ver el avance de los patrimonios:

👉 Y acá ves la carrera de patrimonios y cómo fueron cambiando:

Pobre Vanina…

La secretaria de Políticas Sociales Vanina González es la de menor patrimonio declarado.

De hecho, terminó de pagar un auto en 2021 pero ya no lo tiene: en su última DDJJ el balance le da $ 91.134 por dinero en efectivo y en sus cuentas bancarias.

Y un detalle: para comprar ese auto, en 2018, pidió un crédito UVA. Sí: ese que se hizo impagable para miles de argentinos…

🚗 El auto nuevo

En algunos países que tienen muchos problemas resueltos le llaman “crisis” a no poder cambiar el auto todos los años. Acá ningún funcionario lo hizo, pero sí varios se agenciaron un vehículo nuevo desde que están en el cargo

  • además del intendente Gay y Vanina González, sumó el suyo Esandi en diciembre de 2020;
  • Tomás Marisco en mayo de 2021;
  • Alejandro Meneses en mayo de 2017;
  • Pablo Romera en junio de 2019;
  • Marcos Streitenberger en diciembre de 2021. 

💵 ¿Quiénes blanquean que ahorran en dólares?

  • César Tommasi, US$ 50.000; 
  • Marcos Streitenberger, US$ 22.670; 
  • Juan Ignacio Esandi, US$ 6.024; 
  • Héctor Gay, US$ 5.240; 
  • Alejandro Meneses, US$ 2.600; 
  • José González Casali, US$ 200;
  • y Pablo Acrogliano declaró tener… ¡58 dólares!

🏡 Los que tienen más propiedades

En este primer capítulo, el rey del Monopoly (?) es Esandi con 11 inmuebles. 

👀 2 negativos, pero…

Tomás Marisco y Pablo Romera tuvieron un balance negativo durante unos años, aunque terminaron saliendo a flote

Es que los 2 construyeron sus casas bahienses en este tiempo. Marisco sobre un terreno adquirido en marzo de 2015 y Romera en otro comprado en mayo del mismo año: es decir, antes de ser funcionarios.

🤦‍♂️ Un incumplimiento y una rareza

Alejandro Meneses es funcionario desde fines de 2015. Presentó su primera declaración jurada en 2016, como corresponde… pero luego no lo hizo en 2017.

Al presentar la siguiente, en 2018, declaró que no tenía cuentas bancarias, aunque sí una deuda con el Banco Galicia de $ 50.000. 

En 2019 apareció con una cuenta bancaria con 4.900 dólares y una caja de ahorro con $ 131.533.

✊ Llegó el jefe

César Tommasi se incorporó como jefe de Gabinete en noviembre de 2017, para “ordenar los números” de la Comuna y hacer más eficiente la gestión. 

Cuando presentó su primera declaración jurada, lo hizo sin cuentas bancarias ni dólares…

En la siguiente, dijo tener 2 cuentas en pesos y 2 en dólares, ambas compartidas al 50 %. Las primeras con $ 198.231,68 y las segundas con US$ 17.350,96.

Ah: en 2019 compró un departamento con cochera en CABA por $ 1.675.925. (Luego de esta publicación, Tommasi le aclaró a 8000 que en realidad lo compró antes de 2017, pero se escrituró en 2019).

🧐 ¿Cuánto cobran y quién gana más? 

El sueldo de los secretarios va de $ 300.000 a $ 350.000 de bolsillo, dependiendo de los descuentos de cada quien. 

👉 Acá podés ver lo que declararon en febrero de 2022 y los ingresos de cada uno por su actividad privada. 

  • El docente universitario Esandi, el neumonólogo Acrogliano, el empresario De Weerth, el abogado González Casali y el locatario Tommasi mantienen ingresos por fuera de la función pública.

Cómo fue el análisis


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Especiales

🍷⛔️🌞 Andrea y Jorge sin tinieblas: cómo zafar en Bahía de la locura del alcohol

“Soy mejor persona que antes”, dice él. Y ella agradece: hoy sus hijos la quieren.

Publicado

el

Por Belén Uriarte / Editora de 8000


🙋‍♀️ Andrea

—Mi hijo me pidió plata para caramelos, le dije que no tenía y me contestó: “Pero tenés vino”. ¡5 años tenía mi criatura! Ahí vi que debía hacer algo sí o sí. Los hijos suelen ser una alarma: ya cuando no te quieren dar un beso por el olor a vino….

Pasaron 18 años de aquel episodio en el barrio Universitario y Andrea se lo detalla a 8000 como si fuese hoy. Por aquel episodio decidió arrimarse a Alcohólicos Anónimos (AA).

—Tocar fondo es encontrarse con que la vida te está diciendo que tenés que parar de tomar, y no podés. Estás clavado, y no podés —dice Andrea, cuyo apellido no publicamos para preservar su identidad—. En mi caso, no estaba haciendo muchas cosas. No me casé, no me desarrollé profesionalmente. Todo lo que tengo es un accidente: hijos, casa… Cosas que se dieron; no las busqué.

Andrea también consumía otras cosas. Y AA la salvó. Ya no toma. Nada. Aunque al principio fue complicado:

—Lloré mucho porque estaba consciente, porque estaba perdiendo al “compañero”. Casi toda mi vida estaba basada en esa locura de alcohol y drogas. Estaba desnuda sin la “pastillita mágica”.

🙋‍♂️ Jorge

El alcohol supo ser el refugio de una niñez muy triste para Jorge. Y luego se transformó en un camino directo al vacío.

Un día descubrió que ya no era él, y todas las cosas a su alrededor estaban mal: mentía, echaba a sus afectos para tomar tranquilo… 

Los primeros indicios de la adicción se dieron en el taller. Era chico, trabajaba como ayudante y cada sábado llegaba su gloria: además de cobrar, se tomaba una copa.

—No tenía felicidad, pero ese día me iba contento a casa —le cuenta Jorge a 8000—. Después trabajé en la noche, aunque ahí no consumía y me casé. Después me empecé a quedar en casa y consumía un vasito al mediodía. Tomaba todos los días…

No andaba borracho por la calle: todo sucedía puertas adentro, en su casa del barrio Noroeste. Siempre tenía algo escondido para tomar y generaba las situaciones para quedarse solo.

De a poco el reloj empezó a correrse: la copita del mediodía pasó a las 10, después a las 8 y finalmente llegó a las 5.  Y dejó de ser una copita…

—Mi cabeza estaba mal. Me sentía culpable por tomar, pero al otro día tenía que hacerlo porque si no, no funcionaba… Hacía cuentas en los almacenes: compraba una cerveza en uno y le pagaba al otro, después compraba una cerveza en el otro y le pagaba a este… Te destruís económicamente, destruís la familia

😔 Hacia la perdición

Andrea tiene 58 años y empezó a tomar con frecuencia en su adolescencia. Según recuerda, la primera vez que probó tenía apenas 8: estaba jugando con unas primitas, agarraron una botella de alcohol y terminaron todas borrachas. 

Los adultos se enojaron muchísimo, pero ella siguió. Consumía todo lo que tenía alcohol y ya a los 12 empezó a salir con amigos y las cantidades se incrementaron.

Así, empezó a perder. A quedarse sola.

La soledad del alcohólico es impresionante porque uno la provoca para chupar tranquilo, pero después no se la banca o no sabe vivir con uno mismo. 

Foto: alamy.es

Un mal de muchos, sin consuelos de tontos:

—Cuando llegué al grupo y los escuché hablar, parecía que hablaban de mí. Se generó una identificación muy rápida: somos gente que tenemos un montón de defectos comunes. Y ahí encontrás cariño, comprensión: yo tomaba y afuera la gente no me daba bolilla, o me decía: “¡Otra vez…!”.

En Alcohólicos Anónimos, Andrea descubrió que se podían hacer las cosas de otra manera. Y se prometió hacerlo: entonces tenía 40 años y era mamá soltera, con 2 chiquitos de 5 y 7.

—Los primeros días sin tomar son tremendamente largos porque uno con el alcohol anula la mitad del tiempo… Al no tomar, empiezan los recuerdos: empezás a hacerte cargo de tu vida y con el tiempo aprendés a vivir.

💰 Monedita por monedita

Jorge se dio cuenta en un viaje de que algo tenía que hacer. Estaba en la ruta y le agarró abstinencia: se bajó y mientras todos desayunaban, fue a buscar una cerveza. Arrancó a las 8 de la mañana y se la pasó “todo el día chupando”…

Fue justo para las Fiestas. Pasaron Navidad, Año Nuevo y el cumpleaños de su hija, en enero, y entonces decidió ir al médico. En esa consulta le hablaron de Alcohólicos Anónimos. Y hacia ahí fue, con 3 días de abstinencia.

Esperaba que venga un arcángel a salvarme y aparecieron los compañeros. Y empecé a identificarme. Una compañera dijo: “Siempre me costaba más juntar dinero para tener para tomar al otro día que tomar”. Y es cierto: pensar en tener dinero al otro día para arrancar, juntar las moneditas en casa… Era terrorífico

Hoy Jorge tiene 65 años, hace 17 que integra AA y aunque el alcohol arruinó su matrimonio, dice que mantiene una muy buena relación con sus hijos. Y eso se lo debe al grupo, “un lugar que no te pide nada y te da todo”. Especialmente lo más necesario te da: amor y comprensión. 

—Fui pensando que era un borracho y ellos me cambiaron la palabra por “alcohólico”, me explicaron la enfermedad, y eso me ayudó.

El programa consiste en alcohol cero: si tomaste, volvé mañana. 

—No importa la cantidad. Hay mucha gente que cree que es tomar 5 litros, pero no, yo con un vaso soy adicto porque tengo dependencia.

✊ Admitir y persistir

Jorge asegura que el primer paso es admitir que uno tiene un problema y que ese problema es el alcohol. Y luego hay que mirar a los compañeros que lograron recuperarse “a través de la permanencia, de estar ahí”:

—Es más fácil seguir tomando porque no tenés que hacer ningún sacrificio, pero terminás en la cama de un hospital, en la cárcel o con muerte prematura

Cuando arrancó con el grupo, se propuso no mirar atrás. Y al principio estaba enojado, inquieto, molesto, pero comenzó a notar ciertos cambios y persistió. 

—Nosotros hablamos de la famosa nube rosa. Cuando llegás, al otro día notás el cambio: te levantás bien, estás más activo… Yo siempre necesitaba dar lástima y cuando ingresé me di cuenta de que había perdido años de vida. Te cambia la mentalidad: soy mejor persona que antes, tengo una paz que nunca tuve.

😞 Del genio al no retorno

Andrea advierte que la edad promedio de llegada al grupo es cada vez menor por la enorme cantidad de droga que anda dando vueltas, que acelera los tiempos del alcohol. Y detalla todas las etapas a las que se enfrenta un adicto.

—Al principio está la etapa del payaso: sos el genio, todos te llaman. Pero pasa el tiempo, tomás más y tu estado de ánimo no es el mismo. Te das cuenta de que mentís y caés en una etapa que llamamos de tigre, donde estás de malhumor, te peleás con todo el mundo o te agarra una depresión de aquellas. Y hay una tercera etapa, la del chancho, en la que muy difícilmente tengas retorno, donde el alcoholismo está tan instalado en tu vida que si bien la ingesta es poca (porque cada vez tomando menos lográs el mismo efecto), perdés la capacidad de percepción, el control de esfínteres… 

Andrea lo sufrió. Y aquel episodio con su chiquito fue el último de una serie de hechos que la movilizaron y le permitieron reaccionar.

No todos lo logran. Y quienes sí, pasan por distintas situaciones.

—Hay gente que choca con el auto, queda muy mal en el hospital y al estar tantos días en abstinencia se da cuenta de que algo está pasando y acepta ayuda. O gente que va presa y el hecho de estar privada de la libertad cuando nunca pensaste que ibas a hacer algo malo… Yo me creía superhonesta y en mi carrera alcohólica mentía y sentía tanta vergüenza que me mudaba: se llaman fugas geográficas. 

🌤El día después

A Andrea le bastó un día en el grupo para notar cambios: ya no vomitó y sus ojos volvieron a ser lo que eran.

Creía que era hija del demonio, porque siempre tenía los ojos rojos. Cuando me miré ese día al espejo y los vi blancos, dije: “Esos ojos, ¿qué son?”. Estaba muy enojada, peleaba conmigo.

No fue fácil.

El cuerpo le pedía alcohol, le temblaban las manos y sufría tentaciones: varias veces cruzó el pasillo que separa su casa de la calle con la intención de comprar alcohol en el quiosco. Pero no lo hizo: había decidido tener una vida distinta.

—La compulsión dura 1 minuto. Si en vez de darle bolilla a la compulsión ponés los medios para no tomar, podés no tomar. Yo me trepaba al techo porque arriba no tenía alcohol, y los nenes me miraban. Claro que hay que hacer un esfuerzo.

Y fue muy difícil porque venía de una borrachera casi permanente: porque el alcoholismo no está presente sólo cuando tomás.

Entre copa y copa tampoco estás manejando tu historia. Estás pensando: “Cómo hago para juntar la plata para tomar” o “Qué cagada me mandé ayer”. El alcohol te rige la vida por lo que esperás hacer y por lo que hiciste, y te olvidás de vivir el hoy.

Dice que te maneja hasta tal punto que olvidás lo que antes hacías con frecuencia, casi sin pensar. En su caso, pese a manejar idiomas, no podía pensar en ninguno: se le mezclaban las palabras. Y tampoco podía leer ni escribir.

El alcohol me fue comiendo todo, intelectualmente me hizo pelota. Recién en la pandemia terminé de estudiar algo que había empezado 20 años atrás…

Foto: psicologiaymente.com.

¿Cómo lo logró? Peleando contra su propio cuerpo, con las maniobras que aprendió en Alcohólicos Anónimos. La primera es justamente ir al grupo, que atiende lo emocional, te contiene: el primer día ya te vas con un teléfono y alguien que te acompaña.

—A mí me adoptó una mujer que vivía muy cerca, entonces al mediodía pasaba por mi casa para ver cómo estaba —relata Andrea—. Después venía otro compañero, que me pasaba a buscar para ir al grupo.

Así fue saliendo adelante y pudo recuperar su familia… Y su salud:

Llegamos al grupo sin ver una vaca a 3 metros, con la dentadura hecha pelota, porque lo que menos nos importa es todo eso. Entonces cuando estamos más tranquilos, nos hacemos un chequeo. Es fundamental, porque son todas cosas que uno va dejando de lado por tomar. 

Andrea cuenta que cuando vas a esa consulta, el médico se da cuenta enseguida y lo primero que te dice es: “Usted toma”. Y advierte que no todos los profesionales están interiorizados en lo que es el alcoholismo: a ella le han dicho que puede tomar un vaso de vino al día, que no pasa nada, o que después de tanto tiempo sin consumir, un poco no es problema. Y nada que ver:

—Si nosotros volvemos a tomar, no salimos más. Lo hemos visto… Esta es una enfermedad crónica, progresiva y fatal, y para toda la vida. O sea que si yo empiezo a tomar hoy, arranco desde donde dejé. Gracias a Dios, no tuve recaídas.

Por supuesto, la clave es la permanencia. Hoy realmente entiende qué es ser alcohólico y no cambia el programa de AA por ninguna “pastilla mágica”.

🤝 Locura, alarma y recuperación

Andrea explica que los malos momentos están, pero ahora son excepcionales. Y se sobrellevan de otra manera gracias a la terapia, que es continua.

—Te suenan alarmas. Decís: “Uy, estoy haciendo pavadas, mejor me voy a una reunión”… Así evitás comerte a tus hijos, evitás muchas cosas… El tipo que recién llega, te escucha y dice: “Cuenta eso como si fuera grave, con todo lo que a mí me pasa”. Pero esa es la diferencia de haber transitado cierto tiempo. 

Foto: laverdad.es

También te ayuda a recuperar la capacidad mental, la cordura.

El alcoholismo termina en locura. Si el cuerpo no te revienta antes, si no te matás en un accidente, si no te mandás una macana y terminás preso, terminás loco.

Y por eso se celebra tanto cada día de sobriedad.

Andrea destaca que en Argentina hay personas que llegaron a los 60 años sin una gota de alcohol.

—Todos los años se festeja el aniversario de AA y somos más de 1.000 personas que nos juntamos en un punto del país a festejar. Y se canta la sobriedad: este año, por ejemplo, cumplimos 70, entonces se canta “Quién tiene 69, 68…”. Así hasta llegar al que tiene 1 día sin tomar. ¿Quién tiene 1 día? Todos nosotros, porque esta es una enfermedad de 1 día a la vez.

Jorge asiente y destaca la filosofía que plantea AA:

—Vivir el hoy, porque ayer ya pasó.

Y aclara:

—Si mañana me ves pasar con una cajita de vino, no te sorprendas: no falló el programa, fallé yo.

🙌 Gratitud y servicio

Andrea y Jorge hoy son referentes de Alcohólicos Anónimos en Bahía y ayudan a quienes recién entran.

También hacen servicios como visitas a los hospitales, donde comparten sus historias con pacientes que sufren alcoholismo.

—Una vez que lográs entrar en su corazón y que entre en el tuyo, empezás a hablar de todo lo que puede hacer —dice Andrea—. Porque si yo te digo que pude recibirme, no es nada, ¿cuántos viejos se reciben? Pero que pueda contarles a mis compañeros que me recibí, ¡es increíble! Que les cuente que después de tomar y hacer todo lo que hice, hoy puedo no tomar, para ellos es sorprendente.

Y lo que siente es gratitud. Mucha:

—Un borracho en la casa les estropea la vida a todos, con violencia directa o indirecta, porque llega, golpea la puerta, no habla, no comparte… Que hoy mis hijos estén bien conmigo, me quieran y me cuiden, es un milagro.


👫 La ayuda

Alcohólicos Anónimos es una comunidad internacional, con presencia en 180 países.

Se mantiene con los ingresos que genera: si bien no es obligatorio, sus miembros suelen poner el valor de una copa dentro de una canasta para sostener al grupo.

Y si sobra algo, se envía a la región y a la oficina central de Buenos Aires, donde se impulsa la difusión general.

👉 Acá en Bahía hay 3 grupos:

  • 12 de Octubre 762 (lunes, miércoles, viernes y sábado a las 19:30);
  • Belgrano 355 (lunes a sábado a las 19:30);
  • Estomba 2.351 (lunes a sábado a las 19:30).
  • Guardia telefónica: 291513 8464.
  • Para saber más, fijate en la página oficial. Y hacé algo por vos o por quien quieras.

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Especiales

🎙 El rap de acá: “Broda” y “Sista”, las voces de nuestros juglares inquietantes

En 2 pódcast, Agustina Arias expone las entrañas de la escena bahiense.

Publicado

el

Por Abel Escudero Zadrayec / Director de 8000

El escenario es la Plaza Rivadavia: el centro del centro de Bahía Blanca.

Pibes y pibas improvisan, chocan puños; se ríen, se mueven, se saludan, se gritan, se desafían.

Fotos: Tute Sosa y Agustina Arias.

Un presentador arenga:

—¡Que se pudra!

Y termina pudriéndose:

Voy a hacer un chiste

para que se rían más completo:

hablaste de mis lompa,

retrolazo, este pajero

porque pasó de ver el escudo

a relojearme el muñeco.

Pero nadie se ofende. Son códigos: así es el rap.

Y el rap de acá pendula entre lo importado y lo local: entre el Bronx y el barrio Pedro Pico; entre un inglés de película obvia, de jerga, pendenciero

You know what I mean, madafaka!

y el lunfardo y la cultura digital y el “vesre”, propio, callejero

la lleca y el rocho¡vos la revivís, Escubi!

—Las voces del rap de acá registran el andar cotidiano y dan validez a un modo de aprendizaje experiencial: desde el barrio, en la calle —dice Agustina Arias, que es LA voz de 8000: cada sábado la escuchás es nuestros audios con el resumen informativo de la semana bahiense.

Pero además de locutora, Agus es docente, cantante y está haciendo el doctorado en Letras por la Universidad Nacional del Sur. Su tesis es sobre el rap de acá.

Y como parte de la investigación de campo se mandó 2 pódcast reveladores, que capturan las esencias de estos inquietantes juglares de los tiempos que nos tocan y nos resuenan.

  • 🎧🙋‍♂️ El primer pódcast se llama “Broda” y se enfoca en los pibes: Real Fresh, Exe, Hazel, Ach, Simmer, Dylan, Juanma, Lucio, Serafín, Ariez, Izuna, Confi, Muzi.
  • 🎧🙋 El segundo se titula “Sista” y está dedicado a las pibas: Ziva, Madeam, Fleky, Eklipce, Kazz y Cronopio. (Este ganó la Bienal 2021).

Acá abajo Agus nos cuenta más sobre ellos. Y a continuación los publicamos, hoy, en exclusiva.

“Broda”

“Sista”


🎙 Me convoca, me interpela;

me entusiasma y me desvela

Por Agustina Arias

Las batallas de rap en estilo libre (freestyle) se hacen de cerca, de frente y en ronda. No sólo son palabras que coinciden en rimas o que proyectan sentidos metafóricos; también hay cuerpos situados que se mueven, se acercan, se alejan, resuenan en el otro y los otros que están mirando.

Fleky.

Las manos, los brazos, los pies siguen un compás vocal y simpatizan con la voz porque movimiento y palabra son indisociables.

Los cuerpos se usan, se escuchan y se interpretan porque los cuerpos cuentan: expresan, y ahí donde parece haber libertad extrema, hay código. 

Los espacios (más verdes, más grises) se emplazan en el centro y macrocentro y congregan a jóvenes de distintos puntos de Bahía Blanca. Se trata de plazas, parques, playas de estacionamiento, el skatepark.

Aunque las locaciones varíen, la imagen es siempre la misma: si se enfocara desde lo alto, en un plano cenital, se vería un círculo caprichoso y movedizo: que se ensancha, se sustrae, como un organismo celular, con bordes difusos, fluidos, negados a permanecer en orden. 

El rap se hace contexto con los objetos concretos del espacio, con la emergencia, con lo inesperado y lo impredecible.

El monumento a Rivadavia, en la plaza, sirve de grada y de soporte para el grafiti. Las escalinatas de la Plaza del Sol son asientos naturales para la audiencia. Los árboles del Parque de Mayo aportan sombra y resguardo. El playón de la Universidad Nacional del Sur aporta escenografía artística.

Todo está listo, pero nadie sabe qué va a pasar.

En eso que sucede se entraman intensamente el ritmo de la respiración, las miradas, las temperaturas, las transpiraciones, los alientos, las salivas, la sangre que circula. 

El rap es, al mismo tiempo, libertad pero reglas que respetar: modalidades de improvisación, tempo y métrica impuestos por la base rítmica, adecuación de la respuesta, sentidos originales de lo que se dice, la habilidad de ser fluido y no trabarse.

Es una ficción ritualizada.

No sabemos qué va a pasar pero sabemos cómo va a pasar: la cosa va a picarse, se picantea, se pudre.

El desafío, el conflicto, el “berretín”, la chicana: no pueden faltar porque la agresión y hacer doler son elementos constitutivos de la batalla y de esa forma de interacción.

También la puteada y las palabras consideradas “malas”. Son necesarias, cobran un sentido otro y adquieren un valor de estima en ese entorno.

Es una forma de querer, una forma de hablar, una forma de decir, una forma de luchar.

Las palabras se transfiguran en “armas”, los versos en “ataques” y las entradas, en “estrategias”.

Los puntos frágiles para pudrirla son eternos: la capacidad de oralizar, la mujer (madre, hermana, novia), el origen, aspectos biográficos, lo físico y la sexualidad (aunque, por fortuna, estos emergen desde una mirada desconstruida).

Así, en las batallas salen a la luz aspectos “personales”, que se conectan con temas de agenda social y que demuestran posicionamientos claros por parte de los raperos y las raperas, como le dice Muzi a Simmer:

Nuestra diferencia es que soy más rudo,

que yo soy bueno y vos aparecés

en la lista de machirulos.

Simmer responde reflexivo: 

Yo aparecí en la lista de machirulos.

Me equivoqué, a todos eso sí se los juro.

Pero igualmente me equivoqué y yo soy artista:

pasó el tiempo y cambié mi punto de vista.

O cuando en batalla de mujeres, Ziva le tira a Kazz

Y si me agarran con las piernas abiertas, ¿cuál fue?

No es pecado coger.

¡Qué me vas a decir vos, también!

Soy madre soltera y me la banco rebién.

Eklipce.

Igual, los espacios bahienses pueden generar desarmonía en las batallas. En el rap se evocan lugares de procedencia que revelan valoraciones en torno a la “valía” de ciertos objetos materiales (marcas de indumentaria) e inmateriales (barrio y equipo de fútbol).

En una batalla con la temática “barrios de Bahía” surgió esto: 

¿Cuántos barrios pisaron tus zapas?

Nadie pisa Villa Mitre

con un conjuntito Kappa.

Así que te suelto una actitud,

mi rap es un barrio

y un equipo: me dicen Spurr.

Claro que también los barrios bahienses se usan estratégicamente para desplegar el doble sentido, en favor de la comicidad y el sentido lúdico, acentuando aspectos de lentitud y desorientación del rival en la batalla: 

¿Escucharon su freestyle?

No es nada veloz:

parece representante de Villa Caracol.

Venir del barrio, pisarlo y transitarlo, otorga presencia, sabiduría y credibilidad al relato. Los barrios se tematizan y despliegan una serie de connotaciones, junto con los equipos de fútbol: se vuelven fuentes de identidad y representatividad. Y el rap expresa esa síntesis entre lo espacial y lo pasional: barrio + fútbol. 

🎙 Detrás de escena

Desde hace algunos años el rap -como fenómeno oral, improvisado, lúdico y serio- me convoca, de manera advenediza, y me interpela como foco de aproximación, estudio, reflexión y admiración. Me desvela, me entusiasma y me mueve a buscar divergencias, convergencias e innovaciones en lo que se dice.

Tiene implicancias en mí desde lo musical, lo verbal, lo fluctuante, lo corporal, lo tradicional e igualmente novedoso.

Me parece una práctica lúdica tan vieja como modernaTan lejana como inmediata.

Es lo de antes, lo foráneo pero acá, con apropiaciones locales singulares y potentes.

Encuentro densidad ahí para bucear y tratar de entender cómo lo global se inserta en lo local.

🎙 El pódcast

Broda es la forma que predomina en sus modos de tratarse. Así, con la “a” final y, muchas veces, en su versión más corta: bro. Broda es el hermano, el compañero, el compa, el cumpa, el camarada, el pana. Y entre las mujeres, lo mismo pasa con la palabra sista. En el rap, la fraternidad es el valor transversal a cualquier estilo, región, modalidad, etnia, clase, género.

La idea de reformular algunos resultados, hipótesis e interrogantes de mi proceso doctoral en un pódcast habilita a pensar en la reutilización de un material recogido en el ámbito de la investigación para ser reconvertido a un formato diferente que funciona en otro circuito, con otras leyes.

El pódcast “Broda” es un híbrido: una criatura anfibia que se mueve entre las aguas del discurso académico-científico y las tierras de lo que pasa en el barrio, en la esquina, en la plaza, en el gueto.

“Broda” es una voz narrativa que da pie a voces genuinas del seno mismo de la cultura y la escena.

“Sista” es experimento. Es una entrevista guionada, estructurada con mínimas líneas y es performance. Las entrevistadas se someten al azar y son sorprendidas por una modalidad no convencional de improvisación: dark, poéticoflash, random.

  • El modo dark sume a las chicas en la más profunda oscuridad y ausencia del registro visual. Vendadas, deben rapear a partir de experiencias sensoriales: olores, sonidos y estímulos táctiles.
  • El modo flash privilegia la vista y motiva a la improvisación a partir de capturas fotográficas de grafitis del paisaje urbano contemporáneo.
  • El modo poético juega con la forma “rapeada” de poemas de autores y autoras locales.
  • El modo random se asemeja a las modalidades de las batallas profesionales: improvisar a partir de palabras escogidas al azar.

Ambos pódcast, “Broda” y “Sista”, se ofrecen como espacios simbólicos de aproximación y divulgación de trayectorias artísticas en expansión.

Desde Bahía Blanca, hacia el más allá.


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