Por Maximiliano Buss / Especial para 8000 (*)

Cuando el sol lo despabila, Faisal Malak abre la ventana de su casa y mira el Mar Mediterráneo.

—Escucho los buques y recuerdo a Bahía. Cada mañana, todos los días. Pero no me dejan llegar al mar. Y lucho por eso.

Está en Tulkarem, una ciudad palestina de Cisjordania, a 10 kilómetros de esa costa inaccesible.

—Mis abuelos iban a pescar antes de que los israelíes nos invadieran en 1948. Yo tengo 45 años y nunca fui a la playa en Palestina. Mis hijos no conocen el mar. Todos los días me piden ir. Todos los días vemos el mar, pero no podemos llegar porque somos palestinos. En nuestra propia tierra. ¿Te imaginás? 

Faisal cuenta que vio de cerca el mar recién en 2002: cuando llegó a Bahía. 

—Por eso amo a los argentinos.

Y él es uno, ya que adoptó la nacionalidad en nuestra ciudad, antes de volver a Palestina en 2014.

Ahora vive en una casa que levantó con su esposa y tienen 2 hijas de 8 y 6 años y un hijo de 5.

Extraño mucho la libertad de Bahía. La vida en Palestina es difícil. 

Tulkarem quedó rodeada por un muro después de la última rebelión de los palestinos contra Israel.

—Soy ingeniero electricista y cada vez que voy a mi trabajo, en Ramala, tengo que pasar 4 puestos de control israelíes porque sus soldados siempre cortan las rutas. 

Le piden documentos y le preguntan de dónde viene, dónde va, por qué está viajando y qué quiere.

—Hay pueblos a los que no puedo pasar. No hay tantos lugares para ir. Lo máximo que puedo viajar es hasta Hebrón, que está como de Bahía hasta Sierra de la Ventana. 

Faisal no da vueltas:

Estamos hartos de esta vida. La gente está muy enojada. Por eso en los últimos días salimos a protestar en toda Palestina y los israelíes responden con balas. Matan gente…

Dice que los palestinos se sienten “extranjeros en el corazón del mundo árabe”.

—Salgo a marchar todos los días porque estamos bajo ocupación. Es la primera vez en 70 años que los palestinos nos levantamos en todas las ciudades. Nací acá. Tengo el deber de participar con mi pueblo en todas las protestas, junto a mis hijos. 

Con su hija “Tala”, bancando la lucha.

Cuenta que charla con sus hijos sobre lo que está pasando, “porque esta lucha es larga”. 

—Pero cada día que luchamos estamos más cerca de la liberación. 

La madre de Faisal es una musulmana practicante. Ella le dice que Allah (Dios) va a liberar Palestina algún día. Pero él cree que son los palestinos quienes van a liberarla.

—Crecí con la cultura musulmana, pero no creo en Dios. Tengo muchas preguntas, porque es parte de mi personalidad. Leo mucho, escucho mucho. Pero no tengo miedo. Nosotros nunca tenemos miedo. En Palestina no le tenemos miedo a nada ni a nadie. Te juro.

Faisal vive a 2 horas de la Franja de Gaza, de “la guerra”.

—Gaza es tan grande como Bahía, tiene 2 millones de palestinos que no pueden entrar ni salir porque está encerrada por los israelíes. Imaginate lo que es vivir así. En Gaza están los grupos militares de resistencia. Está Hamas y una docena más. Ellos protegen a los ciudadanos que son atacados por Israel. Ellos van a terminar liberando a los palestinos.

—¿Pero no es un grupo terrorista?

—No, Hamas nunca fue a matar a alguien fuera de Palestina. Los israelíes sí. Yo no soy de Hamas, pero ellos son parte de mi pueblo y sufren lo mismo que sufro yo. Y luchamos juntos por la paz.

Por la misma ventana donde ve el mar cada mañana, Faisal corre a mirar los misiles que vuelan sobre Israel cada noche.

—Anoche vi los que llegaron hasta Yafa.

Tel Aviv es Yafa para él. Está a unos 30 kilómetros.

—Estoy orgulloso de ver un misil fabricado en Gaza que va hasta Yafa. Para mí, ese misil es sagrado. Y la gente que lo manda es sagrada.

Faisal se calla. Después respira y sigue:

—Tenemos armas fabricadas en Gaza, hechas en talleres como el de don Antonio en Bahía, medio truchas porque no hay materiales… Pero los palestinos somos inteligentes. Tenemos la capacidad para crear nuestras armas. Son simples pero son la resistencia a la ocupación y a la injusticia.

Uno de esos misiles voló sobre la cabeza de la bahiense Daniela Katz, que no come ni duerme por las alarmas que suenan en su barrio de Tel Aviv.

Faisal se entera por 8000.

—Lo lamento. Yo siempre espero que los misiles no maten niños o mujeres. Quiero que lleguen a las bases militares de ellos.

—Román, el novio de Daniela, tiene 23 años, también es argentino y está en una base del Ejército de Israel esperando la orden para entrar en Gaza.

—¿Cómo ese chico viene a esa edad desde Argentina, la tierra de la paz, a una tierra ocupada para hacer una guerra contra gente inocente? ¿Cómo puede ser? Ese chico no sabe que está sirviendo a una ocupación. Román, tenés que pensar. Te estás metiendo en un conflicto que no merece tu vida. ¿Qué quiere un argentino en Gaza? Que venga a comer, a jugar al fútbol, pero no a matar palestinos. Vas a entrar en un lugar que no conocés. Lleno de gente humilde. Por eso, Román: pensá un poco. Argentina es más hermosa. Volvé a Argentina. 

Villero hecho y derecho

Faisal conoció a un grupo de argentinos cuando estudiaba en Escocia en 1998. En 2002 lo invitaron a nuestro país y se vino. Vivió un par de años en el sur de la ciudad de Buenos Aires hasta que un día quiso conocer más, agarró un mapa y salió a la ruta. Así se chocó con Bahía Blanca, cuenta.

Completó unos cursos de electricista en la Universidad del Sur al tiempo que aprendía castellano. Poco después consiguió trabajo en una empresa proveedora de insumos marítimos y empezó a cambiar repuestos de buques en el puerto de Ingeniero White.

—Empecé a recorrer la zona también: desde Sierra de la Ventana hasta San Blas y Río Colorado. Me gustó tanto que primero me hice la residencia en Bahía y después el documento de identidad y el pasaporte argentino. No fue fácil porque me decían que Palestina no era un país. Tuve que pelear mucho. Pero ahora soy argentino, bahiense… y de Villa Mitre.

Luego de 13 años regresó a Cisjordania porque lo contrataron para construir el museo palestino en Ramala.

—Faisal, ¿qué es lo que está pasando entre Israel y Palestina?

—Palestina es chiquita, como de Bahía a Pedro Luro o un poco más. Hoy tenemos apenas un 22% de lo que era el territorio palestino. Luchamos para que respeten la frontera y nos devuelvan lo que nos pertenece. Estamos bajo una ocupación desde la guerra de 1948. Los israelíes destruyeron asentamientos y la población palestina, que es en su mayoría cristiana o musulmana, fue víctima de una limpieza. Por eso tenemos que ser dueños de esta tierra. Para que eso no siga pasando.

(*) ✍️ Maximiliano Buss pasó por lanueva.com y por La Nación, de cuya maestría en periodismo es egresado. Este es su segundo especial para 8000, luego de la historia de Daniela Katz desde Israel: Un futuro mejor, mientras vuelan los misiles”.

Fotos: gentileza Faisal Malak

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