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Daniela Katz, bahiense en Israel: un futuro mejor, mientras vuelan los misiles

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Por Maximiliano Buss / Especial para 8000 (*)

ūüĎČ Mi√©rcoles 12 de mayo de 2021, Ramat Gan, Tel Aviv, Israel. 19:20:

‚ÄĒTuve muchas √©pocas de estar sola, de padecer‚Ķ ¬°Uy! ¬°S√≠, rega! Perd√≥n‚Ķ

Rega en hebreo quiere decir ‚Äúpar√°, banc√°, un momento‚ÄĚ.

Daniela agarra su celular y la imagen se corta. De fondo se oye una sirena.

Ahora s√≥lo se escuchan sus pasos en la escalera. La imagen vuelve y Daniela est√° sentada en un lugar oscuro. Su cara se congela por unos segundos. La videollamada se corta.

Ya perdi√≥ la cuenta de las veces que se tuvo que esconder en el refugio del segundo piso desde que empezaron a volar misiles por el cielo de Israel, el pa√≠s que eligi√≥ para vivir con su novio en 2019 y as√≠ ‚Äútener un futuro mejor‚ÄĚ.

Daniela Katz es de Bah√≠a, tiene 23 a√Īos y trabaja en una guarder√≠a. Su novio, Rom√°n Karlin, tambi√©n de 23, es de Rosario y cumple con el servicio militar obligatorio en el Ej√©rcito israel√≠.

Se conocieron en 2012 en un campamento de Hejalutz Lamerjav, una organizaci√≥n de estudiantes jud√≠os que en 2016 los llev√≥ a vivir en Israel durante un a√Īo. Entonces se pusieron de novios.

Pero el clima de esta primavera es otro.

Por la tensión entre el Movimiento de Resistencia Islámica y el Estado de Israel, las sirenas no se callan y los misiles revientan por ahí.

‚ÄĒMi novio estaba en una base en Dimona, una ciudad alejada del conflicto. Pero me llam√≥ para avisarme que se tiene que ir a preparar porque en colectivo lo llevan a Beerseba, cerca de la frontera de la Franja de Gaza. Quieren que est√© preparado en caso de que tengan que entrar a pie al territorio donde est√°n los terroristas. Eso ser√≠a… un gran problema.

¬ŅCu√°ndo es la √ļltima vez que se ven?

ūüĎČ S√°bado 8 de mayo de 2021:

‚ÄĒEn Tel Aviv no sab√≠amos nada de los enfrentamientos. Rom√°n lleg√≥ el d√≠a anterior y pasamos un d√≠a relindo. M√°s all√° de que es shabat (el d√≠a sagrado de la semana) ac√° hay mucha actividad. A la ma√Īana nos fuimos en monopat√≠n el√©ctrico hasta la playa. Yo bail√© rikudim, una danza israel√≠, y √©l me film√≥. Me acuerdo de que le dec√≠a: ‚Äú¬°Film√° este baile, film√° este baile!‚ÄĚ. Despu√©s nos fuimos a comer a un McDonald‚Äôs. Caminamos por la playa de vuelta a casa y nos sacamos unas fotos.

‚ÄĒEsa noche, a eso de las 22, nos fuimos a cenar afuera. Est√°bamos s√ļper felices porque ac√° no es normal la milanesa de carne y hab√≠amos conseguido una reserva para ir a comer a un lugar famoso por sus milanesas de carne. Miramos unos cap√≠tulos de nuestra serie. Estamos viendo El inocente. Nos quedan los √ļltimos 2 cap√≠tulos. As√≠ que le dije: ‚Äú¬°Volv√© pronto! No me dejes con la intriga‚ÄĚ.

ūüĎČ Domingo 9 de mayo de 2021.

Bien temprano, Daniela se va a trabajar a la guardería y Román parte hacia la base.

Integra la unidad de paracaidistas. Toda la semana van al terreno para practicar ejercicios y dejan el celular. Entonces casi no charla con Daniela. Desde el lunes le dejan usar el teléfono: en medio de este conflicto le permiten llamarla, cada tanto.

‚ÄĒEst√° contento porque entr√≥ en una unidad en la que hay que pasar varios ex√°menes y es todo un logro. Tiene amigos que son como su familia y siempre est√°n muy pendientes de √©l. Desde darle una golosina en la base o para invitarlo a cenar en shabat. Pero no es nada f√°cil. Es un gran desaf√≠o estar en el Ej√©rcito de Israel; tiene que estar muy preparado para esto.

‚ÄĒEs un Ej√©rcito que tiene que actuar en estos casos y ser efectivo. Es muy duro. √Čl siempre me dice que hay que ir para adelante. Pero es la primera vez que pasa una situaci√≥n as√≠. Me traslada mucha calma, pero s√© que no est√° tan tranquilo, sobre todo por la falta de informaci√≥n. Ellos no se enteran de nada salvo cuando ven los misiles volando.

ūüĎČ Lunes 10 de mayo de 2021, Muro de los Lamentos, Jerusal√©n, Israel.

En las redes sociales empiezan a circular videos de los enfrentamientos en la Explanada de las Mezquitas, despu√©s de que se dispararan misiles desde la Franja de Gaza hacia el centro y el sur de Israel.

En un comunicado, la policía informa sobre la activación de un estado de alarma para evacuar hacia lugares más seguros a cientos de personas reunidas en el Muro de los Lamentos por la celebración del Día de Jerusalén, que marca la conquista de la parte oriental de la ciudad por Israel en 1967.

‚ÄĒYo estaba en un mundo distinto. Porque Tel Aviv, pese a estar a una hora de Jerusal√©n, es un mundo distinto. Fui a la guarder√≠a y con los chicos estuvimos hablando de shavuot, que es una celebraci√≥n para conmemorar la entrega de las tablas de la ley por parte de Dios a Mois√©s. Ni idea de que era el D√≠a de Jerusal√©n. Ca√≠ reci√©n  a la 1 de la tarde porque vi algo en el celu, cuando compartieron las im√°genes de los incidentes cerca de la C√ļpula de la Roca. Vi c√≥mo algunos jud√≠os marchaban con c√°nticos fuertes y c√≥mo algunos √°rabes incendiaban cosas. Y ah√≠ dije: ‚Äú¬°Hola! Estoy en Tel Aviv, pero hay algo que est√° pasando que se llama el D√≠a de Jerusal√©n y est√° trayendo muchas consecuencias‚ÄĚ. Ese d√≠a cayeron 6 misiles en el sur de Jerusal√©n, que es raro porque pueden tirar misiles a Israel pero nunca se toca Jerusal√©n por ser un lugar sagrado para los cristianos, los jud√≠os y los musulmanes. Me empec√© a preguntar qu√© iba a pasar al otro d√≠a.

ūüĎČ Martes 11 de mayo de 2021. 8:30:

Daniela se levanta de la cama y antes de salir de casa le llega un mensaje. Alguien de la guardería le avisa que las clases se suspenden.

‚ÄĒAh√≠ me empec√© a preocupar un poco. Pens√© que por algo lo estaban haciendo, que sab√≠an algo que hasta el momento nosotros no. Y al rato el Gobierno dio alerta roja en Tel Aviv.

Est√°n en la mira de los misiles.

‚ÄĒHasta que no llega, no se imagina. Toda la vida estudi√© las guerras, pero hasta que uno no lo vive no puede tomar dimensi√≥n Yo no siento miedo por m√≠, sino por mi novio y tantos j√≥venes que est√°n en el Ej√©rcito. Ese d√≠a no sal√≠ de casa. Descans√©, orden√©, mir√© una serie y almorc√©.

Es la √ļltima vez que come.

ūüĎČ 20:30:

‚ÄĒEstaba en una videollamada con mi abuela y justo cuando le estaba diciendo que estaba todo en paz, tuve que largar todo y salir. ‚Äú¬°Abuela te dejo, tengo que correr!‚ÄĚ, le dije y fui a las escaleras del segundo piso, que est√°n resguardadas. Ac√° casi no hay refugios porque es una zona donde nunca pasa nada. Hay varios refugios en la calle que son p√ļblicos, pero igual no te da el tiempo para ir corriendo hasta ah√≠ si algo pasa.

Daniela empieza a temblar. Escucha c√≥mo los misiles son interceptados por ‚Äúla c√ļpula de hierro‚ÄĚ del Ej√©rcito israel√≠.

‚ÄĒEscuch√© las explosiones sobre mi cabeza. Fue muy terrible. Fueron 17, 18, 19 estallidos en el aire, arriba nuestro. Las paredes de concreto temblaban. Yo estaba con mis vecinos, muy asustados. El coraz√≥n me lat√≠a muy fuerte. No dej√© de pensar ni un segundo en mi novio. Me besaba un anillo que es jai, que significa ‚Äúvida‚ÄĚ en hebreo. Es un regalo de mi familia para cuando hice mi bar mitzvah a los 12 a√Īos. Es el √ļnico s√≠mbolo jud√≠o que tengo. Los sent√≠a, lo tocaba como muy parte de m√≠. Eso me calmaba un poco.

Pasa 40 minutos debajo de la escalera.

‚ÄĒCuando escuchamos la alarma, tenemos que ir al refugio y esperar 10 minutos. Pero la alarma frenaba y segu√≠a, frenaba y segu√≠a, frenaba y segu√≠a. Y cada vez ca√≠an m√°s, y m√°s, y m√°s, y m√°s, y m√°s.  En un momento pensamos que se hab√≠a clamado todo y sub√≠ a mi departamento, pero volv√≠ a bajar porque son√≥ la sirena otra vez. Despu√©s de una hora y media, pas√≥. Mucha gente me escrib√≠a y trat√© de tranquilizarlos. Antes de irme a la cama quise sacar a mi gata de abajo del sill√≥n, pero estaba tan asustada que no quiso salir. La dej√© ah√≠ y con mucha tensi√≥n me fui a dormir tratando de pensar que todo iba a estar bien.

ūüĎČ Mi√©rcoles 12 de mayo de 2021. 3:00:

‚ÄĒEn la mitad de la noche volv√≠ a saltar del susto por la sirena. Yo duermo en pijama, as√≠ que me puse las chancletas que aprend√≠ a dejar al lado de la cama y sal√≠. Cuando estaba en la escalera volv√≠ a escuchar los estallidos. Al rato empezaron a pasar ambulancias, bomberos: ‚Äú¬°IU, IU, IU!‚ÄĚ. Nunca vas a escuchar un misil sin sirenas. Es terrible porque la c√ļpula de hierro intercepta el 85% de los misiles que tiran desde Gaza. Pero no todos. Entonces uno impact√≥ en un colectivo, otro en una escuela.

Daniela se duerme recién a las 5.

‚ÄĒ‚ÄúDormir‚ÄĚ es una forma de decir. Porque te acost√°s sabiendo que en 3 segundos pod√©s estar corriendo de nuevo.

De los nervios tampoco come.

‚ÄĒYo amo la comida. Me encanta. Puedo estar s√ļper cansada, pero me cocino bien y como porque lo disfruto. Com√≠ ayer al mediod√≠a por √ļltima vez. Me siento al frente del plato y no puedo. No me pasa la comida. Ahora me hice un licuado y tom√© unos sorbos, pero ya me llen√©.

No sale del departamento en todo el día. En Tel Aviv la vida sigue. Los negocios tienen las persianas levantadas, los colectivos mantienen sus recorridos. Pero la primera parte del día sólo contesta mensajes.

Y recibe una llamada de Rom√°n, su novio. Dura apenas 2 minutos y √©l le dice:

‚ÄúNo me importa que me descubran. Lo √ļnico que me importa ahora es saber que vos est√°s bien‚ÄĚ.

‚ÄĒDespu√©s de eso siguieron los misiles. Trato de no ver muchas noticias ni videos de lo que est√° volando por encima de m√≠, pero hoy escuch√© un reporte del Gobierno que dice que ya identificaron 1.050 misiles. Y empez√≥ a correr un rumor de que iban a seguir lanzando m√°s. Eso me puso remal.

Daniela agarra una cadenita con la estrella de David, que es de Rom√°n.

‚ÄĒLa agarr√© muy fuerte y sent√≠ una conexi√≥n. No s√© si a Dios, porque uno se pregunta d√≥nde est√° en estos momentos. Pero s√≠ a la fe. Sent√≠ algo de esperanza. S√© que vamos a estar en paz. Los civiles de ambos lados no tenemos la culpa.

Hija ‚Äėe tigres tangueros

Daniela es hija de Sergio y Adriana, la legendaria pareja bahiense de tango. Tiene un hermano: Mart√≠n.

Hizo la primaria en la 63 y la secundaria entre la 306 y la Media 12. Y asisti√≥ a la escuela hebrea, por supuesto. Tambi√©n dio clases de la danza israel√≠ rikudim.

‚ÄĒDaniela, ¬Ņqu√© es lo que est√° pasando entre Israel y Palestina?

‚ÄĒHamas tira misiles a civiles israel√≠es¬†as√≠ porque s√≠: el objetivo de los extremistas es matar a todos los jud√≠os. Te hablo desde una postura centro: Israel no ataca, Israel defiende. Recibimos un mont√≥n de misiles y la Fuerza A√©rea tir√≥ bombas para aminorar los ataques.¬†Si Israel quisiera matar a todos, como dicen, podr√≠a hacerlo¬†porque tiene las herramientas y la inteligencia. Pero no quiere matar civiles.


(*) ‚úćÔłŹ Maximiliano Buss pas√≥ por lanueva.com y por La Naci√≥n, de cuya maestr√≠a en periodismo es egresado.

Fotos: gentileza Daniela Katz


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Especiales

‚õĶÔłŹ Lo que aprende Oscar mientras navega sobre un “Haiku”

15 a√Īos cabalgando la r√≠a bahiense con el mismo velero le deja una marea de lecciones al economista Oscar Liberman. Y las comparte ac√°.

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Vamos a descomponer el título de esta nota en 3 versos: el primero de 5 sílabas, el segundo de 7 y el tercero otra vez de 5. Queda así:

Lo que aprende

Oscar mientras navega

sobre un ‚ÄúHaiku‚ÄĚ.

Se trata de un gui√Īo pobret√≥n pero respetuoso: en 8000 le pedimos a Oscar Liberman (parlante, navegante; economista, hedonista; artista de distintas artes) que nos cuente qu√© lecciones sac√≥ de los 15 a√Īos que lleva cabalgando nuestra r√≠a, a bordo de un velero que tom√≥ el nombre de esa forma japonesa de poes√≠a.

Qué aprendió del barco, qué aprendió del mar. Y qué aprendió de él mismo.


ūü§Į Mis aprendizajes

Por Oscar Liberman / Especial para 8000

Fotos: gentileza OL.

En primer grado, la maestra nos ped√≠a que realiz√°ramos un dibujo cada d√≠a. Soleado, lluvioso, ventoso, fe√≠simo, caluroso: seg√ļn el estado del tiempo.

Todos los días dibujé el mismo barco.

Sólo modificaba el entorno.

Nunca me planteé creer en la predestinación, pero a veces recuerdo ese cuaderno y parece que un barco me hubiera estado esperando desde siempre.

En todos esos a√Īos tambi√©n navegu√© en mares de literatura. Salgari, Melville, Le Cl√©zio‚Ķ y los haikus. Esos m√≠nimos poemas de 17 s√≠labas que me conectaban con el instante en el universo.

Hace 15 a√Īos decid√≠ cambiar mi viejo velerito por algo un poco m√°s c√≥modo.

La b√ļsqueda me llevaba de un puerto a otro, hasta que de pronto apareci√≥ el ‚ÄúHaiku‚ÄĚ.

Se detuvieron las mareas: si hab√≠a un velero llamado ‚ÄúHaiku‚ÄĚ, me estaba esperando a m√≠.

En estos 15 a√Īos, el ‚ÄúHaiku‚ÄĚ y yo navegamos juntos cada rinc√≥n de la r√≠a. Hemos enfrentado vientos, calmas, tormentas.

Nos hemos varado juntos y hemos dormido en las noches saladas entre los islotes.

Escribimos una historia cada d√≠a, impresa con agua salada. Al regreso el agua se seca y desaparecen las palabras, pero queda la huella. Por eso, en cada singladura se repiten las mismas cosas y se viven siempre como la primera vez.

Navegar con las velas del ‚ÄúHaiku‚ÄĚ desplegadas al viento es la continuidad de la vida.

‚õĶÔłŹ 15 cosas que aprend√≠ del ‚ÄúHaiku‚ÄĚ

  1. Qué confiable resulta un barco dócil.
  2. El barco sabe.
  3. Todo barco tiene una ola con la que no puede.
  4. Cuando el mundo se viene abajo, hay un lugar donde estar.
  5. Para saber hasta dónde se puede, hay que llevar los límites más allá.
  6. De navegar se vuelve siempre con m√°s preguntas que respuestas.
  7. El palo tirado un poco a popa le da una leve tendencia a la orza que lo hace ideal para navegar en solitario.
  8. Siempre hay que saber esperar.
  9. Cuando queda varado ense√Īa m√°s que navegando.
  10. El barco es una extensión de uno mismo.
  11. Saber cuándo aflojar la presión.
  12. El mar es el lugar donde vivir.
  13. Siempre tener la maniobra preparada para navegación en solitario.
  14. El universo puede ser un lugar peque√Īo e insuficiente.
  15. Resistir.

ūüĆä 15 cosas que aprend√≠ del mar

  1. Conocer el lugar propio.
  2. Aceptar.
  3. No luchar contra las mareas.
  4. Carecer de ansiedad.
  5. Soportar la tristeza.
  6. No hacer nada.
  7. Conocer la inmensidad.
  8. Coquetear con la felicidad.
  9. Conocer, respetar y disfrutar los ciclos naturales.
  10. Abrigarse antes de sentir el frío.
  11. Usar el reloj lunar.
  12. Todo pasa (la cuestión es estar para cuando pase).
  13. Encontrar belleza en todo.
  14. Vivir al revés.
  15. La vida es movimiento.

ūüí° 15 cosas que aprend√≠ de m√≠

  1. Mi lugar es el mar.
  2. Siempre se puede un poco m√°s.
  3. No cansarse antes.
  4. Disfrutar de la soledad.
  5. No querer encontrar explicaciones a todo.
  6. Puedo ser feliz.
  7. Lo que sucede en el mar es para siempre.
  8. Respirar al ritmo de las mareas.
  9. En el mar siento todo m√°s intenso.
  10. Puedo nadar en invierno (y sobrevivir).
  11. El mejor lugar para dormir siempre es a bordo.
  12. Ser d√ļctil como primera virtud.
  13. Puedo arreglar el mundo con lo que se tiene a mano.
  14. Reconocerme en el tiempo.
  15. Poner las cosas en su lugar.

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Especiales

ūüéô El rap de ac√°: ‚ÄúBroda‚ÄĚ y ‚ÄúSista‚ÄĚ, las voces de nuestros juglares inquietantes

En 2 p√≥dcast, Agustina Arias expone las entra√Īas de la escena bahiense.

Publicado

el

Por Abel Escudero Zadrayec / Director de 8000

El escenario es la Plaza Rivadavia: el centro del centro de Bahía Blanca.

Pibes y pibas improvisan, chocan pu√Īos; se r√≠en, se mueven, se saludan, se gritan, se desaf√≠an.

Fotos: Tute Sosa y Agustina Arias.

Un presentador arenga:

‚ÄĒ¬°Que se pudra!

Y termina pudriéndose:

Voy a hacer un chiste

para que se rían más completo:

hablaste de mis lompa,

retrolazo, este pajero

porque pasó de ver el escudo

a relojearme el mu√Īeco.

Pero nadie se ofende. Son c√≥digos: as√≠ es el rap.

Y el rap de acá pendula entre lo importado y lo local: entre el Bronx y el barrio Pedro Pico; entre un inglés de película obvia, de jerga, pendenciero

You know what I mean, madafaka!

y el lunfardo y la cultura digital y el ‚Äúvesre‚ÄĚ, propio, callejero

la lleca y el rocho¬°vos la reviv√≠s, Escubi!

‚ÄĒLas voces del rap de ac√° registran el andar cotidiano y dan validez a un modo de aprendizaje experiencial: desde el barrio, en la calle ‚ÄĒdice Agustina Arias, que es LA voz de 8000: cada s√°bado la escuch√°s es nuestros audios con el resumen informativo de la semana bahiense.

Pero además de locutora, Agus es docente, cantante y está haciendo el doctorado en Letras por la Universidad Nacional del Sur. Su tesis es sobre el rap de acá.

Y como parte de la investigaci√≥n de campo se mand√≥ 2 p√≥dcast reveladores, que capturan las esencias de estos inquietantes juglares de los tiempos que nos tocan y nos resuenan.

  • ūüéßūüôč‚Äć‚ôāÔłŹ El primer p√≥dcast se llama ‚ÄúBroda‚ÄĚ y se enfoca en los pibes: Real Fresh, Exe, Hazel, Ach, Simmer, Dylan, Juanma, Lucio, Seraf√≠n, Ariez, Izuna, Confi, Muzi.
  • ūüéßūüôč El segundo se titula ‚ÄúSista‚ÄĚ y est√° dedicado a las pibas: Ziva, Madeam, Fleky, Eklipce, Kazz y Cronopio. (Este gan√≥ la Bienal 2021).

Acá abajo Agus nos cuenta más sobre ellos. Y a continuación los publicamos, hoy, en exclusiva.

‚ÄúBroda‚ÄĚ

‚ÄúSista‚ÄĚ


ūüéô Me convoca, me interpela;

me entusiasma y me desvela

Por Agustina Arias

Las batallas de rap en estilo libre (freestyle) se hacen de cerca, de frente y en ronda. No s√≥lo son palabras que coinciden en rimas o que proyectan sentidos metaf√≥ricos; tambi√©n hay cuerpos situados que se mueven, se acercan, se alejan, resuenan en el otro y los otros que est√°n mirando.

Fleky.

Las manos, los brazos, los pies siguen un comp√°s vocal y simpatizan con la voz porque movimiento y palabra son indisociables.

Los cuerpos se usan, se escuchan y se interpretan porque los cuerpos cuentan: expresan, y ah√≠ donde parece haber libertad extrema, hay c√≥digo. 

Los espacios (más verdes, más grises) se emplazan en el centro y macrocentro y congregan a jóvenes de distintos puntos de Bahía Blanca. Se trata de plazas, parques, playas de estacionamiento, el skatepark.

Aunque las locaciones var√≠en, la imagen es siempre la misma: si se enfocara desde lo alto, en un plano cenital, se ver√≠a un c√≠rculo caprichoso y movedizo: que se ensancha, se sustrae, como un organismo celular, con bordes difusos, fluidos, negados a permanecer en orden. 

El rap se hace contexto con los objetos concretos del espacio, con la emergencia, con lo inesperado y lo impredecible.

El monumento a Rivadavia, en la plaza, sirve de grada y de soporte para el grafiti. Las escalinatas de la Plaza del Sol son asientos naturales para la audiencia. Los árboles del Parque de Mayo aportan sombra y resguardo. El playón de la Universidad Nacional del Sur aporta escenografía artística.

Todo está listo, pero nadie sabe qué va a pasar.

En eso que sucede se entraman intensamente el ritmo de la respiraci√≥n, las miradas, las temperaturas, las transpiraciones, los alientos, las salivas, la sangre que circula. 

El rap es, al mismo tiempo, libertad pero reglas que respetar: modalidades de improvisaci√≥n, tempo y m√©trica impuestos por la base r√≠tmica, adecuaci√≥n de la respuesta, sentidos originales de lo que se dice, la habilidad de ser fluido y no trabarse.

Es una ficción ritualizada.

No sabemos qu√© va a pasar pero sabemos c√≥mo va a pasar: la cosa va a picarse, se picantea, se pudre.

El desaf√≠o, el conflicto, el ‚Äúberret√≠n‚ÄĚ, la chicana: no pueden faltar porque la agresi√≥n y hacer doler son elementos constitutivos de la batalla y de esa forma de interacci√≥n.

Tambi√©n la puteada y las palabras consideradas ‚Äúmalas‚ÄĚ. Son necesarias, cobran un sentido otro y adquieren un valor de estima en ese entorno.

Es una forma de querer, una forma de hablar, una forma de decir, una forma de luchar.

Las palabras se transfiguran en ‚Äúarmas‚ÄĚ, los versos en ‚Äúataques‚ÄĚ y las entradas, en ‚Äúestrategias‚ÄĚ.

Los puntos fr√°giles para pudrirla son eternos: la capacidad de oralizar, la mujer (madre, hermana, novia), el origen, aspectos biogr√°ficos, lo f√≠sico y la sexualidad (aunque, por fortuna, estos emergen desde una mirada desconstruida).

As√≠, en las batallas salen a la luz aspectos ‚Äúpersonales‚ÄĚ, que se conectan con temas de agenda social y que demuestran posicionamientos claros por parte de los raperos y las raperas, como le dice Muzi a Simmer:

Nuestra diferencia es que soy m√°s rudo,

que yo soy bueno y vos aparecés

en la lista de machirulos.

Simmer responde reflexivo: 

Yo aparecí en la lista de machirulos.

Me equivoqué, a todos eso sí se los juro.

Pero igualmente me equivoqué y yo soy artista:

pasó el tiempo y cambié mi punto de vista.

O cuando en batalla de mujeres, Ziva le tira a Kazz

Y si me agarran con las piernas abiertas, ¬Ņcu√°l fue?

No es pecado coger.

¡Qué me vas a decir vos, también!

Soy madre soltera y me la banco rebién.

Eklipce.

Igual, los espacios bahienses pueden generar desarmon√≠a en las batallas. En el rap se evocan lugares de procedencia que revelan valoraciones en torno a la ‚Äúval√≠a‚ÄĚ de ciertos objetos materiales (marcas de indumentaria) e inmateriales (barrio y equipo de f√ļtbol).

En una batalla con la tem√°tica ‚Äúbarrios de Bah√≠a‚ÄĚ surgi√≥ esto: 

¬ŅCu√°ntos barrios pisaron tus zapas?

Nadie pisa Villa Mitre

con un conjuntito Kappa.

Así que te suelto una actitud,

mi rap es un barrio

y un equipo: me dicen Spurr.

Claro que tambi√©n los barrios bahienses se usan estrat√©gicamente para desplegar el doble sentido, en favor de la comicidad y el sentido l√ļdico, acentuando aspectos de lentitud y desorientaci√≥n del rival en la batalla: 

¬ŅEscucharon su freestyle?

No es nada veloz:

parece representante de Villa Caracol.

Venir del barrio, pisarlo y transitarlo, otorga presencia, sabidur√≠a y credibilidad al relato. Los barrios se tematizan y despliegan una serie de connotaciones, junto con los equipos de f√ļtbol: se vuelven fuentes de identidad y representatividad. Y el rap expresa esa s√≠ntesis entre lo espacial y lo pasional: barrio + f√ļtbol. 

ūüéô Detr√°s de escena

Desde hace algunos a√Īos el rap -como fen√≥meno oral, improvisado, l√ļdico y serio- me convoca, de manera advenediza, y me interpela como foco de aproximaci√≥n, estudio, reflexi√≥n y admiraci√≥n. Me desvela, me entusiasma y me mueve a buscar divergencias, convergencias e innovaciones en lo que se dice.

Tiene implicancias en mí desde lo musical, lo verbal, lo fluctuante, lo corporal, lo tradicional e igualmente novedoso.

Me parece una pr√°ctica l√ļdica tan vieja como modernaTan lejana como inmediata.

Es lo de antes, lo for√°neo pero ac√°, con apropiaciones locales singulares y potentes.

Encuentro densidad ah√≠ para bucear y tratar de entender c√≥mo lo global se inserta en lo local.

ūüéô El p√≥dcast

Broda es la forma que predomina en sus modos de tratarse. As√≠, con la ‚Äúa‚ÄĚ final y, muchas veces, en su versi√≥n m√°s corta: bro. Broda es el hermano, el compa√Īero, el compa, el cumpa, el camarada, el pana. Y entre las mujeres, lo mismo pasa con la palabra sista. En el rap, la fraternidad es el valor transversal a cualquier estilo, regi√≥n, modalidad, etnia, clase, g√©nero.

La idea de reformular algunos resultados, hip√≥tesis e interrogantes de mi proceso doctoral en un p√≥dcast habilita a pensar en la reutilizaci√≥n de un material recogido en el √°mbito de la investigaci√≥n para ser reconvertido a un formato diferente que funciona en otro circuito, con otras leyes.

El p√≥dcast ‚ÄúBroda‚ÄĚ es un h√≠brido: una criatura anfibia que se mueve entre las aguas del discurso acad√©mico-cient√≠fico y las tierras de lo que pasa en el barrio, en la esquina, en la plaza, en el gueto.

‚ÄúBroda‚ÄĚ es una voz narrativa que da pie a voces genuinas del seno mismo de la cultura y la escena.

‚ÄúSista‚ÄĚ es experimento. Es una entrevista guionada, estructurada con m√≠nimas l√≠neas y es performance. Las entrevistadas se someten al azar y son sorprendidas por una modalidad no convencional de improvisaci√≥n: dark, po√©ticoflash, random.

  • El modo dark sume a las chicas en la m√°s profunda oscuridad y ausencia del registro visual. Vendadas, deben rapear a partir de experiencias sensoriales: olores, sonidos y est√≠mulos t√°ctiles.
  • El modo flash privilegia la vista y motiva a la improvisaci√≥n a partir de capturas fotogr√°ficas de grafitis del paisaje urbano contempor√°neo.
  • El modo po√©tico juega con la forma ‚Äúrapeada‚ÄĚ de poemas de autores y autoras locales.
  • El modo random se asemeja a las modalidades de las batallas profesionales: improvisar a partir de palabras escogidas al azar.

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ūüĎÄ Milagros en la pandemia bahiense: una enfermera cuenta todo

Publicado

el

Hoy, 20 de marzo de 2022, se cumplen 2 a√Īos del primer caso de coronavirus que se report√≥ en Bah√≠a Blanca.

Desde ese mismo momento, la enfermera Milagros Barbalace estuvo ah√≠, batall√°ndolo, con todo, sin parar.

Este es su relato para 8000.


Miles de veces llor√©. Incontables. 

En mi casa, much√≠simo. 

En el hospital tambi√©n: no aguantaba m√°s, necesitaba descargar, y por ah√≠ se me ca√≠a el suero al piso y ¬°faaaa!, era la excusa para arrancar a llorar. 

Me hac√≠a llorar el estr√©s, la carga exterior que se nos puso con eso de ‚Äúson los responsables de que la persona se recupere, porque, si no, algo hicieron mal‚ÄĚ. 

Tambi√©n la carga horaria, el comer mal porque pas√°s muchas horas en el hospital y no te sent√°s en tu mesa, el dormir mal porque est√°s preocupada por tu compa√Īero que se contagi√≥, por no contagiar a tu familia…

Un c√ļmulo de cosas que a todos nos hizo explotar por alg√ļn lado.

Mi nombre es Milagros Barbalace, tengo 27 a√Īos y soy licenciada en Enfermer√≠a, me recib√≠ en la UNS. Comenc√© la pandemia en el Hospital Privado del Sur. Y ni imaginaba todo lo que iba a pasar‚Ķ

Cuando estudi√°s, te ense√Īan qu√© es una pandemia, qu√© es una epidemia, en qu√© se diferencian‚Ķ Pero de ah√≠ a vivirlo, hay mucha diferencia. 

Al principio sent√≠ miedo: era algo desconocido y se tard√≥ mucho en saber c√≥mo se comportaba. Los pacientes ten√≠an signos y s√≠ntomas muy diversos, entonces tampoco ten√≠as una l√≠nea para orientarte y saber qu√© hacer.

Era mucha la incertidumbre.

No sabíamos qué protocolo usar, si ponernos más o menos protección, si muchas horas con el paciente aumentaban el riesgo de contagio…

Los protocolos se modificaban todas las semanas, literalmente.

Y la mente nos iba a un mill√≥n de revoluciones. Me costaba mucho terminar mi turno y decir: ‚ÄúBueno, listo, no estoy m√°s en el hospital, no puedo hacer nada‚ÄĚ. De hecho, todav√≠a me cuesta.

En abril de 2020 ingres√≥ al hospital Juan Carlos Rodr√≠guez, uno de los primeros pacientes, y me acuerdo de que estuvo f√°cil 1 mes. Era la √©poca en que si no te sal√≠a PCR negativo no te daban el alta, porque se supon√≠a que todav√≠a contagiabas. 

Se hizo como 5 o 6 PCR, ¡no sé cuántos ya! Y le seguía dando positivo.

Tuvo una larga estad√≠a, pero siempre tuvo una energ√≠a muy positiva, de querer recuperarse. Nosotros por ah√≠ le llev√°bamos algo extra que sab√≠amos que le gustaba, porque en el hospital es una sola comida para todo el mundo. Y cuando √≠bamos a controlarlo, siempre nos qued√°bamos charlando.

A lo √ļltimo, cuando ya se sent√≠a mejor, Juan Carlos empez√≥ a escribir. Le gusta mucho. El ante√ļltimo d√≠a nos avis√≥ que nos hab√≠a hecho como un cuento anecd√≥tico con un personaje que era √©l y con nosotros.

Me acuerdo de que nos manej√°bamos por tel√©fono y nos mand√≥ una captura de pantalla de lo que hab√≠a escrito. Se hab√≠a generado un lazo muy estrecho

Me puse muy contenta cuando Juan Carlos sali√≥. Fue: ‚ÄúWow, logramos que una persona que estuvo tanto tiempo, un adulto mayor, pueda salir de esto‚ÄĚ. 

Estábamos emocionados. Le habíamos hecho cartelitos y esperamos que salga de la habitación para felicitarlo. Y el encuentro con su mujer, después de tantos días… ¡fue muy lindo!

Esos son los recuerdos positivos: las personas que pudieron salir tanto de cl√≠nica como de terapia. Las que pudimos ayudar a recuperarse. Y tambi√©n el equipo de trabajo: m√©dicos, colegas, la gente de limpieza, todo, todo, todo. Esa es la base: m√°s all√° del conocimiento, tirar todos para el mismo lado.

Después no hay recuerdos positivos.

Al Hospital Penna me sumé en julio de 2020, por un plan de becas. Entré como enfermera de piso en terapia.

Me tuve que acostumbrar mucho a los sonidos, tanto del ventilador como de las m√°quinas de las bombas que suenan todo el tiempo. Despu√©s empec√© a distinguir si sonaba un ventilador por algo en especial o porque se hab√≠a quedado sin suero, y ya no sal√≠a corriendo cada vez que sonaba.

Y recuerdo ciertas im√°genes‚Ķ En terapia hay cosas que son bien caracter√≠sticas: las secreciones, la mucosidad tanto por nariz como por boca o por tubo cuando est√°n intubados… La forma en la que se va transformando el cuerpo tambi√©n: es m√°s r√°pido el avance, es bien marcado el deterioro.

Los pacientes críticos, más que nada con mucha estadía en terapia, edematizan un montón. Al no poder moverse (y peor si están intubados), si no los rotás se inflaman muchísimo, se llenan mucho de líquido. Era impactante entregar una guardia, volver al otro día y ver al paciente así. Después te vas acostumbrando. Creo que a todos nos pasa.

A mí también me tocó: me contagié en octubre de 2020

Fue anecd√≥tico, porque hab√≠an venido unos chicos de la universidad a hacer hisopados de gente asintom√°tica. Nos preguntaron: ‚Äú¬ŅQui√©n se quiere hisopar?‚ÄĚ, y dije: ‚ÄúYo‚ÄĚ.

En ese momento tambi√©n estaba en el otro hospital y ten√≠a que entrar a trabajar, pero me hab√≠a empezado a sentir como rara. Avis√© que no me sent√≠a muy bien y que estaba esperando el resultado del hisopado. 

Dio negativo y dije: ‚ÄúListo, me engrip√©‚ÄĚ. Y me dorm√≠. Cuando me despert√©, al otro d√≠a, ten√≠a llamadas perdidas: me hab√≠an querido avisar que ten√≠a covid, que me quedara aislada.

Así que me quedé en casa, y después empecé con todos los síntomas: falta de olfato y gusto, fiebre, me sentía muy mal… Pero fueron los primeros 3 o 4 días, los demás los pasé normal.

Siempre fui muy cuidadosa. Nunca me relaj√©, aun habiendo tenido covid. 

Trataba de no ver mucho a mi mam√° o si la ve√≠a, era a tanta distancia. Por ah√≠ me ven√≠a a buscar y en vez de ir de acompa√Īante, me mandaba al asiento de atr√°s. Siempre con barbijo.

A mis amigas tambi√©n trataba de no verlas. Cuando est√°bamos todos adentro, obviamente no las ve√≠a. Y despu√©s, cuando se fueron dando ciertas libertades, trataba de no verlas por respeto hacia ellas. Ac√° est√°s en contacto direct√≠simo, con muchos fluidos, secreciones‚Ķ

Al principio ten√≠a todo un protocolo… Me acuerdo de que llegaba a mi casa, abr√≠a la puerta y agarraba una bolsa, un tacho o algo que hab√≠a dejado antes de irme a trabajar, y me desvest√≠a ah√≠. Despu√©s lo agarraba, lo cerraba, lo met√≠a al lavarropas y lo pon√≠a a lavar. Y me iba a ba√Īar. 

Ahora te das cuenta de que no tiene sentido: si te contagiaste, te contagiaste, por m√°s que te saques toda la ropa en tu casa. Por eso, los protocolos y las cosas que se cre√≠an al principio de la pandemia cambiaron much√≠simo.

Lo que hac√≠a con la ropa hoy no lo puedo creer. O eso de ir al supermercado y estar perseguida todo el tiempo, a ver si el de atr√°s o si la harina que agarr√© estaba contaminada‚Ķ Me pasaba m√°s afuera que en el hospital, porque ac√° usamos guantes para todo, lo tenemos incorporado.

La peor √©poca fue a fines de 2020 y la llamada segunda ola, en 2021, hasta poco m√°s de mitad de a√Īo. Fallec√≠a gente muy joven y eso me marc√≥, porque dec√≠a: ‚ÄúPucha, soy yo, es mi edad‚ÄĚ.

Primero era gente mayor, que ten√≠a muchos antecedentes de salud, y reci√©n se empezaba con las vacunas. En la segunda ola fue: ‚ÄúBueno, ya tiene una parte de la vacuna, no tiene antecedentes y est√° haciendo estragos‚ÄĚ. 

ūüĎČ Mayo de 2021 tuvo las cifras oficiales m√°s altas: 8.636 contagios y 144 muertes. 

No es que a uno no le importe la gente m√°s grande, pero una persona de 80 a√Īos tuvo m√°s experiencias de vida, familiares que la acompa√Īaron hasta ahora‚Ķ En cambio, hab√≠a gente joven que dejaba hijos muy chiquitos‚Ķ

Justo ah√≠ arrancamos con los grupos de psicolog√≠a y me hizo muy bien. Fue liberar un mont√≥n de sensaciones y de emociones. Al principio nos cost√≥ romper el hielo y empezar a hablar, pero gracias a Dios tuvimos el espacio. 

Si bien trabajamos en una terapia y los pacientes que llegan no est√°n bien, no est√°bamos acostumbrados a que en un d√≠a fallecieran 3 personas. Y en una semana, ni te cuento‚Ķ

No estar tan fuertes mentalmente o no estar acostumbrados (¬°por suerte no estamos acostumbrados a eso!) nos debilit√≥ much√≠simo. Gracias a Dios se dieron cuenta y dijeron: ‚ÄúBueno, vamos a tener que hacer algo, porque no s√≥lo se est√°n enfermando por contagios de covid‚ÄĚ.

Tambi√©n tuve la desgracia de perder a alguien: el exmarido de mi prima, de 40 y pico de a√Īos, falleci√≥ el a√Īo pasado. En esos casos, creo que quienes somos personal de salud tenemos la desventaja de saber. Eso genera m√°s ansiedad, y no ser vos quien atiende a tu familiar o a tu allegado hace que te preguntes si se estar√°n haciendo las cosas bien: ‚Äú¬ŅQu√© estar√°n haciendo?‚ÄĚ… 

La tristeza es la misma, pero la desventaja de saber es no poder hacer algo o creer que podemos hacer algo, cuando en realidad no.

Por una cuesti√≥n del servicio, el celular no se puede usar. 

Pero m√°s all√° de lo institucional, tratamos de que los pacientes no lo usen porque muchas veces estar tanto en contacto genera m√°s ansiedad. O si alg√ļn familiar les da alguna mala noticia, se agrava la situaci√≥n. No la salud f√≠sica, pero s√≠ la psicol√≥gica

Igual, hay situaciones especiales‚Ķ Hay personas que dicen: ‚ÄúYo s√© cu√°l es el paso siguiente, dejame despedirme de mi familia‚ÄĚ. Y las dejamos. Tambi√©n somos humanos.

Muchas veces nos piden si podemos avisar a un familiar, a una esposa, a un hijo… entonces agarramos nosotros un celular, sea personal, del médico o de quien se ofrezca, y enviamos el mensaje.

Los enfermeros acompa√Īamos emocionalmente a los pacientes, y por ah√≠ les decimos: ‚ÄúTen√© un poco de paciencia, porque esto lleva tiempo‚ÄĚ. O: ‚ÄúEst√°s mejorando un poco‚ÄĚ. Pero de la informaci√≥n espec√≠fica sobre c√≥mo va o del tratamiento, se encargan los m√©dicos. 

Lo mismo pasa cuando te preguntan los familiares: a nosotros no nos corresponde dar el parte, as√≠ que tratamos de mantenernos al margen. 

S√≠ nos toc√≥ mucho acompa√Īar en el momento del fallecimiento, cuando algunos pudieron venir a despedirse. Y es bastante fuerte‚Ķ

Va en cada persona. Pero no vas a ser m√°s o menos profesional por no estar ah√≠ acompa√Īando. Cada uno reacciona diferente. Y tambi√©n se le da el espacio al familiar, porque capaz que vos quer√©s estar acompa√Īando y el familiar quiere estar con la persona a solas. Entonces tambi√©n hay que entender y respetar: esa s√≠ es nuestra actividad.

La verdad, nunca pens√© qu√© hacer en un caso as√≠. 

Igual, creo que lo que uno piensa o dice que va a hacer, después termina siendo diferente. Por el tipo de familia que encontramos. O porque iba a hacer tal cosa y en el momento no me salió. O porque estaba ocupada, entonces no pude acercarme.

Tambi√©n tiene que ver con la personalidad de cada enfermero y de la situaci√≥n: si te sali√≥ agarrarlo de la mano y contenerlo de esa forma, o si simplemente lo escuchaste, o si no pudiste porque te super√≥ la situaci√≥n y te tuviste que ir‚Ķ

Yo generalmente me quedo con el paciente. Pero si hay alguna situaci√≥n que me recuerda algo muy personal y por equis causa me hace mal, educadamente me retiro de la situaci√≥n. Y si es necesario, le pido a alg√ļn compa√Īero: ‚ÄúCubrime, porque yo no puedo‚ÄĚ. Eso tambi√©n aprend√≠ a decirlo: ‚ÄúNo puedo con esto‚ÄĚ. Y pedir ayuda. Pero generalmente estoy ah√≠.

Ya me conozco. Sé qué situaciones me afectan, así que directamente las evito.

Y soy m√°s de escuchar. Muy pocas veces digo algo, porque quiz√° en el af√°n de querer ayudar, met√©s la pata. O dec√≠s alguna palabra que puede molestar. Entonces prefiero escuchar: tratar de calmar y acompa√Īar, m√°s que nada.

Las frases que m√°s recuerdo de los pacientes son: 

‚ÄúTengo miedo‚ÄĚ. ‚ÄúNo quiero que me pongan esa m√°quina, s√© que me voy a morir‚ÄĚ. ‚ÄúS√© que no salgo‚ÄĚ.

Tal vez lo buscan en internet o les pas√≥ con alguien, pero te dicen: ‚ÄúS√© que si me conect√°s, no salgo‚ÄĚ. Entonces tratan de hacer todo para no llegar a eso.

Nosotros no decimos nada, porque nunca sab√©s c√≥mo va a responder el cuerpo de la persona, por m√°s que tengas un 80 % de seguridad‚Ķ

Gracias a Dios, no me tocó ser parte de despedidas.

S√≠ me ha tocado decirle al m√©dico: ‚ÄúPepe quiere el celular para despedirse‚ÄĚ. Pero trat√© de no estar en el momento. Es muy personal y ten√©s que dar espacio para que la persona diga, exprese, haga lo que le salga. Y adem√°s, creo que no podr√≠a, entonces lo evito.

Escuchar que se est√°n despidiendo, s√≠ me toc√≥. Es horrible‚Ķ Muchas veces escuch√°s que se dicen cosas muy fuertes entre los familiares, y nunca pens√°s que trabajando de esto te vas a enterar de un mill√≥n de cosas. Pero trato como de apagar los o√≠dos o de irme lejos, hacer otra cosa.

Después de todo este tiempo, no sé si nos sentimos más valorados como enfermeros, pero creo que sí se tomó más conciencia de lo que hacemos.

Al comienzo de la pandemia, los pacientes pasaban mucho tiempo internados. La mayor√≠a de las veces, solos, sin recibir visitas, entonces les comentaban a sus familiares. Ellos ve√≠an que no es solamente ‚ÄúMe ponen el suero y controlan las gotitas que caen‚ÄĚ, sino que es contenci√≥n emocional.

Adem√°s, pas√°bamos muchas horas: fueron enferm√°ndose compa√Īeros y era cubrir turnos, cubrir los baches que quedaban…. Creo que se dieron cuenta de eso, de que no es algo tan simple como se lo ve.

Nunca me cre√≠ una hero√≠na y tampoco me creo responsable de las cosas que se dijeron y c√≥mo atacaron a colegas. Entiendo tambi√©n que a la gente se le minti√≥ mucho en muchas cosas: los famosos antivacunas, los provacunas, los que dec√≠an ‚ÄúEl Gobierno nos est√° mintiendo‚ÄĚ y ‚ÄúLa farmacia no s√© qu√©‚ÄĚ…

Trat√© de mantenerme al margen. Hago mi trabajo con la mayor responsabilidad y empat√≠a posible, y nada m√°s: hasta ah√≠ llega lo que puedo hacer.

Los reclamos siguen‚Ķ El sistema de salud est√° complicado desde hace muchos a√Īos. Con la pandemia sali√≥ a la luz, pero los problemas vienen desde antes, como la cantidad de personal, que siempre fue escaso. 

Las cosas se fueron solucionando en el momento, como para pasarla, pero soluci√≥n, soluci√≥n real, que mejore nuestra calidad de trabajo, no hubo.

El sueldo de enfermer√≠a var√≠a mucho si est√°s en un privado o en una instituci√≥n p√ļblica. Cuando arranc√°s, son 40.000 pesosY menos tambi√©n. En un privado ten√©s cosas extras que la misma instituci√≥n da, como presentismo, que te van sumando, pero es precario. O sea, familia tipo con 40.000 pesos no vive. Por eso, muchos de mis compa√Īeros tienen doble trabajo.

Por c√°bala, en el hospital no podemos decir: “La guardia est√° tranquila‚ÄĚ. Pero la situaci√≥n actual no tiene nada que ver con la de antes.

Cuando ingresa un paciente con covid o sospecha de covid, ya no nos alborotamos. No es un: “Ay, viene, ¬Ņqu√© preparo? ¬ŅC√≥mo viene? ¬°Ya me cambio!”. Lo esperamos como a un paciente con otra patolog√≠a: preparamos las cosas y estamos tranquilos.

El √ļltimo tiempo tuvimos menos ingresos. Pero la gente que entr√≥, no se recuper√≥; esa es la parte negativa. Son adultos, adultos j√≥venes, con patolog√≠as previas. Y si tienen o no la vacuna, es variado.

Si me preguntan qu√© quiero, quiero que esto se termine de una vez por todas.

Si me preguntan qu√© creo, creo que vamos a aprender a convivir o tenemos que aprender a convivir con esto

Espero que no sea tan mortal, que se encuentre algo espec√≠fico, como la vacuna de la gripe que todos los a√Īos te la pon√©s y hay cepas diferentes pero no te matan.

Hoy, despu√©s de estos 2 a√Īos de pandemia, la verdad es que no s√© si valoro m√°s la vida, como dice alguna gente, pero s√≠ creo que el estar tanto tiempo encerrada y sin poder convivir naturalmente me ayud√≥ a conocerme mucho m√°s

A conocerme m√°s que nada en las cosas d√©biles. Yo pensaba: ‚Äú¬ŅC√≥mo un enfermero va a llorar por un paciente?‚ÄĚ, porque trat√°s de no involucrarte. Y me pas√≥. Entonces aprend√≠ que me puede pasar de todo.

  • ūüďĻ Para ver el testimonio completo de Milagros, entr√° a este enlace.

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