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👩‍👧 El camino de la adopción: deseo, preparación, llamado y construcción

Otra edición de “Voces”, el espacio de 8000 para que se hagan sentir distintos referentes y especialistas de nuestra Bahía.

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Por Carolina Recalde / Presidenta del Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (MAMA)


A fines de 2007 llegué al Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (MAMA) por sugerencia del entonces Tribunal de Menores de Bahía Blanca, y comencé a asistir a sus reuniones de manera entusiasta, permanente y comprometida, interiorizándome y preparándome en la temática de la adopción y acompañando a la diversidad de familias en sus diferentes procesos adoptivos.

Después de un tiempo, llegué a desempeñarme como secretaria y hoy soy presidente de dicho grupo autogestivo.

Foto: La Nueva.

¿Cómo aparece el deseo de adoptar?

No fue un proceso fácil. Desde que éramos novios, con mi marido, sabíamos que tener un hijo biológico era casi imposible. Nunca hicimos tratamientos de fertilización asistida. Pensamos y masticamos la idea de la adopción desde siempre. El 10 de noviembre de 2007 nos presentamos ante el Tribunal de Menores para llevar todos los papeles y realizar las evaluaciones correspondientes.

¿La disponibilidad adoptiva fue cambiando con el paso del tiempo?

Claro que sí.

A medida que fueron pasando los meses y al conocer otras experiencias y vivencias, fuimos cambiando hasta llegar a aceptar niños/as hasta 8 o 9 años de edad.

¿Cómo fue el día del “llamado”?

Es un día que jamás olvidaré.

Me acuerdo de que estaba de licencia por ART, en el comedor, y me llamó mi marido dándome la noticia de que nos habían convocado desde el juzgado. ¡No lo podía creer! Era el 7 de agosto de 2012.

Y después del llamado, ¿cómo siguió el proceso?

El 8 de agosto fuimos. Nos contaron acerca de la que iba a ser nuestra hija. Nos hicieron preguntas y preguntamos algunas cuestiones. Teníamos que volver al día siguiente.

Y al día siguiente, sucedió algo que no esperábamos: conocer a nuestra pequeña. Linda, pícara, desenvuelta y charlatana. Con el permiso del juzgado, salimos a almorzar y quise sacar una foto. ¡Sorpresa! Mi máquina no tenía pilas. Así que compramos unas en el kiosco y seguimos paseando.

Yo no podía de la emoción, iba caminando de la mano de una niña que sería a futuro mi hija. Mandé mensajes a mi familia y a mis amigas. Todos desbordaban de emoción.

¿Qué ocurrió después? ¿Al otro día?

Nuestra hija estaba viviendo una situación muy particular, por eso se nos otorgó un permiso de pernocte para que estuviera en casa a partir del 10 de agosto. El 14 de agosto ya teníamos la guarda y todos comenzábamos un camino nuevo, una construcción familiar de nuevos vínculos.

¿Cómo describiría a esa construcción del vínculo familiar?

El primer día que nos vimos, mi hija me dijo “mamucha” y gracias a la formación, a la información y a la preparación continua, entendí que aunque me nominara de esa manera todavía no era su madre en lo vincular. Había que construir, de a poco, un vínculo fuerte, sostenido, paciente: un vínculo de madre e hija.

¿El vínculo se construye fácilmente?

Para nada, en absoluto.

Lleva tiempo, paciencia, templanza, amor, resignificación de conductas: herramientas necesarias que debemos entrenar mientras hacemos una espera activa.

¿Con el amor alcanza?

Mucha gente cree que solamente teniendo mucho amor se construyen los vínculos, se solucionan los problemas, se adopta. El amor es muy importante, pero tenemos que tener en cuenta otros condimentos que influyen en las relaciones personales.

¿Es lo mismo ser familia por vínculo adoptivo que por vínculo biológico?

Por supuesto que no. Los hijos adoptivos llegan desde afuera con una historia de negligencia, maltrato, abandono o abuso.

Una historia muy dura en la que nosotros, los padres adoptivos, no estuvimos, no participamos.

Una historia donde nuestros hijos son sobrevivientes de una o varias vulneraciones de derechos.

Es imprescindible entrenarnos y fortalecernos para poder acompañar y sostener a nuestros hijos.

¿Qué le diría a alguien que está pensando en adoptar?

Que la adopción trae desafíos constantes. Que la espera tiene que ser productiva, positiva, formativa e informativa. Que se acerque a los grupos autogestivos para escuchar las voces de otros que viven o están en la misma situación. Que cuando se sientan desesperados, desorientados o extenuados, busquen ayuda.


De qué se trata

Según Eva Giberti, la adopción es “la historia de un encuentro” entre una pareja o monoparental que desea ejercer la paternidad y de un niño que necesita de alguien que ocupe el lugar de los padres, que de hecho o virtualmente perdió.

Este encuentro encierra todo lo positivo, lo vital, lo afectivo que tiene la adopción, que reconoce como padre-madre-hijo al que se siente y ocupa el lugar de tal.

Porque hablar de adopción es hablar de un nuevo modo de dar a luz, es hablar de una unión entre un anhelo de amar y un anhelo de ser amado, de proteger y de ser protegido, de crecer y de ser conducido, de cuidar y de ser cuidado, de ser padres y de tener padres.

Los comienzos de MAMA

El Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes es la ONG sobre adopción más antigua del país: nació en 1985 en Bahía Blanca y el jueves pasado cumplió 37 años.

Al principio, se reunían solamente mujeres y de a poco, se fueron acercando los hombres.

Surgió a partir de las necesidades e inquietudes de un grupo que estaba en la etapa previa a la adopción y otro que ya había adoptado. Los que esperaban iban con la intención de nutrirse de la experiencia de los otros y quienes ya tenían niños, para compartir sus dudas y sus vivencias.

Objetivos generales

👉 Fomentar la adopción de niños/as y adolescentes.

👉 Facilitar información.

👉 Intercambiar experiencias, dudas, temores y alegrías entre los aspirantes a adoptar y los que ya son familia por adopción.

👉 Acompañar en la espera, en la vinculación y en la adopción propiamente dicha.

👉 Realizar seminarios, talleres, encuentros y jornadas abiertas a la comunidad para insertar la temática.

👉 Promover la lectura de material bibliográfico referido a este modo de ser familia.

👉 Impulsar el conocimiento de películas, documentales y páginas web abocados a esta forma familiar.

👉 Auxiliar por medio del servicio SOS (disponible las 24 horas, los 365 días del año) a quienes deseen compartir lo que les preocupa, entristece o alegra.

Nuestras reuniones

Las hacemos los segundos y cuartos sábados de cada mes, de abril a noviembre, en el salón de prensa “Eduardo Cenci” de la Municipalidad (Alsina 65), de 15:30 a 17:30. En algunas oportunidades, realizamos actividades en la UNS.

Durante 2020 y 2021, debido a la pandemia, tuvimos talleres en forma virtual. Este año trabajaremos en forma virtual hasta el receso invernal y luego, en forma presencial.

Contacto

☎️ Teléfonos: 2914261125 y 2916422422.

🔗 Facebook: Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes Bahía Blanca.


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📢 Enfermedades raras en Bahía Blanca: el trabajo de convivir con síntomas (y no ser invisible)

Vicky es bahiense, tiene 4 años y enfrenta una situación muy poco frecuente. Su mamá nos relata cómo es el camino.

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¡Feliz Día del Trabajador! Esta es una edición especial de â€œVoces”, el espacio de 8000 para que se hagan sentir distintos referentes y especialistas de nuestra Bahía.


Por Silvina Molina

Aunque parezca mentira, a veces es más difícil encontrar alguien que ponga manos a la obra que la posible solución a una enfermedad rara. Y más aún cuando es muy rara.

Victoria, mi pequeña sonriente de 4 años y medio, le diagnosticaron la de Niemann-Pick tipo C (NPC) a los 24 meses de vida, después de 1 año de estudios.

Todo empezó cuando vimos unos bultos en su cabeza y en su garganta.

Nos contactaron con el actual director del Hospital Penna, Gabriel Peluffo, y él y la doctora Jimena Gil se interiorizaron y supieron cuál era el problema. Pero al no haber casos recientes, no hay un protocolo de acción ni se sabe qué tratamiento seguir.

Buscamos por Google y vimos un video grabado por Diego Montes de Oca y Marina Szlago, donde figuraba un número de teléfono. Decidí llamar.

Me contacté con el doctor Diego, pero estaba de vacaciones. Me dijo que él se iba a comunicar.

Pensé que era mentira. Pero no: cuando volvió, me llamó y me avisó que me iban a dar un turno con una de las mejores especialistas en enfermedades raras.

Así, el 12 de febrero de 2020 viajé a Buenos Aires en busca del tratamiento para Victoria. Ni bien llegué, la doctora Marina Szlago, ¡una genia, por cierto!, vio todos los estudios previos, me dio otros para hacer y me contactó con una de las doctoras que trabaja en Neonatología en el Penna: Marina Bolleta.

Desde entonces, ella sigue el caso de Victoria, acompañada por 2 neurólogos, 1 neumonólogo y 1 oftalmólogo. La verdad, estoy muy cómoda con este grupo de médicos porque la tratan súper bien, son muy atentos con ella.

Bueno, ahora sí, cuento un poco de qué se trata.

La enfermedad de Niemann-Pick es hereditaria y poco frecuente. Afecta la capacidad del cuerpo para metabolizar las grasas dentro de las células. Esas células no funcionan bien y, a la larga, mueren. Esto puede afectar al cerebro, los nervios, el hígado, el bazo, la médula ósea y en casos graves, los pulmones. A Vicky le afectó el bazo.

Las personas que tienen esta enfermedad presentan síntomas relacionados con la pérdida progresiva del funcionamiento de los nervios, el cerebro y otros órganos, que Vicky aún no tuvo.

Si bien la de Niemann-Pick puede aparecer a cualquier edad, afecta principalmente a los niños. Por ahora no se conoce la cura y a veces es mortal. El tratamiento se centra en ayudar a las personas a vivir con los síntomas.

En su momento, los síntomas más frecuentes de Vicky fueron torpeza y dificultad para caminar y alteraciones del sueño.

En 2020 empezó con la medicación. Es un tratamiento de por vida, que no puede cortar por nada. Y es muy costoso. Por suerte lo cubre la obra social: ella toma 2 dosis de Miglustat por día y la caja, que dura 45 días, cuesta unos $ 900.000.

A su vez, la medicación tiene que ir acompañada de una dieta estricta sin azúcares ni lactosa. Y son de mucha ayuda las terapias ocupacionales, de fonoaudiología y psicología.

Es importante el reconocimiento y la difusión de estas enfermedades para que el diagnóstico sea precoz, para que los pacientes no tengan que someterse a tantos estudios con la angustia que eso genera y para que cada familia reciba la información y la contención necesarias.

Miles de familias en cada rincón del mundo esperan dejar de ser invisibles. La investigación es nuestra única esperanza. Por eso, hay que sacarlas a la luz.

  • 👉 En casos como este, la contención es clave. Silvina pone a disposición su contacto para quienes viven situaciones similares: 2914491961.


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La sociedad bahiense: evolución poblacional, movimientos inmigratorios y formas de sociabilidad (parte III)

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Por Mabel N. Cernadas | UNS-CONICET


En este artículo se caracteriza el universo poblacional de Bahía Blanca, desde su transición de enclave fronterizo a urbe modernizada entre fines del siglo XIX y principios del XX, hasta la consolidación de su perfil como ciudad mediana y de intermediación en la primera década del siglo XXI. 

En el desarrollo se da cuenta de las transformaciones operadas en la estructura y dinámica social, dos facetas aisladas con fines analíticos, pero que se presentan como interrelacionadas. Para su mejor comprensión se han establecido tres etapas.

La primera, entre 1828 y 1879, se inicia con la fundación de la Fortaleza Protectora Argentina junto al puerto natural sobre la ría denominado Puerto Esperanza, por el coronel Ramón Estomba, militar de la guerra de la independencia, hasta la expedición militar llevada a cabo por el Ministro de Guerra Julio A. Roca al Río Negro entre 1878 y 1879.

La segunda, entre 1880-1970, analiza la gradual incorporación de Argentina y Bahía Blanca y su región al modelo agroexportador como proveedora de materias primas, potenciando las posibilidades de su puerto de aguas profundas. Se aborda aquí la sociabilidad de esa población heterogénea y cosmopolita, hasta mediados de la década del setenta, cuando la crisis del modelo se produjo en el marco del régimen de facto que se inició en 1976 que promovió el terrorismo de Estado y la violación de las libertades públicas e individuales para eliminar la conflictividad social y remodelar “desde arriba” la sociedad y el Estado.

La tercera etapa que queremos caracterizar abarca desde los primeros años de la década del setenta hasta 2010, fecha del último Censo Nacional de Población y Vivienda. La última dictadura cívico-militar puso en marcha un conjunto de reformas de carácter neoliberal entre las cuales se incluyeron la reforma del Estado, la desregulación económica, la apertura comercial y la flexibilización laboral que sería concretada en los años noventa. Este proceso de hondas transformaciones estructurales agudizó la conflictividad social instalando en el espacio público nuevas demandas. 

Bahía Blanca y la región bajo el signo del neoliberalismo: reestructuración económica, precarización laboral y aumento de la conflictividad social (1970-2010)

Daniel  James ha escrito que el período que transcurre en Argentina entre 1966, fecha en que se inició un nuevo régimen de facto presidido por el general Juan Carlos Onganía,  hasta el golpe militar que puso fin al tercer gobierno peronista en marzo de 1976 se caracterizó por el aumento de la conflictividad social y diversos problemas que tiñen esos años de violencia, proscripción y autoritarismo pero también constituye una época de sueños e ideales, ya que los actores sociales y políticos, aún inmersos en conflictos y tensiones, estaban intentando construir un país moderno y desarrollado (Daniel James, 2003).

A partir del proceso abierto del 24 de marzo de 1976, que instaló una de las dictaduras cívico-militares más crueles y violentas de la historia argentina promoviendo el terrorismo de Estado y la violación de las libertades públicas e individuales, se produjeron profundas transformaciones en el campo político, la economía y la sociedad. Desde ese momento se fueron abandonando las políticas que privilegiaban la protección de la industria sustitutiva, la demanda del mercado interno como factor de crecimiento y el papel del Estado como garante del bienestar de las personas mediante diferentes prestaciones sociales. La inclusión y la integración social que había caracterizado las décadas anteriores, dio paso a la pobreza, la desocupación, el achicamiento de la movilidad ascendente y el ensanchamiento de la brecha entre los que más y menos tienen

Bahía Blanca no fue ajena a este proceso. Si bien hasta mediados de la década del setenta pareció que la crisis era solo política, se hizo evidente que la globalización supuso una nueva división del trabajo internacional que conllevaría la profundización de la transnacionalización de la economía y la subordinación de la política a la economía, vinculada fuertemente a la reforma del aparato estatal. Al mismo tiempo que comenzaba a esbozarse un nuevo modelo de desarrollo de signo neoliberal se producía el aumento creciente de la conflictividad social. 

Durante esta etapa se habían incrementado los niveles de violencia tanto por el accionar de las organizaciones armadas como por la represión que a partir de 1975 inician las Fuerzas Armadas, con acuerdo del gobierno constitucional. Simultáneamente, bandas paramilitares de la Triple A, creada por José López Rega, secuestraban y asesinaban opositores, en su mayoría obreros, profesores o estudiantes universitarios vinculados al marxismo, que incluía tanto a militantes de las organizaciones del ERP como Montoneros. Una serie de atentados preanunciaron la escalada de violencia donde se multiplicaron los allanamientos de los domicilios y las detenciones de estudiantes.

Bahía Blanca presenció por aquellos años los primeros actos del terrorismo de Estado, como los asesinatos de Jesús “el Negrito” y del estudiante de ingeniería David “Watu” Cilleruelo, ultimado el 3 de abril de 1975 en los pasillos de la Universidad Nacional del Sur.  Esos sucesos en las calles afectaron profundamente la vida diaria de los bahienses, que se anoticiaban sobre esos hechos sangrientos a través de los medios de comunicación. Además de impactar en el espacio público, la violencia influía en los lugares de trabajo y obturaba espacios gremiales de acción.

En los años posteriores, la sociabilidad se vio condicionada por los diversos mecanismos de control y disciplinamiento en el marco de la estructura represiva militar implementada por el gobierno dictatorial entre 1976 y 1983. La propuesta militar buscaba eliminar la conflictividad y remodelar “desde arriba” el Estado y la sociedad.

El aparato estatal se desdobló, y mientras una parte actuaba de acuerdo con el orden jurídico que ellos mismos habían creado, la otra operaba en la clandestinidad y al margen de toda regulación posible, ejerciendo una violencia y represión feroz, sin más control que el de sus propios ejecutores. Así se inició un ciclo en el que imperaba el miedo, y en el cual el secuestro, la detención, la tortura, el asesinato, la desaparición de personas adultas y menores de edad, las violaciones a los derechos humanos fueron parte del sistema que desarrolló su accionar en la ilegalidad, bajo el amparo del poder del Estado. Esta experiencia no fue vivida por todos los habitantes de igual forma, ya que la represión tuvo un carácter selectivo que llevó a que ciertos sectores de la sociedad, señalados como “subversivos”, sufrieran con mayor intensidad sus efectos. 

En el orden económico, los miembros de las tres Fuerzas Armadas, con la complicidad de grupos civiles, en su mayoría vinculados a los sectores más concentrados de la economía, emprendieron acciones represivas y de disciplinamiento sobre las organizaciones sindicales y sus militantes, con el fin de evitar su reacción ante la implementación de un modelo económico de orientación neoliberal, que afectaba la esfera productiva industrial y favorecía al sector financiero y los grupos más concentrados de la economía. 

Y si bien en la Iglesia Católica hubo laicos, sacerdotes, religiosos y algunos obispos que se comprometieron en los organismos de derechos humanos; para un sector de la misma, la dictadura era bienvenida en virtud de su presunta defensa de la “civilización occidental y cristiana” (Virginia L. Dominella , 2013). Por lo tanto, como bien indica Juan Suriano, hubo un amplio espectro social que prestó de una u otra forma su cooperación al régimen militar y le otorgó un consenso sin el cual no hubiera podido existir ni sobrevivir (Juan Suriano, 2005).

En la medida que el régimen militar comenzó a dar muestras de debilidad por el fracaso del plan económico, el cuestionamiento de los organismos defensores de los derechos humanos —como las Madres de Plaza de Mayo—, las presiones de la prensa y de algunos gobiernos extranjeros, se inició la reorganización de los partidos políticos.

La agitación opositora se intensificó en vísperas de la Guerra de Malvinas, para atenuarse durante los meses que duró el conflicto y profundizarse con posterioridad frente a un gobierno totalmente deslegitimado por la derrota militar. La salida electoral, la movilización social en favor de la democracia y el triunfo del radicalismo sobre el peronismo en 1983 constituyó un punto de inflexión en la agitada vida política argentina. 

El presidente Raúl Alfonsín clausuraba así uno de los períodos más dramáticos y sangrientos de la historia nacional, restituyendo la legitimidad a los partidos en su papel de organizadores del electorado y mediadores en el juego político entre la sociedad y el Estado. En los primeros años de la posdictadura, la sociedad en su conjunto vivió en los diferentes ámbitos un inédito clima de libertad y de participación, confiando en que una política cultural y educativa modernizadora podría desterrar los rasgos autoritarios presentes en instituciones, prácticas y conciencias, favoreciendo la integración.

 Sin embargo, el cambio en el modelo de desarrollo económico de los años noventa de neto corte neoliberal produciría fracturas y reacomodamientos de las distintas clases y grupos sociales, configurándose una sociedad compleja y heterogénea con fuerte tendencia a las desigualdades, a la generación de nuevas formas de pobreza y exclusión, que se expresaba a través de una intensa conflictividad social. 

Ante el incremento de la deuda externa, la alta inflación y la pauperización creciente, Carlos Menem, su sucesor, puso en marcha un plan de reformas estructurales que terminó produciendo profundos cambios en la economía y la reconversión de la sociedad. La reforma del Estado, la apertura comercial, la desregulación económica y la flexibilización laboral impactaron intensamente en la sociedad bahiense.

El Estado, que hasta el momento había sido el garante del bienestar de la población pasó a tener un rol subsidiario del mercado. La reestructuración del capitalismo a nivel global, que produjo la “modernización excluyente” desembocó en una dinámica de desindustrialización que fue acompañada por la concentración creciente de la actividad económica en manos de grupos privados y empresas multinacionales (Maristella Svampa, 2005).

A nivel local, la llegada de inversiones públicas y privadas en la industria generó transformaciones espaciales, vinculadas con la industria petroquímica y la presencia del complejo ferroportuario. En este marco, se produjo la instalación de dos emprendimientos fundamentales para la organización del espacio industrial en este nuevo orden neoliberal: el Polo Petroquímico y el Parque Industrial

En 1973 se conformó Petroquímica Bahía Blanca (PPBB) con el 51 % de empresas estatales (Fabricaciones Militares, YPF y Gas del Estado) y el resto en manos privadas. En 1995, se completó la privatización del PPBB y el complejo industrial comenzó a atravesar un proceso de importantes mutaciones de la mano de las grandes empresas transnacionales que tomaron su control. Al tiempo que Dow Chemical adquirió PBB Polisur y el Grupo Solvay hizo lo propio con Indupa, en los siguientes cinco años tuvo lugar el incremento de la capacidad productiva de las empresas existentes, la concreción del Proyecto Mega y la instalación de la fábrica de fertilizantes Profertil

En lo que respecta al Parque Industrial de Bahía Blanca (PIBB), se ubica sobre la ruta de acceso sudoeste al puerto de Ingeniero White, a 5 km del centro de la ciudad. Su creación comenzó a concretarse en 1975, impulsada por un programa del gobierno de la provincia de Buenos Aires que preveía la dotación de infraestructura y equipamiento para promover el desarrollo de industrias de base y la exportación de productos de las pequeñas y medianas empresas. Si bien las acciones fueron desarrollándose de manera progresiva y continua, fue a partir de la década de 1990 cuando el parque comenzó a funcionar como tal, al instalarse las primeras empresas.

Al mismo tiempo, como parte del proceso de descentralización del sistema portuario, en 1993, se constituyó el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca (CGPBB), ocupando un lugar destacado una vez realizada las obras de dragado que llevó el canal a 45 pies. A partir de la reforma de la regulación portuaria, se radicaron  grandes empresas transnacionales, que adquirieron la concesión de las terminales portuarias existentes y/o realizaron inversiones en nuevas infraestructuras, entre ellas, Bunge Limited, Cargill, Oleaginosa Moreno, empresa de origen bahiense que operaba una terminal especializada en granos y subproductos en Puerto Galván, y pasó a tener participación mayoritaria de Glencore de Suiza; y la Unión Transitoria de Empresas conformada por Glencore y Toepfer, con origen en Alemania, que adaptó el muelle de la Central Termoeléctrica Luis Piedra Buena para la carga de cereales. 

Desde entonces, se fortaleció la especialización de Ingeniero White como puerto agroexportador pampeano, incluyendo también cargas de combustibles y una integración marginal de productos petroquímicos.  En efecto, el hinterland del puerto se estableció sobre el sur de la provincia de Córdoba y norte y centro de Buenos Aires, desde donde se recibían los granos, y las provincias de Neuquén y Río Negro, de donde llegaban los hidrocarburos.

Por otro lado, una ciudad que se había destacado por su preponderancia sobre el mercado regional tuvo una paulatina pérdida de influencia con la desaparición de un número importante de comercios mayoristas y minoristas como consecuencia de la crisis.

Los pequeños y medianos comerciantes barriales se vieron perjudicados también por la construcción de grandes superficies de ventas como los hipermercados, supermercados y shoppings ( Walmart, Disco, Carrefour y Cooperativa Obrera, entre otros). 

Al igual que en el resto del país, en el nuevo modelo económico todas las clases sociales sufrieron transformaciones. Así la sociedad argentina, que se había caracterizado en las décadas precedentes como un ejemplo de integración se constituyó, según Maristella Svampa, en una sociedad excluyente, estructurada sobre la base de la cristalización de las desigualdades tanto económicas como sociales y culturales (Maristella Svampa, 2005).

Este proceso de polarización social, fragmentación inestable y aumento de las desigualdades socio económicas manifestado durante la dictadura militar se acentuó en Bahía Blanca en la década del noventa, cuando se observó un crecimiento sin precedentes del desempleo abierto y de la precariedad laboral.

Las clases medias superiores mostraron un proceso de autosegregación a través de la expansión de un nuevo estilo residencial: las urbanizaciones cerradas, countries y barrios parque, como los de Pago Chico, Bosque Alto, Solares Norte y La Reserva, al que se sumaron la privatización de la seguridad, la salud y la educación

Pero fue en las clases medias empobrecidas y en los sectores populares donde se hizo más evidente la vulnerabilidad y la transformación de la movilidad social ascendente y descendente.  La reestructuración del Estado y las privatizaciones impactaron sobre los empleados, técnicos y profesionales del sector público. En tanto las dependencias estatales ocupaban en Bahía Blanca una proporción significativa de la población, su privatización explicó, en buena medida, el aumento de la tasa de desocupación que pasó del 10 al 20 % entre 1991 y 1995, colocándose tres puntos por encima de la tasa nacional.

Los despidos, retiros voluntarios o jubilaciones afectaron al personal del trasporte ferroviario y aéreo, teléfonos, correos, gas, agua, energía, entre otros, lo que supuso la fragmentación y expulsión de los trabajadores asalariados integrados al mercado formal al incierto mundo de las actividades informales y la subocupación. El empobrecimiento, la precarización laboral y la inestabilidad también afectó a numerosos trabajadores de firmas privadas que debieron cerrar sus puertas debido a las nuevas reglas económicas. 

La crisis de diciembre del 2001 llevó a las clases afectadas a reformular nuevas estrategias tales como las redes comunitarias para la recomposición de los lazos sociales o el desarrollo de redes de sobrevivencia de las clases populares, que configuró un nuevo tejido social caracterizado por la expansión de organizaciones de carácter territorial. Fueron las mujeres de estas clases, especialmente, quienes debieron asumir la responsabilidad de buscar recursos para asegurar la subsistencia de su familia mediante el trabajo doméstico o tareas comunitarias, comedores, roperos de iglesias evangélicas o de Cáritas, ante el desempleo de los hombres jóvenes procedentes de sectores medios y populares y con escasa preparación educativa. 

Las formas organizativas de estas nuevas estructuras y la extracción social de sus integrantes, atravesadas todas ellas por la asignación de las cargas sociales de trabajo de cuidado en función de su género, fueron heterogéneas. A consecuencia de la crisis, surgió la “Liga de Mujeres por Bahía”, que luego pasó a denominarse “Mujeres por la Dignidad”, en el barrio periférico Villa Delfina, sector que recibió desde la década del sesenta inmigración patagónica, chilena y boliviana. Las preocupaciones de este núcleo se centraron en la búsqueda de estrategias para afrontar la pobreza, pero se extendieron también a cuestiones como la criminalización de niños y jóvenes, la trata de personas y la prostitución de niñas y adolescentes. Desde los noventa se había intensificado la explotación sexual en la forma de prostitución en el ámbito público, así como también en whiskerías, pubs y cabarets que funcionaban en muchos casos como prostíbulos.

Algunas de estas organizaciones, cuyas prácticas delineaban un activismo desde la subalternidad, interactuaron de distintas maneras con políticas gubernamentales destinadas a paliar “la feminización de la pobreza” y otras situaciones de vulnerabilidad que afectaban a las mujeres. A nivel municipal se puso en marcha el Programa Mamás Cuidadoras, a través del cual, mujeres-madres de distintos barrios se encargaban del cuidado de pequeños cuyas progenitoras debían ausentarse de su hogar para trabajar. Paralelamente, a nivel provincial, se estaba implementando el Plan Vida, que consistía en el reparto de medio litro de leche diario y de una ración semanal de huevos y cereales a niños y embarazadas.

En los inicios del siglo XXI, el Plan Jefes y Jefas de Hogar, implementado por decreto del PEN en 2002, y la iniciativa Volver a Casa que desarticuló algunos comedores comunitarios tuvieron como agentes a las “manzaneras”, quienes eran referentes en sus respectivas cuadras. A su vez, por estar vinculadas a los gobiernos provincial y local, las manzaneras posibilitaban la articulación de sus políticas con las comunidades barriales. De estas y otras maneras se pretendió paliar el retroceso del Estado y proveer de ayudas sociales a sectores particularmente afectados. 

Otra expresión de la aguda conflictividad social suscitada por las transformaciones estructurales a nivel económico y social fue a través del movimiento de desocupados.  Las primeras organizaciones surgieron en 1995 y estuvieron integradas principalmente por obreros que habían estado ligados a las empresas públicas. A través del trabajo asambleario, la participación democrática de las bases y los métodos de acción directa, dicho movimiento fue cobrando visibilidad en la ciudad y conformando una organización social más amplia junto a sindicatos, estudiantes, estatales, jubilados y pensionados. 

En agosto de 2001, el descontento social también se tradujo en Bahía Blanca en dos manifestaciones masivas denominadas “Escuelazos”. Centradas en la defensa de la educación pública fueron convocadas inicialmente por los gremios docentes y tuvieron el apoyo de padres, madres, estudiantes y auxiliares de la educación, a los que se adhirieron trabajadores de distintos gremios, desocupados, y diferentes organizaciones políticas, reuniendo aproximadamente 15.000 personas.  

Entre fines del siglo XX y la primera década del siglo XXI la fisonomía de la ciudad sufrió una progresiva fragmentación territorial, derivada de las desigualdades de la distribución de los ingresos y el deterioro de las condiciones de vida de su población, especialmente en lo atinente a la vivienda. Según datos recabados por la municipalidad, en el primer semestre de 2005 el porcentaje de personas pobres era de 35,3 % de la población total, y el de indigentes del 18,1 %.

La polarización de la estructura social fue productora de la segregación urbana. En la periferia, particularmente en el sector sur, sudoeste y oeste de la ciudad se produjo la ocupación informal de tierras, tanto públicas como privadas, por una población de bajos recursos y la multiplicación de asentamientos precarios y villas de emergencia. 

El Estado, por su parte, multiplicará las políticas asistencialistas a las clases populares, pero ya no se procurará la ampliación de los derechos o los beneficios que colectivamente pudieran pretender los ciudadanos, sino que se buscará identificar los posibles focos de conflicto y así otorgar alguna ayuda específica que los mantenga bajo control.

A inicios de la nueva centuria, si bien continuó la movilización social y la acción colectiva de la clase trabajadora por diferente tipo de reclamaciones, se hicieron presentes diversos colectivos que instalaron en el espacio público otro tipo de problemáticas tales como las de los vecinos en los barrios, las iniciativas asociadas a luchar por el reconocimiento de la diversidad étnica, aquellas vinculadas con los derechos de las mujeres y la diversidad sexual, las preocupaciones relacionadas con los derechos humanos o la degradación ambiental

El repliegue sobre los barrios de las actividades políticas, sociales, económicas y culturales que sufrieron los sectores populares, se liga directamente a las políticas sociales desplegadas por el Estado frente a la crisis que produjeron las políticas económicas neoliberales. Salir a la calle, cortar calles y rutas o hacer piquetes para expresar demandas y reivindicaciones es un recurso legítimo para una proporción muy importante de los ciudadanos y, en líneas generales, las protestas están ligadas a la vulneración de derechos fundamentales como también a la falta de acceso al empleo, a la vivienda, a la educación y a la alimentación, entre otras.

Por otro lado, si bien existía una incipiente “Agrupación Mapuche” en la década anterior, fue desde el reinicio de la democracia y especialmente en los noventa que se conformaron agrupaciones que, militando desde el lugar de mapuche y de mapuche/tehuelche, se reivindicaban como pertenecientes a los “pueblos originarios”. Algunos de estos núcleos estaban alineados con las luchas de organizaciones rurales de la zona patagónica, centradas en reclamos por la tierra, derechos culturales, educación intercultural/ bilingüe y preservación del medioambiente. En ocasiones, fueron mujeres las principales voceras de estos grupos comunitarios. Desde el punto de vista sociocultural, es destacable la tarea de la Casa Cultural Mapuche (Ruka Kimun Mapuche) iniciada a fines de la década de los ochenta, cuando creó en el año 2000 un espacio que estaría destinado, entre otras cosas, a albergar estudiantes universitarios indígenas e implementó proyectos vinculados a la educación bilingüe, la difusión radial y la investigación histórica, entre otras actividades.

La participación femenina en la esfera pública bahiense se venía acrecentado desde la recuperación democrática con la realización de encuentros regionales de mujeres y la actividad de grupos de diversos perfiles como la Liga de Amas de Casa, Identidad, la Asociación de Mujeres Universitarias y el nucleamiento de Mujeres Médicas de Bahía Blanca, entre otros.   En el inicio del nuevo siglo, distintos colectivos instalaron en la agenda política una serie de demandas vinculadas con los derechos de las mujeres y el respeto por la diversidad sexual con perspectiva de género. La agrupación femenina Mujeres por la Dignidad, por ejemplo, articuló algunas iniciativas y compartió preocupaciones por cuestiones de derechos de las mujeres y género con otro colectivo, de carácter feminista, denominado Autoconvocatoria Mujeres. Este último grupo se formó en 2003 y estaba conformado mayoritariamente por profesionales y docentes. 

El año 2007 fue clave en la visibilización de las luchas por la diversidad sexual. En esa ocasión, Autoconvocatoria Mujeres colaboró con MODIS (Movimiento por la diversidad sexual, conformado por gays) y Entramadas (entidad que nucleaba a lesbianas), para dar lugar a la semana y al mes de la diversidad, que enlazó facetas étnico-culturales y sexuales (Graciela Hernández, 2010).

Así, en el año 2010 se realizó por primera vez en la ciudad la marcha del Orgullo LGTB con la participación de más de 100 personas. La movilización fue convocada por organizaciones de mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, travestis y trans para exigir que se votara la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo. Desde Pan y Rosas, en la Secretaría de la Mujer del CEHum (Centro de Estudiantes de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur), jóvenes universitarias participaron en esa oportunidad y llamaron a continuar con las movilizaciones para lograr el reconocimiento de ese y otros derechos sociales como el del aborto legal, seguro y gratuito.

Si bien las reclamaciones de los vecinos en los barrios han sido variadas y de diferente intensidad, no podemos dejar de citar el incidente ambiental y sanitario que afectó a la población de Ingeniero White y de los barrios cercanos al Polo Petroquímico de Bahía Blanca. Durante agosto del año 2000, y con ocho días de diferencia, tuvieron lugar dos grandes escapes, de cloro primero y amoníaco después, en las plantas de Solvay Indupa y Profertil, respectivamente.

Dichos escapes constituyeron un acontecimiento trascendente en tanto que la población de Ingeniero White reacciona frente a las intensas transformaciones que experimentaban sus condiciones de trabajo y de vida a partir de la privatización, extranjerización y expansión del polo ferroportuario e industrial bajo la aplicación de las políticas neoliberales. Estos hechos pusieron en alerta a la población de que había un peligro real muy cercano a sus hogares y que ponía en riesgo su salud e integridad física. Como consecuencia de la fuga tóxica, en el Hospital Menor de Ingeniero White, fueron asistidas ochenta personas. Además, los niños del Jardín de Infantes N° 905 y de la Escuela N° 15 fueron evacuados.

Durante aquellos días, las fuerzas sociales de Ingeniero White irrumpieron con una multiplicidad de acciones colectivas, entre las que se destacaron las asambleas populares, las movilizaciones callejeras, los piquetes en los accesos de las plantas industriales, el pedido de puestos de trabajo, las innumerables reuniones, los diversos petitorios presentados ante las autoridades políticas, la solicitud de un mayor control sobre las industrias petroquímicas, la conformación de organizaciones ambientales, la demanda de indemnizaciones para los vecinos que deseaban abandonar la localidad, la oposición al asentamiento de una nueva planta en el área industrial, el inicio de juicios contra las empresas, el requerimiento de las instituciones educativas de ser reconocidas como escuelas de riesgo ambiental y el reclamo para la realización de un censo de salud (Emilce Heredia Chaz, 2022).

El 18 de mayo del 2022 se realizará el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas en todo el país, en un contexto en el que las consecuencias de la pandemia mundial se anudan en Bahía Blanca con un índice significativo de pobreza multidimensional (María Emma Santos, 2018, 2020).

Corresponderá a los Cientistas Sociales, —quienes estudian el comportamiento individual y colectivo de la sociedad, buscando comprender y explicar las características y permanencias que se exteriorizan en el conjunto de las instituciones humanas—, comprender los procesos originados al demolerse una configuración social integradora en la cual el Estado era un actor clave en la organización de varias dimensiones de la actividad social. 

Las políticas neoliberales implementadas en Argentina durante las últimas décadas han tenido un impacto de una magnitud y una profundidad tan significativas sobre la estructura social y productiva, la cultura y la sociedad en su conjunto, que deben ser motivo de amplias investigaciones de las ciencias sociales y humanas para poder responder a situaciones problemáticas derivadas de la acentuación de las desigualdades y el empobrecimiento de franjas importantes de la población. Para todos nosotros, constituye una responsabilidad ineludible pensar juntos el presente, pasado y futuro, cooperando con los sujetos de la historia en la construcción de mundos posibles que garanticen a los hombres y mujeres una vida libre, pacífica, plena y creativa


Sobre la etapa 1975-2022 puede consultarse: Becher, Pablo (2017). El movimiento de trabajadores desocupados en Bahía Blanca: organización y conflictividad (1995-2003) (Tesis de maestría). UNS, Bahía Blanca; Becher, Pablo y Klappenbach, Germán. (2014). Mascarillas y piquetes en Ingeniero White. La conflictividad social asociada a la problemática medioambiental de las empresas petroquímicas durante el año 2000. NuestraAmérica,Recuperado de http://revistanuestramerica.cl/ojs/index.php/nuestramerica/article/view/87; Bracamonte, Lucía y Mabel N. Cernadas, (coord.) (2019)  “La sociedad bahiense: evolución poblacional, movimientos inmigratorios y formas de sociabilidad” Bahía Blanca siglo XX: historia política, económica y sociocultural, Bahía Blanca, Ediuns,  Bustos Cara, Roberto y Tonelloto, Sandra (1997). Identidad e imaginario en torno a un proceso de reestructuración portuaria: Bahía Blanca. Caravelle; Costantini, Florencia y Heredia Chaz, Emilce. (2018). El progreso en cuestión: sectores productivos, política económica y conflictividad social. En Mabel N. Cernadas y José Marcilese (Comps.), Bahía Blanca Siglo XX. Historia política, económica y sociocultural. Bahía Blanca: EdiUNS; Dominella, Virginia Lorena (2013). “Chicos comunes, militantes, mártires. La rememoración de víctimas católicas bahienses del terrorismo de Estado en los homenajes de 2011”. Aletheia, vol. 4, núm. 7; Feliú, Marcelo. (2001). Zona Franca Bahía Blanca – Coronel Rosales. Su inserción en el Mercosur. Algunas reflexiones. En M. Cernadas (Comp.), Historia, Política y Sociedad en el Sudoeste Bonaerense. Bahía Blanca: EdiUNS;Gorenstein, Silvia. (1991). Rol del complejo petroquímico bahiense en el desarrollo urbano-regional. Bahía Blanca: Departamento de Economía UNS; Gorenstein, Silvia. (1998). Las nuevas formas de declive urbano-regional en la Argentina de los años noventa. El caso de Bahía Blanca en el Sudoeste Bonaerense. En C. De Mattos, D. Hiernaux y D. Restrepo (Comps.), Globalización y Territorio. Impactos y Perspectivas. Santiago de Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile – Fondo de Cultura Económica; Gorenstein, S., Cerioli, Liliana. y Scudelati, Mariela (1999). Repercusiones laborales de los procesos de privatización en Bahía Blanca. Estudios del Trabajo, 17, pp. 49-76. Recuperado de https://www.aset.org.ar/revista.php?rid=20; Hernández Graciela (2010). “Diversidad, desigualdad y políticas culturales”, Temas de Mujeres, Año 6, núm. 6, pp. 65-84; Hernández Graciela (2010). “Diversidad, desigualdad y políticas culturales”, Temas de Mujeres, Año 6, núm. 6, pp. 65-84; Hernández, Graciela, Juan P. Canoni y Laura Orsi. (2015) “Las migraciones desde Chile y Bolivia a Bahía Blanca. Delimitar un campo e identificar las prácticas en la historia oral (2007-2013)”. Barelli, Ana Inés y Patricia Dreidemie, dirs. Migraciones en la Patagonia. Subjetividades, Diversidad y Territorialización. San Carlos de Bariloche: Editorial UNRN; Heredia Chaz, Emilce. (2014). De la Responsabilidad a la Contaminación Social   Empresaria: la ingeniería social del Polo Petroquímico de Bahía Blanca (Tesina de licenciatura). UNS, Bahía Blanca; Heredia Chaz, Emilce. (2022) Procesos extractivos, territorios urbanos y conflictos territoriales: Hacia una ecología y economía política del desarrollo petroquímico de Bahía Blanca. (Tesina de Doctorado). UNS, Bahía Blanca; James, Daniel. (2003). Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976). Buenos Aires. Sudamericana; Santos, Maria Emma (2018).  Informe: Pobreza en Bahía Blanca 2004-2018. Documento de Trabajo Nº 8. Bahía Blanca, IIESS.  Recuperado de https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/92003; Santos, María Emma (2020). Pobreza Multidimensional en Argentina y Bahía Blanca en tiempos del COVID-19. Documento de Trabajo Nº 14, Bahía Blanca: IIESS. Recuperado de https://iiess.conicet.gov.ar/images/DDT/doc-trabajo-Nro14.pdf;  Suriano, Juan. (2005) Dictadura y democracia (1976-2001). Buenos Aires. Sudamericana; Svampa, Maristella. (2005) La sociedad excluyente. La Argentina bajo el signo del neoliberalismo. Buenos Aires. Aguilar; Viego, V. (2004). El desarrollo industrial de los territorios periféricos. El caso de Bahía Blanca. Bahía Blanca: EdiUNS;Zapata, B. (2014) Andamios de experiencias: Conflictividad obrera, vigilancia y represión en Argentina. Bahía Blanca, 1966-1976 (Tesis doctoral). UNLP, La Plata. 

Agradecemos a los integrantes del Archivo de la Memoria de la Universidad Nacional del Sur (AMUNS), Dr.José Marcilese y Mg. Celeste Napal haber contribuido con el material fotográfico con que cuenta la institución. 

MABEL NÉLIDA CERNADAS

Es profesora, licenciada, magíster y doctora en Historia. Se desempeña como docente de posgrado en los Departamento de Humanidades y de Economía de la Universidad Nacional del Sur e investigadora principal del CONICET. Es asimismo directora de la carrera de doctorado en Historia e integra el Comité Académico de la maestría en Sociología. En la formación de recursos humanos se destaca su trayectoria en la dirección de proyectos acreditados, investigadores, tesistas, becarios y pasantes. Autora y coautora de varios libros y capítulos de libros, ha publicado numerosos artículos y reseñas en revistas nacionales e internacionales, como también en actas de congresos sobre temas vinculados a la historia política y social argentina. Creó el Archivo de la Memoria de la UNS y dirige el Centro de Estudios Regionales «Profesor Félix Weinberg» del Departamento de Humanidades de la UNS. En 2017 fue distinguida con el título de Profesora Extraordinaria Consulta de la UNS. En 2018 fue reconocida como mujer destacada de la ciudad de Bahía Blanca en Ciencia e Investigación, por la UNS y el Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca por su aporte al conocimiento de la historia local. 


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Voces

La sociedad bahiense: evolución poblacional, movimientos inmigratorios y formas de sociabilidad (parte II)

La inmigración de masas hasta mediados del siglo XX: la conformación y transformación de la sociedad urbana (1880-1970).

Publicado

el

Por Mabel N. Cernadas | UNS-CONICET


En este artículo se caracteriza el universo poblacional de Bahía Blanca, desde su transición de enclave fronterizo a urbe modernizada entre fines del siglo XIX y principios del XX, hasta la consolidación de su perfil como ciudad mediana y de intermediación en la primera década del siglo XXI. 

En el desarrollo se da cuenta de las transformaciones operadas en la estructura y dinámica social, dos facetas aisladas con fines analíticos, pero que se presentan como interrelacionadas. Para su mejor comprensión se han establecido tres etapas.

La primera, entre 1828 y 1879, se inicia con la fundación de la Fortaleza Protectora Argentina junto al puerto natural sobre la ría denominado Puerto Esperanza, por el coronel Ramón Estomba, militar de la guerra de la independencia, hasta la expedición militar llevada a cabo por el Ministro de Guerra Julio A. Roca al Río Negro entre 1878 y 1879.

La segunda, entre 1880-1970, analiza la gradual incorporación de Argentina y Bahía Blanca y su región al modelo agroexportador como proveedora de materias primas, potenciando las posibilidades de su puerto de aguas profundas. Se aborda aquí la sociabilidad de esa población heterogénea y cosmopolita, hasta mediados de la década del setenta, cuando la crisis del modelo se produjo en el marco del régimen de facto que se inició en 1976 que promovió el terrorismo de Estado y la violación de las libertades públicas e individuales para eliminar la conflictividad social y remodelar “desde arriba” la sociedad y el Estado.

La tercera etapa que queremos caracterizar abarca desde los primeros años de la década del setenta hasta 2010, fecha del último Censo Nacional de Población y Vivienda. La última dictadura cívico-militar puso en marcha un conjunto de reformas de carácter neoliberal entre las cuales se incluyeron la reforma del Estado, la desregulación económica, la apertura comercial y la flexibilización laboral que sería concretada en los años noventa. Este proceso de hondas transformaciones estructurales agudizó la conflictividad social instalando en el espacio público nuevas demandas. 

Foto panorámica de la manzana fundacional.

La inmigración de masas hasta mediados del siglo XX: la conformación y transformación de la sociedad urbana (1880-1970)

Las campañas militares, iniciadas por Adolfo Alsina y continuadas por Julio A. Roca, finalizaron con la incorporación de tierras vírgenes y el sometimiento de las tribus indígenas existentes en estos territorios.

La llegada del ferrocarril resultó fundamental en este proceso, ya que supuso una conexión y una circulación fluida de mercaderías y pasajeros con el resto del país. Del mismo modo, la infraestructura portuaria fue un elemento clave para la dinamización de la zona dado que, en articulación con el transporte terrestre, constituía la condición de posibilidad para la exportación de la producción de la región.

En 1884 la empresa Ferrocarril Sud inauguró la línea que unió Bahía Blanca con la Capital Federal; en 1896, al crearse el Puerto Militar, se extendió su red desde Grümbein hasta Punta Alta; y en 1899, ante la posibilidad de un conflicto con Chile, amplió sus líneas hasta Neuquén.

La empresa del Ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste, por su parte, inició el enlace ferroviario hacia La Pampa y la región cuyana en 1887 y, finalmente, el Ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano fue librado al servicio público en 1910.

A partir de su configuración como nodo ferroportuario, de las inversiones del capital inglés y en menor medida el francés, la expansión agrícola regional y la instalación de establecimientos industriales medianos, la localidad se convirtió en un centro comercial, financiero y de servicios de significativa gravitación en el sudoeste bonaerense, en La Pampa y en otros territorios patagónicos, al constituirse en la puerta de salida de los productos agropecuarios hacia el Atlántico.

El reposicionamiento del sudoeste de la provincia de Buenos Aires en la economía nacional a partir de la extensión de las vías férreas y de la fundación del puerto de aguas profundas, fue precisamente lo que permitió a Benigno Lugones afirmar en el diario La Nación que Bahía Blanca estaba protagonizando su “segunda fundación”, un proceso de carácter revolucionario que suponía la abrupta transformación de las estructuras productivas, del espacio urbano y de la vida social.

Entre 1869 y 1881 el poblado había duplicado holgadamente su población. De acuerdo al censo provincial realizado ese último año, 2.213 habitantes (69,13 %) eran argentinos en tanto que 988 eran extranjeros. Estos últimos representaban el 30,87 % de la población total. 

La culminación del siglo XIX vino de la mano de una gradual incorporación de Argentina al mercado económico mundial como proveedora de materias primas, al tiempo que el Estado central en proceso de consolidación comenzaba a expandir sus esferas de influencia. La anhelada integración política, necesaria para el fortalecimiento del modelo agroexportador, determinó y condicionó políticas diferenciales hacia las distintas regiones, y en el sudoeste bonaerense, al igual que en el resto de la provincia de Buenos Aires.

La sanción de la Ley de Inmigración y Colonización en 1876 junto con la expansión de la frontera agropecuaria y de las obras púbicas promovió la irrupción de la llamada inmigración de masas. Llegaron a la ciudad y la región mayoritariamente personas de origen italiano y español y, en menor medida, franceses, británicos, alemanes, ruso-alemanes, judíos, sirios y libaneses.

En 1895 el componente extranjero conformaba el 45 % del total de la población, llegando en 1914 al 48 %.  El flujo constante de extranjeros entre esas fechas redundó tanto en el aumento como en el rejuvenecimiento de la población, ya que predominaban los hombres jóvenes, de origen rural, introducidos a través de cadenas familiares o de base lugareña. Existió un gran interés de los inmigrantes ya establecidos por impulsar la llegada de parientes y amigos, fundamentalmente enviando pasajes a sus lugares de origen.

Hotel de Inmigrantes.

La inmigración contribuyó a la expansión del mercado interno y del mercado laboral. Debido a que la explotación agropecuaria requería cantidades reducidas de trabajadores, la mayor parte de los extranjeros engrosó la mano de obra ocupada en los sectores del comercio, la industria, los servicios públicos esenciales, el trazado de líneas férreas y las labores portuarias, entre otros.

El ámbito urbano presentaba atractivas ofertas laborales y posibilidades efectivas de ascenso económico y social. De manera paulatina, los inmigrantes se incorporaron a todas las ramas de las actividades económicas de Bahía Blanca y constituyeron diversas facetas generadoras de un rápido fenómeno de expansión.

Por otro lado, la necesidad de subsistir que agobiaba a los jefes de familia de los recién llegados, especialmente en momentos que escaseaba el trabajo, obligaba la colaboración de las mujeres y de las hijas para la integración a la sociedad receptora. A fines del siglo XIX las casadas y las niñas tenían altos índices de penetración en el mercado laboral, lo cual constituía una respuesta a situaciones críticas desencadenadas en las primeras etapas de inserción.

El arribo de población europea a gran escala desde fines del siglo XIX, además de incrementar el volumen de habitantes de Bahía Blanca, contribuyó a la extensión del radio poblado. Por ello, la pequeña ciudad vio desbordada su infraestructura, se fueron deteriorando las condiciones de habitabilidad y comenzaron a proliferar los conventillos, fondas, pensiones y casas de inquilinato, que albergaban a individuos y familias en condiciones de hacinamiento y de riesgo sanitario.

Los delitos, la vagancia y la mendicidad aumentaron, poniendo en juego la armonía social. Las casas de bailes públicos, los prostíbulos y otros sitios donde se jugaba y bebía eran a menudo escenarios de conflictos verbales y agresiones físicas.

Otro fenómeno, que se constató en períodos de recuperación económica al iniciarse el siglo XX, fue la radicación de los recién llegados en zonas despobladas donde los loteos a precios módicos y financiados estaban a su alcance para acceder a la propiedad, aunque estas construcciones fueran muy modestas. Así se conformó un conjunto de barrios aledaños al área central de la ciudad que crecerían ininterrumpidamente en los años posteriores, como los de Villa Mitre, Noroeste, Bella Vista, San Martín y Tiro Federal, entre otros.

Además de lo ya señalado, el fenómeno inmigratorio produjo una importante modificación de la estructura social.  En una sociedad relativamente nueva, con escasa población, y sin una tradición colonial como, por ejemplo, Buenos Aires o Córdoba, muchos inmigrantes pasaron a formar parte de la élite local compuesta por los herederos de los primeros pobladores. La ausencia de una elite tradicional que obstaculizara la movilidad social ascendente fue uno de los factores que posibilitaron la aceptación de los recién llegados y su incorporación a las diferentes dimensiones de la vida urbana.

Dejemos que sea Estanislao Zeballos quien presente su penetrante observación sobre la vida lugareña de fines del siglo pasado:

La cultura general de Bahía Blanca se advierte en dos síntomas palpitantes: la política y el gobierno local… Hay en Bahía Blanca mayor pureza, desinterés y aptitudes políticas que en la Capital de la República…En Bahía Blanca, he visto a los vecinos más idóneos y dignos dirigiendo y presidiendo todo: municipalidad, clubes, sociedad rural, asociaciones de cultura y de recreo, hospital, templos, centro comercial y empresas de capitales considerables. Este acierto para elegir los mandatarios es una aptitud política inestimable en la decadencia moral por que atraviesa la República. (Estanislao S. Zeballos, “Bahía Blanca. Nota e impresiones en 1879 y 1891”,  1901).

Al mismo tiempo, los recién llegados contribuyeron a la configuración de las franjas medias y bajas urbanas y rurales de la sociedad regional. Integrados, con mayor o menor éxito, a la dinámica económica, los inmigrantes fueron modificando las costumbres, la sociabilidad y la lengua.

Su asentamiento dio lugar a la conformación de barrios obreros y a la formación de asociaciones étnicas, recreativas, culturales, corporativas y/o políticas. Así el asociacionismo de base étnica que había predominado en las últimas décadas del siglo XIX, combinando las funciones asistenciales con la conservación de la identidad cultural y de las relaciones con la sociedad de origen dio paso a formas de agrupamientos diversos, en defensa de intereses sectoriales o corporativos.

En el cambio de un siglo a otro y con el aumento de la conflictividad laboral, junto a las agrupaciones patronales, empresariales o profesionales surgieron una multitud de organizaciones obreras, que en sus comienzos revistieron un carácter mutualista para luego transformarse en las asociaciones gremiales y otras instituciones que, en momentos de crisis, canalizaban los reclamos de las clases trabajadoras de la mano de la prédica de socialistas, anarquistas y sindicalistas.

Paulatinamente, fueron perfilándose lazos asociativos de una vigorosa trama social sustentada en el florecimiento de un variado repertorio de asociaciones que, al participar en el espacio público por carriles distintos de la política partidaria, estimularon las relaciones interpersonales, constituyeron liderazgos, definieron prácticas de sociabilidad, formas culturales, valores y reflejaron los múltiples sentidos de lo político.

De este modo, sociedades de socorros mutuos, bibliotecas populares, asociaciones de beneficencia, cooperadoras escolares, círculos parroquiales, logias masónicas, centros recreativos, sociales y culturales y sociedades de fomento, entre otras, en mayor o menor medida articularon a la sociedad civil e incidieron en la configuración de las políticas públicas.

El conjunto de esas asociaciones ocupó un lugar destacado en la vida pública lugareña de las tres primeras décadas del siglo XX porque se constituyeron en entornos que favorecían la relación entre los distintos sectores y expresaban las nuevas formas de conflictividad por el poder. Sus dirigentes y miembros más prominentes compartían el espacio común en donde se generaban diferentes tipos de actividades e interacciones que incluían desde la asistencia a las fiestas patrias, banquetes, bailes y homenajes hasta la participación en movilizaciones, mitines, manifestaciones o acontecimientos ligados a la sociabilidad cotidiana. 

En consecuencia, durante las primeras décadas del siglo veinte la sociedad civil local se mostró dinámica, vigorosa y capaz de configurar una esfera pública participativa, protagonizada por individuos y grupos que constituían un escenario plural donde se daban tanto los entendimientos y acuerdos como las controversias, los conflictos y los procesos de exclusión.

La crisis desatada en 1929 cambió las características y la orientación de la economía. El descenso de la demanda internacional de productos del agro y la retracción de la inversión de capital repercutieron negativamente sobre Bahía Blanca y su región circundante, al producirse un lento redireccionamiento de la economía argentina hacia el mercado interno y la industrialización por sustitución de importaciones.

La desocupación fue una de las implicaciones más evidentes de la crisis, tanto en el ámbito urbano como rural, ya que a la baja de precios de los productos agropecuarios se sumó, entre otras medidas, la aplicación por parte del gobierno conservador de disposiciones que buscaban frenar el ingreso de inmigrantes, lo cual produjo la retracción del flujo de europeos. Incluso, algunos de ellos retornaron a sus países de origen.

Esto no significó una mengua en el crecimiento poblacional de Bahía Blanca porque comenzaron a arribar a la ciudad argentinos provenientes de otras provincias y de la misma provincia de Buenos Aires, expulsados de las zonas afectadas por la falta de trabajo y los desalojos rurales.

El censo nacional de 1947 consignó para el partido un 19,92 % de extranjeros. Como consecuencia de la finalización de la Guerra Civil Española y luego de la Segunda Guerra Mundial se había reactivado parcialmente la inmigración europea, si bien ya no se trataba de un proceso de carácter masivo.

Durante el gobierno peronista se produjo el ingreso de trabajadores, refugiados y personas desplazadas provenientes de ultramar como consecuencia de políticas de tutela de la emigración, a través de acuerdos bilaterales entre gobiernos y con organismos internacionales como los firmados con Italia (1947 y 1948), España. (1948) y el Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (1953).

Entre los recién llegados había artesanos y técnicos italianos que pusieron en marcha pequeñas industrias. Además, la presencia de las colectividades ya instaladas siguió siendo fuerte y se tradujo en actividades culturales y emprendimientos de diverso tipo como, por ejemplo, en el campo de la salud, la inauguración del Hospital Regional Español el 12 de octubre de 1946.

Puede decirse entonces, que en la década 1940-1950 continuó el flujo de individuos y grupos familiares de otros lugares del país estimulados por la oferta laboral, sanitaria y educativa de la ciudad.

El notable desarrollo de la educación primaria y secundaria propiciada desde el Estado y paralelamente del ámbito privado por medio de la orden salesiana incrementó el interés en la sociedad bahiense por establecer estudios superiores que estuvieran en consonancia con el desarrollo económico y cultural alcanzado por la ciudad. Fracasado los proyectos de la década del veinte y el treinta la aspiración se concretó en 1946 cuando se logró la creación del Instituto Tecnológico del Sur (ITS). En consonancia con el impulso que le dio el gobierno peronista a la educación técnica surgieron instituciones de nivel secundario y superior. Para promover la actividad industrial, en 1954 se creó la Facultad Regional Bahía Blanca de la Universidad Obrera Nacional.

En 1956, durante el gobierno de la llamada “Revolución Libertadora”, se creó la Universidad Nacional del Sur. Por otra parte, en 1960 los salesianos establecieron el Instituto Católico del profesorado Juan XXIII.  

Esos factores de atracción operaron también sobre personas de países limítrofes que se aventuraron a trasladarse a la zona desde esa época y, en mayor medida, durante las décadas posteriores.

Como consecuencia de la política redistributiva puesta en práctica por el gobierno peronista, que favoreció la expansión de los consumos, se produjo la elevación del nivel de vida de los sectores populares y un ascenso social generalizado.

La acción del Estado basada en la justicia social estableció salarios mínimos, precios máximos, mejoras en la salud pública, planes de vivienda, construcción de establecimientos educativos, organización del sistema de seguridad, jubilaciones, posibilidades de esparcimiento y turismo social, de tal forma que se expandieron las ocupaciones vinculadas a las clases medias y las clases trabajadoras urbanas.

Algunas familias resultaron favorecidas por las políticas habitacionales del gobierno provincial orientadas a paliar el déficit en la materia. Estas incluyeron la erección del barrio Obrero de Villa Mitre (a partir de 1948) junto con otros similares localizados en Punta Alta, General Cerri e Ingeniero White, como también la financiación para la construcción de viviendas familiares por parte del Banco Hipotecario en todos los barrios de la ciudad.

La política implementada por el peronismo captó el apoyo de los trabajadores urbanos y rurales y se extendió a los sectores medios, pero donde mayor gravitación tuvo, fue en la población femenina con el patrocinio de la figura de Eva Duarte de Perón, quien en 1947 impulsó el reconocimiento de la igualdad de derechos políticos entre mujeres y hombres y estableció el sufragio universal que habilitó la presencia femenina en el espacio público.

Así, al mismo tiempo que se incrementaban notablemente las oportunidades laborales de las mujeres, aquellas con mayor educación formal pudieron ingresar en las tareas docentes, la atención de las comunicaciones, las tareas administrativas y el comercio.

Por otro lado, la mayor expansión formal de las mujeres impactó en la década siguiente cuando se incorporaron masivamente a la universidad, multiplicándose el fenómeno de la profesionalización femenina

Desde esa época, la vida cotidiana se transformó a través de un consumo que promovía la idea de confort. Se difundieron nuevos aparatos tecnológicos para el hogar como heladeras, aspiradoras, enceradoras, radio fonógrafos y combinados, máquinas de coser eléctricas, cocinas a gas, batidoras y lavarropas. Otro elemento asociado al “buen vivir” era el automóvil, que se había difundido masivamente en las capas medias de la población junto a la posibilidad de disfrutar del turismo y las vacaciones.

La inmigración continuó siendo uno de los elementos definitorios del perfil poblacional de la ciudad, pero en la década del sesenta fue notoria la inmigración desde Chile y las provincias de la Patagonia y, posteriormente, la proveniente de Bolivia. Los arribos estuvieron impulsados por desajustes económicos y demográficos en los países emisores. En cuanto a las motivaciones personales, el traslado de los grupos de chilenos y bolivianos a la región estuvo muy relacionado con cuestiones laborales.

En esos movimientos tuvieron un rol importante las redes familiares, así como las vecinales e institucionales, generadas en torno a iglesias protestantes y pequeñas iglesias evangélicas ubicadas en áreas urbanas periféricas.

La mayoría de las personas de las comunidades inmigrantes de esta época, al igual que sus antecesoras, provenían de zonas empobrecidas, buscaban incrementar su calidad de vida en términos económicos y acceder a servicios sanitarios y educativos. Se incorporaron progresivamente a las diferentes dimensiones de la vida local y regional y si bien se distribuyeron en diferentes áreas de la ciudad, algunos sectores registraron una mayor concentración de inmigrantes de origen boliviano, entre ellos, los de Loma Paraguaya, Thompson, Villa Esperanza y Villa Italia. En Villa Harding Green se instalaron aquellos dedicados a la producción ladrillera.

Por otra parte, barrios como Villa Nocito y Villa Rosario se poblaron con numerosos habitantes de origen chileno. Por lo general, la baja capacitación de muchos de ellos los llevó a su inserción en segmentos del mercado laboral desechados por los nativos, con bajos salarios y condiciones de trabajo deficientes como el de la construcción o los servicios domésticos.

En otro orden de cosas, los avances tecnológicos en las comunicaciones que se produjeron a nivel mundial impactaron en la realidad argentina y Bahía Blanca no quedó ajena al cambio cultural en la moral, costumbres y vida cotidiana de los sectores medios, en especial los juveniles. La renovación de los medios de comunicación con la introducción de los televisores en la década del sesenta, aceleró y amplió la difusión de los cambios culturales.

Esta innovación transformó las interacciones familiares y la dinámica dentro del espacio hogareño y, además, quienes trabajaban en los medios de comunicación audiovisual de la ciudad (conductores, actores, modelos, disc jockeys, columnistas, periodistas y técnicos) se convirtieron en celebrities locales.

Se trataba de una “nueva elite” integrada por individuos jóvenes que no pertenecían a las clases acomodadas tradicionales, sino que provenían de la clase media y de los sectores populares, que se habían convertido en protagonistas de las principales transformaciones socioculturales que venía atravesando la ciudad desde la posguerra.

A ellos se agregarían, también en el marco de la juvenilización de la cultura de masas, los músicos de la nueva ola ligada al rock and roll, las misses elegidas en concursos de belleza, la Reina de los carnavales y Miss Bahía Blanca, y los deportistas más renombrados, sobre todo en el campo del básquetbol.

Entre los años 1960 y 1970 se registró un aumento rápido de la población, pero luego las tasas de crecimiento disminuyeron. Este proceso se desarrolló con diferentes ritmos, que estuvieron relacionados con las transformaciones económicas y tecnológicas en los contextos nacional y regional y con su rol de nodo de comunicaciones, transporte y comercio regional.

Según el Plan de Desarrollo de Bahía Blanca publicado en 1971 la ciudad en su conjunto contenía casi un 47 % de familias de clase media (empleados y pequeños comerciantes), un 35 % de familias de clase baja y un 12 % de clase media y alta (profesionales, jefes administrativos y empresarios).

La designación de la ciudad como polo de desarrollo produjo trasformaciones en la fisonomía urbana. Se destacó el avance de la propiedad horizontal, los denominados “rascacielos”, la pavimentación del radio céntrico y la infraestructura de los servicios esenciales.

En este recorrido por la conformación y transformación de la sociedad urbana de Bahía Blanca entre 1880 y los primeros años de la década del setenta se destaca el papel que tuvieron las políticas estatales en las transformaciones estructurales a nivel económico y social.  La inmigración masiva y la llegada de capitales europeos junto con la Ley bonaerense de Educación Común de 1875 y la Ley Nacional 1420, de 1884, que establecía la educación primaria universal, obligatoria y gratuita determinaron el perfil de una ciudad moderna.

Las posibilidades económicas, la oferta sanitaria y las numerosas propuestas culturales junto con el posterior desarrollo de la educación secundaria y superior en la primera mitad del siglo XX constituyeron factores de atracción de migrantes argentinos y de los países vecinos, que se incorporaron a una sociedad compleja e inclusiva. 

Sin embargo, la inestabilidad institucional desatada por las intervenciones militares, la violencia política, las actividades represivas aplicadas por el terrorismo de Estado de la última dictadura y el nuevo orden neoliberal dieron paso a una sociedad caracterizada por la heterogeneidad y la exclusión que será motivo de la tercera nota.


Sobre la etapa 1880-1970 puede consultarse, Lucía Bracamonte, Mujeres y trabajo. Voces y representaciones en la prensa de Bahía Blanca, 1880-1934, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 2006. [tesis doctoral inédita]; Lucía Bracamonte y Mabel N, Cernadas “La sociedad bahiense: evolución poblacional, movimientos inmigratorios y formas de sociabilidad” en Bahía Blanca siglo XX:  historia política, económica y sociocultural, Bahía Blanca, Editorial de la Universidad Nacional del Sur, 2019; María Jorgelina Caviglia, Inmigración ultramarina en Bahía Blanca, Buenos Aires, CLACSO, 1984; Mabel N. Cernadas, “Estanislao Zeballos. Una visión optimista de la Bahía Blanca de fines del siglo XIX”, Res Gesta, Nº 33, Buenos Aires, Universidad Católica Argentina, enero-diciembre de 1994; Mabel N. Cernadas, “La idea de progreso en la Bahía Blanca de fines del siglo XIX”, en Mabel N. Cernadas y Roberto Bustos Cara (comps.), Estudios Regionales Interdisciplinarios II, Bahía Blanca, EdiUNS,2000; Mabel N. Cernadas, Bahía Blanca en el Centenario de su fundación: la sociedad civil y sus redes (1928), Buenos Aires, Academia Nacionalde la Historia, 2003; Mabel N. Cernadas y Roberto Bustos Cara, La cultura en cuestión. Estudios interdisciplinarios del Sudoeste Bonaerense, Bahía Blanca, Ediuns, 2004; Mabel N. Cernadas de Bulnes y José Marcilese (Eds.), Política, sociedad y cultura en el Sudoeste Bonaerense. Actas de las V Jornadas Interdisciplinarias del Sudoeste Bonaerense, EdiUNS, Bahía Blanca, 2009; Mabel N. Cernadas. y José Marcilese. Mundo de trabajo. Organizaciones sindicales y conflictividad. Bahía Blanca: Ediuns, 2012; Mabel N. Cernadas, Lucía Bracamonte, María de las Nieves Agesta y Yolanda de Paz Trueba, Escenarios de la sociabilidad en el sudoeste bonaerense durante la primera mitad del siglo XX, Bahía Blanca, Ediuns, 2016, Libro digital, PDF; Mabel N. Cernadas, Juliana López Pascual; María de las Nieves Agesta, Amalgama y distinción: culturas políticas y sociabilidades en Bahía Blanca, Bahía Blanca, Ediuns, 2017; Mabel N. Cernadas y José B.  Marcilese (coord.) Bahía Blanca siglo XX: historia política, económica y sociocultural, Bahía Blanca, Editorial de la Universidad Nacional del Sur, 2019; Mabel N. Cernadas, “De la política a lo político: vecinos y ciudadanos en la esfera pública bahiense durante los años treinta “, Nro. 26 de PolHis. Revista Bibliográfica del Programa Interuniversitario de Historia Política; Mar del Plata; 2020; Marcela Diez, “Inmigración, identidad y religiosidad; la participación de los inmigrantes chilenos residentes en Bahía Blanca en las iglesias evangélicas pentecostales (1950-1955)”, en Mabel N. Cernadas, coord. Historia política y sociedad en el Sudoeste Bonaerense. Bahía Blanca: Ediuns, 2001: Graciela Hernández Juan P. Canoni y Laura Orsi. “Las migraciones desde Chile y Bolivia a Bahía Blanca. Delimitar un campo e identificar las prácticas en la historia oral (2007-2013)”. Barelli, Ana Inés y Patricia Dreidemie, dirs. Migraciones en la Patagonia. Subjetividades, Diversidad y Territorialización. San Carlos de Bariloche: Editorial UNRN, 2015; Félix Weinberg y Norma Buffa, “El aporte inmigratorio en la conformación de las clases medias de la ciudad de Bahía Blanca”, Cuadernos del Sur n° 15, Bahía Blanca, UNS, 1982; Félix Weinberg (Dir)  Historia del sudoeste bonaerense, Plus Ultra, Buenos Aires, 1988.

Agradecemos a los integrantes del Archivo de la Memoria de la Universidad Nacional del Sur (AMUNS), Dr. José Marcilese y Mg. Celeste Napal haber contribuido con el material fotográfico con que cuenta la institución.

MABEL NÉLIDA CERNADAS

Es profesora, licenciada, magíster y doctora en Historia. Se desempeña como docente de posgrado en los Departamento de Humanidades y de Economía de la Universidad Nacional del Sur e investigadora principal del CONICET. Es asimismo directora de la carrera de doctorado en Historia e integra el Comité Académico de la maestría en Sociología.

En la formación de recursos humanos se destaca su trayectoria en la dirección de proyectos acreditados, investigadores, tesistas, becarios y pasantes. Autora y coautora de varios libros y capítulos de libros, ha publicado numerosos artículos y reseñas en revistas nacionales e internacionales, como también en actas de congresos sobre temas vinculados a la historia política y social argentina.

Creó el Archivo de la Memoria de la UNS y dirige el Centro de Estudios Regionales «Profesor Félix Weinberg» del Departamento de Humanidades de la UNS. En 2017 fue distinguida con el título de Profesora Extraordinaria Consulta de la UNS. En 2018 fue reconocida como mujer destacada de la ciudad de Bahía Blanca en Ciencia e Investigación, por la UNS y el Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca por su aporte al conocimiento de la historia local. 


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