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🔎 “En el zapato del otro”: Analía usa Facebook para ayudar a bahienses que pierden cosas

Nuestra gente, los barrios y las buenas historias que nos rodean.

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Por Belén Uriarte / Editora de 8000


Analía Pezzella no encontraba el documento por ningún lado. ¿Dónde lo había dejado? Pensó y pensó. Revisó y revisó. Y nada.

Entonces se le ocurrió armar un grupo de Facebook para ver si alguien le daba una mano.

Así nació el 20 de agosto de 2012 Documentos importantes perdidos o encontrados Bahía Blanca. Hoy tiene más de 75.000 miembrosel equivalente a un quinto de la población local. Y hay 12 personas que hacen de moderadores, sin cobrar un peso.

—Finalmente encontré el documento: no lo había perdido, estaba en mi casa —le dice Analía a 8000. Pero sirvió para hacer el grupo, que la gente se sume y empiece a usarlo.

Es que la iniciativa también dio respuesta a una necesidad colectiva: había algunos grupos de clasificados, pero se publicaba de todo y todo mezclado.

Algo así sucedió también en este:

—La gente publicaba documentos, pero también llaves, anteojos, celulares… —dice Analía, que tiene 48 años, vive en el barrio Kilómetro 5 y es pariente de Germán Pezzella, defensor del Betis y la selección. #OrgulloBahiense

Entonces lo charló con los demás administradores y abrieron otro grupo para todo lo que NO sean documentos, “excepto cosas robadas”. Y el 1 de febrero de 2017 surgió Objetos perdidos o encontrados Bahía Blanca, Argentina, que actualmente reúne a más de 30.000 personas.

En ambos grupos sólo se permite compartir información de Bahía Blanca, Cerri e Ingeniero White.

—Hace unos años me contactó un brasileño porque había encontrado el documento de un bahiense que había estado veraneando en Brasil. ¡No sé cómo encontró el grupo! Pudimos hacerle el contacto con los parientes.

El trabajo de Analía consiste básicamente en revisar las solicitudes para sumarse al grupo, controlar si los pedidos de publicación cumplen con los requisitos y etiquetar personas para formar cadenas y que sea más fácil resolver cada caso. 

—A veces se recuperan las cosas en horas. Y hay otras que no se recuperan porque, bueno, no toda Bahía Blanca está en el grupo y por ahí la gente que pierde algo no se entera de que existe…

La solidaridad y el compromiso van en aumento, dice: 

—Capaz en otro momento la gente encontraba un documento y no le daba bolilla o encontraba un celular tirado y se lo quedaba. Hoy lo publicaCreo que se contagian al ver que otras personas publican.

Y también destaca la gratitud habitual. 

—Hay personas que han devuelto las billeteras tal cual las encontraron, ¡con todo el dinero!

Analía está en la cocina de otras cosas, también: tiene el emprendimiento de pizzas y tortas LaNonninaa. Los dulces que más salen son la torta Matilda, el brownie, el cheesecake de limón y de frutos rojos y los budines de limón y de zanahoria con frutos secos.

Si bien esto le insume bastante tiempo y a veces termina cansada, siempre está para sus grupos:

—Nunca me voy a cansar de ayudar al prójimo. Uno siempre se tiene que poner en el zapato del otro: a mí me pasó esa vez, pensé que había perdido mi documento y después lo encontré. Pero me pongo en el zapato de esa persona que lo perdió y tiene que hacer todos los trámites…

Y hay satisfacciones, claro.

—Me pongo feliz cuando se encuentran cosas, porque es decir: “Hicimos algo que a la gente le sirve”.

🔎 Lo más perdido

👉 En el grupo de documentos: DNI, tarjetas verdes y azules, la SUBE.

—También papeles importantes, como recetas o estudios médicos, y sumas de dinero —detalla Analía.

👉 En el grupo de objetos: llaves, anteojos y celulares.

—Aparecen bastantes zapatitos de bebés y herramientas. Y los días de lluvia, ¡las patentes! Se ve que pasan badenes llenos de agua y se desprenden…

📝 Hay reglas

👉 Los mensajes que llegan no se publican automáticamente: los administradores aprueban o rechazan. Así evitan, por ejemplo, publicaciones sobre promociones o ventas. Esto es 100 % solidaridad.

👉 No repetir.

—No sirve que se publique 20 veces lo mismo, porque si no se desorganiza —dice Analía—. Con los puntos suspensivos, lo pueden levantar y que la gente lo vea primero.

👉 Otra cosa importante:

👉 Respetar qué elementos encajan en cada grupo.

👉 ¡Quedate! “Si entrás porque perdiste algo y lo encontrás, no te vayas: tratá de ayudar a los demás”.

  • 🔐 El grupo de documentos nació privado y así quedó, porque al pasar 5.000 miembros ya no pudieron cambiar la configuración. De todos modos, cualquiera puede sumarse. El de objetos sí es público.
  • 🙌 Además de Analía, 11 personas colaboran ad honórem para administrar los grupos: Celeste Castillón, Susana Santos, Verónica Giménez, Marite de Mella, Mariana Bart, Claudia Catini, Guillermina Machado, Elida Tombesi, Noelia Silva, Silvia Prost Diego Velázquez.

👀 ¡Cuidado!

👉 Pese a los controles y las denuncias, Analía cuenta que hubo casos donde se usaron cuentas truchas de Facebook e información del grupo de documentos para cometer estafas.

—Pedimos que tapen datos importantes como el número de trámite —dice—, porque del otro lado de la computadora hay gente buena… y mala.

👉 Otra recomendación: no entregar las tarjetas de crédito o débito sin constatar que se trata del titular con el DNI o un servicio a su nombre.

  • 🤝 Analía invita a sumarse a los grupos de Documentos y Objetos para usarlos en caso de perder o encontrar algo, y para ayudar haciendo cadena de las cosas perdidas.

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Abrazo bahiense.

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🥰 “La alegría de vivir”: Betty y Osvaldo, medio siglo caminando juntos desde Tiro Federal

Nuestra gente, los barrios y las buenas historias que nos rodean.

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Texto, fotos y video: Belén Uriarte / Editora de 8000


—Antes de la pandemia íbamos a todos lados —dice Betty—. Almuerzos, cenas, bailes…

¡Nos gusta mucho la joda! —interviene Osvaldo—. La gente se divierte, hacemos trencito, ¡todo!

Florentina “Betty” Dicchi De Conti está por cumplir 73 años. Osvaldo Pallotti tiene 79. Llevan más de medio siglo juntos.

Se casaron en 1969 y desde entonces viven en Tiro Federal, frente a lo que fue “El Viejo Tropezón”, aquel legendario bar de Liniers y Rivadavia; su nombre sobrevive junto a la puerta.

Osvaldo siempre vivió ahí. Betty es oriunda de White y se mudó tras la boda; dice que si bien ahora a Tiro lo siente más propio, también tiene su corazón allá en Comercial.

Los 2 coinciden en que lo más lindo del barrio son las relaciones que construyeron.

Tienen 2 hijos: Claudio y Vanesa. Y 4 nietos: FedericoCatalinaJuana y “una en el cielo, que se llamó Juliana”.

Si algo los identifica y une, es la energía y la pasión por lo que hacen.

Osvaldo pasó por un montón de trabajos.

Arrancó como lechero, estuvo en una casa de películas, pasó por una bodega, vendió golosinas en los cines, fue mozo, trabajó en un mayorista, hizo repartos en bicicleta y aún atiende el puesto de cubanitos “La Cabrita”, en el Parque Independencia. 

—Vendemos un montón, sobre todo los comunes —le dice Osvaldo a 8000—. Los domingos se venden 2 o 3 cajas, y cada una tiene 300 cubanitos. El secreto es el producto fresco, el buen dulce de leche y la atención.

Lleva 43 años en la misma: va sábados y domingos, y lo que más disfruta es hablar con la gente. Casi todos lo conocen y reconocen y para su cumpleaños recibió más de 100 mensajes.

Foto: “La Cabrita cubanitos”.

—No soy dueño, pero cuido el puesto como si fuese mío.

La verdadera pasión de Osvaldo es la música. Desde que era chico: un día su mamá lo mandó a comprar un lavarropas y él volvió con una batería

Fue la primera que tuvo y lo acompañó en sus primeros pasos:

—Me gustaba más la orquesta que trabajar de mozo, y cuando podía rajar con la orquesta, rajaba. Estuve como músico en Telenueva, íbamos a fiestas por todos lados y hacíamos carnavales. El último grupo fue el Trío Bahía.

Dejó de tocar hace unos 6 años por falta de compañía: necesita alguien con acordeón.

—Cuando consiga, voy a empezar de vuelta. Extraño tocar. Ojalá tuviéramos lo de antes. Recorrimos todo con la música, la gente apoyaba, era todo familiar… Nunca me cansaba: acompañaba tangos, milongas, ¡todo!

Mientras Osvaldo relata sus pasos como músico, Betty recuerda algunos de sus grupos: Los Caballeros del Ritmo, Los Pernanbuco, Habana Jazz…

—Antes hacía bailar a la gente, ahora me gusta bailar a mí. Estoy un poco embromado de las piernas, pero vamos a arrancar de vuelta —promete Osvaldo.

Tiene una voluntad bárbara y eso es lo que lo salva: la voluntad de querer salir a hacer cosas —asegura Betty—. Si es por él, no está nunca dentro de la casa.

—No sirvo para estar encerrado. Si viene uno con un acordeón, ¡vamos! Llevo la música adentro: me siento en la batería y me olvido de todo

Osvaldo no para, pero Betty no se queda atrás.

Integra el coro municipal de mayores, forma parte del Centro de Jubilados que está dando sus primeros pasos en Tiro Federal y participa de la asociación Sembrando Sueños en la Bahía, que promueve la lectura en voz alta.

—Como Osvaldo es un apasionado por la música, yo soy una apasionada por la lectura —dice Betty—. Con la asociación vamos a leer a las escuelas. En la pandemia, yo leía, Osvaldo me filmaba y le mandaba los videos a la coordinadora.

Foto: Sembrando Sueños.

Cuenta que ahora están en el punto digital de Villa Mitre (Garibaldi 149) e invita a la comunidad a acercarse los miércoles a las 15: no hay límite de edad.

—Estar con los chicos es lo más lindo que hay, son tan inocentes, tan lindos. Ellos no se fijan si sos grande. Hay muchos chicos carentes de afecto; cuando nos vamos, nos preguntan “¿Cuándo vuelven?” y se agarran, ¡no quieren que nos vayamos!

Foto: Sembrando Sueños.

Con tanta actividad, la cuarentena estricta se les hizo insoportable. 

Betty y Osvaldo sufrieron mucho. Al principio tenían miedo, se asomaban por la ventana y saludaban a los gendarmes que pasaban por la calle. Después, de a poco, empezaron a salir.

Ella destaca que tanto en los buenos como en los malos momentos han estado juntos. Y asegura que la clave es la paciencia, de un lado y del otro.

—Hemos tenido nuestras cosas, porque en 53 años no voy a decir que nunca tuvimos un “sí” ni un “no”… Pero lo principal es estar juntos.

Y tirar para adelante. Siempre.

—Ahora nos frenó un poquito la pandemia y la salud de Osvaldo, pero vamos a volver, tenemos esa esperanza. Quizás más lento caminaremos, pero seguimos.

El paso de los años

Osvaldo conoce Tiro Federal como la palma de su mano. 

Recuerda que cuando era chico todos pasaban por la calle Liniers: era la pasarela principal, el arroyo estaba descubierto y había un puentecito. 

Con sus amigos pescaban bagre, hacían fogatas y corrían carreras en una pista de bicicletas que habían construido en Parchappe. 

—Era todo tierra y había un solo farol, pero acá no había problema. Eran las 12 de la noche y todavía estábamos jugando.

El hoyo pelota, el balero, el salto de rana, la arrimadita, los carnavales y las figuritas también formaron parte de su infancia y juventud.

Foto: Archivo La Nueva.

Y por supuesto, el club Tiro Federal, que cobró otro sentido cuando se agrandó la familia.

—Mi hijo jugaba de arquero y todos los padres íbamos —recuerda Osvaldo—. Yo hacía chorizos, vendía caramelos, juntábamos plata para los pibes.

Hoy la dupla tirense también frecuenta otros lugares, como Las Tres Villas, donde su nieto practica atletismo, y la Plaza del Algarrobo, que “la acomodaron y quedó linda”.

El aguante de Tiro

El bar “El Viejo Tropezón” tuvo momentos complicados. Y, cansados de las peleas que se armaban, Betty y Osvaldo pensaron en mudarse.

—Estábamos decididos. Ya casi habíamos alquilado un departamento en el centro, teníamos las cajas para guardar las cosas y él se puso mal —recuerda Betty—. Entonces dijimos: “Algo tenemos que hacer”, y empezamos a hablar con los vecinos.

La gente del barrio les pidió que no se fueran. Y entre todos juntaron firmas.

—Pudimos quedarnos… Menos mal, porque él iba a sufrir.

—Yo estoy feliz en Tiro —dice Osvaldo—. Y acá nos vamos a quedar.

—El año que viene, si Dios quiere, él cumple los 80, así que ya estoy pensando en hacer una linda fiesta, divertirnos, bailar —anticipa Betty—. Siempre nos hemos disfrazado y todos se prenden.

—A nosotros nos gusta todo eso: alegría, alegría, ¡la alegría de vivir! 

Foto: Capovilla Elena.

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💚🤍🖤 “Soy un villero más, por supuesto”: Iñaky vende desde el corazón de Villa Mitre

Nuestra gente, los barrios y las buenas historias que nos rodean.

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Por Belén Uriarte / Editora de 8000

José Ignacio Incera, más conocido como Iñaky, nació en la localidad bonaerense de Casbas, tiene 67 años y lleva más de 25 en el corazón de Villa Mitre: es el dueño del emblemático negocio que está frente a la plaza.

Vino a Bahía Blanca por trabajo en 1995, tras un paso por Río Cuarto. Y enseguida inauguró “SALE $HOW”, un “todo por 2 pesos” en la primera cuadra de O’Higgins. Duró poco: cuando detectó que comercios de ese tipo abrían por todos lados, decidió irse a Mar del Plata.

Sin embargo, unos clientes le nombraron Villa Mitre y…

—Vine y el local que tengo ahora llevaba 1 año cerrado. Me senté en la plaza a ver cómo caminaba la gente, para hacer más o menos un estudio de mercado. Y acá caminan por todos lados, entonces dije: “¡Me la juego! Me vengo acá”.

Así nació “Iñaky”, uno de los comercios más conocidos de Villa Mitre: actualmente conviven los rubros librería, juguetería y regalería.

—Yo no conocía mucho al villero y me di cuenta de que el villero es un fanático de su villa. Y si ven que vos sos villero… Yo tuve la suerte de que me adoptaran y hoy soy un villero más, por supuesto.

El negocio refleja eso: ya en sus primeros pasos empezó a incorporar vasos, tazas y llaveros con los colores verde, blanco y negro.

—Vos mandás a hacer un llavero que vale su plata y viene el más pobre de todos y lo compra. Y después no tiene para comer, eh, pero lo compra: es de “La Villa”. Ese fanatismo me asombra… Y dicen “La Ciudad”. El otro día hablaba con uno y me dice: “Nos tenemos que liberar de Bahía Blanca”. Fijate la ridiculez, no es pa’tanto —cuenta entre risas.

Él, en cambio, se define como un fanático más realista. Tiene camisetas y camperas tricolores, va a ver fútbol, básquet, el deporte que sea… Pero reconoce que todo exceso es malo:

—Si te aferrás al “Hay que dividir de la vía para acá”, ¡no! Ahí perdemos todos. Villa Mitre es un barrio que tiene sus límites. Y si bien el club más conocido es Olimpo, Villa Mitre hoy es tan grande o más que Olimpo. Y la diferencia está en que los que entran en la comisión directiva acá lo hacen porque son hinchas, no por interés. Y hasta les cuesta plata de sus bolsillos…

Foto: Facebook Librería IÑAKY (2020)

Iñaky se declara “muy jodón” pero asegura que nunca le faltó el respeto a nadie, y esa es una de las claves para sostenerse tantos años. Además, dice que cumple con sus clientes “a muerte”: cuando alguien le comenta que quiere algo que vio en otro lugar, sale a buscar hasta conseguirlo. También anota en un cuaderno todo lo que le piden y no está, para encargarlo. Y otra clave: la publicidad.

La idea es que la gente se acueste pensando… Están cenando y: “Uy, me olvidé el mapita, ¿y ahora qué hacemos?”. Despelote de noche en la cena: “Mañana a las 7 vamos a ‘Iñaky’, agarramos el mapa y te meto en el colegio”.

Las ventas dependen de las crisis del país y de la época. En temporada escolar, lo que más funciona es la librería y después hay fechas clave, como antes de la Nochebuena, cuando marcha la juguetería.

—Lo que vendo no es de primera necesidad, entonces si el empleado no tiene buen sueldo, compra lo justo y necesario.

—¿Y qué es lo más lindo que te dio la actividad?

—Todo lo que conocés: conocés mucha gente en el comercio. También llegar a esta altura y poder decir que la librería “Iñaky” es conocida. Y el reconocimiento de la gente.

Foto: Facebook Librería IÑAKY (2020)

La gente también causa malos ratos, pero “son los menos”. Está el cliente que vuelve y reclama que lo que se llevó estaba roto, pero Iñaky sabe que no es así y lo cambia igual porque no quiere problemas “por un chiche”. Está quien se queja por cosas que ni siquiera están a la venta… Y está quien roba.

—Robaban mucho cuando era quiosco… En vez de robar me podían decir: “Mirá, Iñaky, necesito hacer un regalito y no tengo plata, ¿vos me darías?” Y yo se lo doy, se lo envuelvo y que lo lleve… Lo he hecho y en general después te pagan.

Y están los políticos

Iñaky cuenta que en época electoral todos buscan su negocio y la mayoría de los candidatos ha desfilado por ahí.

—Llaman y me dicen que quieren venir por “el negocio frente a la plaza, identificado en la Villa”… Les digo que vengan. Yo no soy peronista, ni radical, nada… Y cuando vienen, les doy…

El último fue José Luis Espert, hincha de San Lorenzo, la otra pasión de Iñaky. Al ver el “santuario” en el fondo del comercio, el diputado libertario se sorprendió, se arrodilló y hasta le preguntó por su hermano Luis Incera, que fue vicepresidente del “Cuervo” y aparece en una foto.

Pasado el momento futbolero, Iñaky dice que le dio a Espert:

—Antes de las elecciones, vos y todos los que son políticos dicen las cosas que el pueblo quiere escuchar, pero después hacen todo al revés… ¿Sabés lo que han hecho todos los políticos? Crear pobres, nada más… Las leyes defienden al delincuente, ¿cuándo van a defender al decente? Traicionan a los boludos que pagamos.

El debido legado

Iñaky tuvo coronavirus en 2020 y ese mismo año falleció su empleada de 43 años tras contagiarse; él no necesitó internación, pero perdió 14 kilos y cuando se recuperó, se replanteó muchas cosas:

—Es todo tan rápido que cuando te querés acordar, ya estás, eh. Acá estamos de paso y tenemos que dejar algo. Yo voy a dejar que fui un comerciante de Villa Mitre. Lo fundamental es que hablen bien de uno… Y tenemos 3 hijos a los que siempre les inculcamos la verdad. Lo que uno va a dejar es eso: que sean buena gente.

Hace 40 años se casó con Mónica y tienen 3 hijos: María José, María Macarena y Agustín. Y Micaela es su única nieta.

Además de disfrutar tiempo con ellos, cuando se jubile Iñaky quiere viajar “a Cataratas, Salta, donde podamos”. Y piensa alquilar el local y la casa contigua, aunque no se imagina mudándose muy lejos.

—Voy a tratar de no irme del barrio… a no ser que me vaya a una casa afuera… Pero aún así seguiría viniendo a tomar un café con mis amigos y a ver fútbol, básquet, como un villero más. Eso seguro.


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🚗🤝 “Ir adonde nadie llega”: los kilómetros solidarios de Mónica y Diego

Nuestra gente, los barrios y las buenas historias que nos rodean.

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Por Belén Uriarte / Editora de 8000

—Más allá de la necesidad material, les faltaba esa parte afectiva de decir: “Hay alguien que piensa en nosotros” —cuenta Mónica Placencia, que desde hace 6 años visita campos y pueblos de la zona y otras provincias con su pareja, Diego Siben.

Siempre les gustó ayudar, pero empezaron a hacerlo de forma frecuente en 2013: arrancaron juntando juguetes para el Hospital Penna y ayudando a otras instituciones bahienses, y luego decidieron salir.

El corazón nos proponía ir adonde nadie llega, porque acá en Bahía veíamos mucha ayuda… Empezamos a buscar gente en los campos, familias de origen boliviano para el lado de Ascasubi, Pedro Luro, Origone… —le detalla a 8000.

Fotos: gentileza Mónica Placencia.

Mónica tiene 54 años, nació en Río Negro y es bahiense por adopción: llegó hace más de 3 décadas por cuestiones de trabajo y nunca se fue.

¡Me encanta Bahía! Me gusta el movimiento, donde hay vida…

Desde 2008 convive en el barrio 9 de Noviembre con Diego, que es de Tucumán. Se conocieron hace 16 años en el pueblito rionegrino de Mainqué: él trabajaba en unas chacras, ella fue a llevar ayuda y se enamoraron.

La solidaridad es el pilar de su relación. Siempre están buscando a quién dar una mano, sea a 50 kilómetros, 100 o más.

—No ayudamos porque nos sobra: nosotros sabemos lo que es no tener. Venimos de familias de campo, humildes —dice Mónica, que tiene debilidad por la comunidad boliviana.

Al principio los miraban con miedo, como diciendo “Qué hacen acá, acá nadie viene”. Pero ellos les dijeron que querían conocerlos y ayudarlos, darles juguetes a sus chicos… Y la relación fue cambiando: hoy van y ya los están esperando con tortafritas, hacen choriceadas, comparten todo el día.

Ni siquiera la pandemia cortó esa conexión:

—Por ahí había gente que nos criticaba, que nos decía que estábamos en aislamiento, pero nosotros teníamos los permisos y les respondíamos que la comunidad boliviana está en aislamiento siempre, realmente están aislados de todo y de todos.

Mónica cuenta que la mayoría vive de la verdura y quien tiene vehículo propio, da trabajo a los demás. Y hay mucha necesidad: “Vienen con lo puesto, con las criaturas, un bolsito y nada más”. Por eso en cada visita tratan de llevarles de todo.

—En cada lugar al que vamos hay historias, anécdotas, sentimientos. Y nos traemos fotos, videos… Pero no es para figurar: en el momento en que estás haciendo las cosas, estás enfocado en eso, y recién cuando llegás a tu casa y te sentás a mirar los videos, caés y te ponés a llorar. Está el chiquito que te abraza, el que se te cuelga del cuello, el que cuando te vas te pide que vuelvas. Eso es impagable. 

Un hogar para Bruno

En uno de sus viajes, Mónica y Diego conocieron a Bruno, un pibe tucumano que fue engañado con una promesa de trabajo y vivienda en Godoy, “un puebo muy chiquitito” de la provincia de Río Negro.

—Se encontró con que las cosas no eran como le habían prometido. Dormía en un baño, con colchones mojados…

Mónica conoció la historia por Facebook y se puso en contacto enseguida. Preguntó qué necesitaba, lo juntó y viajó.

Fueron 2 veces y en el segundo viaje, Bruno quiso venir a Bahía. Sin dudarlo, Mónica y Diego le abrieron las puertas de su hogar.

—Vino para ver si conseguía un trabajo y mandarle dinero a su familia. Hizo algunos trabajos de jardinería con nosotros y hace unos días se fue porque no tenía nada fijo y se estaba gastando todos sus ahorros. Pero está pensando en volver.

“No podemos parar”

Mónica destaca que Bahía es muy solidaria, y eso les permite hacer lo que hacen. Aunque diferencia:

El que menos tiene es el que más da, o el que da de corazón. Después está la gente que te dice: “Tengo esta bolsa de ropa, pero tenés que venir a buscarla ya porque si no la saco, me ocupa lugar”. Y ahí la respuesta es: “Sacala”. Porque no somos un contenedor…

Cuando juntan donaciones, Mónica y Diego las clasifican, buscan un destino y no bien reúnen la plata para el combustible, arrancan. Ese gasto sale 100 % de sus bolsillos, de lo que ganan trabajando con la jardinería y otras labores que les van surgiendo.

Duermen en su auto o, si están cerca, en la casa de algún familiar. Explican que los sitios que visitan no suelen tener espacio para quedarse. Hace poco fueron a la ciudad neuquina de Centenario, donde “6 jóvenes dormían en un tráiler, todos apretados”.

Otros espacios que recorren con frecuencia son las escuelas rurales de la zona, a las que llevan libros, material de estudio, juguetes y ropa.

—Hace poco llevamos abrigos. Hice una colecta en el verano, junté 150 camperitas, las lavé, las preparé y fuimos. Es todo un trabajo de hormiga —sostiene Mónica.

Pero asegura que no pueden parar. Incluso les cuesta pensar en otra cosa.

—En el anteúltimo viaje decidimos ir de vacaciones, pero antes pasamos por Centenario. Íbamos enfocados en eso y cuando dejamos lo que teníamos que dejar para seguir con nuestras vacaciones, nos dimos cuenta de que nos habíamos olvidado de nosotros: no llevábamos frazadas ni suficiente abrigo. ¡Nos morimos de frío!

  • La próxima parada de Mónica y Diego es Tucumán: van para reencontrarse con Bruno, visitar familia y ayudar a la gente. Si querés saber más sobre su actividad o hacer alguna donación, podés contactarlos por Facebook o al 291 4230200.

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