🌠💬 Una selección fantástica y real

Publicado el 12/07/2026.

Por Sonia Budassi

Periodista y escritora


¿Cómo llegamos hasta acá?

3-2 a Cabo Verde.

3-2 a Egipto.

¿Algún numerólogo en la sala?

Oímos, dijimos, reproducimos, cuestionamos, desde publicaciones extranjeras, o de acá, como esta misma, y las charlas por WhatsApp, y las redes y la tele, frases que podríamos, creo, copiar y pegar en cualquier lado al infinito y seguirían funcionando para graficar lo que pasa en este Mundial. Para contar los mundiales de Argentina en el pasado. Y quizá, del futuro. Aunque lo que pasó con Egipto, sentimos, no había pasado jamás; o eso nos dice el cuerpo, que aún no se recupera.

“Levantarse de la muerte”.

“Dios ha resucitado”.

“Puro corazón”.

Messi lidera una histórica remontada. Otro milagro”.

“Triunfo agónico”.

“Ataque de pánico”.

“Montaña rusa”.

“Faraón Messi”.

Messi sei un mito: Oh my God”.

“El corazón en la boca”.

“Así no hay cuerpo que aguante”.

Y en el grupo de WhatsApp de amigos, de vecinos, de exalumnos del colegio, de sobrinos, se reenvió mil veces el meme “Desfibrilador se ha unido al grupo”.



(Ilustración: Julieta Lucero.)

Estamos por jugar los cuartos de final contra Suiza, tierra de relojes, chocolates y paraísos fiscales. Una pequeñez de territorio prolijo, ordenado, bonito. No vi ningún chiste sobre eso, las gastadas ya vistas con otros equipos; diversiones zonzas y necesarias.

¿Cuánto ingenio nos genera la angustia de la espera, de lo inminente de que todo puede acabarse de pronto? ¿Y la euforia?

De mínima, hizo que muchos, manija manija manija, hayan ido en plena ola antártica a juntarse a cantar y festejar como si estuvieran en la cancha, con sensación térmica bajo cero en el Teatro Municipal, y en Punta Alta, y andá a saber dónde, luego de Cabo Verde. Cientos y cientos.

¿Demasiado pronto, bahienses? No creo. Aferrarse a una celebración y reinventar la resistencia a nuestras heladas: ¿por qué no?

Me atrevo a decir que esta voluntaria juntada, improvisada, bajo la cruenta fresca odiosa invernal es una muestra más de la vitalidad bahiense. No es que vas al frío porque no te queda otra como los días en que te despertás temprano para ir a trabajar o a estudiar o a llevar a alguien a algún lado, y la escarcha y el viento vienen de prepo y hay que bancarla sí o sí.

En este Mundial 2026 elegís salir, ¡y es tu decisión! Celebrás a pesar de todo ese hielo en la cara y en el cuerpo, en la intemperie, elegís juntarte y cantar y compartir, cercanía física y espiritual con otros, esta intemperie es buscada y como son, somos, muchos, juntos, es casi una contradicción, una intemperie amparada.

Esta semana, entonces, ganamos con estrella bahiense frente a Egipto. Quizá inaugure una secuencia inédita. En el Museo del Puerto no tienen registro de migrantes de aquel país. A nivel nacional, el porcentaje es ínfimo; más en relación con la colectividad árabe de Siria y Líbano (todavía les decimos “turcos” a los árabes, aunque los turcos sean… ¡oriundos de Turquía! ¡Como su nombre lo indica!).

Nuestro Lautaro Martínez fue sacrificio y redención frente a la tierra de los faraones y las pirámides. Imposible olvidar, en el festín de gestualidad que nos regala el Mundial, cuando hizo el gol frente a Jordania: ese gesto de sacarse la mufa, pasarse cada mano por el brazo opuesto y luego por el centro el cuerpo, desde el pecho a la panza; como si te quitaras un polvo venenoso, invisible, o con más delicadeza de la que practicamos, con el polvillo adherido en la ropa, luego de lijar la pared. O de quedar atrapados en un remolino de viento y tierra seca, combinaciones históricamente bahienses.

Dan ganas de copiar al “Toro” cuando algo no nos sale.

 

En la previa, los nervios crecen. Los jugadores precalientan dirigidos por alguien del plantel a quien siguen. Algunas sentimos ganas de imitar esos ejercicios como si de clases de gimnasia por YouTube se tratara. Para calmar la espera, hasta que llega alguien o voy a algún lugar; tampoco perder el pudor por completo.

Es llamativo que, a pesar de que los movimientos sean básicos y podamos imaginar que estos deportistas profesionales de alta competición ya se los sepan de memoria, siempre un profe los guía, como en las clases de educación física de la escuela.

Mi Messi, mi guía, mi todo

“Nuestro guía, nuestro referente, nuestro líder”, dijo Lautaro, ídolo surgido en Liniers, refiriéndose a Messi después de la victoria ante Egipto. ¿Cómo era esa canción romántica y empalagosa? Iría bien en los clips de TyC con las palabras del “Toro” para reemplazar “mi amor, mi cómplice y todo”…

Siempre melodrama: tan recios que se hacen, pero al final gana la efervescencia lacrimosa emotiva; en ellos queda bien, aunque todavía se siga diciendo que los hombres no lloran, de la mano del patriarcado que no descansa y dice que sí, por fútbol “se puede”.



(Foto: FIFA.)

Y se fue otra estrella del Mundial de las Estrellas, gracias a nuestra selección, Mo Salah, tristísimo, abrazo mediante con su excompañero del Liverpool, Alexis Mac Allister.

Si llora Messi, desconsolado, sin llegar al hipo, ¿cómo no vamos a poder llorar nosotros? El contagio catártico debe tener una función social. No llores por mí, Argentina en un video de la AFA funciona como micro obra de arte realista para hacer todavía más hincapié en el pulso de la hipersensibilidad.

Vengo leyendo por ahí que Argentina no sólo sabe jugar al fútbol, sino sufrir el fútbol. Una maldición vuelta virtud. Digo. Nuestro DT dijo que no es entrenador porque le guste eso a priori, sino para “sentir la emoción”. Exagerado, dramático, pero real. Menos mal que Lionel Scaloni recurrió a eso y no se dedicó a un oficio emocionante o triste, ni a un deporte de riesgo.

Villanos de primera

Pero, repito, ¿cómo llegamos hasta acá?

El Mundial es un relato con tonos suaves y estridencias, con historias principales y encantadores personajes secundarios o villanos de cuarta. Pienso en Donald Trump y su opinión sobre la justicia de las reglas del juego y su pedido (exigencia) de cambiarlas, porque le suspendieron a su goleador Folarin Balogun (y ni aún así evitó que los golearan y quedarse afuera).

Algo inédito, que recuerda a esos compañeros del barrio -nivel jardín de infantes: ya en la primaria nadie se anima a tanto- que, cuando perdían, se robaban la pelota y salían corriendo. Trump contó, explícito, impudoroso, ¿indigno?, su presión ante la FIFA. Blanqueó que antes ni sabía qué implicaba una tarjeta roja, aunque la sanción le parecía “injusta”. Se jactó de que, gracias a su gestión, la FIFA decidió no suspender a Balogun. La UEFA emitió un comunicado sobre la infamia digna de un adversario malhechor, de un antihéroe poderosísimo y tirano. No usa esas palabras, pero. Sí dice lo obvio, porque, en este planeta de líderes desquiciados, las certezas y las reglas aceptadas tambalean aunque sean básicas; y como dejan de ser, entonces, obvias, hay que traerlas a la vista, subrayarlas como dice sin estridencias la UEFA, cosas como que el deporte “se basa en normas”, que son la base “de una competición justa, honesta y transparente”. Si bien reconoce que, en ocasiones, las normas están “abiertas a la interpretación”, agrega, firme: “En este caso, no”.

En un Mundial hipertecnologizado y atravesado más que nunca por las apuestas deportivas… ¿no te da miedo que esos sensores que descubren roces invisibles para el humano sean manipulables?

La balanza comercial de DT y quién querés que pierda

En este tiempo hasta llegar a los cuartos de final, caminamos sobre el enjambre que es el fixture mundialista, sobre sus bordes, tejidos entre partido y partido, planteamos la pausa, prevemos la tensión. Y encontramos las claves del cronograma para organizar nuestros rituales.

Al comienzo, el relato tiene muchos micropuntos de giro, y rápidos. Casi sin recreo entre una contienda y otra. Hasta que llega la etapa de eliminación directa. Los 6 partidos por día -una serie de acción- se espacian a medida que pasa el tiempo, hasta llegar al horror vacui del final.

Esta semana tuvimos nuestro primer día sin Mundial.

Fuimos eligiendo, con motivos a veces arbitrarios, y otros demasiado fundamentados, como si se tratara de una tesis doctoral, qué resultados preferimos. ¿Colombia o México? ¿Todos queremos que pierda Brasil? ¿Entre Estados Unidos y Suiza?

Ciertos argumentos son tan poco lógicos como que hace mil años (el 5 de septiembre de 1993, en el estadio Monumental, durante las Eliminatorias) Colombia nos hizo 5 goles (¿resentida, yo?). Y James Rodríguez –no se pronuncia Yeims: bien ahí la reapropiación de lo yanqui por lo latino– hace un tiempo ninguneó a Messi. Dijo que no lo conocía, y que a Cristiano Ronaldo sí, porque jugaron juntos. Y encima expresó que le fue indiferente que Messi ganara el Mundial 2022.

Mi sobrina Lara tiene 20 años y juega al fútbol en el equipo CSKA-BIA de la Liga Universitaria. Me dijo que hinchaba siempre por los rivales de Portugal: “No soporto el ego de Cristiano”. Días más tarde, le doy la razón a Lara: tras perder contra España en octavos, a CR7 le preguntaron cómo iba a levantarse al día siguiente: “Igual que hoy”, respondió. Y agregó que su país ganó títulos desde que él empezó a jugar en la selección, y que la Eurocopa obtenida en 2016 es una competición de igual peso que un Mundial.

CR7 siendo Cristiano Ronaldo.



(Muito obrigado. Foto: Bolavip.)

Lejos de ser “sólo fútbol”, el Mundial amplifica dinámicas de poder presentes cada día de cada año. Que incluye el racismo, desde Francia a Paraguay y Egipto.

No le creo a Rodrigo De Paul cuando dice que sólo puede representarse a un país dentro de la cancha. O no lo comparto.

Y a esto: el DT de Estados Unidos, Mauricio Pochettino, argentino. La balanza comercial de importación y exportación de deportistas y técnicos mostró las particularidades mundialistas de la globalización. Con casos que a nuestras mentes estrechas (o argentinas y soberbias, a mucha honra) nos causa risa o estupor.

¿Cómo es posible que el entrenador de Brasil no sea brasilero? ¡Carlo Ancelotti es italiano! El DT de Portugal, Roberto Martínez, ¡es español! Igual no es tan grave, son europeos. Pero… ¿¡Brasil!?

¿A alguien se le ocurrió, ocurre u ocurrirá, como algo posible, que un técnico de nuestra selección haya nacido, vaya a nacer, nazca, en otro lado?

Encima, asistimos a nuestro show de DT argentinos por el mundo. Pochettino, con la elegancia posible ante una situación de ese tipo, se hizo el desentendido cuando, luego de vencer a Bosnia y Herzegovina, le ofrecieron agarrar una banderita estadounidense desde la tribuna. En la conferencia de prensa declaró: “Soy argentino al 200%. Lo siento, no voy a mentir”.

Siempre el tono debe incluir, en mayor o menor medida, las ondulaciones del melodrama, lo siento, no te voy a mentir, imagino ese tironeo incómodo en una profesión que tanto tiene de sentido de pertenencia, y hasta exageración identitaria con su épica cada tanto forzada por los colores nacionales, pero no, no lo compadezco. Otro eliminado.

Y ahí, en Paraguay, el ícono pop Gustavo Alfaro, citador de frases serial, como si se hubiera robado de cada café todos los sobrecitos de azúcar con aforismos del mundo.

Desde el escritor norteamericano Ernest Hemingway (dicho como si lo hubiera oído en una ronda de mates, Alfaro recurre a la fórmula “Hemingway siempre decía…”) hasta Aristóteles, Ringo Bonavena, Juan Manuel Fangio, Jorge Luis Borges… habría que hacer un chequeado.com de cada frase. O quedarnos con que él las atribuye a. Y sí, en su contexto, funcionan.

Un periodista de economía, Esteban Rafele, hincha de Independiente, dijo en el programa de radio La inmensa minoría, interrumpiendo al especialista en deportes, que mencionaba a las estrellas de la eliminada Alemania y sus clubes top de la Champions League y la Bundesliga: “Bueno, pero Paraguay tiene al 9 de Independiente”, en referencia a Gabriel Ávalos, ironizando (¡o quizá no!) sobre el nivel europeo y el argentino.

Y si la alegría fue efusiva, explosiva y no planificada cuando Paraguay le ganó a Alemania, la tristeza fue similar cuando perdió ante Francia. Y con el detalle que tanto ayuda a nuestras pasiones abrasivas y criticonas moralistas. Al terminar el partido, Orlando Gill, el arquero que juega en San Lorenzo, le extendió la mano a una de las estrellas, Kylian Mbappé. Y él, indiferente (¿maleducado?) siguió como si nada. Lo ninguneó.

Hermosa escena para proyectar en ella todo nuestro escarnio. ¿O su actitud asquerosa es justificada? Muchos dicen qué querés, si lo mataron a patadas… Pero los de Cabo Verde a Messi y al resto también les dieron y sin embargo, se saludaron… El tema llegó hasta personajes de la política paraguaya, como una senadora que trató a Mbappé de “camerunés colonizado, fingiendo ser francés”, entre otros epítetos.

“BECCASÍSÍ” tituló en tapa Olé en referencia a Sebastián Beccacece, DT argentino de Ecuador. Su equipo fue sorpresa y revelación, a pesar del bullying que recibió al principio, luego de perder frente a México. La lista incluye a Marcelo Bielsa, que genera una auténtica polarización, palabras y palabras se dispensan online y en TV a defenestrarlo o defender su estilo y “principios”. Su reacción violenta ante la -según él- demora del camarógrafo de la FIFA y la periodista que lo entrevistaría en zona mixta apenas terminado en su último partido, es meme (atroz). “¡Daaaaleeeee de una vez!”, gritó, desaforado.

Y finalmente, el DT de Colombia, Néstor Lorenzo: también quedó en el camino…

Paradojas ante un referí de acá

Otro Mundial para el árbitro bahiense Facundo Tello, que lleva 6 partidos: 3 en Qatar y 3 ahora. En 2022 fue recibido con honores en nuestra ciudad y es elogiado hasta el día de hoy a nivel global. Esta semana dirigió Francia 2-Marruecos 0 por los cuartos de final.



(Andá p’allá… Foto: Bolavip.)

Tello, vecino de Villa Rosas, fue mencionado por el DT galo Didier Deschamps en la previa de la contienda. Si en las redes hubo suspicacias por el árbitro francés de Argentina-Egipto, que Scaloni desestimó, liviano, en una entrevista, ahora se dio una situación espejada. Pero Deschamps sí le dedicó unos minutos a Tello: con elegancia, algo intentó presionar.

Antes, el técnico de Egipto dijo que los jueces habían beneficiado a nuestra selección (¡cuando la sospecha era sobre lo contrario! ¡Se supone que, en todo caso, los franceses podrían querer perjudicarnos, no al revés!). Y días después surgió Argentina como tendencia odiada (difícil resistir al odioso anglicismo y neologismo “haterismo”).

Graciosas teorías conspiranoicas en contra nuestro.

Lo cierto es que el francés no nos perjudicó y Tello a los franceses tampoco, y que tuvimos durante 4 años un chiste malo, remanido y que no se gastó cada vez que, en una charla o chat, debíamos hacer una enumeración o una lista: “Primero, tal cosa. Segundo, Francia”. La repetición no evita que aún cause gracia. Y nos queda la perla de Mbappé, al que le atajaron un penal, y ofuscado vaya a saber por qué le dedicó al bahiense un “fúchale”.

En el Mundial de las Estrellas, como no se cansan de decir, describir, categorizar, con razón, periodistas y trabajadores de otras áreas, está bueno, para compensar tanto exitismo, rescatar el reciente libro de Eduardo Berti, uno de los escritores argentinos más relevantes: La estrella y la memoria.

Una novela coral -como también es coral nuestro relato mundialista, en el campo de juego, en la tele y en las calles, desde la avenida Alem hasta el Obelisco-, recomendada por autores como Alberto Manguel y Martín Kohan, que problematiza la relación entre la disciplina, el talento, y cómo los pueblos construyen a sus héroes y sus gestos. En este caso, a veces parece que el talentoso no se preocupaba por su don. El anti Cristiano Ronaldo nacido en un pueblo argentino. Una novela de planteos existenciales, estructurales, vocacionales, futboleros, entre la proliferación de libros mundialistas oportunistas y los que no.

Cabo Verde se convirtió en Cabo de miedo. El relato mundialista adquirió la forma de suspenso, pánico, terror; de temblores de amenazas de fracaso y decepción y, al final, como ante Egipto, de locura festiva. Del corazón que no da más (perdón que repita lo ya antes tan dicho; no hay lugar para la originalidad).

Ya empezó la sinfonía coreográfica de los llantos: del plano de la cancha, al primer plano de los hinchas en la tribuna. Las celebraciones, de las danzas africanas a los remos escandinavos. O tirar a Messi para arriba y volverlo a atajar, con la exageración emotiva de “la llorona” Scaloni.

No sé en qué se convirtió Egipto. Qué nos queda de articulación narrativa y vivencial de ese embrollo. Si no fuera un partido de fútbol de nuestra selección, si fuera una película, seguro diríamos que es mala, que el cambio abrupto del final no es verosímil, que no pueden agolparse tantas acciones juntas (3 goles increíbles) en tan pocos minutos para cambiar el destino de todos.

Pero, por suerte, para nosotros, sabemos que es real, que la fortaleza de los personajes los vuelve rara avis, unos mostros, una deformidad de altibajos heroicos y torpes que, golpeados, vuelven a surgir, y en toda su complejidad llegan con más vigor a la victoria, fortalecidos en la adversidad, para luego festejar y llorar y llorar.

Por suerte, entonces, nuestra selección genera su propio género, real, y de ficción, que siempre es un cruce, intriga, suspenso, acción, drama, comedia, romance, iniciación…

Y viene escribiendo varias entregas de relatos, todos, a su modo, realistas, y fantásticos. Ojalá, como en un folletín, lleguen, empezando por hoy, a ser muchas más.


La autora

 

Sonia Budassi es escritora, editora y periodista cultural. Su libro Animales de compañía (Entropía) ganó el primer premio de Letras del Fondo Nacional de las Artes. Además, es autora de los libros de ficción Periodismo, Los domingos son para dormir y Acto de fe, y los de no ficción Donde nada se detiene. Literatura y el resto del mundo, La frontera imposible: Israel-Palestina, Apache. En busca de Carlos Tevez y Mujeres de Dios.

Participó en antologías nacionales y de España, México, Francia y Estados Unidos.

Dirigió la revista de Cultura de elDiarioAR; antes fue editora de Anfibia, Ñ y el sello de narrativa Tamarisco, del cual fue cofundadora. (Foto: Inés Budassi)

#LaBahíaDeSonia


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