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Aquellos días en el desierto con Natty Petrosino, la capataza de una obra divina

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Por Abel Escudero Zadrayec

Yo pregunté por un baño. Necesitaba un inodoro. Lo deseaba poderosamente. Como Homero al borde del colapso en Nueva York, pero peor.

Yo pregunté por un baño y el tipo sonrió y me señaló con un dedito el desierto cruel e infinito:

—Ahí lo tenés.

ANTES MUERTO.

Pensé.

Hago de tripas corazón y aguante.

Pensé.

Pero dije:

—Prefiero la constipación, hermano… cómo me mandás a cagar así, a un cactus. No tenés corazón.

Eso ocurrió hace 15 años. El diario me había enviado al punto menos turístico posible de Mendoza para pasar unos días con Natty Petrosino, que empujaba su labor solidaria ahí donde no había nada parecido a la civilización.

No voy a romantizar la miseria ni puedo negar que me fui de ahí con muchas ganas (sobre todo de ir al baño), pero recuerdo muy contundentemente que me alucinó lo que vi y experimenté.

Espero que se refleje en la crónica que escribí para La Nueva Provincia el 18 de diciembre de 2005. Y espero que sirva como homenaje a Natty, que se nos fue ayer a los 83 años. Acá va.


La capataza de una obra divina

Después de una década con los indios wichis en Formosa, llevó su tarea humanitaria a los descendientes de huarpes. A los 67 años, hace casas de material con 50 grados en verano y 15 bajo cero en invierno. “No podemos dejar que se los coman las vinchucas y sufran el calor y el frío. Jesús usa mis manos para construir”, dice.

Natty Petrosino se sienta en un banquito de madera temblorosa. Moja el pincel de cerdas gastadas en una lata de pintura color caoba, lo escurre un poco y le da otra pasada a la puerta.

Está quedando hermosa.

Foto: La Nueva.

Natty se seca el sudor que hace brillar sus pecas, espanta un poco las moscas y toma un trago de Sprite. Después rocía con fijador Roby su cabello ladrillo y rastrilla con las yemas hasta el cuello.

—Hay que arreglarse para el novio.

Dice.

El novio es Jesús. Y Natty dice que Jesús usa sus manos para hacer obras como esta: una casa de material en el medio del asperísimo desierto mendocino para que viva una parejita de ascendencia huarpe, Aurora y Oscar. Ellos se quieren y acaban de debutar como padres.

—No es un esfuerzo. Es un premio de Dios —dice Natty, y sus mejillas retroceden porque le estalla una sonrisa que achina los ojazos azules—. Lo que para la gente es trabajo, para mí es recreo. Un privilegio.

Casi todo el mundo creería que privilegios-privilegios son aquellos a los que renunció Natty Petrosino hace 37 años.

Ya saben: Natty, la modelo que vivía una vida acomodada en el barrio Palihue,

y un día una enfermedad la tumbó y ella dijo que se había muerto y que Jesús le concedió volver para encargarse de una obra humanitaria,

y entonces empezó a meter vagabundos en su casa, les dio hasta los pijamas de su esposo Vicente,

y después hizo de la nada un hogar para todos y alimentó de a 7.000 necesitados por vez,

y de pronto dijo que Jesús le había pedido que dejara Bahía Blanca y continuara su tarea en Formosa con los indios wichis,

y dio cariño y techo y atención en la selva impenetrable una década, hasta que de nuevo dijo que apareció Jesús para destinarla al desierto mendocino,

y ahora está con 50 grados y 67 años, sentada en un banquito de madera temblorosa, frente a la puerta de la casa que está quedando hermosa, con la sonrisa que le estalla, espantando las moscas y diciendo:

—Acá se hace lo que dijo Jesús hace 2000 años: dejar todo y recibir todo, sin tener nada más que amor.

Nada menos: son 10.000 kilómetros cuadrados de desierto, a unas 3 horas de la ciudad de Mendoza, en el extremo nordeste de la provincia y cerca de la vecina San Juan.

El departamento al que pertenece se llama Lavalle y es como una “U” al revés, casi toda desierto. El último censo dice que hay tres habitantes por kilómetro cuadrado, casi nada en el desierto.

Un desierto desierto.

Salvo por los 600 puestos, como les dicen acá a los ranchos de adobe donde viven descendientes acriollados de indios huarpes.

Y salvo por los algarrobitos raquíticos y los chivos de mirada estoica y 4 trillones de moscas imbancables y las chicharras lloronas y alguna víbora y alguna vinchuca y hormigas del tamaño de un pibe de 4 años.

Y Natty y su grupo, claro.

Natty bautizó a su grupo Los del Camino, porque Jesús es el camino de la verdad y de la vida, y quienes integran el grupo son de Jesús.

Al plantel estable lo componen el perro “Dodi”, un Yorkshire como el de Susana Giménez que “cuando encarne tendrá que devolver tantos mimos”, y Juan Francisco y “Pochito”, los hijos del alma de Natty.

Ella dice que son más hijos que los de la panza. Porque parió a Fabián y a Jorge, pero tuvo muchos más. Como Yashodara, una chica Down que cumplió 19 y vive en el cottolengo de mujeres en Bahía.

O como “Pochito”, un hombre-nene que superó los 50 años pero su cabecita se plantó en los 3: se pone las zapatillas al revés, trabaja como el que más con su gorra de pescado y no puede dormirse sin la bendición de Natty.

O como Juan Francisco, que nació con labio leporino y lo abandonaron, y Natty lo rescató y crió y operó y ayudó a que sea el adolescente de 17 que ahora dice:

—Yo estoy acá en el desierto sólo por mi vieja.

En realidad, todos los que vienen al desierto donde está Natty lo hacen por Natty. Porque creen en ella, en la obra, y quieren ayudar.

Por ejemplo, su hermana: cuando puede dejar unos días el negocio en Bahía, Blanca se toma el colectivo y se trae su infinita calidez.

También Zulema, otra pionera que contagia calma con sus susurros de miel y cuyo espíritu está siempre listo para cualquier tarea. Y así le salió su hija Silvina, aunque más eléctrica.

Tiene 38 años y lleva una década como discípula de Natty: dice que vio milagros tras milagros y que nunca podrá borrarse la imagen de chicos que comían caca porque el estómago les lloraba.

Ahora que trabaja en una fiscalía, Silvina no puede pasarse meses fuera de Bahía. Pero sí es capaz de viajar casi 40 horas un fin de semana para colaborar un rato, por algo, por mucho:

—Estudié Derecho porque quería justicia —cuenta—. Y Natty hace justicia todos los días. No hay huecos en lo que ella propone. Yo a esta mina le creo.

La historia de Mónica es parecida. Comerciante, bahiense, anda por los 45 años y lleva 18 con Natty:

—Hago esto por amor. Fui una vez a llevar cosas al Hogar del Peregrino, me invitaron a entrar y ya no pude irme.

Entre Los del Camino hay 2 porteños que se prenden seguido: Angélica, una instrumentadora quirúrgica del Hospital de Niños encantada con la recompensa espiritual, y Marcos, un fotógrafo y camarógrafo que se enteró por un amigo que había visto a Natty en la televisión.

Y se trata de una cruzada internacional, porque se suman Tom y Susan, una pareja de suizos con plata y tiempo suficientes para viajar una vez al año y quedarse a trabajar un puñado de días en un sitio perdido y olvidado de Sudamérica, donde hace un calor inapelable y la electricidad huye si mirás fijo los cables; donde no hay agua, ni baño, ni internet, ni muchas esperanzas.

—Es como un spa—dice Tom, mientras se afeita sentado en un tronco seco y relojeando la aridez de nunca acabar.

Cuenta Juan Francisco, el hijo de Natty, que los lugareños no le dicen desierto al desierto. Para ellos es el campo. “Está lindo hoy el campo”, dicen. Y mirás alrededor y no ves ni una lagartija que se le anime a la tarde en ebullición.

Una vez, los chicos que van a la escuela-albergue de esta zona visitaron las Cataratas del Iguazú. Y uno le dijo a la maestra:

—Uf, seño, me pudre tanto verde…

Acá, en el verano hace 45 grados y sentís 60. En el invierno tenés 15 bajo cero, tranquilo. Y desde fines de junio hasta septiembre el viento Zonda te arruina: viene del noroeste y nace húmedo en el Pacífico, pero la humedad se atasca en los Andes y baja como un latigazo, por ahí a 90 kilómetros por hora, y no te deja respirar, te cambia la presión arterial, te parte la cabeza.

—Por año hay entre 5 y 10 fenómenos —dice Gerardo Vaquer, 35 años, director de Ambiente del Departamento de Lavalle—. Pero cómo serán, que los paisanos dicen: “Pasando agosto, un año más de vida”.

Para alguien nacido y criado en la ciudad, nadie en su sano juicio podría mudarse voluntariamente a este desierto. Pero el nacido y criado en el desierto dice:

—En la ciudá no somos nada. Estamos acorraláos sin corral. Pa’qué vamos dir. Acá somos dueños de la luz y del aire y del silencio.

Los últimos indios huarpes desaparecieron en silencio, a mediados del siglo XVIII, cuando esto no era tan desierto como es ahora. Porque acá una vez hubo agua. Marcos, el fotógrafo, supone que TODO era agua: el desierto como el fondo de un mar evaporado.

Lo cierto es que este pedazo de Mendoza formó la parte sur del imperio incaico. Hay un lugar que se llama Laguna del Rosario, pero primero se llamó Guanacache o Huanacache: “Gente que admira el agua que baja”, para los incas.

La actividad principal de los huarpes era la pesca. Se metían en la laguna con una calabaza en la cabeza y se acercaban a los patos sigilosamente, hasta que agarraban uno del cogote y lo ahogaban.

Pero la laguna ya no existe. No hay nada de agua que baje para admirar. Ni patos ni calabazas.

Hasta el río Mendoza se secó. Y el puente sobre la ruta 142 (Natty dice que lo construyó el exgobernador José Octavio Bordón porque ella lo pidió) cruza tremendas olas de arena irreverente.

Encima, si excavás sale agua de mala calidad por la salinidad de los suelos…

Igual, el Departamento General de Irrigación de Mendoza acaba de informar que los principales ríos ya duplicaron el promedio histórico de caudal y llevan más agua de la que necesita toda la provincia.

Eso no significa que el agua llegue al pobre desierto. Significa que este año los ricos viñedos no esperan turno de riego. Y significa que a veces los promedios disfrazan barbaridades.

También significa que si la Municipalidad no trajera de vez en cuando un camión con agua, no habría ni para lavarse los dientes (en el caso de que uno los tuviera). Porque con la lluvia no alcanza. Y menos si cae piedra sin llover.

El gobierno de Mendoza gastará esta temporada unos 8 millones de pesos para evitar que el granizo afecte las uvitas.

Por supuesto: la provincia es la quinta zona productora de vino en el mundo. Tiene 682 vinerías y 143.765 hectáreas de viñedos (casi el 70% de lo cultivado en el país). Y concentra el 90% de las exportaciones argentinas de vino: en 2005 anda en los 1.000 millones de dólares.

Por esas cosas, hace poco se convirtió en la octava Gran Capital Mundial del Vino, una glamorosa lista que integran Melbourne (Australia), Porto (Portugal), Bilbao y Rioja (España), Florencia (Italia), San Francisco y Napa Valley (Estados Unidos), Bordeaux (Francia) y Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Entonces ocurre que en pleno noviembre estás una mañana en el desierto y ves pasar unos aviones y al rato graniza y Natty Petrosino te dice:

—El negocio de emborrachar gente mueve fortunas.

Y te enterás de que el gobierno mendocino compró 4 aviones Piper y contrató 20 pilotos que volarán 600 horas y lanzarán 800 kilos de yoduro de plata a las nubes para que se vayan con sus piedras a otra parte.

 Y las piedras vienen al desierto.

—La lucha antigranizo es un emblema provincial por los intereses que hay detrás —cuenta Gerardo Vaquer, el funcionario de Ambiente—. Si 600 puesteros del desierto se quejan, no pasa nada.

Natty truena: dice que esto no puede ser y que si es necesario, ella hablará con la Organización de Estados Americanos y con las Naciones Unidas para que el gobierno busque una alternativa. Porque esto no es normal, no.

—¡¿Tormentas eléctricas en el desierto en esta época?! ¡Qué va a ser normal! —dice Gerardo—. Las estadísticas del Servicio Meteorológico Provincial muestran que esta es una zona extremadamente seca: caen entre 100 y 120 milímetros por año. Una lluvia en noviembre es algo muy raro… Sin embargo, ya llovió 2 días seguidos y fijate las nubes que traen los aviones: dan miedo.

Irene no teme. Las piedras de ayer le mataron uno de sus pocos pollos, pero ella está tan acostumbrada a las fatalidades que ahora observa despreocupada, fijamente esas dunas goteadas por la lluvia y barnizadas por el sol. Como si quisiera chupar el paisaje.

Irene es la mayor de los 11 hijos que sobrevivieron en los múltiples partos de Julia Mayorga. Con ellas 2, Natty inauguró las primeras construcciones de material en el desierto mendocino.

La tarea ocupó todo el invierno de 2002, con 15 grados bajo cero que te hacían despertar con un cubito en la nariz. Y sobre un terreno separado de la ruta por 4.000 metros de médanos imposibles.

Irene casi se pierde el acontecimiento histórico: en junio la picó una araña viuda negra, pero entonces sucedió, dice Natty, uno de los tantos milagros del Señor. Y de la tecnología.

Mientras Marcos pisaba el acelerador para devorarse cuanto antes los 80 kilómetros hasta el hospital de Lavalle, Natty llamaba para que prepararan el suero desde esa maravilla de la modernidad denominada teléfono satelital.

Irene se salvó y ahora también hunde la mirada en esa ternura morena de trenzas larguísimas, Alejandra, su primera hija, que nació con la casa nueva y se enchastra la cara comiendo las galletitas surtidas que le trajo Natty.

Natty dice que ya levantó más de 1.000 casas en todo el país, siempre para los sin techo (o los que tienen el techo atado con alambre). Y siempre con recursos divinos: Dios provee.

Pero no acepta cualquier donación. Hace unos meses, un empresario petrolero ofreció depositarle 500.000 pesos por mes a cambio de una factura o algo que permitiera justificar el gasto. Para eso, Natty debería constituir una fundación con personería jurídica. Y no quiere saber nada: la caridad tiene valor agregado, aunque no descarga impuestos.

Como sea, los obreros que participan en las construcciones se llevan su plata. Entre 200 y 550 pesos semanales, según la responsabilidad y el tiempo.

—Que aprendan a trabajar y a ganarse el pan —dice Natty—. Esto no es limosna.

Sí es un esfuerzo demoledor, del alba al ocaso, sin francos. Y en 15 o 20 días te hacen una casa, tipo chalé, enfocada al sol matinal, antisísmica, de 20 metros cuadrados, con techos acanalados y en declive para que juntes alguito de agua cuando al cielo se le ocurre lagrimear.

—No podemos dejar que a esta gente se la coman las vinchucas y sufran el calor y el frío —dice Natty—. Podemos darle un poco de comodidad.

A Isidoro Villegas le dicen “Lingo”, tiene 4 varones y acusa 56 años pero, como la mayoría por acá, parece bastante más: o tardaron 2 lustros en anotarlo o el desierto también erosiona las caras.

“Lingo” funciona como jefe de obra, con tal entusiasmo que la UOCRA haría muy bien en contratarlo para filmar un institucional de promoción.

—Este es un sueño muy mucho grande —dice, mientras se quita el gorro y ahuyenta moscas y polvillo—. Gracias a Natty tengo mi casita. Es como en la ciudá, mire.

Y mirás y el desierto te sopapea.

“Lingo” lo quiere mucho. Probó en varios lugares, pero volvió: esta es su tierra, es todo, es la Pacha.

—No pienso salirme más a ningún lado. Si estoy viviendo un sueño, mire… Para qué salir.

A Natty se le sale el malhumor. Se agarra la cabeza:

—¿Por qué hacen eso? —dice.

Eso a lo que se refiere es el movimiento que lucha por la cesión de estas tierras a sus pobladores. Existe una ley provincial, la 6.920, que impulsa la cuestión.

—¿Para qué necesitan un título de propiedad si están desde hace 500 años? —Vuelve a agarrarse la cabeza—. ¿Quién querría vivir acá, por el amor de Dios?

Más o menos 4.000 personas viven en este desierto. Muy pocas conocen otra cosa. La mayoría asume ascendencia huarpe: hay etnia, pero no pureza.

O sea que ya nadie ruega ni teme a Hunuc Huar, la divinidad mayor para los antiguos. Los de ahora se saben el Padrenuestro como el Padrenuestro.

Tampoco abundan quienes hagan aloja, una bebida alcohólica a base de las chauchas de algarrobo. En cambio, las mujeres suelen preparar el pan llamado patay con las semillas de esa misma especie.

Acá también llegaron los 150 pesos de los planes Jefas y Jefes de Hogar. Pero el ingreso común proviene de la cría de chivos y de la venta de su bosta (el guano) como abono. Casi siempre se encargan las mujeres, que cada día caminan muchos kilómetros para que los animales encuentren un poco de pastura.

Natty ha pensado por qué no se trata de insertar a los habitantes del desierto en otros sitios:

—¿Cómo los vas a sacar de acá? —dice—. En las ciudades terminan en una villa miseria, ellas como prostitutas y ellos, desempleados.

Y acá en el desierto juegan al fútbol a la luz de la luna más grande del mundo.

El campamento de Natty incluye una cocina de 3 por 3 hecha de troncos y redes, 3 carpas para 2 personas y 2 pequeñas casas rodantes bastante destartaladas.

También hay una camioneta 4×4 Nissan modelo 2005, donada por varios benefactores europeos. De eso se encargan Tom y Susan, difusores de la obra y recolectores de fondos. Ya retirados, viven holgadamente entre Zúrich y las montañas suizas.

Susan andaba buscando algo que hacer con su vida cuando supo sobre Natty por una vecina de la que no conocía ni el nombre. Desde entonces vino 10 veces al país y allá funciona como vocera: dice que le fluyen las palabras como si alguien le dictara.

Tom la siguió. Experto en el manejo de dinero, juega bastante bien al golf (acredita 13 de hándicap) y comentó en su club la misión de Natty. Enseguida juntó como 100 kilos de ropa entre gorras, pulóveres, chombas y remeras.

Ahora, arregladita-para-el-Señor, Susan le pasa la brocha a una ventana. Y Tom clava cajones de manzanas que se transformarán en placares.

La abuelita Benita saca de los placares nuevos un pan dulce y lo abre despacio, prolija, cariñosamente, con esas manos robustas de arrugas y venas.

—¡Esta es la verdadera comunión! —grita Natty.

La abuelita Benita también destapa una Coca: quiere festejar la inauguración de su casa.

—Nadie la merecía más que ella —dice Natty.

—Pura zalamera —responde una voz casi inaudible.

La abuelita Benita tiene 75 años y siempre vivió en un rancho de olor musculoso, apenas iluminado por los espadazos de luz solar que quebraban las paredes de barro. Nunca sola: la acompañaban lauchas, víboras, hormigas, moscas, vinchucas. Y el perro “Ñoño”, hasta que lo asesinó una culebra.

Y un tiempo la acompañó un hombre, que era su hombre, el padre de los 3 hijos que se le murieron. Pero cuando la abuelita Benita dijo basta, se acabó, no más sufrimiento, no más hijos porque se me mueren, no más sexo, el hombre le empezó a pegar. Y le pegó hasta que un día se cansó y se fue para siempre.

—Pura zalamera, nomás. Linda es la casa. Voy a dejar de sufrir muy mucho los fríos —susurra la abuelita Benita. Y para rezar con su boca ayuna de dientes se saca el pañuelo agujereado de la cabeza y quedan a la vista los pocos hilos plateados que le quedan. Con suerte llega al metro y medio. Y a los 40 kilos. Usa un pantalón de gimnasia jubilado y zapatillas remendadas. Y sus ojos, se ve, han visto demasiado sufrimiento.

—Es como un ángel —dice Susan.

Blanca y Zulema le ayudan en la mudanza del rancho a la casa. Ya acomodaron los roperos de cajones que pintó Tom, 2 baúles de cuando nos invadieron los ingleses, una cama de hierro carcomido, 2 sillas diminutas y la mesa con las migas del pan dulce que ahora la abuelita Benita junta y come para ordenar todo muy mucho.

Natty se echa un toque del perfume Christian Dior que le regaló Juan Francisco para su cumpleaños y encabeza a Los del Camino en la peregrinación por el desierto.

Pidiendo permiso, en un arbusto tímido aparece una flor amarilla del tamaño de una uña.

—Santa Clara nos llena de flores el camino —dice Natty. Y Zulema llora: sintió que la tocó el espíritu de Dios. Entonces el grupo reza y canta Aleluya.

Después, cuando enfilan hacia el sol de la tarde pegajosa, todos entonan un bolero de Armando Manzanero con la letra adaptada: el amado es Jesús.

Natty elige la sombra casi nula de un algarrobo, se acomoda el delantal marrón, se libera de los zapatos manchados de pintura y se sienta sobre la tierra. Los demás la rodean: saben que vendrán algunas enseñanzas.

Cuando habla (lo cual sucede permanentemente), Natty hipnotiza:

—Está todo manejado milimétricamente desde arriba. Nunca soy yo la que habla. Él me dice qué decir. Lo mío no tiene que ver con nada de este mundo.

Natty dice que los milagros son de Jesús, mientras dibuja en la tierra con una rama.

—Si evolucionás en el buen camino, después no tenés deuda. Eso sí: los hombres buscan El Camino, pero hay muchos caminos y no muchos eligen el correcto. Todo queda registrado en la compiuter de Dios. No se le escapa una.

¡Dios! Por qué por qué por qué por qué por qué por qué. ¿Te dormiste? Pobre “Mingo”, Dios, pobrecito.

La mujer le dio a “Mingo” 2 hijos y no dio más, se murió en el segundo parto como de pena. Primero fue María Victoria, la “Piqui”, y después Abelito. Los 2 nacieron deformes: la cabeza descomunal y los ojos vacíos. Dos monstruitos ciegos.

Natty recuerda que “Mingo” crió solo a los monstruitos, con un cariño que no cabía en este planeta. Y no quiso prestárselos a 2 médicos norteamericanos que querían estudiar sus casos tan terribles.

—Yo me los llevo así los cuidan. ¿Querés, “Mingo”? —le dijo Natty.

—En algún momento.

Cuando Abelito se murió a los 6 años por mal de Chagas, “Mingo” se quebró:

—Llevesé a la “Piqui”, hermana.

La policía tuvo que ir al desierto para certificar la cesión. El patrullero se quedó en la ruta, mientras “Mingo” recorría los 4 kilómetros de médanos con la “Piqui” en brazos.

—¿Alguna indicación, “Mingo”?

—No, hermanita. Usté sabe.

“Mingo” no quiso ver cómo se le iba la “Piqui”. Firmó los papeles, dio media vuelta y se metió en el desierto para que se lo tragara; erguido, firme por fuera pero por dentro destartalado, el corazón estropeado.

La “Piqui” falleció 5 años después en Bahía. Hicieron lo que pudieron. Natty le preguntó a “Mingo” si quería que le llevaran el cuerpo.

—No, hermanita. Gracias. Gracias nomás.

 Natty, que ya lo vio todo, dice:

—Nunca lloré tanto en mi vida. Me lloraba el alma.

“Chela” sacó del coma el alma de “Mingo”: se fue al rancho con él y le parió 4 chicos para que tenga. Los 4 están recién peinaditos porque los papás vieron a lo lejos que venían visitas.

La familia sabe que ahora le toca el turno a su casa. En una especie de galería hecha con troncos y un entretejido de ramas, Natty dice que el techo será de chapa y no de cartón, para aprovechar el agua de lluvia.

Las moscas recorren el bigote mexicano de “Mingo” cuando contesta:

—El asunto es que sea durable. Usté verá cómo queda mejor.

Susan reparte algo de la ropa que Tom recolectó en el club de golf y “Mingo” se calza una gorra azul del banco Credit Suisse.

Es un anticipo: la familia celebrará la próxima Navidad en un hogar nuevo. Gracias a Natty y a su obra que en el desierto despertó, a Dios, gracias.

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Especiales

🥳 El año de 8000: lo que hicimos y lo que vamos a hacer

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Acá reflejamos qué pasa la semana del primer aniversario.

🥳 Nuestro año 1

Por Abel Escudero Zadrayec / Director de 8000

Arrancamos en uno de los momentos más jodidos de la historia argentina. De hecho, ni siquiera pudimos abrazarnos para festejar el nacimiento: estábamos guardados, cada uno en su casa, zoomeando penas.

Por entonces llevábamos 226 días de aislamiento y en Bahía Blanca habían muerto 181 personas por coronavirus. Los precios y el dólar volaban. Maradona acababa de cumplir 60 años.

Hoy de cuarentena no queda casi nada y acá murieron 894 personas. Los precios y el dólar siguen volando. Y Maradona ya no está.

El balance de este primer año (pandémico, electoral, inflacionario: terrible terrible terrible) tiene para 8000 el sabor de una gran alegría un cachito amarga.

Crecimos bastante y te menciono apenas 3 hitos:

  • con el newsletter llegamos de lunes a viernes a unas 25.000 casillas de correo y se consolida una comunidad con vos en el centro de todo: una comunidad que nos banca con aportes económicos, periodísticos y hasta emocionales;
  • abrimos el modelo de 8000 en universidades y para colegas del país y el resto de Latinoamérica, y afuera destacaron nuestro laburo (por ejemplo, el Laboratorio de Periodismo Luca de Tena de España o el Laboratorio de Periodismo Innovador de la Fundación Gabo de Colombia);
  • ganamos el lugar en un programa de desarrollo, donde nuestra compañera Ana Paula Valacco anda puliendo la sostenibilidad de 8000, mientras cursa una maestría en el Reino Unido.

Creeme que no es nada fácil sostener un nivel: es altísimo el costo de la obsesión por la calidad. Y encima, el inconformismo: para qué te cuento. Pero ni te cuento cuánto vale la pena. Todo.

Si la gran alegría resulta un cachito amarga es justamente porque el contexto sigue siendo terrible terrible terrible, en una ciudad aplastada, en un país devastado.

En este primer año de vida no aceptamos guita pública de ningún tipo. Tampoco salimos a buscar publicidad, ni metimos fondos internacionales, ni nos recostamos en inversores.

Hasta ahora, sólo te pedimos una mano a vos. El mensaje es: si te gusta lo que hacemos, si te sirve, si te parece necesaria una propuesta periodística distinta para nuestra Bahía Blanca, si podés, por favor bancanos.

Quisimos ver si nos daba para consolidarnos sin anabólicos raros, sin socios impresentables, sin atajos berretas, sin trampas pavotas; sin ceder ni un principio ni un valor.

Y nos dio: acá estamos.

Pero somos ambiciosos y queremos continuar creciendo. Y para eso, necesitamos más recursos.

Ojalá tuviéramos apoyo económico masivo de nuestra audiencia; ojalá dependiéramos sólo de vos. Por ahora, es un sueño hermoso. Igual estás a tiempo de darnos una mano, eh:

Mientras tanto, nos planteamos explorar otras avenidas de financiamiento: un poco de publicidad (sin ser invasivos), alguna alianza de producción, subvenciones internacionales, más donaciones. Pero sosteniendo 100% nuestra independencia, por supuesto.

Mañana Ana Paula te lo explica mejor: siempre te vas a enterar de qué hacemos y por qué, e incluso te consultamos y te escuchamos. Creemos en armar, juntos, el mejor medio posible.

Estamos para aportarle a Bahía Blanca el periodismo que le falta, necesita y merece: un periodismo confiable, honesto, digno, profesional, original, útil, independiente, ético, RELEVANTE.

Y en eso estamos. Gracias a vos.


🍻 Los 10 invitados de nuestra audiencia al #beerstorming cumpleañero del martes 2 de noviembre: Virginia Ringma, Fernanda Berón, Claudia Rodríguez, Patricia Paoletti, Carolina Tejada, Alejandro Armendáriz, Diego García, Rubén García, Cosme Salustro Federico Pérez.

¡Felicitaciones! Y salud.


MARTES

🙌 Seamos cómplices del medio que queremos

Por Ana Paula Valacco / Gerenta de Desarrollo de 8000

En los últimos años, hacer periodismo independiente se dificultó cada vez más en toda Latinoamérica. En Bahía, además, tenemos antecedentes por lo menos “complejos” en cuanto a la separación entre los medios y el poder.

Quienes me conocen saben que hay muchas cosas que me apasionan en la vida, pero una de las que más me importa es el periodismo independiente y honesto con su audiencia. Un periodismo que cumple su misión de comunicar con rigurosidad y acercar la información que la gente necesita para tomar sus decisiones con autonomía. Y para tener esto en mi ciudad, que siempre pensé que lo necesitaba y mucho, me sumé a 8000.

Puede sonar a idealismo aparecer con un proyecto así en un contexto como el actual, pero estoy convencida de que se puede hacer periodismo relevante y ser, a la vez, económicamente viable. ¿Es fácil? Puf, no. Pero estamos trabajando para lograrlo.

Por eso, por un lado, crucé el Atlántico para hacer una maestría en Periodismo en una universidad que se destaca por la investigación en modelos de negocios para medios hiperlocales: justamente uno de los desafíos que tienen emprendimientos como el nuestro. Por el otro, como ya te dijimos, nos venimos capacitando con una selección de medios de todo el país a fin de aprovechar las mejores oportunidades para crecer y desarrollarnos.

En esta búsqueda por hacer un periodismo de calidad para Bahía habrás notado que somos un poco insistentes en pedir tu apoyo con lo que puedas, como un cafecito o algún aporte a tu medida vía Mercado Pago. O que te invitamos a compartir 8000con quienes pueda interesarle, así hacemos correr la voz.

¿Por qué?

Porque apelamos a la diversificación de fondos para mantener la independencia. O sea: cuantas más personas nos banquen, aunque sea un poquito, más independientes somos porque no le debemos nuestra supervivencia a nadie en particular. Y en este camino, nos gustaría aliarnos con todos los interesados en apoyar una propuesta como 8000.

Si creés que nuestra idea vale la pena, acompañanos, recomendanos y si podés, auspicianos. Tenés la posibilidad de que tu nombre o el de tu marca se asocien con un proyecto que se aferra a los mejores valores y principios del periodismo profesional e innovador. Nosotros prometemos escucharte para armar, entre todos, el medio que queremos para Bahía.

Gracias por estar del otro lado, y chin chin por este primer año juntos.


MIÉRCOLES

🍻 #Beerstorming aniversario

El martes 2 de noviembre de 2021 cumplimos 1 año y en “Berlina” nos juntamos con los ganadores del sorteo e invitados especiales para nuestro clásico #beerstorming: para tomar unas cervezas y conocernos, charlarnos, discutirnos: nos reímos mucho, la pasamos bárbaro, brindamos por todos.🍻

Y seguramente lo vamos a repetir: así seguimos construyendo, juntos, el medio que queremos para nuestra Bahía.


JUEVES

😍 Nuevo hogar, mismo corazón

Por Mauro Decker Díaz / Gerente de Producto de 8000

Un sitio web es la “casa central” de todo medio digital, más allá de que hoy el producto principal de 8000 sea este newsletter que te llega todas las mañanas, de lunes a viernes.

Para nuestro primer cumpleaños, nos aliamos con los amigos de Tres Barbas para pensar y crear un nuevo hogar para 8000: un hogar que resalte aún más sus aportes de valor.

La plataforma que estrenamos es más amigable con los celulares (el principal dispositivo para el consumo informativo) y mucho más ordenada, por lo que encontrar uno de nuestros especiales o navegar en los envíos cotidianos resulta de lo más simple.

El cambio no es sólo estético: es la base desde la herramienta para albergar otros desarrollos que ya vendrán. Para servir a los bahienses.

Justamente…

🎧 Por este aniversario, ¡el viernes 5 de noviembre de 2021 lanzamos un producto nuevo!

Se trata de otro servicio gratuito, ahora en audio: cada viernes a la mañana, en unos pocos minutos vas a tener un resumen de la semana informativa bahiense. Como un minipódcast (?)

Con el estilo 8000 y la tremenda voz de Agustina Ariasnuestra doctora del rap y flamante joven sobresaliente: locutora nacional, cantante, lingüista, docente. Lu-ja-zo.

Ojalá te sea útil.

Y además…

🥁 Un cachito de autobombo: los Laboratorios de Periodismo Innovador de la Fundación Gabo (un espacio muy relevante que se dedica a analizar iniciativas periodísticas en las Américas) acaba de sacar un extenso artículo de César López Linares con 3 ejemplos:

  • el New York Times de los Estados Unidos,
  • Telokwento de México y…
  • ¡8000 DE BAHÍA BLANCA, ARGENTINA!

Esto nos llena de energías: lo tomamos como un gran regalo de cumpleaños y necesitamos compartirlo con vos.


VIERNES

😍 Arriba el cierre

Bueno, cerramos nuestra intensa semana aniversario. Y cerramos intensamente: más arriba, imposible.

👉 Virginia Ringma y Alejandro Armendáriz vienen bancando este proyecto (económica y emocionalmente) desde hace varios meses. El martes estuvieron en nuestro #beerstorming cumpleañero: nos juntamos varios para tomar cerveza y conocernos y charlarnos y pensarnos, con la idea de hacer el mejor 8000 posible. Y ambos nos regalaron unas palabras hermosas:

“Me es muy cómodo llegar a mi oficina a las 7:30 y tener el panorama general de las noticias de Bahía al toque. No hay drama en utilizar info de otros medios y tienen su línea: eso se nota y está bueno… una forma ágil y moderna de hacer periodismo. En fin, es un #OrgulloBahiense. Así que se condice colaborar con un proyecto cuando es bueno y sobre todo, independiente. ¡A seguir! Felicidades”, dice Ale.

“Cada mañana, lo primero que hago es preparar el mate, me lo llevo a la cama y leo 8000. Y me entero de todo: es breve y completo, me ayuda a no perder el tiempo; me gusta cuando aparecen los editoriales y, por supuesto, chapeau por la escritura… Me encanta y lo valoro enormemente, porque sé el esfuerzo y el profesionalismo que requiere. Para mí, es un honor formar parte del primer año de 8000, dice Vicky.

¡Gracias por tanto, Vicky y Ale!

👉 Como te anticipamosestrenamos un producto. En la mañana del viernes 5 de noviembre de 2021 nace otro servicio gratuito, ahora en audio: en pocos minutos tenés un resumen de la semana informativa bahiense.

Con el estilo 8000 y la tremenda voz de Agustina Arias.

🎙🎙🎙 ACÁ LO TENÉS: fijate y después nos contás.

👉 Dijimos “más arriba, imposible”. Y somos periodistas profesionales, no mentimos. Tomá para vos:

A continuación, vamos a transcribir esas palabras, para la posteridad: “Hola a todos, soy Manu Ginóbili y leo 8000 porque me conecta con mi ciudad, con las noticias de lo que sucede en mi casa, de una manera rápida, informal, fácil de leer y de digerir, pero a la vez con los recursos necesarios para profundizar si así lo querés. Lo hago desde hace unos 9 meses y pienso seguir haciéndolo”.

¡Gracias, Manu! #OrgulloBahiense

Estamos en éxtasis total. 🥰🥰🥰


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Especiales

“Fito” García, unas lágrimas y el ascenso que Olimpo perdió por una moneda

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Por Rubén García / Especial para 8000 (*)

Mi papá no lloraba.

No lloraba mucho.

Bueno: eso creo.

Una vez llegué de jugar a la pelota en el patio del colegio Don Bosco y él estaba sentado a la mesa con mi mamá. En la mesa siempre había una frutera, y esta vez también había un papel: era un telegrama de despido.

Papá e hijo en el Parque de Mayo. Fotos: gentileza Rubén García.

Hacía un montón de años que mi papá trabajaba en Canale como representante comercial. Viajante, bah: recorría el sur a bordo de un Renault 12, con temperaturas bajo cero y caminos intransitables, visitando lugares casi de ficción como Comandante Luis Piedrabuena o Gobernador Gregores.

La empresa sospechó algo y mandó al mejor amigo de mi papá a verificar si en sus viajes llevaba otros rubros. Y el mejor amigo detectó que sí, que llevaba. Y lo informó a la empresa. Y a mi papá lo echaron.

Hasta el día de la muerte de mi papá, ese siguió siendo su mejor amigo. Y fue de fierro. Siempre entendí que no tuvo opción. Creo que mi papá supo lo mismo.

Mi papá se llamaba Adolfo, pero todo el mundo lo conocía como “Fito”.

“Fito” fue capitán de Olimpo durante 14 años: un defensor central aguerrido, poco dúctil con la pelota y casi nula llegada al gol.

El primero desde la izquierda, arriba: el capitán “Fito”.

Y “Fito” fue protagonista estelar de una de las historias más insólitas de nuestro fútbol y sus alrededores: el día que Olimpo se quedó sin nada por una moneda.

Sucedió en 1969.

El aurinegro quería subir al Nacional y disputaba un mano a mano contra Sportivo Desamparados de San Juan. El 10 de agosto empataron 0-0 allá y una semana después, hace hoy 52 años, terminaron 2-2 acá.

No había suplementario, entonces fueron derecho a los penales. En esos años un mismo jugador pateaba 3 tiros por equipo. Ángel Vega convirtió todos para los sanjuaninos y “Tato” Zapata para Olimpo. ¿Y entonces?

“Fito” me había contado que en los torneos locales hubo un tiempo en el que si todo estaba igualado, daban ganador al que tenía más córners a favor. Y decía que un pícaro “Bicho” Mosconi, habilidoso 10, se llevaba la pelota a las esquinas cuando veía venir el empate: así fabricaba algún córner, por las dudas.

Pero en este caso contra Desamparados no había córner que valga. Y se jugaba el ascenso al Nacional, tantas veces negado.

Si había empate, había 3 penales. Y si había empate en los penales, había moneda.

Sí, se definía tirando una moneda al aire. Ni un bolillero, ni bolas frías y calientes: ¡UNA MONEDA!

La decisión de cara o ceca recaía sobre el capitán. Ya dije quién era el capitán de Olimpo, ¿no?

“La tristeza…”

Por supuesto, cuando mirábamos los recortes y fotos en ese hermoso álbum que Sonia, mi mamá, le fue armando durante su carrera, yo le preguntaba:

—¿Por qué elegiste cara?

“Fito” siempre me evadía la respuesta o simplemente decía que no había elegido cara, que no recordaba, que habían merecido mejor suerte en los 90 minutos o que Vega estuvo cerca de pifiar el primer penal.

La leyenda cuenta que cuando la moneda estaba cayendo los jugadores de Desamparados empezaron a festejar. Que hubo algo de confusión y los sanjuaninos subieron al Nacional.

“Fito” no recordaba eso. “Fito” decidió borrar. “Fito” aparecía en un recorte del diario apesadumbrado, con la rodilla sangrando. “Fito” negaba estar llorando.

Sonia dice que sí. Aunque Sonia no estaba ahí. Sonia es así.

Mi papá llorando en un recorte de diario. Mi papá llorando frente a un telegrama de despido.

Bueno: eso creo.

“Fito” y “Tecito”, en Bariloche.

(*) Rubén García, también conocido como “Tecito”, es el actual director municipal de Arte Emergente y Actividades Culturales en Espacios Públicos (sic), cargo para el cual largó el periodismo por un rato.


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Especiales

Aguante Bahía Blanca: hace 1 año nos quedamos con toda La Plata

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Por Oliver Galak / Especial para 8000 (*)

Para ubicarnos en contexto: hace 1 año estábamos todavía en pleno aislamiento social, buscando tareas que nos entretengan sin salir de casa, haciendo todo tipo de encuestas absurdas en Twitter, debatiendo si el 0 es par y en pleno auge del documental de Michael Jordan.

Aburrimiento, incertidumbre, ansiedades y hasta un toque de agresividad se mezclaban en el reducido espacio en el que cada quien transitaba su cuarentena.

En medio de ese polvorín, Sebastián Campanario (periodista, economista, especialista en innovación, buen tipo aunque platense) encendió una chispa que terminaría por desatar una competencia tan ridícula como emocionante: “Vamos con la única encuesta que importa”, escribió a las 22:11 del miércoles 20 de mayo de 2020. Y le dio a la tuitósfera 24 horas para votar entre La Plata y Bahía Blanca.

Corresponde aquí que confiese que Seba me tiene (¿tenía?) de hijo desde hacía 10 años, cuando me relegó al segundo puesto en una trivia para periodistas y se quedó con un viaje a Francia. Él metía en Clarín mejores notas que las que yo hacía para La Nación, me aconsejó que tomara un trabajo en el que sólo duré 6 meses… hasta su hijo puede resolver el Rubik en 17 segundos y el mío lo hace en 42.

Por eso, cuando lanzó la encuesta, pensé: “Otra vez sopa”.

Gran parte de sus amigos y colegas (y, suponemos, también sus seguidores) son de la Ciudad de las Diagonales, un conglomerado que más que duplica en habitantes a Bahía.

Por si hacía falta inclinar aún más la cancha, “La Plata” fue colocada en primer lugar, un sitial que naturalmente atrae más clics que el resto de las opciones en cualquier encuesta.

A nadie sorprendió cuando en las primeras horas, con un par de miles de votos escrutados, la capital bonaerense se colocó 10 puntos arriba en las preferencias de los participantes.

“Me dicen que @GonzaloRMDT @lasilverii @OliverGalak @sebabortnik @leonardovalente se retiran segundos antes de que termine la encuesta para no saludar al rival, como los Pistons”, canchereaba Campanario apenas pasado el mediodía siguiente, etiquetando a algunos de los tuiteros bahienses más comprometidos con la causa.

El guiño a los rivales de los Bulls que tan bien retrató The Last Dance volvería horas después, pero con los equipos cambiados.

A la tarde la cosa empezó a ponerse picante. La cantidad de votos ya tenía 5 cifras y la diferencia tendía a achicarse.

Ambos bandos etiquetaban a sus figuras más conocidas con la esperanza de volcar la balanza. Así, mientras nosotros buscábamos llamar la atención de Manu Ginóbili, ellos pedían el apoyo de… eh…, cómo era, este…, bueno, no recuerdo bien de quién, pero me parece que no era alguien con 4 anillos de la NBA. Me parece.

La hora, referí”, pidió el economista Martín Tetaz al vislumbrar que el triunfo platense no estaba asegurado. Faltaban todavía 6 horas para el pitazo final.

A eso de las 18:30 el marcador ya mostraba un cerrado 51 a 49 para los anfitriones de la burocracia provincial. La diferencia se acortaba, pero cada vez hacían falta más votos para mover 1 punto porcentual. Y los minutos se consumían…

Faltando hora y media, la pizarra mostraba un angustiante 50,1 contra 49,9. Eran sólo 30 votos los que se necesitaban para que la Capital del Básquetbol, del Viento y del Sur Argentino se hiciera con la punta. Pero todos los tuiteros bahienses que conocíamos ya habían votado. Parecía que no nos quedaba resto para remontar esa exigua, pero definitoria, diferencia.

A menos de 1 hora para el cierre, La Plata consiguió unas décimas más que le dan un poco de aire.

En casas cuya dirección no conoce caracteres que no sean numéricos ya había quien sacaba el champán de la heladera.

Pero nada está dicho hasta que todo está dicho. 50 a 50 redondo decía el marcador faltando 44 minutos para la chicharra.

¿Cuántos infartos se pueden producir en 44 minutos?

El milagro era posible. La elección se disputaba voto a voto y los punteros no escatimaban esfuerzos. ¿Hubo quien le sacó una cuenta de Twitter a su abuela para incidir en la encuesta? Habladurías.

El desenlace ya es historia gloriosa: La Plata no pudo aguantar la presión y fue una fiesta bahiense. De los 11.508 participantes de la encuesta, 50,6% votaron por nuestra ciudad y el resto por la urbe que nos dio a Bilardo, las pollajerías y a mis 2 hermosos sobrinos.

Sebastián rápidamente se plegó al carro vencedor y recalibró su comparación con la NBA noventista: el equipo Bahía ya no remitía a los Bad Boys de Detroit, sino que pasó a ser heredero natural de la generación Jordan.

Desde entonces, un par de tuiteros colocaron en su bio la frase definitiva: “Vencí a La Plata el 21/05/2020” .

Y así fue cómo sumamos otro mojón a la larga épica del #OrgulloBahiense.

(*) Oliver Galak es bahiense y como periodista trabajó en La Nación y otros medios. Actualmente es director de Comunicación de la Embajada Británica.


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