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Voces

👩‍👧 El camino de la adopción: deseo, preparación, llamado y construcción

Otra edición de “Voces”, el espacio de 8000 para que se hagan sentir distintos referentes y especialistas de nuestra Bahía.

Publicado

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Por Carolina Recalde / Presidenta del Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (MAMA)


A fines de 2007 llegué al Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (MAMA) por sugerencia del entonces Tribunal de Menores de Bahía Blanca, y comencé a asistir a sus reuniones de manera entusiasta, permanente y comprometida, interiorizándome y preparándome en la temática de la adopción y acompañando a la diversidad de familias en sus diferentes procesos adoptivos.

Después de un tiempo, llegué a desempeñarme como secretaria y hoy soy presidente de dicho grupo autogestivo.

Foto: La Nueva.

¿Cómo aparece el deseo de adoptar?

No fue un proceso fácil. Desde que éramos novios, con mi marido, sabíamos que tener un hijo biológico era casi imposible. Nunca hicimos tratamientos de fertilización asistida. Pensamos y masticamos la idea de la adopción desde siempre. El 10 de noviembre de 2007 nos presentamos ante el Tribunal de Menores para llevar todos los papeles y realizar las evaluaciones correspondientes.

¿La disponibilidad adoptiva fue cambiando con el paso del tiempo?

Claro que sí.

A medida que fueron pasando los meses y al conocer otras experiencias y vivencias, fuimos cambiando hasta llegar a aceptar niños/as hasta 8 o 9 años de edad.

¿Cómo fue el día del “llamado”?

Es un día que jamás olvidaré.

Me acuerdo de que estaba de licencia por ART, en el comedor, y me llamó mi marido dándome la noticia de que nos habían convocado desde el juzgado. ¡No lo podía creer! Era el 7 de agosto de 2012.

Y después del llamado, ¿cómo siguió el proceso?

El 8 de agosto fuimos. Nos contaron acerca de la que iba a ser nuestra hija. Nos hicieron preguntas y preguntamos algunas cuestiones. Teníamos que volver al día siguiente.

Y al día siguiente, sucedió algo que no esperábamos: conocer a nuestra pequeña. Linda, pícara, desenvuelta y charlatana. Con el permiso del juzgado, salimos a almorzar y quise sacar una foto. ¡Sorpresa! Mi máquina no tenía pilas. Así que compramos unas en el kiosco y seguimos paseando.

Yo no podía de la emoción, iba caminando de la mano de una niña que sería a futuro mi hija. Mandé mensajes a mi familia y a mis amigas. Todos desbordaban de emoción.

¿Qué ocurrió después? ¿Al otro día?

Nuestra hija estaba viviendo una situación muy particular, por eso se nos otorgó un permiso de pernocte para que estuviera en casa a partir del 10 de agosto. El 14 de agosto ya teníamos la guarda y todos comenzábamos un camino nuevo, una construcción familiar de nuevos vínculos.

¿Cómo describiría a esa construcción del vínculo familiar?

El primer día que nos vimos, mi hija me dijo “mamucha” y gracias a la formación, a la información y a la preparación continua, entendí que aunque me nominara de esa manera todavía no era su madre en lo vincular. Había que construir, de a poco, un vínculo fuerte, sostenido, paciente: un vínculo de madre e hija.

¿El vínculo se construye fácilmente?

Para nada, en absoluto.

Lleva tiempo, paciencia, templanza, amor, resignificación de conductas: herramientas necesarias que debemos entrenar mientras hacemos una espera activa.

¿Con el amor alcanza?

Mucha gente cree que solamente teniendo mucho amor se construyen los vínculos, se solucionan los problemas, se adopta. El amor es muy importante, pero tenemos que tener en cuenta otros condimentos que influyen en las relaciones personales.

¿Es lo mismo ser familia por vínculo adoptivo que por vínculo biológico?

Por supuesto que no. Los hijos adoptivos llegan desde afuera con una historia de negligencia, maltrato, abandono o abuso.

Una historia muy dura en la que nosotros, los padres adoptivos, no estuvimos, no participamos.

Una historia donde nuestros hijos son sobrevivientes de una o varias vulneraciones de derechos.

Es imprescindible entrenarnos y fortalecernos para poder acompañar y sostener a nuestros hijos.

¿Qué le diría a alguien que está pensando en adoptar?

Que la adopción trae desafíos constantes. Que la espera tiene que ser productiva, positiva, formativa e informativa. Que se acerque a los grupos autogestivos para escuchar las voces de otros que viven o están en la misma situación. Que cuando se sientan desesperados, desorientados o extenuados, busquen ayuda.


De qué se trata

Según Eva Giberti, la adopción es “la historia de un encuentro” entre una pareja o monoparental que desea ejercer la paternidad y de un niño que necesita de alguien que ocupe el lugar de los padres, que de hecho o virtualmente perdió.

Este encuentro encierra todo lo positivo, lo vital, lo afectivo que tiene la adopción, que reconoce como padre-madre-hijo al que se siente y ocupa el lugar de tal.

Porque hablar de adopción es hablar de un nuevo modo de dar a luz, es hablar de una unión entre un anhelo de amar y un anhelo de ser amado, de proteger y de ser protegido, de crecer y de ser conducido, de cuidar y de ser cuidado, de ser padres y de tener padres.

Los comienzos de MAMA

El Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes es la ONG sobre adopción más antigua del país: nació en 1985 en Bahía Blanca y el jueves pasado cumplió 37 años.

Al principio, se reunían solamente mujeres y de a poco, se fueron acercando los hombres.

Surgió a partir de las necesidades e inquietudes de un grupo que estaba en la etapa previa a la adopción y otro que ya había adoptado. Los que esperaban iban con la intención de nutrirse de la experiencia de los otros y quienes ya tenían niños, para compartir sus dudas y sus vivencias.

Objetivos generales

👉 Fomentar la adopción de niños/as y adolescentes.

👉 Facilitar información.

👉 Intercambiar experiencias, dudas, temores y alegrías entre los aspirantes a adoptar y los que ya son familia por adopción.

👉 Acompañar en la espera, en la vinculación y en la adopción propiamente dicha.

👉 Realizar seminarios, talleres, encuentros y jornadas abiertas a la comunidad para insertar la temática.

👉 Promover la lectura de material bibliográfico referido a este modo de ser familia.

👉 Impulsar el conocimiento de películas, documentales y páginas web abocados a esta forma familiar.

👉 Auxiliar por medio del servicio SOS (disponible las 24 horas, los 365 días del año) a quienes deseen compartir lo que les preocupa, entristece o alegra.

Nuestras reuniones

Las hacemos los segundos y cuartos sábados de cada mes, de abril a noviembre, en el salón de prensa “Eduardo Cenci” de la Municipalidad (Alsina 65), de 15:30 a 17:30. En algunas oportunidades, realizamos actividades en la UNS.

Durante 2020 y 2021, debido a la pandemia, tuvimos talleres en forma virtual. Este año trabajaremos en forma virtual hasta el receso invernal y luego, en forma presencial.

Contacto

☎️ Teléfonos: 2914261125 y 2916422422.

🔗 Facebook: Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes Bahía Blanca.


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Voces

💛 Ayuda-Le: el corazón bahiense para luchar contra el cáncer

Otra edición de “Voces”, el espacio de 8000 para que se hagan sentir distintos referentes y especialistas de nuestra Bahía.

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Por la comisión directiva de Ayuda-Le


Ayuda-Le es una asociación civil sin fines lucro, fundada el 3 de mayo 1990, con el propósito general de apoyar todas las actividades relacionadas con el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades malignas del sistema hematopoyético (encargado de la formación de la sangre) que se lleven a cabo en Bahía Blanca y su área de influencia sanitaria abarcada por el Hospital Penna.

Está reconocida como entidad de bien público por la Municipalidad (bajo el N° 325) y por la Dirección de Personas Jurídicas de la Provincia de Buenos Aires (N° 11.177), desde el 3 de abril de 1992.

🤝 Cómo surgió

En 1990 la comunidad bahiense, con el apoyo de la prensa oral, escrita, televisiva y de entidades de servicio de la ciudad y la zona, posibilitó la recaudación de fondos para pagar un trasplante de médula ósea a 2 enfermos: Nicolás Fernández y Luis Castillo.

Desafortunadamente ambos pacientes fallecieron y sus familiares decidieron entonces donar el sobrante para iniciar las actividades de la asociación.

Posteriormente, reiteradas campañas públicas permitieron reclutar socios, que con su aporte mensual contribuyen a solventar los gastos que demandan las actividades de Ayuda-Le.

Fotos: Ayuda-Le.

🙌 Algunos logros

🟨 La construcción de 8 departamentos en Baigorria  2.150, a 6 cuadras del Penna.

Totalmente gratuitos y completamente equipado para que el niño y sus papás puedan tener una estadía confortable transformándose en un cálido hogar donde los mismos pueden desligarse de esa situación problemática para dedicarse a ser el soporte de su hijo, que en ese momento ve limitada su vida infantil.

Si la situación lo requiere, son ayudados también con bolsas de comestibles.

🟨 Una sala de juegos en el mismo predio para que los niños puedan pasar algunas horas jugando en un lugar más espaciado con distintos sectores: lectura, arte, casita, construcción, juegos de play, películas, etcétera.

👨‍👩‍👧 Tratamiento y acompañamiento

👉 Porque vivenciamos que el tratamiento supone grandes exigencias para los niños y sus familias:

  • Durante un tiempo más o menos prolongado deben armar sus rutinas en función del hospital, los horarios y los cuidados que requiere el niño enfermo.
  • Muchos de estos niños procedían de ciudades o pueblos lejanos a Bahía, lo que obligaba a sus padres a instalarse en los pasillos del hospital por semanas.
  • El juego es la actividad por excelencia de los niños, que los sumerge en un mundo mágico que debe permanecer activo para ayudar en su recuperación.

Decidimos tener a cargo 5 salas del hospital, renovando cada vez que sea necesario sábanas, acolchados, colchones, almohadas, cortinas de baño, calefacción y ventilación, proveyendo de heladeras para conservar alimentos necesarios para lograr el estado nutricional apropiado del enfermo.

Colaborando además con catéteres implantables, agujas para punción medular, drogas antineoplásicas, tensiómetros, saturómetros, barbijos, alcohol en gel y todos los insumos necesarios. Se concreta el amueblamiento de 2 salas de aislamiento para niños proveyéndolas de camas, mesas de luz y de comer, mueble de acero quirúrgico, aires acondicionados, pintura y decoración con vinilos infantiles; cortinas, cubrecamas, etcétera.

👉 Porque afirmamos que el diagnóstico temprano, el acceso a un tratamiento adecuado, el cumplimiento de dicho tratamiento en el tiempo correcto, la presencia de salas especializadas en los hospitales, la disponibilidad de camas para la hospitalización, un buen estado nutricional y el apoyo de una red de soporte socioemocional son parte de los factores que colaboran con el éxito del tratamiento.

En 1993 creamos el servicio denominado Patrulla, dentro del Penna, para que los enfermos estuvieran controlados las 24 horas con enfermeras capacitadas para la atención de sus necesidades.

El Hospital de Día tampoco escapó a nuestros logros.

Para esos niños que van a control, que deben pasar gran parte del día en el hospital y que no pueden compartir la sala de juegos con los demás niños internados con otras enfermedades, equipamos una sala aislada donde pueden jugar libremente, encontrando PlayStation, libros, bloques, juegos tranquilos, triciclos, crayones, fibrones y todo aquello que hace que el tiempo corra sin darse cuenta.

Además, una biblioteca ambulante para las habitaciones de inmunosuprimidos.

Y logramos la creación de un taller que permita al niño comunicarse con otros niños, mostrando sus experiencias y vivencias, brindándole la oportunidad de manifestar sus sentimientos de amor/odio, alegrías/tristezas, gozos/temores, etcétera.

Todo ello buscado no sólo a través de la palabra hablada sino de otros lenguajes, mediante la utilización de nuevos códigos que enriquezcan la comunicación: el cuerpo, el gesto, la mirada, los sonidos, la voz, la pintura, la cerámica, el reciclado; favoreciendo así el crecimiento grupal e individual, donde la experiencia personal es vivida colectivamente.

Para todo ello es imprescindible el retiro y luego la vuelta al hogar a través de remises totalmente gratuitos y la utilización de materiales especiales que no sean nocivos para su estado de salud.

👉 Porque entendimos que la experiencia de un niño con leucemia y su familia es altamente estresante y que es importantísimo el soporte que la comunidad puede brindar, perdiendo el miedo a acercarse, el temor a impresionarse, valorando que más allá de estar enfermo de leucemia es un NIÑO que necesita jugar, distraerse, ir a la escuela, relacionarse, insertase socialmente, crecer y desarrollar sus potencialidades. 

Sumamos a todo lo anterior una intensa campaña de concientización sobre la donación voluntaria y habitual de sangre y el registro de donante de médula ósea.

Los donantes habituales y voluntarios de sangre representan por sí mismos un seguro de calidad: se acercan a donar sin ninguna coacción y buscan ayudar al otro, a quien no conocen, pero saben que existe y necesita de ellos.

Estos donantes se contraponen a los donantes de reposición, quienes exigidos por el entorno familiar y social pueden verse obligados a omitir durante la entrevista algunas cuestiones relacionadas con su salud o con situaciones de riesgo a las cuales pudieron estar expuestos y por lo que no deberían donar sangre en ese momento.

Contamos con un registro de donantes voluntarios al cual recurrimos cuando es necesario, especialmente si los pacientes no son de la ciudad. En cuanto al registro de donantes de médula ósea, es un compromiso a futuro pasando a formar parte de un Registro Mundial al cual se recurre cuando el paciente no tiene un donante familiar compatible.

Reciclamos un patio del hospital (al cual dan las ventanas de las habitaciones de aislamiento) que estaba en muy malas condiciones. Se sacaron escombros, se lavaron paredes de 7 metros de altura por 150 de largo, se podaron árboles, se pintaron paredes de blanco y se hicieron murales, dando color a ese espacio sin mantenimiento.

👉 Porque generando espacios de bienestar para pacientes oncológicos pediátricos se logra una mejor predisposición de los niños ante esa enfermedad. Y al encontrar detrás de sus ventanas un lugar lleno de magia y color renuevan su fortaleza.

🤗 Gracias a los socios

Ayuda-Le brinda ayuda para lograr la mejor calidad de vida a todo enfermo no sólo leucémico sino oncológico en general, sea niño o adulto carenciado, sin obra social y que si bien es atendido en un hospital público, sufre distintas carencias.

En general, en este tipo de enfermedad todo lo que se necesita es costoso.

La institución funciona gracias al aporte de socios. Si bien estamos agradecidos desde el alma por haber confiado en nosotros, sabemos que ante la complicada situación que hoy atraviesa nuestro país, de la cual no estamos exentos, es muy difícil seguir ayudando, manteniendo y renovando aquello que se fue deteriorando con el tiempo y el uso.

👉 No tenemos bandera política ni religiosa. No gozamos de ningún subsidio fijo, sino de alguno que se gestiona por única vez y siempre resulta escaso.

💛 Seguimos adelante porque si tenemos en cuenta que el 70 % de esos chicos se cura si accede a un diagnóstico temprano, adecuado en tiempo y forma, a un buen estado nutricional y a una red de apoyo socioemocional, esta estadística aparentemente irrelevante se transforma en la posibilidad de vida para muchos niños.

Contacto

👉 Dirección: Roca 298 (esquina Castelli).

👉 Teléfono: (0291) 4541313.

👉 Facebook: Ayuda-Le “Ayuda al Leucémico”

👉 Instagram: ayuda_le


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🤝 Bahía contra la Trata: “El cambio es a través del trabajo colectivo”

Otra edición de “Voces”, el espacio de 8000 para que se hagan sentir distintos referentes y especialistas de nuestra Bahía.

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Por integrantes de la ONG Bahía contra la Trata


Somos una organización que se reúne de forma ininterrumpida desde 2014, constituida como asociación civil en marzo de 2015, con la participación de 32 socios y socias, y un clima colectivo de identidad grupal que trasciende a las personas.

Dimos los primeros pasos desde el convencimiento de que actuando en conjunto, con personas diversas pero con un objetivo común, se podían superar todos los obstáculos.

Lo más notorio fue estar detrás del debate para que se concrete la ordenanza de 2015, que cambió la norma anterior que permitía habilitar cabarets, además de establecer la caducidad de las habilitaciones existentes hasta ese momento. Y no menos importante fue ponerle voz al debate público para que hagamos un cambio como sociedad.

La organización surgió con 3 objetivos básicos:

  • Aportar a la transformación cultural para romper la naturalización de la explotación de personas como algo “que siempre fue así y no puede cambiar”.
  • Ejercer un control de ciudadanía sobre los poderes de la República en su actuar y desempeño, tanto en la persecución del delito como en la asistencia a las víctimas.
  • Propiciar un espacio de participación y construcción grupal a quienes tienen un interés individual, a partir de una idea clara: la acción conjunta brinda mayores herramientas y posibilidades de transformación. El cambio ES a través del trabajo colectivo.

👉 Nos podés encontrar realizando actividades de difusión de derechos en escuelas y barrios, y brindando charlas de prevención para aprender a cuidarnos de ofertas laborales falsas y de perfiles peligrosos en redes sociales.

👉 También podés ver a Bahía contra la Trata en los carteles de difusión sobre la línea de denuncia anónima 145 de los espacios públicos de la ciudad, o en murales de clubes de futbol que alientan a vecinos a no mirar para otro lado, sino a comprometerse  y hacer la diferencia.

✊ ¿Contra qué estamos luchando?

Es importante recordar QUÉ es la trata de personas y CÓMO se ve en nuestra ciudad.

Hablamos de quienes ofrecen, captan, trasladan y/o reciben a personas para explotarlas de alguna manera. ¡Y no nos imaginemos combis blancas ni jaulas!

Son personas que entran en los barrios o en nuestros perfiles de internet para “marcarnos o entregarnos” si somos vulnerables, o un novio que convence a nuestra hija de viajar lejos “a vivir una vida mejor”. Son padres entregando a sus hijos para ser abusados sexualmente por dinero o favores, son las niñas obligadas a casarse por acuerdos familiares y son los migrantes que viajan engañados a los campos, sin saber que les espera dormir en el suelo, cosechar de sol a sol y volver a sus provincias y países con mucho menos dinero del que les prometieron.

Ante todo esto las formas de aportar a la lucha son múltiples.

Se trata de lograr un cambio cultural, de prevenir aprendiendo los medios de captación actuales, de actuar rápido ante la desaparición de una persona, de denunciar y exigir sentencias firmes, de trabajar con todas las partes encargadas de asistir a las víctimas y acompañarlas a reconstruir su vida como sobrevivientes.

👉 Si sospechás de una situación, de un aviso clasificado, ves movimientos raros en tu barrio, te comentan de un lugar donde hay niños o niñas trabajando, o de un campo donde no hay condiciones básicas de higiene y seguridad, llamá anónimamente a la línea 145.

👉 Si el tema te interesa y querés brindar tus manos, tu tiempo y tus ganas, sumate a nuestras actividades o acercate y formá parte de nuestro grupo de voluntarias/os. Podés comunicarte con nosotros a través de Facebook e Instragram.


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🪔 19 de mayo de 1859: no fue “el último malón”, se trató de una masacre

En el espacio “Voces” de 8000, el académico Hernán Perrière aporta su mirada sobre las memorias y la producción histórica en Bahía Blanca.

Publicado

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Por Hernán Perrière / Doctor en Antropología y docente de la UNS

En este artículo me refiero al llamado “malón de 1859” o “último malón a Bahía Blanca” y a los más de 100 cuerpos indígenas quemados en la actual Plaza Rivadavia, pero centralmente discuto con los sentidos comunes que se construyen desde las narrativas históricas oficiales en torno a ese evento, a la vez que presento otras lecturas y diversas miradas que tensionan la historia oficial.

Recupero el concepto de “producción histórica” (Trouillot, 2017) en tanto amalgama de diferentes prácticas de memorias presentes en la ciudad, asumiendo que hay una marcada asimetría entre la construcción de memorias de los sectores políticos dominantes y las memorias subalternas.

En relación con este tema, la antropóloga Ana Ramos (2016) estudió que las memorias dominantes son las que tratan y pueden fijar sentido sobre el pasado, organizar, uniformar experiencias e historias para hegemonizar y limitar interpretaciones amenazantes y enviarlas hacia el terreno de lo aceptable.

Para esto se utilizan diversos dispositivos: museos, bibliotecas, archivos, patrimonios, conmemoraciones, efemérides, medios de comunicación, agentes oficiales, profesionales que producen “políticas o encuadramientos de la memoria”.

En contrapartida, para los sectores subalternos (específicamente los indígenas con los que ella trabaja) la memoria se construye por dos procesos diferentes: la vivencia de la represión que genera traumas sociales y marcados silencios y, como complemento, por las imposiciones epistémicas hegemónicas que imponen ideologías de borramiento de las vivencias personales.


Asimismo, recuperar el “Malón de 1859” y “la hoguera del escarmiento” permiten debatir ideas e imágenes instaladas en la ciudad, que recobran sentido a partir del presente.

La socióloga Elizabeth Jelin (2018) estudió los procesos de memorias vinculadas al pasado reciente en el Cono Sur, estableciendo que la memoria está constituida por las maneras en que los sujetos construimos un sentido del pasado en su enlace con el presente y también con el futuro.

Hemos visto que en el frustrado intento de cambio de nombre al parque “Campaña del Desierto” se expresaron múltiples opiniones en los medios de comunicación tendientes a cimentar las narrativas hegemónicas, a la vez que se silenciaron las voces originarias y a quienes trabajamos con ellos y ellas, y se marginaron del debate a los y las especialistas en Historia de los Indígenas del Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur (UNS).

En este sentido, no es casual que el parque mantenga la misma denominación porque las luchas por establecer monumentos, museos, memoriales y placas recordatorias se despliegan abiertamente, pero es el Estado quien promueve por diversos dispositivos los múltiples silencios sobre los acontecimientos y las interpretaciones políticas del pasado.

Esto no significa que la producción de memoria sea solo estatal: hay muchas y diversas, pero las producidas por el Estado intentan ser hegemónicas.

Es oportuno preguntarnos cuántas referencias hay en la ciudad sobre el “Malón de 1859” o por qué la carpa de educación intercultural “We sumaj che”, que cada 12 de octubre se instala en la Plaza Rivadavia, no encuentra repercusión en los medios masivos de comunicación.

“Se viene el malón”…

Cuántas veces hemos utilizado esta frase sin darnos cuenta de los adjetivos calificativos negativos a los que aludimos.

La idea del malón funciona como una categoría atemporal para explicar cualquier hecho disruptivo en nuestra cotidianeidad. ¿Pero hay malones en la actualidad?

El antropólogo Gastón Gordillo (2020) utiliza la metáfora del malón para explicar las actitudes racistas que se despliegan frente a los movimientos sociales: piqueteros, obreros, saqueos populares, entre otros.

Sin embargo, la categoría de malón a la que se le suman otros adjetivos, como “salvajes”, “violentos”, “temerosos” y “sorpresivos”, funcionó durante mucho tiempo como una idea rectora que ocultaba los motivos por los cuales los pueblos indígenas los efectuaban, a la vez que permitió construir una narrativa que justificó “la guerra al malón”.

Como consecuencia, se desplegaron políticas genocidas contra los pueblos indígenas: desmembramientos familiares, desapariciones forzadas, traslados a campos de concentración, reclusiones en el ejército, incorporación como mano de obra y asesinatos, entre otros (Mases, 2010; Pérez, 2016; Escolar, 2018; Delrio, Escolar, Lenton y Malvestitti, 2018).

En este sentido, la “acción malonera” adquiere más relevancia que sus nefastas consecuencias.

“El olor nauseabundo de la carne humana achicharrada se esparcía sobre la población y la columna de humo fétido que la pira producía se confundía con los primeros rayos de un sol rojo que asomaba, avergonzado de tanto salvajismo”. (Crespi Valls, 1955, 1959)

Esas palabras son de Cerri, quien participó como cabo de la Legión Agrícola Militar en la defensa del poblado de los indígenas maloneros. A confesión de partes, relevo de pruebas.

Este y otros crímenes de “lesa humanidad” están ampliamente documentados.

Como han estudiado los historiadores de la UNS Sebastián Alioto y Juan Francisco Jiménez (2013), el malón consistió en una estrategia defensiva que conjugaba distintos planos en el contexto del siglo XIX.

Uno de ellos, el más general, permite problematizar que el Estado argentino aún estaba en construcción. Con la caída de Juan Manuel de Rosas, en 1852, se produce una secesión entre lo que se llamó Estado de Buenos Aires y la Confederación dirigida por Justo José de Urquiza.

En este contexto, las relaciones diplomáticas con los indígenas de entrega de obsequios a los “indios amigos” (Ratto, 2015) y de violencia a los “enemigos” se abortó con la caída de Rosas.

Como consecuencia, se desestructuró el control estatal sobre las parcialidades indígenas y se implementó desde el Estado de Buenos Aires una política ofensiva hacia los grupos de ranqueles (en el norte del actual territorio de La Pampa) y salineros que respondían al lonko Calfucurá establecidos en Salinas Grandes (centro-este de la provincia de La Pampa).

En 1858, el gobierno provincial efectuó distintas campañas militares ofensivas que partieron de Bahía Blanca dirigidas hacia las tolderías de Calfucurá, apropiándose de ganado y provisiones, aunque no pudieron cumplir el objetivo de llevarse prisionero al líder.

En otro artículo (Perrière, 2020) hice referencia al contexto local analizando que, para la organización del malón, el cacique Calfucurá tendrá otros motivos.

El incumplimiento de los acuerdos de paz firmados, un año antes, con el sargento y comerciante Francisco Iturra, de Bahía Blanca, prepararon el terreno (Villar y Ratto, 2004).

Asimismo, Iturra mantenía el monopolio en la compra de cueros a los indígenas, estableciendo las condiciones a estas poblaciones. Seguramente por este hecho, el malón en su paso incendió su pulpería.

Una placa que se encuentra en el lugar (19 de Mayo y Zelarrayán) fue colocada en 1999 para recordar el hecho. Anteriormente, para el aniversario 150° de la cuidad, en 1978, el intendente de facto de la última dictadura militar planificó la colocación de una placa recordatoria del malón en la calle 19 de Mayo.

Volviendo al siglo XIX, hay otros agravios a mencionar previos al malón: la retención de cautivas por parte de Buenos Aires (ente ellas, una esposa de Calfucurá) y el asesinato de su pariente José María Bulnes Yanquetruz en una pulpería bahiense, en 1857 (Alioto y Jiménez, 2013).

Frente al malón, el poblado de Bahía Blanca fue defendido por un gran frente militar integrado por el Regimiento de Granaderos, la Guardia Nacional, la Legión Agrícola Militar (establecida en Nueva Roma un tiempo antes) y los “indios aliados” al mando de Ancalao y Linares.

Consecuencia: una masacre.

Una posterior orden del presidente de la Municipalidad autorizó al coronel José Orqueda a quemar públicamente los cadáveres de los indígenas asesinados. Ocurrió en la actual Plaza Rivadavia, en el centro bahiense.

Foto: Todo Colección

Fue Antonio Crespi Valls, una voz de la historia oficial, quien, como director del Museo Histórico de Bahía Blanca (1951-1959), recopiló y publicó una serie de testimonios al cumplirse el primer centenario, el 19 de mayo de 1959.

Entre ellos, cita una carta destinada a Orqueda escrita por los consejeros municipales un día después de los hechos: “Arden aún hasta este día en la plaza pública algunos cadáveres humanos”, testimoniaron Julio Casal, Cornelio Galván, Mariano Méndez, Zenón Ituarte y Bruno Quintana.

Fue un pedido para que “cese el espectáculo que la gente culta de la población, no acostumbrada a él, no puede presenciar sin horror” (Crespi Valls, 1959, página 139).

El relato de los hechos permite considerar dos precisiones.

En primer lugar, que los malones son sucesos esporádicos y justificados en un contexto de relaciones interétnicas entre los criollos y los pueblos indígenas.

Estas relaciones se articulaban en torno a acciones de convivencia pacífica y de violencia, asumiendo siempre que las negociaciones son asimétricas y que son las políticas estatales las que resuelven las llamadas “campañas o conquistas al desierto”, de ocupación de los territorios indígenas de la actual provincia de Buenos Aires.

Por ejemplo, las de Pedro Andrés García (1810 y 1823), Martín Rodríguez (1820, 1823 y 1824), Federico Rauch (1826 y 1827) y Juan Manuel de Rosas (1833 y 1834).

Estas relaciones sociales, económicas, comerciales y políticas fluctuaron durante el siglo XIX. Podemos referirnos a una frontera híbrida y mestiza, con importantes acuerdos y desacuerdos entre ambas sociedades (Bechis, 1989; Mandrini, 1992; Villar y Ratto, 2004).

A su vez, los grupos indígenas comerciaban con los pobladores de los fuertes y fortines y también establecieron un circuito económico con otros grupos a ambos lados de la cordillera.

Pensamos a la frontera no como un límite fijo o estático, sino más bien como fronteras en construcción, ya sean provinciales o nacionales.

De esta manera, no resulta adecuada la idea de aludir a los indígenas como “chilenos” o “argentinos”. Este fue un recurso y una construcción ideológica utilizada en el contexto de los conflictos limítrofes con Chile a fines del siglo XIX, y que los sectores conservadores lo retoman en la actualidad para referirse al pueblo mapuche.

En segundo lugar, los sectores dominantes se apropian selectivamente de hechos, usan y recrean un pasado según sus intereses políticos e ideológicos, a la vez que olvidan y silencian otros para legitimar procesos de identificación y alterización (Ramos, Crespo y Tozzini, 2016).

La memoria se construye desde el presente, y por esto se establecen estrategias o mecanismos por los cuales se silencian historias de los sectores subordinados. A la luz de los derechos humanos y los específicos de los pueblos indígenas, es necesario dar vuelta la carga prejuiciosa a la que se refiere el “malón” para avanzar en considerar al “malón de 1859” como una masacre perpetrada por el Estado de Buenos Aires hacia los pueblos indígenas. Un antecedente al genocidio de las campañas militares de la década de 1870 (Delrio, 2011; Lentón, 2011).

“Por suerte desde que pasó Roca por Bahía Blanca, no quedó ni un indio y así la ciudad pudo progresar”… 

Este tipo de expresiones se multiplicaron por demás en los últimos tiempos, combinadas con acciones repudiables como las amenazas de muerte, acompañadas con artefactos explosivos, a la representante de la comunidad mapuche Olga Curipan.

Pero estos actos fascistas extremos comparten un sentido común que el Estado argentino ha construido con paciencia a lo largo del tiempo. Ya me referí a la idea de que “los mapuches son chilenos” y que por lo tanto “hay que expulsarlos”, frases actuales dirigidas a la dirigente mapuche.

Asimismo, resulta “normal” considerar que en la Argentina no hay pueblos indígenas. Importantes sectores de la población y de la clase política afirman que “los argentinos venimos de los barcos”, en alusión a los contingentes migratorios europeos.

Otras opiniones se refieren a que, como consecuencia de las “conquistas del desierto”, los indígenas desaparecieron para siempre. Estas ideas se desvanecen cuando aparecen en escena las comunidades originarias que defienden su territorio, la posesión y propiedad de sus tierras, el medioambiente u otros derechos humanos y constitucionales que les corresponden.

Pero estas ideas “no caen del cielo”.

El Estado argentino se construyó sobre una matriz de otredad que aniquiló y luego negó la presencia étnica de los pueblos indígenas.

La antropóloga Rita Segato (2007) estudió el fuerte contenido uniformador del Estado argentino asociado con la conformación de la nación a lo que llamó “formaciones nacionales de alteridad”, que consisten en representaciones hegemónicas, concebidas por la imaginación de las élites dominantes; por ejemplo, la idea de “desierto”, que son incorporadas como forma de vida a través de narrativas propagadas por el Estado y una única cultura.

Foto: Secom UnB

Esta matriz del Estado-Nación, que surgió en la segunda mitad del siglo XIX, se fue complementando con otros basamentos como la idea de â€œcivilización y barbarie”.

La antropóloga Claudia Briones (2008) se refiere a la categoría de “desierto” asociada a un “salvaje” al que había que civilizar, incorporándolo al sistema nacional y al proceso productivo.

Para las élites dominantes, el “progreso” se asocia a la llegada de inmigrantes europeos y al puerto de Buenos Aires que insertaba a la Argentina en el mercado mundial como proveedora de materias primas.

Es la imagen de un país con un centro hegemónico que gobernaría a un cuerpo débil y al interior concebido como un “desierto”.

Pero estas ideas de “progreso” y “modernidad” se transformaron en políticas estatales luego de la llamada “unificación nacional” en la década de 1860, cuando la cuestión indígena cobró cada vez más protagonismo.

Fue en la década de 1870, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, cuando las campañas militares contra los grupos indígenas son decididamente una política de Estado nacional.

Las campañas militares de Adolfo Alsina y de Julio Roca responden a un plan estatal que fue discutido y apoyado por el Congreso de la Nación y, por lo tanto, sus consecuencias son responsabilidad del Estado.

En el contexto de Bahía Blanca, estas imágenes están muy presentes en la producción de las narrativas históricas oficiales que, apoyadas en las investigaciones de algunos académicos como el historiador Hernán Silva, han colaborado en construir una “Bahía Blanca sin indios” y han destacado una fuerte presencia de las políticas de Roca sobre todo luego de la “Conquista del Desierto”.

De hecho, la denominación “la segunda Bahía Blanca” fue presentada por el historiador en el Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto, para celebrar el centenario de dicho suceso en 1979, en la ciudad de General Roca. Pero, ¿qué tiene que ver esta idea con los pueblos indígenas?

Las explicaciones son varias. Uno de mis argumentos consiste en cuestionar esta idea de las fundaciones o las etapas en la historia de Bahía Blanca, porque han construido dos imágenes muy potentes.

Las “dos fundaciones” o “la segunda Bahía Blanca” (hay textos que hablan de una “tercera”) entraman lógicas estatales asociadas a la idea de “progreso”: el fuerte que da origen a la fundación de la futura Bahía Blanca (1828) como mojón en el “desierto”, de estrategia militar defensiva en la guerra contra Brasil y la “protección” del poblado de Carmen de Patagones; y la otra, la llegada del ferrocarril y la creación en 1884 del puerto de Ingeniero White (nombre impuesto por Roca) como consecuencia directa de la “Conquista del Desierto”.

Imagen: La Nueva.

Estos argumentos que reivindican la figura de Roca han sido ampliamente discutidos (Trinchero y Valverde, 2014). Sin embargo, resurgen cada vez que los pueblos originarios reclaman por sus derechos o cuando se propone avanzar en los cambios de nombres de calles, escuelas, parques y ciudades (Silva, 1981, 1985; Linares y Fernández Peña, 2021).

Estas imágenes potentes presentan una controversia: ¿qué sucedió entre 1828 y 1884? Â¿Desapareció Bahía Blanca? Â¿Bahía Blanca no “progresó”? ¿Y el malón donde quedó?

Desde las narrativas oficiales y la pluma de sus intelectuales se intenta invisibilizar un período de relaciones interétnicas conflictivo y a veces violento donde la presencia indígena es tan importante como la criolla (Villar y Jiménez, 2004, 2009, 2011).

Además, la asociación del puerto con el “progreso” y la “modernidad” oculta que por el muelle de Bahía Blanca en 1878 fueron enviados los jefes indígenas capturados, Epumer Rosas, Juan José Catriel y Vicente Pincen, en el vapor Santa Rosa hacia Buenos Aires y, como destino final, al campo de concentración de la isla Martín García.

Para Trouillot (2017) las presencias y las ausencias incorporadas en las fuentes (artefactos y hechos que convierten un acontecimiento en un hecho) o en los archivos (hechos recogidos, tematizados y procesados como documentos y monumentos) no son neutrales ni naturales.

Hay un compromiso estatal en la práctica del silencio; las menciones y los silencios son activos y son inherentes a la Historia y demuestran los límites para la reconstrucción exacta del pasado.

Newen y Memoria

Además de las memorias y silencios producidos desde los grupos dominantes, a nivel social también se construyen memorias que muchas veces tensionan o cuestionan las narrativas hegemónicas.

La memoria es una práctica que genera conocimientos que se construyen permanentemente entre sujetos en trayectorias sociales o colectivas. Así, los conceptos de “memoria colectiva” o de “actos del recuerdo” (Halbwachs, 2004) permiten hablar de los procesos de recuerdo y olvido de grupos o colectividades, advirtiendo que cuando rememoramos algún acontecimiento no lo hacemos solos o solas, sino que enlazamos recuerdos con los demás.

Estos conceptos permiten abordar las luchas sociales y políticas protagonizadas por los grupos sociales. Para Ramos (2016), las memorias militantes se originan desde la experiencia de un conflicto y desde una visión de la desigualdad de las narraciones históricas.

Muchos son los eventos de producción histórica que se refieren al “malón de 1859”. Muchas de ellas están invisibilizadas y la idea de este artículo es recuperarlas en esta parte final.

En la Bahía Blanca que se resiste a la negación de los pueblos indígenas hay prácticas de memorias que intentan reparar los nefastos hechos de 1859, a la vez que disputan sentidos contra el lento y persistente proceso de construcción de la historia hegemónica de la ciudad, muchas de ellas vinculadas a las prácticas educativas.

No se trata de hechos menores, ya que es en las escuelas donde se manifiestan estos procesos que tensionan las memorias dominantes, hitos claves para abordar la interculturalidad (Perrière, 2022).

En una entrevista del 4 de mayo de 2018, una integrante de la organización Kumelen Newen Mapu se refirió al malón y a las acciones que realizan para visibilizar el hecho:

—Todos los 19 de mayo hacemos la ceremonia, recordamos a los hermanos que fueron asesinados, pero también hacemos una actividad que se llama “Bahía originaria”, con todo un montón de actividades culturales para compartir con la población, con la ciudadanía, sin dejar de lado este hecho tan aberrante que ocurrió en la ciudad.

Acá puede verse un video de una charla del historiador Sebastián Alioto de 2017, en el contexto del ciclo “Bahía originaria”:

En 2013, con la historiadora y arqueóloga Alejandra Pupio invitamos a la organización Kumelen a escribir unas palabras sobre el malón en un manual de historia destinado a jóvenes de la escuela secundaria.

Fueron palabras de memoria y lucha:

“Falta poco para que amanezca, la mañana está particularmente fría, no es un día como otros; el rakizuan (el pensamiento) ha estado inquieto durante toda la noche.

Se entrelazan sentimientos de recuerdos tristes, de reencuentros sólidos y de sabiduría ancestral donde el newen de nuestros antepasados volverá a reunirse.

Hoy es 19 de mayo, una fecha particular para el pueblo nación mapuche y para todos los pueblos originarios. Es precisamente en la plazoleta ubicada en la esquina de las calles Florencio Sánchez y 19 de Mayo en la ciudad de Bahía Blanca donde nuestros ‘lagmen’ (hermanos), aproximadamente 200, fueron capturados en lo que se conoce como el malón de 1859.

Lamentablemente fueron asesinados y quemados en la Plaza Argentina, hoy conocida como Plaza Rivadavia.

Hechos dolorosos como este nos hacen recordar: la expropiación de las tierras y pertenencias de las comunidades, la separación de los grupos y las familias, llevadas a campos de concentración bajo el control militar, y la distribución de nuestros lagmen en diferentes puntos del país como fuerza de trabajo semiesclavo.

Sentimos en nuestro ‘piuke’ (corazón) la necesidad de no olvidar y del profundo respeto a cada uno de ellos que sufrieron la tortura, el despojo, la humillación.

Es por esto que vamos desde distintos puntos de la ciudad hacia la plaza: porque queremos mantener viva la memoria de aquel aberrante acontecimiento.

El sol empieza a regalarnos sus primeros rayos, nuestro ‘wenufoye’ y también la ‘wipala’ flamean movidas por la energía del viento, se escucha el sonido del ‘kultrun’ que las ancianas tocan en ritmo ceremonial acompañando el sonido de la ‘pifilca’, envolviéndolo todo en una energía especial y poderosa.

Revalorizar, reivindicar, difundir, nuestra cultura es un legado. Pocos son los datos escritos, pero mucha la memoria que llevamos de generación en generación, la cual nos permite construir nuestra identidad y la historia como nación originaria.

Es por esta razón que el Pueblo Mapuche y todos los Pueblos Originarios continúan la lucha para que este y otros hechos no queden olvidados.

El avasallamiento hacia los Pueblos Originarios y el despojo de sus tierras aún existen.

Solo queremos vivir en armonía con la naturaleza, cuidarla porque si desaparece un elemento de la naturaleza desaparece con él un elemento de nuestra cultura.

Debemos entender lo que nuestros mayores nos enseñaron: que no somos dueños de la tierra, somos parte de ella. Marichiweu!” .

Durante la investigación de mi tesis de doctorado encontré que en las Escuelas Medias de la UNS se impulsó en 2015 un proyecto del programa “Jóvenes y Memoria” referido al malón de 1859 desde una perspectiva educativa basada en los derechos humanos, que concluyó en noviembre de ese año con la presentación de un video:

Se menciona ahí la finalidad de este abordaje:

“Con una perspectiva de reparación histórica, de pedagogía de la memoria, con procesos de reflexión crítica, en un marco de diálogo intercultural, como forma de profundizar nuestra democracia sin olvidos, y con verdad y justicia, recordaremos un hecho acontecido, que transcurre en la plaza céntrica y principal de la ciudad hace algo más de 150 años.

La memoria, los silencios sin procesar y los olvidos en relación a este hecho conflictivo tensionante son parte de este tipo de situaciones.

Esta existencia de memorias en conflicto conforma una memoria colectiva. Avanzar en el reconocimiento de las responsabilidades del Estado y la sociedad, develar la verdad y reparar las injusticias es parte del proceso a abordar en la transmisión de la memoria histórica en la escuela y la sociedad.

Nuestra narración tiene una herida abierta, que la memoria no quiere cerrar, y para eso nos juntamos y reconstruimos este relato, sobre el mal llamado ‘último malón’.

Estos recuerdos deben servir para que las nuevas generaciones sepan lo ocurrido y no permitan que estas historias genocidas y racistas se repitan, porque sin memoria no hay futuro. Y porque sin historia no hay identidad”.

En 2017, una estudiante del profesorado de Folclore de la Escuela de Danzas de Bahía Blanca elaboró una puesta sobre el malón de 1859 que tituló “Cenizas del pasado” , para “contar la historia revalorizando a los pueblos originarios y no desde la perspectiva de la historia contada por los militares”.

En esta producción, la estudiante utilizó al malambo como sinónimo de enfrentamiento entre militares e indígenas, utilizó una tela y luces rojas para representar la hoguera del escarmiento e invitó a la organización Kumelén Newen Mapu para que entren en la escena pidiendo justicia:

Otra experiencia vinculada a las prácticas artísticas se desarrolló en 2021: para un examen, una estudiante de la Escuela de Artes Visuales de Bahía Blanca evocó al malón de 1859 con una intervención en la placita de la calle 19 de Mayo.

La acción consistió en colgar pañuelos de color azul con las frases “Resistencia heredada”, “Amulepe Taiñ Weichan” (que siga nuestra lucha) y “Malón genocida”.

Por último, entre otras producciones referidas al malón puede encontrarse una mención en el Museo y Archivo Histórico, en el Museo Fortín Cuatreros asociado a la vida del General Cerri (las únicas referencias estatales al respecto); en el relato “El último malón”, del grupo musical Jauría; en un texto del investigador Joaquín García Insausti (2015) sobre las representaciones del malón en el contexto del bicentenario argentino, y de mi autoría (2020) que analiza las producciones de memorias sobre el malón, destinadas y producidas por estudiantes de la escuela secundaria.


✍️ Hernán Perrière

Doctor en Antropología (Facultad de Filosofía y Letras, UBA).

Diplomado en Antropología Social y Política (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales).

Profesor y Licenciado en Historia (Departamento de Humanidades, UNS).

Docente e investigador del Departamento de Humanidades (UNS) y de la Unisal.

Becario posdoctoral del CONICET.


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