Producción y texto: Belén Uriarte | Editora de 8000
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Por pedido de los profesionales de la salud, se utilizan nombres ficticios para preservar la identidad de las protagonistas.
—Yo me estaba muriendo. Mi familia y los médicos sabían que no iba a llegar a fin de año —dice Melina.
Hoy tiene 24 años. Empezó a consumir marihuana a los 14 y cocaína a los 19. Atravesó convulsiones, paros cardiorrespiratorios, internaciones, judicialización y tratamientos en distintas provincias.
—Nunca fui a un hospital por mis propios medios. Los paros fueron en casas. Una vez mi expareja me hizo RCP y después me fui a dormir —le cuenta a 8000—. Nunca tuve una internación por las convulsiones ni un control que siguiera ese cuadro.
Recién pudo sostener un tratamiento cuando comprendió que su vida estaba en riesgo.
El recorrido de Melina expone una constante: la salud aparece tarde, cuando el daño ya es severo. Y también, que muchas mujeres consumen en contextos atravesados por vínculos desiguales:
—El acceso muchas veces es a través de varones. A la mujer se lo dan más fácil, pero eso también implica riesgos: abusos, violencias, transgresiones de límites.
En su experiencia, hubo situaciones de extrema vulnerabilidad.
—Para conseguir, muchas veces insinuás sin hacer nada. No hace falta. Pero hay un riesgo. Puede pasar… y pasó.
Lo que pasó fue que Melina sufrió abuso sexual.
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⚠️ El equipo municipal de Salud Mental advierte que el consumo problemático no impacta de la misma manera en varones y mujeres.
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🙇🏽♀️ Ellas llegan más tarde a los tratamientos, cargan con mayores niveles de estigmatización y muchas veces ingresan al sistema por una crisis extrema: internación, causa judicial o episodio grave de salud.
Antonella tiene 31 años y empezó a los 15. Aprendió a fumar cocaína por su expareja: él ya consumía y la incentivó.
Perdió un embarazo y se puso a consumir más:
—Hubo días que no los registré. Me di cuenta cuando nos encontré a los 2 buscando restos en el piso…
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🤰 El jefe de Neonatología del Hospital Penna, Ezequiel Trombetta, señala a 8000 que hay un aumento en el consumo de drogas durante el embarazo. Pero no hay registros oficiales.
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Muchas veces se genera cuidado deficiente y se pone en peligro la vida del bebé.
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Y cuando nace, el consumo materno puede provocarle síndrome de abstinencia, bajo peso, malformaciones y otras consecuencias a largo plazo aún desconocidas.
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✍️ El Penna trabaja en conjunto con Región Sanitaria I, que ante la consulta de 8000 sobre la cantidad de casos comentó: “Se están visibilizando situaciones que antes permanecían ocultas”.
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“Al ser problemáticas multicausales, es difícil identificar factores comunes. Pero sí vemos un deterioro en las condiciones de vida, lo que impacta en las prácticas de cuidado y genera mayor vulnerabilidad”, añadió el organismo.
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A mediados de marzo se inauguró en el Penna la Unidad Residencial para el Abordaje de Consumos Problemáticos.
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El caso de Antonella estuvo profundamente ligado a relaciones violentas.
—Mi expareja cambió muchísimo con eso, se volvió más agresiva. Yo terminé con la nariz y el pómulo rotos… Uno se acostumbra a cagarse a trompadas con la pareja: pensás que eso es normal.
Ella zafó. Nunca estuvo internada ni judicializada. Pero el deterioro fue progresivo y silencioso:
—Me di cuenta cuando vi que habían pasado los años. Que mi ahijada era grande. Que mi hermanita ya era una mujer. Todo lo que me perdí —le cuenta Antonella a 8000.
Y hubo un momento en que ni siquiera se levantaba de la cama.
—Podía estar 2 semanas consumiendo sin dormir. No veía a mi mamá ni a mi papá, porque no me daba la cara.
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😔 Para Antonella y Melina, el consumo no fue sólo una elección individual, sino una trama atravesada por vínculos, violencia, culpa y aislamiento.
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🤝 Sus pedidos de ayuda no fueron inmediatos. Por ejemplo: Melina admite que nunca fue su decisión dejar la droga; aceptar el tratamiento le llevó meses y una internación.
—Hay un juego muy perverso en toda esta historia, que te va enroscando y te va llevando —dice Leticia.
Tiene 61 años, y entre los 16 y los 30 consumió alcohol y drogas.
En su relato a 8000 aparece con claridad un aspecto muy repetido entre las mujeres, ligado a la seducción, el poder, la exposición.
—La seducción es un arma y pagás menos. A veces no llegás a estar con nadie, pero hay un juego permanente que te pone vulnerable. Pasás del poder a la absoluta vulnerabilidad, y quedás en manos de quien te da de comer o te deja dormir bajo un techo.
Todo se trastorna, cuenta:
—Es un gran tipo el que no te deja tirada en la calle. En un mundo medio animal, cualquier gesto medianamente humano se vuelve enorme. Pero cuando se cae la cortina, te das cuenta de que el único lazo que te queda es el consumo.
Leticia comenzó con el alcohol y las pastillas (sedantes y somníferos) y luego pasó a otras sustancias, muchas veces facilitadas por parejas o vínculos cercanos.
—El primer porro lo fumé con mi novio a los 18; las anfetaminas me las dio una pareja para estudiar. Me recibí de traductora técnico-científica literaria a base de alcohol y anfetas. Y terminé internada por una falla renal.
Señala un doble estándar persistente:
—El consumo se juzga 10 veces más duro en una mujer que en un hombre. Desde afuera y también dentro de los grupos. Son núcleos muy machistas.
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🍷 También aparece el alcoholismo pretendidamente disimulado, sobre todo en las mujeres: esconden botellas y toman de manera constante dentro de la casa, porque “si sos la jefa, no tenés que salir”.
Leticia llegó a los grupos de ayuda recién a los 39. Antes no la rescataba nada: ni internaciones, ni choques, ni encierros. Pero un día algo cambió, al verse reflejada en sus hijos y en su propia madre, que era alcohólica. Así entendió que la repetición era un riesgo real.
Desde entonces, sostiene la recuperación como un proceso largo, complejo, no lineal.
—Cuando dejás de consumir es como si le sacaras el freno al cerebro: emociones, ideas, todo junto… El adicto es un adolescente a pleno. Hay una madurez que lleva tiempo.
La clave: pedir ayuda.
—No se sale sola. Cuando ya no podés ser dueña de vos, siempre tiene que haber un lugar donde te den una mano.
🙇♀️ Quiénes se mueven
Si bien la mayoría de las consultas iniciales son hechas por mujeres, muchas veces no se trata de las protagonistas, según el equipo de Salud Mental del Municipio:
—Generalmente, son mamás que vienen por sus hijos o parejas que se acercan por sus cónyuges —le señala a 8000 Eugenia Tamburini, trabajadora social.
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📝 Datos del Departamento de Salud Mental, a los que tuvo acceso 8000, reafirman que el 90% de las consultas de mujeres se realizan en su rol de cuidadoras y sólo un 10% consulta por sí misma.
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La mayoría son madres, parejas y hermanas atravesadas por la situación de hijos, maridos o hermanos.
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🤷♂️ Los varones suelen llegar más tarde, directamente a los grupos terapéuticos.
El primer contacto suele ser espontáneo: una llamada a los teléfonos 4551159 o 2914979607, una visita a los dispositivos oficiales (Güemes 52 o Zelarrayán 848) o un paso previo por la guardia hospitalaria. Hay una entrevista inicial y luego se define la inclusión en grupos terapéuticos de primera y segunda fase, donde intervienen psicólogos, trabajadores sociales y operadores socioterapéuticos.
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👀 Primera fase refiere al grupo inicial, donde el usuario arranca su recorrido terapéutico. Cuando avanza en su tratamiento grupal, el equipo lo deriva al grupo de segunda fase para abordar cuestiones cotidianas más allá del consumo.
💉 Qué se consume
—En las guardias, la principal causa sigue siendo el alcohol por intoxicaciones, accidentes o abstinencia. Después aparecen los psicofármacos y la cocaína —nos explica el psicólogo Hugo Kern, jefe del Departamento de Salud Mental del Municipio.
En el caso de las consultas voluntarias, la cocaína (especialmente fumada) y los psicofármacos (especialmente las benzodiacepinas, como el Alprazolam y el Clonazepam) son las que más impulsan a pedir ayuda.
—La vía fumable genera un deterioro mucho más rápido —advierte Kern.
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👨⚕️ “Sin hacer pedagogía del uso de drogas”, el psicólogo explica que la cocaína puede consumirse por distintas vías de administración: nasal, oral, endovenosa y también fumada, generalmente con el agregado de excipientes de uso corriente.
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Puede presentarse con diversos grados de pureza y suele mezclarse con otras sustancias para aumentar su volumen o “estirar” la droga.
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🧠 Fumar es un proceso más rápido que aspirar o inyectarse: sólo tarda unos 30 segundos. La droga entra por los pulmones, que la absorben y la llevan a la sangre. Luego pasa por la zona izquierda del corazón, que la bombea hasta el cerebro, donde se producen los primeros efectos.
👩⚕️ Cómo se aborda
El equipo de Salud Mental repite que el tratamiento no puede ser neutro. Las mujeres llegan con historias de abuso, maternidades atravesadas por la culpa, violencias de pareja, mayor estigmatización social y menos redes de apoyo.
Por eso, el desafío es doble: mejorar el acceso temprano al sistema de salud y construir espacios donde las mujeres puedan sentirse alojadas, sin juicio ni castigo: que no lleguen sólo cuando ya no queda otra.
Como el consumo problemático en mujeres está atravesado por cuestiones de género, Kern explicó que desarrollan un programa de acompañamiento con espacios exclusivos y seguimiento diferenciado. Además, buscan diseñar un abordaje específico para usuarias de drogas y alcohol en edad reproductiva, a partir de información relevada en el territorio para mejorar el acceso al sistema de salud.
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🧐 Desde el año pasado, este trabajo territorial se realiza en el área del Centro de Salud Leandro Piñeiro, en zona norte, en Harding Green y en Noroeste, los 4 sectores de “mayor índice de demanda”. El objetivo es ampliarlo a otros barrios.
La hipótesis del proyecto plantea que estas mujeres se exponen a riesgos y daños personales y también en su rol de cuidado y crianza, en un contexto donde el consumo problemático femenino sigue fuertemente estigmatizado. Esto provoca, por un lado, su invisibilización y, por otro, dificultades de acceso a un sistema de salud que muchas veces no cuenta con prácticas inclusivas con perspectiva de género.
En ese sentido, aseguran que un programa diseñado según sus necesidades permitiría acercar las propuestas de cuidado a la demanda real y reducir los obstáculos de acceso a los servicios de salud. Actualmente, la iniciativa se encuentra en proceso de tabulación y análisis de datos, sin un plazo definido de ejecución.
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🙏 Si necesitás una mano, existen espacios municipales gratuitos y confidenciales en la ciudad: podés comunicarte al 2914261642 o acercarte a Zelarrayán 850. Acá tenés más información.
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☎️ A nivel provincial, hay un número que funciona de modo permanente para abordajes de consumos y escuchas: 0800-222-5462. Cuando se efectúan llamados desde nuestra región, se derivan a Región Sanitaria I para ser tratados.
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